Achille è l'unico, quindi anche il figlio unico, «enfant gâté della natura»: sei fratelli prima di lui sono morti nelle pratiche immortalizzanti della madre Teti. Non hanno retto al fuoco. La fiamma che ha lambito Achille lo ha reso quasi immortale. E questo vuol dire: più mortale dei mortali. Gli toccò la vita più breve perché sostituiva, per Teti, il fliglio che avrebbe dovuto soppiantare Zeus e non nacque mai. Invece di un dio dalla vita più lunga di altri dèi, fu un uomo dalla vita più corta di altri uomini, ma il più vicino, fra di loro, a un dio. Per aver preso il posto di colui che avrebbe dato un termine a Zeus, il termine si era conficcato in lui con evidenza imperiosa. Achille è tempo allo stato puro, che scalpita via. Contratte sino a una frazione lancinante della durata, ebbe le qualità più vicine a quelle che respirano gli esseri dell’Olimpo: l’intensità e la facilità. La sua furia, che avvia l’Iliade, è più intensa rispetto a quella di ogni altro guerriero, e la velocità del suo piede è di chi fende l’aria senza destare l’attrito.
Roberto Calasso, Le nozze di Cadmo e Armonia
Bitácora de Geney Beltrán [χe’nɛi bel’tɾan], escritor mexicano (Tamazula, Durango, 1976).
martes, mayo 31, 2005
jueves, mayo 26, 2005
Tierra Adentro
El número nuevo de Tierra Adentro (134, junio-julio) está dedicado a María Luisa Puga y Francisco Cervantes. Sobre el último, resulta de especial interés el ensayo de las páginas 86-91.

Unos van por un sendero recto...
Unos van por un sendero recto,
Otros caminan en círculo,
Añoran el regreso a la casa paterna
Y esperan a la amiga de otros tiempos.
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,
Llevo conmigo el infortunio,
Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,
Como un tren sobre el abismo.
Anna Ajmátova
Otros caminan en círculo,
Añoran el regreso a la casa paterna
Y esperan a la amiga de otros tiempos.
Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,
Llevo conmigo el infortunio,
Voy hacia nunca, hacia ninguna parte,
Como un tren sobre el abismo.
Anna Ajmátova
lunes, mayo 23, 2005
Peripecias de un bloguero ingenuo
Mi amigo E. me invitó a participar en su blog colectivo. Acepté. Escribí dos entradas con tema amoroso. A la segunda, B., otro de los autores de la citada página, me regaña. Que ese blog, cuyo nombre llevaba la palabra amor, no era un confesionario personal, sino un espacio para ejercer la crítica mordaz.
E. me habló por teléfono: ¿ya viste los comentarios de B. a tu último post?
No, déjame veo -le dije.
Cualquiera habrá de pensar que somos unos desokupados bohemios güevones, pero no: aunque de B. nada sé, de E. tengo entendido que trabaja en una oficina de gobierno, tiene un horario de tiempo completo y de vez en cuando dedica tiempo a flirtear con las muchachas de otros pisos en el mismo edificio donde trabaja.
En fin: el regaño de B. me llevó a decirle a E. que me retiraba del blog colectivo. Apenas me doy abasto con este No Blog, donde pongo lo que me da mi regalada gana, con todo y que mi lector Augusto se pase pitorreando de mi cursilería. Mucho de esto son «palabras de otros», como diría Carlos Oliva Mendoza. Por eso es un No Blog, quiero decir, al menos, un No Blog Literario, porque aquí meto cualquier cosa, sin detenerme a pensar en si literariamente va a satisfacer el exigente criterio de mi seudoamigo Augusto: confesionario de adolescente, ingenuas y rimbombantes declaraciones de un escritor novato, antología de frases y textos ajenos, cartitas personales, fragmentos de mis textos narrativos inéditos, lo que sea, todo lo que me venga en gana. La delicia de ser tu propio editor no tiene límites ni vergüenza.
E. me habló por teléfono: ¿ya viste los comentarios de B. a tu último post?
No, déjame veo -le dije.
Cualquiera habrá de pensar que somos unos desokupados bohemios güevones, pero no: aunque de B. nada sé, de E. tengo entendido que trabaja en una oficina de gobierno, tiene un horario de tiempo completo y de vez en cuando dedica tiempo a flirtear con las muchachas de otros pisos en el mismo edificio donde trabaja.
En fin: el regaño de B. me llevó a decirle a E. que me retiraba del blog colectivo. Apenas me doy abasto con este No Blog, donde pongo lo que me da mi regalada gana, con todo y que mi lector Augusto se pase pitorreando de mi cursilería. Mucho de esto son «palabras de otros», como diría Carlos Oliva Mendoza. Por eso es un No Blog, quiero decir, al menos, un No Blog Literario, porque aquí meto cualquier cosa, sin detenerme a pensar en si literariamente va a satisfacer el exigente criterio de mi seudoamigo Augusto: confesionario de adolescente, ingenuas y rimbombantes declaraciones de un escritor novato, antología de frases y textos ajenos, cartitas personales, fragmentos de mis textos narrativos inéditos, lo que sea, todo lo que me venga en gana. La delicia de ser tu propio editor no tiene límites ni vergüenza.
sábado, mayo 21, 2005
El lenguaje de los poetas
«Ojos, bellos ojos, profundos y luminosos ojos».
–No, no es eso de ningún modo lo que queréis dar a entender. Es más bien este otro: «Suave, ardiente, aterciopelado sexo».
La literatura es así.
Francisco Tario, Equinoccio
–No, no es eso de ningún modo lo que queréis dar a entender. Es más bien este otro: «Suave, ardiente, aterciopelado sexo».
La literatura es así.
Francisco Tario, Equinoccio
martes, mayo 17, 2005
Escribir porque
La pregunta no es: «¿para qué escribes?» El dinero, el afán de venganza o la expresión de un rencor, la búsqueda de la inmortalidad, el reconocimiento en vida, la defensa de una causa, no, no importan: cualquier finalidad puede ser tan válida o tan espuria. En sí, no son la respuesta. La literatura, como el amor, no será nunca desinteresada.
La respuesta será siempre, como quería Marina Tsvietáieva: «¿Para qué escribo? Escribo porque no puedo no escribir. A una pregunta sobre la finalidad - una respuesta sobre el motivo, no puede haber otra».
Marina Tsvietáieva (1894-1941)

La respuesta será siempre, como quería Marina Tsvietáieva: «¿Para qué escribo? Escribo porque no puedo no escribir. A una pregunta sobre la finalidad - una respuesta sobre el motivo, no puede haber otra».
lunes, mayo 16, 2005
El biógrafo de su lector, en palabras de Socorro Venegas
En Tierra Adentro (126, febrero-marzo 2004, pp. 92-93) se publicó la siguiente reseña de Socorro Venegas a mi libro El biógrafo de su lector.
Socorro Venegas
Percibir a Macedonio Fernández, en palabras de Borges, puede ser tan simple y complejo como percibir “un sabor o como un dolor; si el otro no ha visto ese color, si el otro no ha percibido ese sabor, las definiciones son inútiles”. Por ello resulta oportuno y particularmente valioso el estudio de Geney Beltrán Félix: El biógrafo de su lector. Guía para leer y entender a Macedonio Fernández. Nos llega este libro, pues, de primerísima mano, es decir, de alguien que ha logrado percibir al gran Macedonio.
El autor, que se define a sí mismo como “un joven crítico que por su solo y tan raro nombre de pila” bien podría ser personaje de alguna novela de Macedonio Fernández, se ocupa en este libro de este personaje singular de las letras hispanoamericanas. Analiza fundamentalmente dos de sus obras: No toda es vigilia la de los ojos abiertos y Museo de la novela de la Eterna, que, como explica Geney Beltrán en su “único y serio prólogo”, fueron escritas en la “semioscuridad de una vida desarreglada y bohemia”.
Podría decirse que Macedonio, en sus obras, propuso a un lector muy activo, un poco quizás a imagen y semejanza suya: si, como dice Geney, Macedonio era más un “pensador que escribe” que un “escritor que piensa”, paradójicamente el lector ideal para la literatura de Macedonio es un lector que piensa, más que un lector que lee. De hecho, asienta Geney, a Macedonio no le interesaba mucho ser leído, no guardaba sus borradores o las servilletas donde escribía alguna idea ni perseguía editores. No: era más una mano etérea tanteando en lo invisible que una mano de escritor.
El gran Macedonio (1874-1952)

Borges también alude a este afán de Macedonio por permanecer apócrifo, como Sócrates, Pitágoras o Buda, y remata: “¡Qué raro! La gente que ha influido más en la humanidad ha sido la gente que ha conversado y no ha gente que ha escrito”.
La obra de Macedonio es lúdica, y uno de sus juegos más divertidos es el metaliterario. Dice Geney Beltrán, refiriéndose a Museo: “La Novela es un personaje que lee la novela: se lee a sí misma”. Así, Macedonio dialoga: con su lector, con sus personajes, con su obra en el momento en que está creándola. Y el análisis de estas y otras peculiaridades es presentado con un estilo muy claro y fresco por el ensayista. No son cualidades menores, pues El biógrafo de su lector está muy lejos de ser uno de esos inaccesibles ensayos para especialistas, se trata por el contrario de una obra que invita amablemente a leer a Macedonio Fernández. Geney Beltrán logra presentarnos a este complejo autor, revela y descifra claves imprescindibles para comprender a Macedonio y a su obra: “Sólo con el conocimiento de sus ideas metafísicas se ilumina ventajosamente la comprensión de sus ideas estéticas y de su exigente literatura”, dice Geney Beltrán.
Además, el ensayista constantemente se dirige al probable lector con guiños que consiguen mantener vigente el interés por continuar la lectura. Así, resulta que Geney Beltrán también dialoga, con cierto acento lúdico, con su lector, en un ejercicio que lo aproxima aun más a Macedonio.
Este libro, merecedor por cierto del Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2002, nos sumerge en ese universo excepcional de Macedonio, donde todo parece estarse creando y mirando por primera vez en el instante en que es nombrado. Es bueno recordar que Borges comparó a Adán con dos hombres. Uno era Whitman. El otro, desde luego, Macedonio Fernández.
Socorro Venegas
Percibir a Macedonio Fernández, en palabras de Borges, puede ser tan simple y complejo como percibir “un sabor o como un dolor; si el otro no ha visto ese color, si el otro no ha percibido ese sabor, las definiciones son inútiles”. Por ello resulta oportuno y particularmente valioso el estudio de Geney Beltrán Félix: El biógrafo de su lector. Guía para leer y entender a Macedonio Fernández. Nos llega este libro, pues, de primerísima mano, es decir, de alguien que ha logrado percibir al gran Macedonio.
El autor, que se define a sí mismo como “un joven crítico que por su solo y tan raro nombre de pila” bien podría ser personaje de alguna novela de Macedonio Fernández, se ocupa en este libro de este personaje singular de las letras hispanoamericanas. Analiza fundamentalmente dos de sus obras: No toda es vigilia la de los ojos abiertos y Museo de la novela de la Eterna, que, como explica Geney Beltrán en su “único y serio prólogo”, fueron escritas en la “semioscuridad de una vida desarreglada y bohemia”.
Podría decirse que Macedonio, en sus obras, propuso a un lector muy activo, un poco quizás a imagen y semejanza suya: si, como dice Geney, Macedonio era más un “pensador que escribe” que un “escritor que piensa”, paradójicamente el lector ideal para la literatura de Macedonio es un lector que piensa, más que un lector que lee. De hecho, asienta Geney, a Macedonio no le interesaba mucho ser leído, no guardaba sus borradores o las servilletas donde escribía alguna idea ni perseguía editores. No: era más una mano etérea tanteando en lo invisible que una mano de escritor.
Borges también alude a este afán de Macedonio por permanecer apócrifo, como Sócrates, Pitágoras o Buda, y remata: “¡Qué raro! La gente que ha influido más en la humanidad ha sido la gente que ha conversado y no ha gente que ha escrito”.
La obra de Macedonio es lúdica, y uno de sus juegos más divertidos es el metaliterario. Dice Geney Beltrán, refiriéndose a Museo: “La Novela es un personaje que lee la novela: se lee a sí misma”. Así, Macedonio dialoga: con su lector, con sus personajes, con su obra en el momento en que está creándola. Y el análisis de estas y otras peculiaridades es presentado con un estilo muy claro y fresco por el ensayista. No son cualidades menores, pues El biógrafo de su lector está muy lejos de ser uno de esos inaccesibles ensayos para especialistas, se trata por el contrario de una obra que invita amablemente a leer a Macedonio Fernández. Geney Beltrán logra presentarnos a este complejo autor, revela y descifra claves imprescindibles para comprender a Macedonio y a su obra: “Sólo con el conocimiento de sus ideas metafísicas se ilumina ventajosamente la comprensión de sus ideas estéticas y de su exigente literatura”, dice Geney Beltrán.
Además, el ensayista constantemente se dirige al probable lector con guiños que consiguen mantener vigente el interés por continuar la lectura. Así, resulta que Geney Beltrán también dialoga, con cierto acento lúdico, con su lector, en un ejercicio que lo aproxima aun más a Macedonio.
Este libro, merecedor por cierto del Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2002, nos sumerge en ese universo excepcional de Macedonio, donde todo parece estarse creando y mirando por primera vez en el instante en que es nombrado. Es bueno recordar que Borges comparó a Adán con dos hombres. Uno era Whitman. El otro, desde luego, Macedonio Fernández.
viernes, mayo 13, 2005
De la víctima como cómplice de su verdugo
«era la fragilidad de sus víctimas la que inevitablemente lo convertía en un malhechor. Así las cosas, en este mundo hay seres frágiles, seres aplastables, seres combustibles, seres con posibilidad de sangrar, y de morir; y en tanto que existan tales seres, posibles víctimas de delitos, al monstruo no le queda otra opción que seguir cometiendo delitos sin fin.»
Kôbô Abe, El rostro ajeno
Kôbô Abe, El rostro ajeno
jueves, mayo 12, 2005
Refutación del ensayo literario
No hay manera de llegar al corazón de un texto grandioso a través de los ensayos que hablen de él. No hay manera de atisbar su grandeza con otras palabras que las de su lectura directa. El ensayo literario es un texto parásito y perecedero, reduccionista e incompleto. Cuando mucho, si revela un criterio personal sólido y gozoso de la literatura, puede servir como invitación de lectura o relectura, puede iluminar acercamientos sensibles y novedosos.
Si de por sí escribir (ficción, poesía, drama) ya es una ociosidad o, mejor aún, una inutilidad, escribir sobre inutilidades ociosas es doblemente ocioso e inútil. Los ensayos literarios salen sobrando en la existencia del mundo. Frecuentemente son sólo ajustes de cuentas entre mafias de escritores o alabanzas a compañeros de equipo y de ruta.
Y sin embargo el deseo está ahí: hablar de literatura, la pasión solitaria más inútil del mundo.
Si de por sí escribir (ficción, poesía, drama) ya es una ociosidad o, mejor aún, una inutilidad, escribir sobre inutilidades ociosas es doblemente ocioso e inútil. Los ensayos literarios salen sobrando en la existencia del mundo. Frecuentemente son sólo ajustes de cuentas entre mafias de escritores o alabanzas a compañeros de equipo y de ruta.
Y sin embargo el deseo está ahí: hablar de literatura, la pasión solitaria más inútil del mundo.
miércoles, mayo 11, 2005
Personaje de Kertész
"¿Cómo podía explicarle a mi mujer que mi bolígrafo era mi pala? ¿Que sólo escribo porque tengo que escribir, porque me llaman cada día con un silbido para que hinque más hondo la pala, toque más sombríamente el violín, más dulcemente a la muerte? ¿Cómo explicarle que no podía concluir mi autoliquidación, mi única misión en la tierra, mientras abrigara en mi interior falsas segundas intenciones, tales como resultado, literatura e incluso éxito?"
Imre Kertész, Kaddish por el hijo no nacido
Imre Kertész, Kaddish por el hijo no nacido
martes, mayo 10, 2005
Ensayistas brasileños
Esta antología, Ensayistas brasileños. Literatura, cultura y sociedad, acaba de ser publicada por la UNAM. Los compiladores son Regina Crespo y Rodolfo Mata. Incluye textos de escritores de los siglos XIX y XX, como José Veríssimo, Euclides da Cunha, Lima Barreto, Monteiro Lobato, Oswald y Mário de Andrade, Gilberto Freyre, Carlos Drummond de Andrade, João Cabral de Melo Neto, Antonio Candido, Haroldo de Campos, etcétera. Es una selección cuidadosa, amplia y polifacética de la literatura de ideas en Brasil. Los traductores son varios (entre ellos, tu servilleta).
viernes, mayo 06, 2005
Carta a Loulou, 3
Loulou, sonríe. Han sido días frenéticos, días no razonados estos últimos. Pero nada ha sucedido, nada radical, cambiante, nada que defina en nada la existencia. Sigue la espera.
"Eres libre", ella me dijo.
"No, la libertad no existe. La existencia es ya una esclavitud".
Mariana y Daniel me recomendaron ayer la película La casa de los cuchillos. Pensé en ir hoy, pero la abulia me detiene. A las 7 debo estar (debo, ¿entiendes?) en La Guadalupana de Coyoacán. Veré a Zamná, Marco, Elena, algunos otros del ya extinto Club del Tobi Renegado. Invité a Augusto, pero no me ha respondido.
Nada sucede. Sí, sí ha sucedido ya: volveré al pasado. Esta vez, no obstante, se llamará futuro, es decir, presente.
"Eres libre", ella me dijo.
"No, la libertad no existe. La existencia es ya una esclavitud".
Mariana y Daniel me recomendaron ayer la película La casa de los cuchillos. Pensé en ir hoy, pero la abulia me detiene. A las 7 debo estar (debo, ¿entiendes?) en La Guadalupana de Coyoacán. Veré a Zamná, Marco, Elena, algunos otros del ya extinto Club del Tobi Renegado. Invité a Augusto, pero no me ha respondido.
Nada sucede. Sí, sí ha sucedido ya: volveré al pasado. Esta vez, no obstante, se llamará futuro, es decir, presente.
miércoles, mayo 04, 2005
Libro de la quincena: La conquista de México-Tenochtitlan, de Jaime Montell
En 2001 la editorial de Miguel Ángel Porrúa publicó un volumen de casi mil páginas: La conquista de México-Tenochtitlan, de Jaime Montell. En su momento la aparición de este volumen pasó casi inadvertida, pero en febrero de 2003 Jean Meyer publicó en Letras Libres una reseña extremadamente elogiosa. Meyer llamó al libro “crónica de crónicas” y de Montell señaló, entre otras cosas, que “ha tenido el feliz atrevimiento de darnos una historia actualizada y la más completa posible sobre la Conquista”. Jean Meyer resaltó en esa ocasión la solidez documental del libro de Montell, que “presenta, coteja, compara, discute todos los informes, documentos, relatos, historias, paso a paso, para cada episodio del reinado de Moctezuma y de la Conquista... sin prejuicio ni preferencia”.
Montell es el primer historiador mexicano desde Alfredo Chavero (que en 1884 publicó su Historia antigua y de la Conquista) en dedicarse a la escritura de una versión ambiciosa, completa y analítica de la Conquista. Frente al desdén que gran parte de los historiadores académicos mexicanos muestra hacia la divulgación, Jaime Montell se ha esmerado por ofrecer en La conquista de México-Tenochtitlan un resumen riguroso y amplio, pero sustancioso y ágil de la Conquista, dirigido no a públicos especializados sino al lector común.
Esta hazaña no es menor ni desdeñable, pues Montell no forma parte de la academia universitaria: se trata de un ranchero apicultor del norte de Veracruz, un lector voraz que durante muchos años, con cargo a su propio bolsillo, se dedicó a recopilar y estudiar toda la información documental existente sobre la Conquista. Mientras la historiografía académica mexicana, como ha señalado Enrique Florescano, se mantiene divorciada de la “memoria nacional”, Montell, quizá gracias a su propio distanciamiento del cenáculo universitario, en su acercamiento al tema de la Conquista ha logrado conjugar un sólido rigor documental con una capacidad narrativa muy vivaz y agradecible.
Montell es el primer historiador mexicano desde Alfredo Chavero (que en 1884 publicó su Historia antigua y de la Conquista) en dedicarse a la escritura de una versión ambiciosa, completa y analítica de la Conquista. Frente al desdén que gran parte de los historiadores académicos mexicanos muestra hacia la divulgación, Jaime Montell se ha esmerado por ofrecer en La conquista de México-Tenochtitlan un resumen riguroso y amplio, pero sustancioso y ágil de la Conquista, dirigido no a públicos especializados sino al lector común.
Esta hazaña no es menor ni desdeñable, pues Montell no forma parte de la academia universitaria: se trata de un ranchero apicultor del norte de Veracruz, un lector voraz que durante muchos años, con cargo a su propio bolsillo, se dedicó a recopilar y estudiar toda la información documental existente sobre la Conquista. Mientras la historiografía académica mexicana, como ha señalado Enrique Florescano, se mantiene divorciada de la “memoria nacional”, Montell, quizá gracias a su propio distanciamiento del cenáculo universitario, en su acercamiento al tema de la Conquista ha logrado conjugar un sólido rigor documental con una capacidad narrativa muy vivaz y agradecible.
martes, mayo 03, 2005
Carta a Loulou, 2
Loulou, sonríe. Ya llegó mayo, cumpliré 29 en un mes y, ahora sí, las cosas cambiarán.
Por lo demás, acepto que hay más dudas que certidumbres. Probablemente, al final no haré nada. Dirás en todo caso que cometería una estupidez si vuelvo al pasado, pero ¿has visto que el 101 por ciento de las cosas que hago pueden recibir ese nombre? El amor nunca es desinteresado. ¿No son el miedo a la soledad y el deseo sexual los motivos normales para crearse esa ficción real que llaman amor? ¿Qué hay de malo en aceptarlo? Lo otro es que, no, el amor quizá no sea un acto de la voluntad. O, por lo menos, la voluntad humana no es enteramente racional. Participan en ella impulsos que van más allá de nuestra conciencia y conocimiento.
Loulou, sonríe. Mucha suerte a Caro en sus clases.
Por lo demás, acepto que hay más dudas que certidumbres. Probablemente, al final no haré nada. Dirás en todo caso que cometería una estupidez si vuelvo al pasado, pero ¿has visto que el 101 por ciento de las cosas que hago pueden recibir ese nombre? El amor nunca es desinteresado. ¿No son el miedo a la soledad y el deseo sexual los motivos normales para crearse esa ficción real que llaman amor? ¿Qué hay de malo en aceptarlo? Lo otro es que, no, el amor quizá no sea un acto de la voluntad. O, por lo menos, la voluntad humana no es enteramente racional. Participan en ella impulsos que van más allá de nuestra conciencia y conocimiento.
Loulou, sonríe. Mucha suerte a Caro en sus clases.
miércoles, abril 27, 2005
El amor como ficción
El amor loco es una invención de los poetas y novelistas. Por eso existe en la realidad.
*
El amor es una ficción. Como todas, nace de la soledad. Como todas, fracasa ante el mayor roce con el otro.
*
Pero el amor no existe. Quiero decir: somos mezquinos, alevosos, interesados, cogelones, posesivos, egoístas, ambiciosos, manipuladores. El amor es el retrato mandado a hacer para verse sin esos defectos.
*
El amor es una ficción. Como todas, nace de la soledad. Como todas, fracasa ante el mayor roce con el otro.
*
Pero el amor no existe. Quiero decir: somos mezquinos, alevosos, interesados, cogelones, posesivos, egoístas, ambiciosos, manipuladores. El amor es el retrato mandado a hacer para verse sin esos defectos.
lunes, abril 25, 2005
Reseña de El biógrafo de su lector
Pablo Martínez Lozada publicó en la revista Latinoamérica (número 37, 2003/2, pp. 413-416) una reseña de mi libro El biógrafo de su lector.
Geney Beltrán Félix, El biógrafo de su lector. Guía para leer y entender a Macedonio Fernández, México, Conaculta / Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, 2003 (Fondo Editorial Tierra Adentro, 258), 212 pp.
Pablo Martínez Lozada
Al leer libros como éste se agradece que aún existan premios que otorguen al ganador la publicación de un original inédito, pues El biógrafo de su lector es la típica pesadilla de un dictaminador: una obra clara, original, inteligente, realizada con un sentido del humor más que bienvenido, que cumple tanto en el análisis sesudo del tema en cuestión como en la escritura precisa y elegante, pero que comete el gran pecado de estudiar a un escritor del que todos han oído hablar pero que casi nadie lee. ¿Cómo publicar una obra así? Por fortuna, Geney Beltrán Félix recibió por esta Guía… el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2002, así que ya no es necesario plantear esa pregunta.
Aunque El biógrafo de su lector se anuncia como un estudio general sobre la obra de Macedonio Fernández (1874-1952), el grueso del libro es una lectura crítica de Museo de la novela de la Eterna (1967). El resto del corpus macedonio se analiza en términos de esta obra cumbre: así, las paginas dedicadas a No toda es vigilia la de los ojos abiertos (1928) se encargan de analizar las ideas metafísicas de Macedonio como preámbulo al estudio del papel que juegan en Museo…, pues “toda la obra literaria de Macedonio tiene como justificación postular un idealismo absoluto. Y de aquí nace su dificultad mayor. Sólo con el conocimiento de sus ideas metafísicas se ilumina ventajosamente la comprensión de sus ideas estéticas y de su exigente literatura” (p. 14).
Los primeros capítulos, entonces, están dedicados a No toda es vigilia…, los poemas y Papeles de Recienvenido (1929) en función de la obra novelística de Macedonio Fernández. La inquietud de este primer análisis es explicar la metafísica y la estética como claves de su narrativa. Si bien la metafísica macedoniana se expone brevemente en términos de otras filosofías, es en el examen de la teoría estética donde se halla lo más cercano a una discusión académica en todo el libro. Al hablar de la estética del argentino, Geney Beltrán establece una serie de paralelismos entre el autor y los formalistas rusos. Estas páginas pueden despistar al lector: aunque resulta claro que lo que se quiere es resaltar la originalidad y vigencia de los planteamientos de Fernández, lo cierto es que en un primer acercamiento esta parte del libro parece no estar del todo articulada con el resto. Sólo un examen más detallado permite entender el propósito de estos párrafos: situar al autor en la discusión estética de las vanguardias (hecho importante para alguien cuya cronología es engañosa, pues nunca se preocupó por la publicación de su obra) y demostrar el papel central que juegan las inquietudes estéticas de Macedonio en el centro de todos su textos.
Las paginas dedicadas a Papeles de Recienvenido y a la obra poética son mas bien someras, pero cumplen con el cometido de exponer con brevedad la teoría del humorismo conceptual y el idealismo que se muestra en los poemas de Macedonio: se trata de dos pasos intermedios, que preparan para el lector impaciente la entrada a la interpretación de Museo de la Novela de la Eterna.
La tercera y cuarta partes de la obra contienen el meollo de la exposición: la explicación de cómo, a través de las digresiones, los prólogos interminables, los juegos metaliterarios, logra el novelista producir en el lector un efecto estético que lo lleve a concluir “la negación metafísica de la realidad y la afirmación de la inmortalidad del ser” (p.192).
Se dice fácil. Pero tal efecto sólo puede comprenderse cabalmente conociendo las ideas filosóficas de Macedonio: de ahí la virtud y utilidad del libro de Beltrán. No estamos sólo ante un análisis riguroso de personajes y estructuras: El biógrafo de su lector presenta un verdadero mapa de ruta para leer Museo… sin tener que detenerse en interminables notas eruditas. Partiendo de la premisa de que Museo… es, a simple vista, una obra “fallida, mas actual” (p. 210), el análisis de Beltrán es una seductora invitación a la lectura de la obra mayor de Macedonio enfocada, precisamente, en las áreas que hacen esa lectura más engorrosa el lector común: la digresión, la disquisición metafísica, la estructura aparentemente deshilachada de la novela se muestran aquí no como defectos, sino como las piezas esenciales para entender el sentido de lo que se ha visto como un libro reservado para escritores y especialistas.
De ahí surge la pregunta más pertinente: ¿quién es el lector de este libro?
El grueso del público estará formado, sin duda, por profesores y estudiantes interesados en las vanguardias latinoamericanas. Aunque el libro no es académico (salvo, quizá, en la discusión sobre el formalismo apuntada más arriba), tiene la virtud de estar argumentado con todo rigor y –sobre todo– de incorporar los principales estudios que hasta ahora se han escrito sobre Macedonio Fernández. Esta labor por sí sola es valiosa: la síntesis bibliográfica debe ser una de las primeras metas que cumpla cualquier libro que sirva de introducción a la obra de un autor. Existe más de un curso de literatura latinoamericana en el cual se estudia a Macedonio, aunque sea de forma muy somera: se antoja que El biógrafo de su lector pueda convertirse en referencia importante para dichos cursos.
El otro tipo de lector parece menos natural, y es precisamente al que se debe invitar a esta lectura. Al contrario de lo que sucede normalmente con las obras críticas, es recomendable leer El biógrafo… antes de leer a Macedonio, y no después: los lectores se enfrentarán con menor desconcierto a las páginas de Museo... si están preparados para enfrentar sus obstáculos más notables. El presente libro es una magnífica invitación a la lectura de un escritor que se conoce demasiado poco, pero cuya lectura ayudaría, entre otras cosas, a situar mejor en su contexto la narrativa argentina del siglo XX.
Para terminar, unas líneas sobre el título. Beltrán apunta que Museo… dibuja una “biografía del lector” porque éste no está preparado para leer una novela tan original e innovadora. El juego, sin embargo, no termina con Macedonio: Beltrán lo incorpora de manera muy sutil para insertarse, cual los personajes de Ricardo Piglia, en el mundo (¿real? ¿ficticio? ¿importa?) de la novela de Macedonio. En primer lugar, desliza en puntos distintos de su obra apóstrofes al lector de inocencia aparente: “paciente lector”, “lector cuidadoso”, etc. Lejos de establecer una simple relación de complicidad, esto permite al ensayista jugar el juego macedoniano: calificar al lector vale lo mismo que inventarlo; Geney Beltrán es, también, un biógrafo de sus lectores.
En segundo lugar, si el autor comparte su “recorrido personal macedoniano” (p. 17), lo hace como lector de Macedonio, vale decir biografiado de Macedonio. Como el protagonista nabokoviano que, con el pretexto de publicar una biografía de Chernishevsky, presenta al mundo literario de los emigrados rusos un autorretrato deslumbrante, Geney Beltrán nos ha dado un libro que, con el pretexto de introducirnos a la lectura del incomprendido escritor argentino, también nos dice mucho de su lector: un crítico agudo y sensible, un profundo pensador de la literatura, un escritor ameno, preciso e incisivo. Como primer libro, promete sin duda muchísimo.
Geney Beltrán Félix, El biógrafo de su lector. Guía para leer y entender a Macedonio Fernández, México, Conaculta / Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, 2003 (Fondo Editorial Tierra Adentro, 258), 212 pp.
Pablo Martínez Lozada
Al leer libros como éste se agradece que aún existan premios que otorguen al ganador la publicación de un original inédito, pues El biógrafo de su lector es la típica pesadilla de un dictaminador: una obra clara, original, inteligente, realizada con un sentido del humor más que bienvenido, que cumple tanto en el análisis sesudo del tema en cuestión como en la escritura precisa y elegante, pero que comete el gran pecado de estudiar a un escritor del que todos han oído hablar pero que casi nadie lee. ¿Cómo publicar una obra así? Por fortuna, Geney Beltrán Félix recibió por esta Guía… el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2002, así que ya no es necesario plantear esa pregunta.
Aunque El biógrafo de su lector se anuncia como un estudio general sobre la obra de Macedonio Fernández (1874-1952), el grueso del libro es una lectura crítica de Museo de la novela de la Eterna (1967). El resto del corpus macedonio se analiza en términos de esta obra cumbre: así, las paginas dedicadas a No toda es vigilia la de los ojos abiertos (1928) se encargan de analizar las ideas metafísicas de Macedonio como preámbulo al estudio del papel que juegan en Museo…, pues “toda la obra literaria de Macedonio tiene como justificación postular un idealismo absoluto. Y de aquí nace su dificultad mayor. Sólo con el conocimiento de sus ideas metafísicas se ilumina ventajosamente la comprensión de sus ideas estéticas y de su exigente literatura” (p. 14).
Los primeros capítulos, entonces, están dedicados a No toda es vigilia…, los poemas y Papeles de Recienvenido (1929) en función de la obra novelística de Macedonio Fernández. La inquietud de este primer análisis es explicar la metafísica y la estética como claves de su narrativa. Si bien la metafísica macedoniana se expone brevemente en términos de otras filosofías, es en el examen de la teoría estética donde se halla lo más cercano a una discusión académica en todo el libro. Al hablar de la estética del argentino, Geney Beltrán establece una serie de paralelismos entre el autor y los formalistas rusos. Estas páginas pueden despistar al lector: aunque resulta claro que lo que se quiere es resaltar la originalidad y vigencia de los planteamientos de Fernández, lo cierto es que en un primer acercamiento esta parte del libro parece no estar del todo articulada con el resto. Sólo un examen más detallado permite entender el propósito de estos párrafos: situar al autor en la discusión estética de las vanguardias (hecho importante para alguien cuya cronología es engañosa, pues nunca se preocupó por la publicación de su obra) y demostrar el papel central que juegan las inquietudes estéticas de Macedonio en el centro de todos su textos.
Las paginas dedicadas a Papeles de Recienvenido y a la obra poética son mas bien someras, pero cumplen con el cometido de exponer con brevedad la teoría del humorismo conceptual y el idealismo que se muestra en los poemas de Macedonio: se trata de dos pasos intermedios, que preparan para el lector impaciente la entrada a la interpretación de Museo de la Novela de la Eterna.
La tercera y cuarta partes de la obra contienen el meollo de la exposición: la explicación de cómo, a través de las digresiones, los prólogos interminables, los juegos metaliterarios, logra el novelista producir en el lector un efecto estético que lo lleve a concluir “la negación metafísica de la realidad y la afirmación de la inmortalidad del ser” (p.192).
Se dice fácil. Pero tal efecto sólo puede comprenderse cabalmente conociendo las ideas filosóficas de Macedonio: de ahí la virtud y utilidad del libro de Beltrán. No estamos sólo ante un análisis riguroso de personajes y estructuras: El biógrafo de su lector presenta un verdadero mapa de ruta para leer Museo… sin tener que detenerse en interminables notas eruditas. Partiendo de la premisa de que Museo… es, a simple vista, una obra “fallida, mas actual” (p. 210), el análisis de Beltrán es una seductora invitación a la lectura de la obra mayor de Macedonio enfocada, precisamente, en las áreas que hacen esa lectura más engorrosa el lector común: la digresión, la disquisición metafísica, la estructura aparentemente deshilachada de la novela se muestran aquí no como defectos, sino como las piezas esenciales para entender el sentido de lo que se ha visto como un libro reservado para escritores y especialistas.
De ahí surge la pregunta más pertinente: ¿quién es el lector de este libro?
El grueso del público estará formado, sin duda, por profesores y estudiantes interesados en las vanguardias latinoamericanas. Aunque el libro no es académico (salvo, quizá, en la discusión sobre el formalismo apuntada más arriba), tiene la virtud de estar argumentado con todo rigor y –sobre todo– de incorporar los principales estudios que hasta ahora se han escrito sobre Macedonio Fernández. Esta labor por sí sola es valiosa: la síntesis bibliográfica debe ser una de las primeras metas que cumpla cualquier libro que sirva de introducción a la obra de un autor. Existe más de un curso de literatura latinoamericana en el cual se estudia a Macedonio, aunque sea de forma muy somera: se antoja que El biógrafo de su lector pueda convertirse en referencia importante para dichos cursos.
El otro tipo de lector parece menos natural, y es precisamente al que se debe invitar a esta lectura. Al contrario de lo que sucede normalmente con las obras críticas, es recomendable leer El biógrafo… antes de leer a Macedonio, y no después: los lectores se enfrentarán con menor desconcierto a las páginas de Museo... si están preparados para enfrentar sus obstáculos más notables. El presente libro es una magnífica invitación a la lectura de un escritor que se conoce demasiado poco, pero cuya lectura ayudaría, entre otras cosas, a situar mejor en su contexto la narrativa argentina del siglo XX.
Para terminar, unas líneas sobre el título. Beltrán apunta que Museo… dibuja una “biografía del lector” porque éste no está preparado para leer una novela tan original e innovadora. El juego, sin embargo, no termina con Macedonio: Beltrán lo incorpora de manera muy sutil para insertarse, cual los personajes de Ricardo Piglia, en el mundo (¿real? ¿ficticio? ¿importa?) de la novela de Macedonio. En primer lugar, desliza en puntos distintos de su obra apóstrofes al lector de inocencia aparente: “paciente lector”, “lector cuidadoso”, etc. Lejos de establecer una simple relación de complicidad, esto permite al ensayista jugar el juego macedoniano: calificar al lector vale lo mismo que inventarlo; Geney Beltrán es, también, un biógrafo de sus lectores.
En segundo lugar, si el autor comparte su “recorrido personal macedoniano” (p. 17), lo hace como lector de Macedonio, vale decir biografiado de Macedonio. Como el protagonista nabokoviano que, con el pretexto de publicar una biografía de Chernishevsky, presenta al mundo literario de los emigrados rusos un autorretrato deslumbrante, Geney Beltrán nos ha dado un libro que, con el pretexto de introducirnos a la lectura del incomprendido escritor argentino, también nos dice mucho de su lector: un crítico agudo y sensible, un profundo pensador de la literatura, un escritor ameno, preciso e incisivo. Como primer libro, promete sin duda muchísimo.
miércoles, abril 20, 2005
Suposición de semejanza
Como é por dentro outra pessoa
Quem é que o poderá sonhar?
A alma de outrem é outro universo
Com que não há comunicação possível,
Com que não há verdadeiro entendimento.
Nada sabemos da alma
Senão da nossa;
As dos outros são olhares,
São gestos, são palavras,
Com a suposição de qualquier semelhança
No fundo.
(Fernando Pessoa, Poesias inéditas, 1930-1935, tomo VIII de la Poesia completa en la editorial Ática)
Quem é que o poderá sonhar?
A alma de outrem é outro universo
Com que não há comunicação possível,
Com que não há verdadeiro entendimento.
Nada sabemos da alma
Senão da nossa;
As dos outros são olhares,
São gestos, são palavras,
Com a suposição de qualquier semelhança
No fundo.
(Fernando Pessoa, Poesias inéditas, 1930-1935, tomo VIII de la Poesia completa en la editorial Ática)
martes, abril 19, 2005
Carta a Loulou, 1
Loulou, sonríe. Todos en la oficina están muy contentos de que las cosas te estén saliendo bien allá en Montreal. ¿Qué te puedo decir? Aquí se siguen descomponiendo las computadoras a cada rato, Vero no termina de pelearse con los técnicos de Informática, Gilberto ya tiene otra demanda por hostigamiento mental, Cynthia no deja de abusar de la paciencia del escáner, Jaime le sigue yendo a las Chivas (¡quién entiende eso!), Isa llega tarde y luego se enoja si la balconeamos, yo... bueno, yo me sigo peleando con... con todo el mundo, ya sabes, y esta ciudad y este país andan vueltos locos por unos políticos con ánimo de verduleros que no van a lograr que nada cambie (para bien, se entiende). No, viendo las cosas así te diría: mejor no vuelvas. Aunque por acá todos te extrañemos tanto.
lunes, abril 18, 2005
Exploración del miedo
Lo fácil es sufrir, tirarse al suelo después de que te han humillado y así buscar la leve lástima del otro, de los otros. También fácil será hacer daño, ser cruel y al mismo tiempo volver la vista al escenario para decir: Estaba obligado a hacerlo, no soy malo y además él se lo merecía.
¿Entonces? ¿Quién tiene la razón? ¿Hay verdugos y víctimas?
La raíz del mal es el miedo.
Así, con el miedo un hombre, una mujer cualquiera podrá, sin razonarlo e incluso razonándolo con mil justificaciones, caer en la piel del verdugo o en la de la víctima. Sólo existe el miedo. Nunca nos dejará. Sólo existe el miedo.
¿Entonces? ¿Quién tiene la razón? ¿Hay verdugos y víctimas?
La raíz del mal es el miedo.
Así, con el miedo un hombre, una mujer cualquiera podrá, sin razonarlo e incluso razonándolo con mil justificaciones, caer en la piel del verdugo o en la de la víctima. Sólo existe el miedo. Nunca nos dejará. Sólo existe el miedo.
Epígrafe nuestro de cada día
Recibe sólo aquello que puedes volver a manos llenas...
José Luis Rivas, Relámpago la muerte
José Luis Rivas, Relámpago la muerte
viernes, abril 15, 2005
El todoamoroso argentino
No creo en la muerte de los que aman ni en la vida de los que aman.
Macedonio Fernández
Macedonio Fernández
martes, abril 12, 2005
El poeta se niega a la conquista...
O poeta nega-se à conquista
e pela memória persistente erra:
na dor do nome afirma seu percurso;
entre palavras, não entre ilhas,
encontra os atlas codiciados
e seus portulanos, seus astrolábios
são suas móveis sensações;
à reluzente sala do butim
prefere o ouro entre o cascalho,
o mercúrio dentro da rocha,
o quetzal vivo no arvoredo,
canto que é puro esplendor;
ourives de seu desterro,
da matéria de sua pele
faz o gume de sua espada.
(Horácio Costa, fragmento de O menino e o travesseiro.)
e pela memória persistente erra:
na dor do nome afirma seu percurso;
entre palavras, não entre ilhas,
encontra os atlas codiciados
e seus portulanos, seus astrolábios
são suas móveis sensações;
à reluzente sala do butim
prefere o ouro entre o cascalho,
o mercúrio dentro da rocha,
o quetzal vivo no arvoredo,
canto que é puro esplendor;
ourives de seu desterro,
da matéria de sua pele
faz o gume de sua espada.
(Horácio Costa, fragmento de O menino e o travesseiro.)
lunes, abril 11, 2005
Sentido de irrealidad
Escribes porque el mundo no existe: hay que inventarlo (para sentirlo).
Escribes porque no existes: buscas el eco de tu voz en otros ojos y otros labios.
Escribes porque el mundo existe: hay que negarlo (y al dolor con él).
Escribes porque existes: raíz de toda angustia.
Escribes porque no existes: buscas el eco de tu voz en otros ojos y otros labios.
Escribes porque el mundo existe: hay que negarlo (y al dolor con él).
Escribes porque existes: raíz de toda angustia.
viernes, abril 08, 2005
Adiós a Loulou
Loulou se va a Montreal el martes. Quiero mucho a Loulou, me enseñó cosas extraordinarias que no será posible que olvide. Es una persona entrañable. Pero a veces se vuelve difícil decir esas palabras de frente. Espero que le vaya muy bien, a ella y a su hija. La extrañaré.
jueves, abril 07, 2005
Principio imposible de la escritura
Vamos indo retratando este mundo como deveria ser, antes que ele se acabe.
João Guimarães Rosa, “Os chapéus transeuntes”, de Estas estórias
João Guimarães Rosa, “Os chapéus transeuntes”, de Estas estórias
miércoles, abril 06, 2005
Opinión personalísima sobre un tema de coyuntura
No, Nicoménicus, estoy en desacuerdo. Con o sin desafuero, el país se seguirá hundiendo. El Peje no es un imprescindible. A lo que voy es a que la defensa del PRD es de una cínica desfachatez: los delincuentes del Fobaproa, de los Amigos de Fox y del Pemexgate están libres, por lo tanto, dejen en paz también a nuestro propio delincuente. La no aplicación de la ley debe ser pareja. Esta interpretación "cristiana" del derecho (nadie está libre de pecado como para tirar la primera piedra, por lo tanto no hay que tirarle piedras a nadie) sólo permitirá que siga habiendo violaciones cínicas de la ley.
No, yo digo: ahora caerá el Peje, un gobernante déspota que no respeta las leyes (salvo cuando le conviene), que pasa por encima de los derechos de los ciudadanos que a priori él sabe no votarán por él, un iluminado que demuestra que lo peor del neoliberalismo es que permite el surgimiento de este tipo de demagogos... y quizá mañana caigan los otros delincuentes de la política, que no son peores ni mejores que él. Sencillamente iguales.
El Peje no es un imprescindible porque no es ni será un estadista. Para "mejorar" el transporte en la ciudad, acaba con los árboles de Insurgentes, porque es más fácil hacer un ecocidio que poner en orden a sus clientelas de microbuseros y taxistas piratas. Cuatro años en el poder y es hora que no ha resuelto los graves problemas del transporte público, una de las tareas básicas de un simple alcalde, pues el transporte es una de las necesidades básicas de la población. Y así hay tantas tareas de bajo perfil, de poco relumbrón, que debería haber hecho si realmente le interesaba gobernar esta ciudad por el ánimo de cambiar la realidad y no por juntar votos para la presidencia. No ha hecho ninguna.
Si lo desafueran o no, me da igual. Nada cambiará.
No, yo digo: ahora caerá el Peje, un gobernante déspota que no respeta las leyes (salvo cuando le conviene), que pasa por encima de los derechos de los ciudadanos que a priori él sabe no votarán por él, un iluminado que demuestra que lo peor del neoliberalismo es que permite el surgimiento de este tipo de demagogos... y quizá mañana caigan los otros delincuentes de la política, que no son peores ni mejores que él. Sencillamente iguales.
El Peje no es un imprescindible porque no es ni será un estadista. Para "mejorar" el transporte en la ciudad, acaba con los árboles de Insurgentes, porque es más fácil hacer un ecocidio que poner en orden a sus clientelas de microbuseros y taxistas piratas. Cuatro años en el poder y es hora que no ha resuelto los graves problemas del transporte público, una de las tareas básicas de un simple alcalde, pues el transporte es una de las necesidades básicas de la población. Y así hay tantas tareas de bajo perfil, de poco relumbrón, que debería haber hecho si realmente le interesaba gobernar esta ciudad por el ánimo de cambiar la realidad y no por juntar votos para la presidencia. No ha hecho ninguna.
Si lo desafueran o no, me da igual. Nada cambiará.
martes, abril 05, 2005
Para el pequeño francófilo enamoradizo que todos llevamos dentro
«une certaine ressemblance existe, tout en évoluant, entre les femmes que nous aimons successivement, ressemblance qui tient à la fixité de notre tempérament parce que c’est lui qui les choisit, éliminant toutes celles qui ne nous seraient pas à la fois opposées et complémentaires, c’est-à-dire propres à satisfaire nos sens et à faire souffrir notre coeur. Elles sont, ces femmes, un produit de notre tempérament, une image, une projection renversées, un « négatif » de notre sensiblité. De sorte qu’un romancier pourrait au cours de la vie de son héros, peindre presque exactement semblables ses successives amours et donner par là l’impression non de s’imiter lui-même mais de créer, puisqu’il y a moins de force dans une innovation artificielle que dans une répétition destinée à suggérer une vérité neuve. Encore devrait-il noter dans le caractère de l’amoureux, un indice de variation qui s’accuse au fur et à mesure qu’on arrive dans de nouvelles régions, sous d’autres latitudes de la vie. Et peut-être exprimerait-il encore une vérité de plus si, peignant pour ses autres personnages de caractères, il s’abstenait d’en donner aucun à la femme aimée. Nous connaissons le caractère des indifférents, comment pourrions-nous saisir celui d’un être qui se confond avec notre vie, que bientôt nous ne séparons plus de nous-même, sur les mobiles duquel nous ne cessons de faire d’anxieuses hypothèses, perpétuellement remaniées ? S’élançant d’au-delà de l’intelligence, notre curiosité de la femme que nous aimons dépasse dans sa course le caractère de cette femme. Nous pourrions nous y arrêter que sans doute nous ne le voudrions pas. L’objet de notre inquiète investigation est plus essentiel que ces particularités de caractère, pareilles á ces petits losanges d’épiderme dont les combinaisons variées font l’originalité fleurie de la chair. Notre radiation intuitive les traverse et les images qu’elle nous rapporte ne sont point celles d’un visage particulaire mais représentent la morne et douloureuse universalité d’un squellette.»
Marcel Proust, À l’ombre des jeunes filles en fleurs
Marcel Proust, À l’ombre des jeunes filles en fleurs
lunes, abril 04, 2005
Nada quedará
Otra cosa que te decías es que de nada sirve escribir. Una vez que pasen los años y los siglos, el futuro habrá de terminar. En algún momento, el planeta estallará, los edificios y las carreteras y los campos y los cuerpos se volverán polvo del cosmos, y el silencio de la eternidad –o el silencio sin tiempo– regresará. Ni el Quijote ni Shakespeare ni Dante sobrevivirán a la infame destrucción. Todas tus emociones de padre, tus depresiones de adolescente, el descubrimiento del amor y el sexo, el deleite de los libros y la amistad, los viajes, la cerveza y el café, tus lágrimas por el padre muerto, todo habrá de esfumarse. Nada quedará después del fin.
Entonces ¿para qué escribir? Para qué sufrir ante la página en blanco, para qué corretear las pinches palabras que no se dejan, que se derriten en la frontera de la idea o la emoción sin lograr ni pálidamente trasmutarlas, para qué soñar con la fama y el reconocimiento y desvelarte ante la pantalla de la computadora, para qué ir por la calle dialogando mudamente con los fantasmas obsesivos que quieres transformar en palabras sin poner atención a los microbuses, la gente apresurada, el pavimento y las hojas de los árboles, para qué dejar de escuchar las palabras vivas de tu hija y hundirte en libros que no hablan, para qué renunciar a los gritos caducos pero intensos del mundo, si nada quedará.
Te dices que ninguna emoción, ninguna idea podrá sobrevivir al último día del futuro.
Y aún así insistes. A veces te llega la voz de la paciencia: no importa cuánto te tardes, no cuentes los meses y los años, tú sigue escribiendo. Tendrás treinta y cinco, cincuenta, setenta: en algún momento –luego de años o lustros o décadas– surgirá El Libro –Uno– que traducirá tu mundo sin traiciones. No desesperes. Escribe y borra, escribe y corrige, escribe y goza. Regresa a las frases una y otra vez, no las sueltes, no le des licencia a la pequeñez o al desaliento.
Llegará un momento en que ahí estará: el arte, las palabras exactas y vivas, una tras otra, ahí estarás tú, en el papel.
Y después, tiempo después, todo habrá terminado y nada habrá permanecido.
(Fragmento de "El miedo a escribir", ensayo publicado en TextoS 12, octubre-diciembre de 2003, pp. 135-138.)
Entonces ¿para qué escribir? Para qué sufrir ante la página en blanco, para qué corretear las pinches palabras que no se dejan, que se derriten en la frontera de la idea o la emoción sin lograr ni pálidamente trasmutarlas, para qué soñar con la fama y el reconocimiento y desvelarte ante la pantalla de la computadora, para qué ir por la calle dialogando mudamente con los fantasmas obsesivos que quieres transformar en palabras sin poner atención a los microbuses, la gente apresurada, el pavimento y las hojas de los árboles, para qué dejar de escuchar las palabras vivas de tu hija y hundirte en libros que no hablan, para qué renunciar a los gritos caducos pero intensos del mundo, si nada quedará.
Te dices que ninguna emoción, ninguna idea podrá sobrevivir al último día del futuro.
Y aún así insistes. A veces te llega la voz de la paciencia: no importa cuánto te tardes, no cuentes los meses y los años, tú sigue escribiendo. Tendrás treinta y cinco, cincuenta, setenta: en algún momento –luego de años o lustros o décadas– surgirá El Libro –Uno– que traducirá tu mundo sin traiciones. No desesperes. Escribe y borra, escribe y corrige, escribe y goza. Regresa a las frases una y otra vez, no las sueltes, no le des licencia a la pequeñez o al desaliento.
Llegará un momento en que ahí estará: el arte, las palabras exactas y vivas, una tras otra, ahí estarás tú, en el papel.
Y después, tiempo después, todo habrá terminado y nada habrá permanecido.
(Fragmento de "El miedo a escribir", ensayo publicado en TextoS 12, octubre-diciembre de 2003, pp. 135-138.)
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