Bitácora de Geney Beltrán [χe’nɛi bel’tɾan], escritor mexicano (Tamazula, Durango, 1976).
lunes, julio 22, 2013
Adriana González Mateos disertará sobre la obra de Seligson
Este miércoles 24, a las 7 pm, en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, en la ciudad de México, la escritora Adriana González Mateos dará una charla sobre la obra literaria de Esther Seligson, en el ciclo Una Habitación Propia organizado por la Dirección de Literatura del INBA.
domingo, julio 21, 2013
El país de los tres lectores
El suplemento Confabulario, del periódico El Universal, publica hoy mi artículo de crítica de la vida cultural "El país de los tres lectores", sobre las fallas que detecto en la promoción de la lectura literaria realizada por las instituciones culturales del país.
jueves, julio 11, 2013
Después de la violencia
La revista Letras Libres de julio incluye mi texto crítico "Después de la violencia", sobre la novela Loba, de la escritora mexicana Verónica Murguía.
martes, junio 25, 2013
El arte crítico de Esther Seligson
Irad Nieto ha publicado un texto crítico sobre el libro Escritos a máquina. Ensayos y reflexiones, de Esther Seligson (Dirección de Literatura de la UNAM). El enlace, aquí.
martes, junio 11, 2013
¿Habrá suficientes críticos en Zimbabwe?
El domingo pasado se publicó, en el suplemento Confabulario del periódico El Universal, mi artículo de crítica de la vida cultural titulado «¿Habrá suficientes críticos en Zimbabwe?», sobre las polémicas que rodean el sistema de mecenazgo estatal a la literatura en México, y una propuesta concreta para dar mayor peso y validez a las decisiones que toman los jurados en las convocatorias de becas.
martes, junio 04, 2013
viernes, mayo 31, 2013
CCXVIII
«No tenerle miedo a las palabras» no significa solapar su uso torpe, irreflexivo o carente de sustancia.
miércoles, mayo 29, 2013
Un fragmento
Creo necesario insistir en un
principio ético de la escritura. Anota un personaje de Enrique Vila-Matas: «La
literatura, por mucho que nos apasione negarla, permite rescatar del olvido
todo eso sobre lo que la mirada contemporánea, cada día más inmoral, pretende
deslizarse con la más absoluta indiferencia». Durante un buen rato se ha visto
con desprecio la noción del compromiso moral. Claro: la discusión del compromiso ideológico está superada. Pero esa
derrota merecida de los defensores de Stalin y Fidel Castro no puede volverse
ardid para el cinismo. La sinrazón existe, el escritor vive en el mundo, el
lenguaje es un hecho social: la literatura puede hacer confluir la exactitud de
esas tres realidades y dar a luz obras críticas y disolventes de toda
preconcepción en quien las lea. Gombrowicz en su Diario: «nosotros,
el arte, somos la realidad. El arte es un hecho y no un comentario añadido al
hecho».
Hablo de una postura ética y expresable, así, por la letra artística. Asumo, primero que nada, que el cliché wildeano de: «Literatura sólo hay mala o buena» esconde una imprecisión peligrosa y, para nuestro tiempo, ya desvergonzada: la mala literatura no es para estos efectos ni siquiera literatura-a-secas, y la imbricación del compromiso moral con la palabra literaria ha tenido exponentes que no pueden soslayarse: el primero es Cervantes, uno muy próximo J.M. Coetzee. El compromiso moral no debe tampoco entenderse como una apología edulcorada de los credos contemporáneos de la corrección política o, como diría Rafael Sánchez Ferlosio: de lo socialmente correcto. Juan Goytisolo expresa en una página de En los reinos de taifa: «Dar forma narrativa o poética a las ideas comunes de la época —libertad, justicia, progreso, igualdad de razas y sexos, etc.— carece de interés artístico si el autor, al hacerlo, no les tiende simultáneamente una trampa, no las ceba con pólvora o dinamita: todas las ideas, aun las más respetables, son moneda de dos caras y el escritor que no lo advierte en vez de actuar en la realidad opera en su fotografía». El compromiso moral es un compromiso con la época y sus incertidumbres, no con sus dogmas.
Pienso así que, en aras de una experimentación obligada, no podemos desentendernos del narrar porque en el narrar se cifra la expresión posible de los conflictos de la Condición Humana. Sé que estas dos palabras despiertan sospechas ante lo grandilocuentes que suenan y lo mucho que se han utilizado para no decir nada. Pero quien escribe como respuesta a una necesidad de las vísceras —y no sólo porque puede hacerlo, porque tiene oficio, dinero, internet y un cuarto propio—, quien conoce el examen quisquilloso de un mundo interior —conflictos de la herencia y la sangre, la vivencia de la furia y el desencanto, autobiografías mentales de raigambre en la perplejidad— sabe de qué se habla al decir Condición Humana.
Explico: hay dilemas morales que hoy, como ayer, son expresables por la concernida mirada del narrador. La sensibilidad ha venido mutando, sin dejar de ser fiel a su vertedero de contradicciones, a como se han transformado las relaciones sociales y las estructuras políticas. Los nuevos roles familiares y de género, la migración, los fundamentalismos y el laicismo nihilista, los modos vigentes de la violencia, el fracaso de las democracias y la relatividad ética del mercado, entre otros, dan pie, sin ánimo miserabilista ni cronístico, a la consideración de facetas propias de la condición humana —el desarraigo, la alienación, el coraje, el remordimiento, la impotencia, el miedo— y que sugieren una tentación inquietada para la verdad novelesca. ¿De cuándo acá la narrativa tiene que dejar de ser, si lo ha venido siendo desde Cervantes, dicción de una individualidad en conflicto con su tiempo? Esas realidades no son exteriores al escritor: las comparte en tanto perfiles de un aquí y un ahora que una sensibilidad imantada no puede sino compartir. Y lo humano, por supuesto, no es un lastre para el narrador. Es su veta. Hablo de la narrativa como La Saga de Adentro.
[...] La apuesta, el riesgo, la ambición consiste en cambiar el mundo, cambiando a través de la escritura la idea que el lector tiene del mundo.
Geney Beltrán Félix, de «No narrarás», en El sueño no es un refugio sino un arma, 2009.
Hablo de una postura ética y expresable, así, por la letra artística. Asumo, primero que nada, que el cliché wildeano de: «Literatura sólo hay mala o buena» esconde una imprecisión peligrosa y, para nuestro tiempo, ya desvergonzada: la mala literatura no es para estos efectos ni siquiera literatura-a-secas, y la imbricación del compromiso moral con la palabra literaria ha tenido exponentes que no pueden soslayarse: el primero es Cervantes, uno muy próximo J.M. Coetzee. El compromiso moral no debe tampoco entenderse como una apología edulcorada de los credos contemporáneos de la corrección política o, como diría Rafael Sánchez Ferlosio: de lo socialmente correcto. Juan Goytisolo expresa en una página de En los reinos de taifa: «Dar forma narrativa o poética a las ideas comunes de la época —libertad, justicia, progreso, igualdad de razas y sexos, etc.— carece de interés artístico si el autor, al hacerlo, no les tiende simultáneamente una trampa, no las ceba con pólvora o dinamita: todas las ideas, aun las más respetables, son moneda de dos caras y el escritor que no lo advierte en vez de actuar en la realidad opera en su fotografía». El compromiso moral es un compromiso con la época y sus incertidumbres, no con sus dogmas.
Pienso así que, en aras de una experimentación obligada, no podemos desentendernos del narrar porque en el narrar se cifra la expresión posible de los conflictos de la Condición Humana. Sé que estas dos palabras despiertan sospechas ante lo grandilocuentes que suenan y lo mucho que se han utilizado para no decir nada. Pero quien escribe como respuesta a una necesidad de las vísceras —y no sólo porque puede hacerlo, porque tiene oficio, dinero, internet y un cuarto propio—, quien conoce el examen quisquilloso de un mundo interior —conflictos de la herencia y la sangre, la vivencia de la furia y el desencanto, autobiografías mentales de raigambre en la perplejidad— sabe de qué se habla al decir Condición Humana.
Explico: hay dilemas morales que hoy, como ayer, son expresables por la concernida mirada del narrador. La sensibilidad ha venido mutando, sin dejar de ser fiel a su vertedero de contradicciones, a como se han transformado las relaciones sociales y las estructuras políticas. Los nuevos roles familiares y de género, la migración, los fundamentalismos y el laicismo nihilista, los modos vigentes de la violencia, el fracaso de las democracias y la relatividad ética del mercado, entre otros, dan pie, sin ánimo miserabilista ni cronístico, a la consideración de facetas propias de la condición humana —el desarraigo, la alienación, el coraje, el remordimiento, la impotencia, el miedo— y que sugieren una tentación inquietada para la verdad novelesca. ¿De cuándo acá la narrativa tiene que dejar de ser, si lo ha venido siendo desde Cervantes, dicción de una individualidad en conflicto con su tiempo? Esas realidades no son exteriores al escritor: las comparte en tanto perfiles de un aquí y un ahora que una sensibilidad imantada no puede sino compartir. Y lo humano, por supuesto, no es un lastre para el narrador. Es su veta. Hablo de la narrativa como La Saga de Adentro.
[...] La apuesta, el riesgo, la ambición consiste en cambiar el mundo, cambiando a través de la escritura la idea que el lector tiene del mundo.
Geney Beltrán Félix, de «No narrarás», en El sueño no es un refugio sino un arma, 2009.
Hay una mentira
La mentira —ingenua, cínica o
pesimista— es que escribir no sirve para nada. Voltaire decía que con sus
libros un escritor no logrará ni cambiar siquiera las costumbres de su vecino:
hoy podría argumentarse que a pesar de milenios de gran literatura, la
humanidad sigue conociendo la guerra, la pobreza y la injusticia. Entonces,
¿callar? No, ante la falla del mundo el silencio no será jamás la opción. No
hay manera de afirmar que escribir no
cambia el mundo sino hasta después de haber escrito, y quizá ni siquiera
entonces: quizá nunca. ¿Acaso no han sido nada en la lucha por la igualdad de
los derechos de la mujer los textos literarios de Virginia Woolf, Hannah Arendt,
Simone De Beauvoir, sor Juana...? La literatura, afirma Gottfried Benn, «no mejora las
cosas, pero hace de lo que sea algo más decisivo: las modifica... Su acción
se ejercita sobre los genes, sobre la masa hereditaria, sobre la sustancia —un largo camino
interior». ¿Cómo
estar seguros de que no incidieron en
la mentalidad de por lo menos algunos pocos de sus contemporáneos y no han importado
en el devenir de las sociedades humanas los libros —no hablo de la actividad
política ni de los pronunciamientos explícitos— de Voltaire, Dickens, Erasmo,
de Cervantes, Balzac, Goethe, Dostoievski, Shakespeare, Lord Byron, Tolstói...
tantos más? «Creer en los libros como medios de acción o no creer es ante todo
eso: creer o no creer», escribe Gabriel Zaid. Pues bien: la elección del
escritor novato es creer. Porque, como escribió el peruano Emilio Adolfo Westphalen:
«El sueño no es un refugio sino un arma».
Tan sencillo como recordar que la invención de la escritura hizo nacer la Historia: para bien y para mal, tarde o temprano, escribir trastoca el mundo.
Geney Beltrán Félix, «La doble raíz» (2007), en El sueño no es un refugio sino un arma, 2009.
Tan sencillo como recordar que la invención de la escritura hizo nacer la Historia: para bien y para mal, tarde o temprano, escribir trastoca el mundo.
Geney Beltrán Félix, «La doble raíz» (2007), en El sueño no es un refugio sino un arma, 2009.
El país asfixiante
Lo que ya habían intuido
literariamente Tario y Rulfo resultó la experiencia real para las generaciones
nacidas a partir de finales de la década de 1960, que heredaron la nada de un
país pesadillesco y terrible, con los problemas asediantes del fin del siglo: la
explosión demográfica, la falta de democracia, la corrupción, la
discriminación, la pobreza y la desigualdad, la violación a los derechos
humanos, el crimen y la impunidad. Se trataba de un país multitudinario y
asfixiante, corrompido hasta en sus actos más nimios por una casta —política,
empresarial, delincuencial— y por una colectividad trepadora, injusta y cínica,
una tierra y un futuro propiedad de unos pocos, un mundo sin más oportunidades
para la mayoría que irse de mojados al patio vecino o ser empleados de Elektra,
Wal-Mart o McDonald’s, ciudades donde tantas mujeres son violadas y asesinadas,
los niños secuestrados por las redes de pornografía, prostitución y tráfico de
órganos y los viejos abandonados a la indiferencia, el maltrato y la miseria a través
de jubilaciones vergonzosas.
Ahora sí, por fin y sin folclorismos: un país donde la vida no vale nada.
Sólo queda esperar, si no el desmembramiento geográfico, sí la degradación social incesante.
Geney Beltrán Félix, «Historias para un país inexistente» (2004), en El sueño no es un refugio sino un arma, 2009.
Ahora sí, por fin y sin folclorismos: un país donde la vida no vale nada.
Sólo queda esperar, si no el desmembramiento geográfico, sí la degradación social incesante.
Geney Beltrán Félix, «Historias para un país inexistente» (2004), en El sueño no es un refugio sino un arma, 2009.
lunes, mayo 27, 2013
Un viejo incidente con Heriberto Yépez
Creo recordar que el escritor Heriberto Yépez ha defendido más de una vez la libertad que dan las redes sociales para ejercer la crítica literaria. Excepto, al parecer, cuando la crítica se ejerce sobre su escritura: entonces lo toma muy mal.
A partir de un comentario en Twitter que intercambié con el escritor Rogelio Guedea, el viernes pasado, Yépez y yo empezamos una discusión. Mis argumentos se referían a sus columnas semanales en el suplemento Laberinto del periódico Milenio. Él nunca dio una respuesta concreta, ni una explicación precisa a mis cuestionamientos. Hoy, luego de no internetear el fin de semana, he visto que Yépez borró todas sus intervenciones en esa discusión.
Lo comenté así hoy en un tuit. Y volvimos a discutir.
Como no pudo defender sus columnas de mis críticas, Yépez decidió hoy desacreditarme en mi persona, resucitando un viejo incidente.
Cuando yo era editor de literatura del FCE, hace ya casi una década, tomé la iniciativa, que gradualmente habían tomado editores anteriores, de invitar a escritores jóvenes a presentar manuscritos. Como no era dictaminador, ni integrante del Comité Editorial, yo no tenía manera de incidir en la decisión de publicar tal o cual libro. Las tareas estrictamente editoriales de ese puesto son muy numerosas, de índole técnico. Pero yo sí creía posible abrir la puerta para que más manuscritos de autores más jóvenes llegaran: tenía la impresión de que el medio literario de los nuevos veía al FCE como una editorial donde publicaban sólo autores muertos o con una muy larga trayectoria. (Eso mismo he hecho en otros espacios donde en algún momento he cumplido funciones editoriales, como el Fondo Tierra Adentro o Ediciones B.)
Había sabido de Heriberto Yépez por una reseña de Christopher Domínguez, y posteriormente me encontré textos suyos. Como hice con muchos otros escritores jóvenes, incluso con algunos de quienes no había leído nada, a él (a quien no conocía y no conozco aún en persona) también le invité a enviar un manuscrito. No había en ningún aspecto el menor compromiso de publicarlo: era, sólo, que el libro en cuestión se incorporara al proceso de selección.
Sucedió que por esos mismos días recibí un ejemplar de la revista Textos, de la Universidad Autónoma de Sinaloa, dirigida por Enrique Martínez y editada por Francisco Alcaraz. Venía ahí un ensayo de Yépez titulado "Muerte crítica de la poesía en México" o algo parecido (no tengo el número a la mano). Lo leí. Fue decepcionante.
Uno de los errores de Yépez, considero, es buscar la desacreditación moral de la persona del escritor para así desacreditar los valores estrictamente literarios de sus textos. Acaso esté equivocado yo en defender la postura de que lo que nos congrega en el espacio literario es que escribimos y publicamos libros, y que sólo por ellos hemos de ser juzgados; en todo caso, a diferencia de Yépez, no considero tener la verdad última de las cosas. Pero respeto los argumentos, aunque lleguen a conclusiones con las que discrepe. Ese texto de Yépez no tenía, a mi parecer, argumentos sólidos; por decir lo menos, era arbitrario. Por decir lo más: me pareció pésimo.
Sin embargo, no tenía la confianza con Yépez para decirle abiertamente que sus argumentos sobre Paz los veía sin sustento. Le propuse que en el libro que presentara se abstuviera de anexar ensayos sobre Paz, autor de la casa. No le dije que era en realidad porque sabía yo muy bien que un dictaminador serio y exigente entregaría una opinión negativa sobre un libro con textos como "Muerte crítica". Y, sin esa opinión positiva, el libro se habría de rechazar.
Aunque ahora, que no ha tenido forma de responder a mis cuestionamientos a las fallas de sus columnas en Laberinto, acusa ese incidente como un acto de "censura", Yépez se equivoca. Esa fue una recomendación. Él en cambio está acostumbrado a no aceptar recomendaciones ni a respetar el criterio de los editores, y a considerar cualquier señalamiento que un editor le haga sobre un texto, como censura. Así hizo hace pocos años con la editora de la revista Tierra Adentro. Está equivocado. Como también está equivocado, según pienso, al rebajar la crítica literaria a la descalificación moral. Y en esas trampas que su ceguera ante sus fallas le está poniendo a su inteligencia, acaso perderemos lo que a la literatura mexicana del futuro le podría haber dado su inteligencia.
A partir de un comentario en Twitter que intercambié con el escritor Rogelio Guedea, el viernes pasado, Yépez y yo empezamos una discusión. Mis argumentos se referían a sus columnas semanales en el suplemento Laberinto del periódico Milenio. Él nunca dio una respuesta concreta, ni una explicación precisa a mis cuestionamientos. Hoy, luego de no internetear el fin de semana, he visto que Yépez borró todas sus intervenciones en esa discusión.
Lo comenté así hoy en un tuit. Y volvimos a discutir.
Como no pudo defender sus columnas de mis críticas, Yépez decidió hoy desacreditarme en mi persona, resucitando un viejo incidente.
Cuando yo era editor de literatura del FCE, hace ya casi una década, tomé la iniciativa, que gradualmente habían tomado editores anteriores, de invitar a escritores jóvenes a presentar manuscritos. Como no era dictaminador, ni integrante del Comité Editorial, yo no tenía manera de incidir en la decisión de publicar tal o cual libro. Las tareas estrictamente editoriales de ese puesto son muy numerosas, de índole técnico. Pero yo sí creía posible abrir la puerta para que más manuscritos de autores más jóvenes llegaran: tenía la impresión de que el medio literario de los nuevos veía al FCE como una editorial donde publicaban sólo autores muertos o con una muy larga trayectoria. (Eso mismo he hecho en otros espacios donde en algún momento he cumplido funciones editoriales, como el Fondo Tierra Adentro o Ediciones B.)
Había sabido de Heriberto Yépez por una reseña de Christopher Domínguez, y posteriormente me encontré textos suyos. Como hice con muchos otros escritores jóvenes, incluso con algunos de quienes no había leído nada, a él (a quien no conocía y no conozco aún en persona) también le invité a enviar un manuscrito. No había en ningún aspecto el menor compromiso de publicarlo: era, sólo, que el libro en cuestión se incorporara al proceso de selección.
Sucedió que por esos mismos días recibí un ejemplar de la revista Textos, de la Universidad Autónoma de Sinaloa, dirigida por Enrique Martínez y editada por Francisco Alcaraz. Venía ahí un ensayo de Yépez titulado "Muerte crítica de la poesía en México" o algo parecido (no tengo el número a la mano). Lo leí. Fue decepcionante.
Uno de los errores de Yépez, considero, es buscar la desacreditación moral de la persona del escritor para así desacreditar los valores estrictamente literarios de sus textos. Acaso esté equivocado yo en defender la postura de que lo que nos congrega en el espacio literario es que escribimos y publicamos libros, y que sólo por ellos hemos de ser juzgados; en todo caso, a diferencia de Yépez, no considero tener la verdad última de las cosas. Pero respeto los argumentos, aunque lleguen a conclusiones con las que discrepe. Ese texto de Yépez no tenía, a mi parecer, argumentos sólidos; por decir lo menos, era arbitrario. Por decir lo más: me pareció pésimo.
Sin embargo, no tenía la confianza con Yépez para decirle abiertamente que sus argumentos sobre Paz los veía sin sustento. Le propuse que en el libro que presentara se abstuviera de anexar ensayos sobre Paz, autor de la casa. No le dije que era en realidad porque sabía yo muy bien que un dictaminador serio y exigente entregaría una opinión negativa sobre un libro con textos como "Muerte crítica". Y, sin esa opinión positiva, el libro se habría de rechazar.
Aunque ahora, que no ha tenido forma de responder a mis cuestionamientos a las fallas de sus columnas en Laberinto, acusa ese incidente como un acto de "censura", Yépez se equivoca. Esa fue una recomendación. Él en cambio está acostumbrado a no aceptar recomendaciones ni a respetar el criterio de los editores, y a considerar cualquier señalamiento que un editor le haga sobre un texto, como censura. Así hizo hace pocos años con la editora de la revista Tierra Adentro. Está equivocado. Como también está equivocado, según pienso, al rebajar la crítica literaria a la descalificación moral. Y en esas trampas que su ceguera ante sus fallas le está poniendo a su inteligencia, acaso perderemos lo que a la literatura mexicana del futuro le podría haber dado su inteligencia.
Una de narcos
El suplemento Confabulario, del periódico El Universal, ha iniciado su segunda época ayer domingo. En sus páginas incluye mi breve texto crítico «Una de narcos», sobre la novela Cuatro muertos por capítulo de César López Cuadras.
lunes, mayo 20, 2013
Novela o Guatemala
La revista Letras Libres publica en su número de este mes mi texto crítico «Novela o Guatemala», sobre la novela Los sordos de Rodrigo Rey Rosa (Alfaguara).
lunes, abril 29, 2013
La aglomeración del azar
Se acaba de publicar mi texto crítico «La aglomeración del azar», sobre el libro misceláneo Tela de sevoya, de Myriam Moscona, en la revista virtual La Estantería. Esta obra recibió en marzo pasado el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores.
martes, abril 23, 2013
El escritor-metido-a-crítico viaja a Puebla a hablar sobre la crítica literaria
Los críticos literarios en México parece que tenemos más oportunidades de disertar aquí y allá sobre los problemas de la crítica literaria, antes que publicaciones en las cuales ejercerla de manera constante, sin vetos ni venganzas, y con un pago justo. Así, me han invitado a la UPAEP a dar una conferencia sobre El lugar de la crítica literaria, hoy, para inaugurar las V Jornadas de Lengua y Pensamiento Crítico, organizadas por su Departamento de Artes y Humanidades. He aceptado con sumo gusto porque se trata de una oportunidad de dialogar con los estudiantes, lo que siempre refresca a ancianos demodés como yo. Esto será el jueves 25, a las 16 horas, en la Sala del Museo UPAEP, en Puebla.
jueves, marzo 21, 2013
Sobre Francisco Cervantes
La revista virtual de crítica La Estantería recupera mi ensayo «Poeta del presente», sobre la escritura lusófila del poeta mexicano Francisco Cervantes. El texto se publicó originalmente en el número 134, de junio-julio de 2005, de la revista Tierra Adentro.
miércoles, marzo 20, 2013
Pasiones y obsesiones
Acaba de publicarse el libro Pasiones y obsesiones. Secretos del oficio de escribir, compilado por Sandra Lorenzano para el Fondo de Cultura Económica, en coedición con la Universidad del Claustro de Sor Juana. El libro incluye mi texto narrativo «Esteban no tenía hermanos».
CCXVII
Es un error poner a un tigre a llevar un costal en la espalda. A menos, claro, que se le desee enseñar una cosa: que el sentido de su vida no está en llevar un costal en la espalda.
lunes, marzo 18, 2013
Yo también hablo de Pitol
Hace rato no leo nada de Sergio Pitol, pero voy viendo que hoy es su cumpleaños, y por eso recupero un viejo ensayo que escribí para la revista Nexos hace unos cinco años: «Saga del héroe nervioso». Pase por aquí.
jueves, febrero 28, 2013
Presentación
Este viernes, a las 7 pm, participaré, al lado de Eduardo Antonio Parra y Elizabeth Moreno, en la presentación de la antología Siete caminos de sangre. Narradores contemporáneos de Sinaloa (en la que se incluyen dos relatos míos). Esto será en el Salón Manuel Tolsá, en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en la ciudad de México.
miércoles, febrero 20, 2013
Viernes en Minería
Este viernes 22, a las 4 de la tarde, participaré junto a Alejandro García Abreu en una lectura de ensayos literarios, dentro de un ciclo de presentaciones organizado por la Fundación para las Letras Mexicanas para la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, de la UNAM, en Tacuba 5, Centro Histórico, en la ciudad de México. Esto será en el Salón Filomeno Mata del recinto.
lunes, febrero 11, 2013
Tierras de nadie
El Fondo Editorial Tierra Adentro ha publicado recientemente el volumen Tierras de nadie. El norte en la narrativa mexicana contemporánea, con introducción y compilación de Viviane Mahieux y Oswaldo Zavala. El tomo recupera mi texto «El fabulador en octosílabos o el corridista culto. La prosa rítmica de Daniel Sada», un análisis estilístico de lo que advierte el subtítulo, y que fue publicado originalmente en la Revista de Literaturas Populares, dirigida por Margit Frenk, en 2003.
miércoles, febrero 06, 2013
CCXVI
No viviremos para siempre. Hay tantas cosas que no podemos cambiar. Por eso, elijamos bien qué leer: que sea lo superior, lo más poderoso, lo que transforma, expande y sobrepasa a la vida.
lunes, enero 21, 2013
CCXV
Hay un tiempo para dar el beneficio de la duda, y otro tiempo para sufrir los perjuicios por haber dado el beneficio de la duda.
viernes, diciembre 28, 2012
En la radio, hoy
A loas 3 de la tarde, hora del centro de México, participaré, junto a Armando González Torres, en el programa La Feria Carrusel de Libros, conducido por Fernando Fernández, y que se transmite por Radio México Internacional. Hablaremos sobre algunas de las novedades literarias más interesantes del 2012.
miércoles, diciembre 19, 2012
domingo, diciembre 02, 2012
Así de fácil
Paco Calderón, cartonista del periódico Reforma, concluye sobre las víctimas de la guerra del sexenio calderonista: «¿Miles de muertos? Sí, todos víctimas de sus víctimas. No de quien persiguió a éstos». Paco Calderón, para defender al por fin ex presidente Felipe Calderón, decide pasar por encima de numerosos testimonios de abusos cometidos por las fuerzas del ejército federal, que incluyeron en varios casos asesinatos cometidos por soldados. En este enlace se encuentra el cartón de referencia.
jueves, noviembre 22, 2012
En Querétaro
Estaré mañana viernes, a la 1.00 pm, dando una charla sobre la escritura de ficción en nuestros días, en el auditorio de la Facultad de Lenguas y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro, en Querétaro.
lunes, noviembre 19, 2012
Discutir en Greensboro
El viernes pasado participé, junto con los escritores Antonio Moreno Montero y Felipe Troncoso, en una interesantísima y polémica mesa de discusión sobre la situación actual del libro literario y la industria editorial en Latinoamérica. Esto fue en la Gleenwood Coffee and Bookshop, en Greensboro, Carolina del Norte, a las 5 pm. Los organizadores fueron Verónica Grossi y Alan Brilliant, quienes también tomaron parte en la discusión, aunque estaban sentados del lado del público.
Antonio, elgeney y Felipe
Antonio, Verónica, elgeney y Felipe; Al (sentado)
miércoles, noviembre 14, 2012
jueves, noviembre 08, 2012
La tercera generación de estadounidenses nacidos en México
Estaré la próxima semana en Wilson, Carolina del Norte, invitado por Barton College para dar una conferencia titulada La tercera generación de estadounidenses nacidos en México, sobre la presencia de la cultura de Estados Unidos en cierta franja de la narrativa de ficción mexicana reciente. Esto será el miércoles 14, a las 7.30 pm, en el Sam and Marjorie Ragan Writing Center de Barton College. Pronto iré mencionando aquí otras actividades que tengo programadas en este viaje.
lunes, noviembre 05, 2012
sábado, noviembre 03, 2012
jueves, octubre 25, 2012
La Palanca, 22
Una nota rápida para anunciar que ya salió el número 22 de la revista La Palanca, que dirigen Pablo Mayans y Diego José. Sigue este enlace y podrás bajar y leer su contenido.
miércoles, octubre 24, 2012
martes, octubre 23, 2012
CCX
No lo supe antes, pero en cada lugar en que hacíamos el amor tu cuerpo
me iba entregando como rehén a su fantasma. Y ahora tú que no quieres rescatarlo...
lunes, octubre 22, 2012
Habrá polémica...
Políticas culturales en México
Mesa de discusión sobre las becas, los premios, las ediciones y, en general, la promoción de la literatura en las instituciones del Estado
Participan:
María Rivera
Luigi Amara
Eduardo Huchín Sosa
Geney Beltrán Félix
¿Dónde? En la Casa Refugio Citlaltépetl (Citlaltépetl 25, entre Amsterdam y Campeche, Col. Hipódromo Condesa, México, D.F.)
¿Cuándo? Este miércoles 24 de octubre de 2012, a las 19:00 horas
Mesa de discusión sobre las becas, los premios, las ediciones y, en general, la promoción de la literatura en las instituciones del Estado
Participan:
María Rivera
Luigi Amara
Eduardo Huchín Sosa
Geney Beltrán Félix
¿Dónde? En la Casa Refugio Citlaltépetl (Citlaltépetl 25, entre Amsterdam y Campeche, Col. Hipódromo Condesa, México, D.F.)
¿Cuándo? Este miércoles 24 de octubre de 2012, a las 19:00 horas
sábado, octubre 20, 2012
CCIX
Cuando
el oportunista se pronuncia a favor de algo con lo que estamos de acuerdo, esa
enfermedad de la lengua que lo aqueja, llamada demagogia, emite un hedor, perceptible por los oídos, que lo
contradice.
viernes, octubre 19, 2012
CCVIII
Hay quienes, a falta de adversarios reales y de peso, lastiman tanto su
propio ego hasta que lo convierten en un enemigo tenaz y rencoroso.
jueves, octubre 18, 2012
CCVII
El odio es un movimiento del alma que, exiliada del amor, aspira a la
indiferencia. Su más feroz aduana es el rencor.
miércoles, octubre 17, 2012
Contra la aniquilación
La revista Letras Libres, en su número de octubre, incluye mi texto crítico «Contra la aniquilación», sobre la novela La luz difícil del escritor colombiano Tomás González (Alfaguara).
martes, octubre 16, 2012
viernes, octubre 12, 2012
CCV
El éxito es una cumbre diáfana. El fracaso no hay manera de saber cuándo
ha tocado por fin fondo.
jueves, octubre 11, 2012
CCIV
Tienes derecho a destruirte. ¿Por qué dejarle ese privilegio a los
demás? Hasta el más samaritano bien que sabría fortalecerse con la energía que
libere tu cuerpo durante su exterminio.
miércoles, octubre 10, 2012
Eduardo Antonio Parra comenta dos relatos
La antología Siete caminos de sangre. Narradores contemporáneos de Sinaloa, de la que hablé aquí hace algunas semanas, incluye dos relatos de mi libro Habla de lo que sabes. El autor del prólogo es un narrador a cuya obra le tengo un enorme respeto, Eduardo Antonio Parra, y él comenta en un párrafo lo siguiente:
“En
«Ese mundo de extraños» nos encontramos en cierta unidad habitacional
donde la vida cotidiana se pronto se ve expuesta a los avatares de la fantasía
y el absurdo, provocando en el lector ese extrañamiento tan caro a la
narrativa que lo impulsa a seguir el texto hasta el final. Experimental más en
el tema y su sentido que en la forma, el autor se perfila como un narrador experto
en insuflar, en quien lo lee, la incertidumbre que preside el tiempo que
vivimos, donde todo puede ocurrir y nuestras reacciones quizá sean tan engañosas,
tan ajenas, como los estímulos que nos proporciona la realidad. Ese mismo tenor
se advierte en «Perdonados por quién», historia en la que la incertidumbre se
acentúa en el ambiente caótico que reina en la urbe tras un fuerte temblor. En
medio de la destrucción, los personajes no atinan sino a dudar, y las dudas son
tan fuertes que trastocan el lenguaje mismo hasta llegar a anularlo. Dos
relatos que plasman la opresión a que nos someten los tiempos actuales y
nuestra incapacidad para comprenderlos que deviene frustración y tristeza.”
CCIII
No es
que hayamos perdido el arquetipo universal de la belleza, sino que nuestra visión
está nublada mientras no se purgue —a través de un arte de expiación que desde
la raíz destruya, al producirlo, a quien lo produce— el castigo ecuménico por
un siglo de genocidios. El XXI ha de entender cómo la belleza universal es
incompatible con la culpa colectiva.
martes, octubre 09, 2012
CCII
Invisible máscara del cuerpo, la piel todo recibe, nada olvida, todo
calla. De hablarlo, estallaríamos dejando ver un vacío lleno de rencor.
miércoles, octubre 03, 2012
CCI
Si tu prosa
es imprecisa, monocorde y carente de facultades perceptivas, de nada importa si
eres narrador-de-imaginación o novelista-sobre-la-realidad. El mérito no se
halla en fantasear o cronicar: la potencia de la diégesis narrativa viene del
lenguaje y no del asunto.
lunes, octubre 01, 2012
Yletrados
La revista electrónica Yletrados, editada por jóvenes escritores de Xalapa, Veracruz, recupera en su número 6 mi relato «La celda en la Ciudad». Aquí el enlace de la publicación.
domingo, septiembre 30, 2012
CC
Se ha de creer de nueva cuenta en el amor si y sólo si se ha pasado por una lobotomía del corazón, de la memoria, de la piel, de los ojos, de la lengua... y sobre todo del orgullo.
sábado, septiembre 29, 2012
CXCIX
El amor no muere, claro que no; sólo se queda ahí pudriéndose, sin más fuego, en la soledad de las vísceras.
jueves, septiembre 27, 2012
«El soplo sucio de la belleza» en Sólo cuento
Sólo cuento, la antología de narrativa breve que desde hace cuatro años viene publicando la UNAM a través de su Dirección de Literatura, incluye en su tomo IV, de este 2012, el relato «El soplo sucio de la belleza», de Nadia Villafuerte. En el índice aparecen también textos de Luis Rafael Sánchez, Alberto Barrera Tyszka, Mario González Suárez, José Agustín, Carlos María Domínguez, Leonardo Padura, Cristina Fernández Cubas, Evelio Rosero, Patricia Laurent Kullick, José Emilio Pacheco, Vicente Luis Mora, Elena Poniatowska, Agustín Monsreal, Héctor de Mauleón, Francisco Hinojosa y varios más. La selección fue realizada por Eduardo Antonio Parra y el prólogo es de David Toscana, dos verdaderos pesos pesados de la ficción literaria de hoy.
jueves, septiembre 20, 2012
En Aguascalientes
Dejo aquí una nota apresurada para consignar que este domingo 23, a las 5:00 pm, participaré, junto a Eduardo Huchín Sosa y Arturo Villalobos, en una mesa de discusión sobre la obra de Carlos Fuentes, un autor mexicano bastante poco leído, en la 44 Feria del Libro de Aguascalientes, organizada por el Instituto Cultural de Aguascalientes. La actividad se llevará a cabo en el Foro Anita Brenner de la Casa de la Cultura.
lunes, septiembre 17, 2012
Profética, tienda en línea
La tienda en línea de Profética es una excelente opción para comprar libros por internet... como, por ejemplo, mi libro de cuentos Habla de lo que sabes... antes de que se agote: sigue este enlace.
domingo, septiembre 16, 2012
La promesa del caos
La revista Timonel, en su número 6, de agosto de 2012, publica el texto crítico "La promesa del caos", de Francisco Meza Sánchez, sobre mi novela Cartas ajenas.
La promesa del caos
La promesa del caos
Francisco Meza Sánchez
Geney Beltrán Félix es uno de los
escritores jóvenes con mayor peso en la narrativa y la crítica literaria mexicana
actual. Su mirada penetrante ante la literatura y la relación que ésta sostiene
con la realidad lo han llevado convertirse en un crítico audaz y certero. El
constante ejercicio de una inteligencia sensible y sin concesiones puede
verificarse en su libro de ensayos El sueño
no es un refugio sino una arma (2009), en el que se compendian años de
lectura y de reflexión sobre la cultura impresa. A su vez, en su libro de
relatos Habla de lo que sabes (2009),
el autor muestra con una prosa ácida su talento como hacedor de historias.
Ahora, con Cartas ajenas, entrega una
novela que apuntala esa mirada cruda con la que acostumbra trabajar su obra y
la realidad. Marioralio, el personaje principal, es un individuo absolutamente gris,
arrinconado en el mundo de la lentitud; se convierte en un secuestrador de epístolas,
acto que será el inicio de una épica que lo hará transitar por la vida con una
velocidad antes insospechada. Este personaje transformará no sólo su existencia,
sino también la de quienes lo rodean. Las cartas, que en esta novela son los
detonadores de la evolución compleja del personaje (Marioralio antes de ser un
violador de correspondencias era un hombre enfermo de vacío, un ser que no podía
sentir), son un elemento que Beltrán ya había trabajado con estremecedores
resultados en “El cuerpo de Sicrano” texto con el que cierra su ya mencionado
libro de cuentos. En una
entrevista donde se le cuestionó al autor el por qué tomar como eje narrativo
un oficio que venía en desuso como la correspondencia postal y no el mundo de
la red, del ciberespacio; respondió: “Ser deliberadamente pasatista provoca un
extrañamiento en el lector: permite relatar el presente como si estuviera
compuesto por hechos pretéritos y, al mismo tiempo, sugiere el desafío de que
el pasado sigue vivo en eso que creemos lo más real”. Peculiarmente, Beata María
que es el personaje femenino de mayor relevancia es una vidente, es decir,
ciertos actos del futuro son trabajados dentro de la novela como hechos del
pasado. Marioralio obtendrá, a razón
de vivir la existencia de los otros, la capacidad de conocer el futuro. En ese
sentido, es verdaderamente interesante la manera en que Geney Beltrán va
construyendo su arquetipo de héroe, un ser que es capaz de amputarse la mano
derecha por sus ideales y que esa misma amputación, lo distinga de los demás
hombres, digamos una suerte de Jacob después de su lucha contra el ángel. Es
importante mencionar que al igual que el Caballero de la Mancha y Madame
Bovary, Marioralio transforma y trastorna su mundo interior y exterior a partir
de la lectura, en su caso, no es a través de novelas de caballería o amor, sino
de cartas. En fin, la aventura del caudillo tiene su origen en las palabras que
cuentan la historia de los otros.
En esta obra es destacable la cantidad de relatos que se sobreponen
al momento en que Marioralio
abandona su estado pasivo de voyerista y decide involucrarse en la vida de los
verdaderos dueños de las cartas. Así, la gran aventura comienza por pequeñas
cosas, en este caso concreto, abrir un sobre. Por ejemplo, nuestro héroe, frase que se repite
constantemente en la novela y que está construida con los ecos de la novelística
del siglo XIX, inicia su aventura epistolar con una carta dirigida a Helena.
Posteriormente llega hasta la dirección de esa mujer desconocida para descubrir
que ha fallecido y que su amante sigue visitando su departamento. Entonces
Marioralio decide tomar, en este caso no la vida sino la muerte de la mujer, y
escribirle una carta a Omar (su amante) en nombre de ella. Finalmente, los resultados
de tal profanación, cavar en el nombre de los muertos es como cavar en sus
tumbas, tendrán consecuencias fatales en el amante. Este relato que se encuentra dentro de otro relato, es decir,
composición en abismo, plantea
subyacentemente que las criaturas de la imaginación son municiones que impactan
lo real y lo pueden precipitar. Quizá, dicho planteamiento es la dirección de
sentido con mayor peso en Cartas ajenas.
En uno de los últimos capítulos “El
desencanto furioso”, Marioralio imagina: ”La Ciudad y su gente, toda ella
atrapada en la guerra civil incruenta, inmersa en su existencia de capitulación
y mezquindad, viejos y niños, hombres y mujeres que ya nada esperan, ya no
vuelven la mirada hacia ningún lado que no sea el instante inmediato, ése que
les exige ser esclavos obedientes de su hambre, su avaricia, su lujuria, que
los lleva a esconderse a sí mismos la realidad de su penuria propia, su
corrupción íntima, todos ellos sin futuro, sin dioses dentro de sí”. Este
fragmento es una posición crítica ante la decadencia y agotamiento de las
ideologías y las religiones en nuestra época; una radiografía frenética sobre
una sociedad absolutamente depredadora e impúdica. En voz del personaje, el
desencanto se nos presenta como la epidemia del siglo XXI, y donde la liturgia
de la moral es el acto cotidiano de lavarnos las manos frente al mar de cadáveres
y la veloz globalización de la injusticia. Así, Geney, con su personaje
principal, pone el dedo en la llaga una época regida por el ponciopilatismo y
el vasallaje.
Por otro lado, George Steiner señala que la muerte de los dioses deja un
inmenso vacío en los hombres, una nostalgia de absoluto. En Cartas
ajenas, la fabulación del porvenir es una necesidad, precisamente una forma
de llenar los páramos después de los derrumbamientos de la fe.
Estilísticamente, la prosa de Geney, como
él mismo lo ha declarado, tiene muchas influencias que van desde Flaubert,
Macedonio Fernández y Daniel Sada, por mencionar a algunos. Es destacable ver cómo
nuestro autor trabaja la oralidad; incluso, quizá de esa palabra provenga el
nombre de su personaje principal; su prosa se mueve entre los registros de un
profundo monólogo interno, diálogos veloces y las reconstrucciones del habla
cotidiana, es decir, Marioralio puede abandonar una reflexión honda sobre la náusea de la existencia
para mentarle la madre a Poza. Como lo advierten varios de sus críticos, la
sintaxis de esta novela es compleja, incluso podríamos denominarle extraña, y
le exige a su lector un grado de disciplina y concentración; sin embargo, el
libro ofrecerá sus recompensas. Se
intuye que la búsqueda del extrañamiento en el discurso, como la adverbialización
de adjetivos (por cierto uso común en el habla de la gente del campo y la
sierra: siempremente) es reflejo de
una búsqueda paralela en la historia. Es decir, que el lector por una turbación
al lenguaje convencional se intrigue, se desconcierte y se detenga con mayor
atención en lo que se está contando.
Geney arroja esta novela como un cartapacio;
en él, lo lectores encontrarán un personaje cuyo conjunto de características y
transformaciones durante su travesía lo destacan y lo hacen memorable. Un
personaje catalizador de la violencia contenida de los avasallados. A la vez,
la orfandad, las bajas pasiones, los crímenes de estirpe, y otros tantos temas, estarán manteniendo
la tensión dramática entre una revolución que no termina de explotar y la
promesa, casi segura, del caos.
sábado, septiembre 15, 2012
CXCVIII
En ese país acostumbraban lanzar su grito de libertad a medianoche; la luz del día la usaban para vender su democracia a cambio de una despensa.
miércoles, septiembre 12, 2012
La cultura, ¿para quién?
La revista Variopinto, en su número de septiembre, incluye un texto mío sobre la política cultural en México: formación de públicos, mecenazgos, educación artística.
CXCVII
Nada como ejercer la autobiografía bajo el disfraz del flamígero juicio a los defectos ajenos.
martes, septiembre 11, 2012
CXCVI
De repente, el escritor se ha vuelto un crítico de la vida cultural. Pérdida de tiempo. Para reformar, puritanamente, el medio literario, hay que reformar, purificando (es decir, deshumanizando), los temperamentos diversos de los seres humanos. Lo que importa son las obras, escritas para un futuro en que toda rencilla, todo rencor, toda discrepancia serán asunto de interés para fatigosos historiadores literarios. Lo demás tiene, cada vez más, el tufo del pontífice oportunista, demagógico e hipócrita.
lunes, septiembre 10, 2012
Museo de palentología
La revista Letras Libres de septiembre publica mi texto crítico "Museo de paleontología", sobre la novela Las afueras de Luis Jorge Boone (Ediciones Era/UNAM).
CXCV
A como ganamos edad, la intolerancia de los jóvenes resulta menos encantadora y, en algunos casos, hasta repulsiva. Todo se reduce (pensamos, ahora que nos empeñamos en interpretar la derrota como experiencia), no a un encomiable afán de rebeldía sino a mera ignorancia.
sábado, septiembre 08, 2012
CXCIV
Como crítico, no recomiendes (mentirosamente) a tu lector un tipo de literatura mediocre que, como lector, no te agradaría que otro crítico (mentirosamente) te recomiende.
viernes, septiembre 07, 2012
CXCIII
Refuta cada frase que parezca, de tan sin fisuras, de tan
correcta, un muro y no un camino. Desconfía de lo que por limpio y propio se
vuelve una lápida sobre el cuerpo de la lengua. Rehuyendo de la frialdad y la muerte,
llegará un día de manera natural la expresión "incorrecta", extraña hoy por híbrida:
el puente entre el pasado de la lengua y su vocación de abridora de mañanas.
Ahí apenas va empezando otra vez todo. Porque escribir-hoy significa intuir cómo la lengua quiere ser
mañana.
CXCII
¿Escribir bien? No. Eso sería escribir como han escrito
otros antes: una cosa masticada, algo reconocible o familiar pero ya sin jugo. “Escribir
bien” es la ambición del epígono. Se trata de otra cosa: de escribir en contra de
lo conocido, como si la lengua renegara de su historia y se exigiera volver a
nombrar las cosas. Escribir antibién, escribir contra lo bien hechecito significa
escribir-para-mañana: eso que ahora se revuelve contra las etiquetas pero que en
el futuro será considerado, clásicamente, y vuelta a empezar, "escribir bien".
martes, septiembre 04, 2012
CXCI
Pobres racionalistas, comprendámoslos: su razón no les alcanza para entender que la sola razón no alcanza para entender.
lunes, septiembre 03, 2012
El realismo extrañado
La revista Tierra Adentro, en su número de agosto-septiembre, publica en las páginas 84 a 86 un texto crítico de Marina Porcelli sobre mi novela Cartas ajenas.
Incluyo aquí el texto de Porcelli:
Cartas ajenas es el cuarto libro de Geney Beltrán Félix (Culiacán, Sinaloa, 1976) y su primera novela. Antes, Beltrán Félix publicó los ensayos El biógrafo de su lector (2003), El sueño no es un refugio sino un arma (2009) y un libro de relatos. Señalo la bibliografía porque creo que, justamente, Cartas ajenas reelabora elementos de estos dos géneros. Los incorpora, los re-ubica. Dividida en dos partes y un epílogo, con una prosa concisa, violenta, casi impecable, articulada en capítulos breves como cuentos, la novela se sitúa en una populosa —y a veces, sórdida— ciudad latinoamericana, para narrar el recorrido de una serie de personajes que, deslindados en apariencia, se vinculan a partir de una ruptura en la cotidianidad. Me explico mejor: un hombre (Marioralio) regresa a su trabajo en la oficina de correos, ha perdido una mano, se ha ido de viaje. Ya se nos ha anticipado sobre su necesidad existencial de abrir cartas ajenas. Y esta especie de parquedad del personaje —desencantado, contenido, sobre todo eso, contenido— lo hará enredarse con las historias que lee. Buscará a las personas de los remitentes, se involucrará en las situaciones, e irá formando, de esta manera, su propia identidad. Este es el disparador de la trama. Que en un primer momento, entiendo, puede resultar un disparate. Sin embargo, precisamente a fuerza de estas coordenadas un tanto inverosímiles, la prosa va forjando un mundo donde lo real nunca es estable, donde lo real siempre se moviliza: se torna huidizo, se quiebra. Para decirlo de una vez: estos corrimientos que crean las palabras construyen a lo largo del relato una suerte de realismo extrañado. Que habilita el hecho de que los personajes puedan estar mintiendo, o estén locos, o que en la superficie tersa de su cotidianidad irrumpa, fatalmente, lo fantástico. De esta manera, todos los niveles operan en simultáneo dentro de la narración, la ahondan, la complejizan. En tanto la escritura (las cartas) van conformando el primer vínculo por el cual Marioralio se acerca a la vida de los otros: a un hombre que se suicida luego de la muerte de su amante; a unas gemelas desesperadas; a un viejo brutal que busca impiadosamente a su hijo. Cada personaje es también la propia historia del empleado de correos, él se cifra y se organiza de acuerdo a lo que sucede con los demás. Pero, en contrapunto, casi toda la novela es sostenida por la oralidad. Se apoya en diálogos y monólogos internos, habilita la duda, la ironía, el sarcasmo, mostrando así una dinámica verbal intensa y, por momentos, conmovedora. Por eso, haciendo pie en este entrecruzamiento de claves, creo que la conocidísima frase de Paul Eluard calza en Cartas ajenas: “Hay otros mundos pero están en este.” Lo fantástico, en este caso, se vuelve posible, realidad palpable, es uno de los modos de la interpretación. Este es el caso de las gemelas, cuya historia inquietante parece desarrollarse fuera de los límites de nuestro universo euclidiano. O el de la empleada de correos, quien dice imponer la muerte próxima a cualquiera que se enfrente a ella, con sólo mirar a los ojos.
La segunda parte se articula como el envés de la parte anterior: es más discursiva, más ensayística, tiene una interioridad marcada, que resitúa al personaje principal en un protagonismo más nítido y enfático. Ahora, por fin, Marioralio habla. Claro que lo había hecho antes, pero, precisamente en este sector del libro, es la palabra de él la que va a desatarse con ferocidad: leemos, entonces, la historia de la pérdida de su mano y de su viaje; el enredo con los demás trabajadores en la oficina de correos, su desencanto furioso con la sociedad. Una perspectiva apocalíptica que exige cambio y renovación. Un monólogo esculpido dentro de una atmósfera brumosa, irreal, necesaria para hablar, justamente, de la realidad. Y aunque quizá la transición que va de la primera a la segunda parte exigía una gradualidad más marcada, un desarrollo más extenso, lo cierto es que en esta novela de Beltrán Félix la palabra siempre cuenta. Y me refiero a las acepciones posibles del término contar: la que remite a la narración clásica de un relato; y sobre todo, la que implica darle peso a las palabras, apreciarlas, proponer una mirada que busque movilizar la realidad del lector. Y esto último no es un rasgo menor. Para nada menor. Es una de las piedras madres por la cual se torna valioso este libro.
Incluyo aquí el texto de Porcelli:
Cartas ajenas es el cuarto libro de Geney Beltrán Félix (Culiacán, Sinaloa, 1976) y su primera novela. Antes, Beltrán Félix publicó los ensayos El biógrafo de su lector (2003), El sueño no es un refugio sino un arma (2009) y un libro de relatos. Señalo la bibliografía porque creo que, justamente, Cartas ajenas reelabora elementos de estos dos géneros. Los incorpora, los re-ubica. Dividida en dos partes y un epílogo, con una prosa concisa, violenta, casi impecable, articulada en capítulos breves como cuentos, la novela se sitúa en una populosa —y a veces, sórdida— ciudad latinoamericana, para narrar el recorrido de una serie de personajes que, deslindados en apariencia, se vinculan a partir de una ruptura en la cotidianidad. Me explico mejor: un hombre (Marioralio) regresa a su trabajo en la oficina de correos, ha perdido una mano, se ha ido de viaje. Ya se nos ha anticipado sobre su necesidad existencial de abrir cartas ajenas. Y esta especie de parquedad del personaje —desencantado, contenido, sobre todo eso, contenido— lo hará enredarse con las historias que lee. Buscará a las personas de los remitentes, se involucrará en las situaciones, e irá formando, de esta manera, su propia identidad. Este es el disparador de la trama. Que en un primer momento, entiendo, puede resultar un disparate. Sin embargo, precisamente a fuerza de estas coordenadas un tanto inverosímiles, la prosa va forjando un mundo donde lo real nunca es estable, donde lo real siempre se moviliza: se torna huidizo, se quiebra. Para decirlo de una vez: estos corrimientos que crean las palabras construyen a lo largo del relato una suerte de realismo extrañado. Que habilita el hecho de que los personajes puedan estar mintiendo, o estén locos, o que en la superficie tersa de su cotidianidad irrumpa, fatalmente, lo fantástico. De esta manera, todos los niveles operan en simultáneo dentro de la narración, la ahondan, la complejizan. En tanto la escritura (las cartas) van conformando el primer vínculo por el cual Marioralio se acerca a la vida de los otros: a un hombre que se suicida luego de la muerte de su amante; a unas gemelas desesperadas; a un viejo brutal que busca impiadosamente a su hijo. Cada personaje es también la propia historia del empleado de correos, él se cifra y se organiza de acuerdo a lo que sucede con los demás. Pero, en contrapunto, casi toda la novela es sostenida por la oralidad. Se apoya en diálogos y monólogos internos, habilita la duda, la ironía, el sarcasmo, mostrando así una dinámica verbal intensa y, por momentos, conmovedora. Por eso, haciendo pie en este entrecruzamiento de claves, creo que la conocidísima frase de Paul Eluard calza en Cartas ajenas: “Hay otros mundos pero están en este.” Lo fantástico, en este caso, se vuelve posible, realidad palpable, es uno de los modos de la interpretación. Este es el caso de las gemelas, cuya historia inquietante parece desarrollarse fuera de los límites de nuestro universo euclidiano. O el de la empleada de correos, quien dice imponer la muerte próxima a cualquiera que se enfrente a ella, con sólo mirar a los ojos.
La segunda parte se articula como el envés de la parte anterior: es más discursiva, más ensayística, tiene una interioridad marcada, que resitúa al personaje principal en un protagonismo más nítido y enfático. Ahora, por fin, Marioralio habla. Claro que lo había hecho antes, pero, precisamente en este sector del libro, es la palabra de él la que va a desatarse con ferocidad: leemos, entonces, la historia de la pérdida de su mano y de su viaje; el enredo con los demás trabajadores en la oficina de correos, su desencanto furioso con la sociedad. Una perspectiva apocalíptica que exige cambio y renovación. Un monólogo esculpido dentro de una atmósfera brumosa, irreal, necesaria para hablar, justamente, de la realidad. Y aunque quizá la transición que va de la primera a la segunda parte exigía una gradualidad más marcada, un desarrollo más extenso, lo cierto es que en esta novela de Beltrán Félix la palabra siempre cuenta. Y me refiero a las acepciones posibles del término contar: la que remite a la narración clásica de un relato; y sobre todo, la que implica darle peso a las palabras, apreciarlas, proponer una mirada que busque movilizar la realidad del lector. Y esto último no es un rasgo menor. Para nada menor. Es una de las piedras madres por la cual se torna valioso este libro.
domingo, agosto 26, 2012
Apunte
El novelista es el único escritor que
hoy podría aspirar a vivir de sus regalías. Esto en México raramente
sucede. El mercado mexicano es reducido; las fórmulas reconocidas por los
compradores de libros tienden a la banalidad y el entretenimiento. Ante esa
perspectiva, muchos escritores desarrollan una extremada conciencia de lo
literario, que los lleva a escribir con el prejuicio de buscar sólo la
aprobación de sus pares (paso requerido para ser becario de las instituciones
del estado), una vez que el diálogo inteligente con el lector común les
parece imposible. El panorama puede ser entonces el de una literatura epigonal,
repetitiva en sus heterodoxias, más atenta al gesto y el propósito que al
resultado y la obra. De entre la multiplicidad de tendencias, la que en el
futuro será predominante (no hay riesgo en hacer el fácil pronóstico) es la
"novela de la violencia": una en la que los temas del periódico y la
calle sean tratados con enfoque crítico y exploración lingüística. No
descalifico de entrada la presencia de temas de la violenta actualidad mexicana
como un recurso amarillista o mercantil; creo que de la "novela de la
violencia" pueden salir un Pedro Páramo o una ¡Absalón,
Absalón! El reto consiste en eludir la fórmula fácil que los editores
comerciales esperan (lenguaje utilitario, suspenso machacón, estereotipos aquí
y allá), y al mismo tiempo no enclaustrarse en búsquedas librescas de espesor
teórico onanista. Hablo de quedar bien con dios y con el diablo: un mundo
interior poderoso y una propuesta estética arriesgada: narrativa que dialogue
no sólo con los demás escritores, sino que también se acerque,
enriquezca y confronte a los lectores de a pie.
sábado, agosto 25, 2012
jueves, agosto 23, 2012
miércoles, agosto 22, 2012
martes, agosto 21, 2012
miércoles, agosto 15, 2012
martes, agosto 14, 2012
Dos falseamientos
La revista Letras Libres de este mes publica mi texto crítico «Dos falseamientos», sobre la novela El impostor, de Pedro Ángel Palou (Planeta).
martes, agosto 07, 2012
CLXXXV
El escritor que sólo critica a los políticos y no las implicaciones políticas de la literatura deja ver una idea muy pobre de la política y la literatura.
lunes, agosto 06, 2012
CLXXXIV
Lo que no entienden es que, igual que el Sabbath, la democracia se hizo para el hombre, y no el hombre para la democracia.
domingo, agosto 05, 2012
CLXXXIII
La crítica literaria es un ejercicio de lectura. Uno juzga un texto ajeno a partir no de las obras que ha escrito, sino de las que ha leído.
sábado, agosto 04, 2012
jueves, julio 26, 2012
Una Escorpio lee Cartas ajenas
Mi amiga Daphne comenta mi novela Cartas ajenas: aquí. Antes ya había escrito sobre Habla de lo que sabes
Siete caminos de sangre
Acaba de aparecer la antología Siete caminos de sangre. Narradores contemporáneos de Sinaloa, una selección realizada por Ilda Elizabeth Moreno, con prólogo de Eduardo Antonio Parra, y que incluye relatos de Eduardo Ruiz, Miguel Tapia Alcaraz, Juan José Rodríguez, Alfonso Orejel, César López Cuadras, Élmer Mendoza, y también dos míos, «Ese mundo de extraños» y «Perdonados por quién». Es una bella y muy cuidada edición de la Universidad Autónoma de Sinaloa, que estará a la venta en ferias de libro.

miércoles, julio 11, 2012
El narcisismo en el sexo
La revista Letras Libres de julio incluye mi texto crítico "El narcisismo en el sexo", sobre la novela Brama de David Miklos.
martes, julio 03, 2012
Habla Marioralio
Ya
los escucho: que esta intriga para desatascar el pudridero es una cosa ingenua.
Yo mismo he pensado, sí, que nuestra labor es ya inútil, que somos un
instrumento de ninguna importancia en la vida de esta gente. Pero de ahí vendrá
nuestro poder. De la nulidad, de lo invisible que somos, vendrá.
Llevaremos un mensaje. ¿Me están entendiendo? Una imagen de lo que pronto viene. Es una quimera, un incendio viable: una sola hoja con las palabras que los hartos, los vencidos, los de la indignidad forzada por tanta injusticia como arena en su boca esperan escuchar, esperan leer, sin siquiera saberlo ni intuirlo. Sé de todos ellos cómo son, qué ansían, cuáles sus mezquindades, cuáles sus fuerzas, sé cómo se han dejado rendir y cómo en lo incógnito de sí mismos se concentra, en forma de hacha, de palos, de rabia y aguijones: la posible, la cercana, la esperada respuesta de contraviolentación. Todo eso lo sé, y vive en mí, ¿no pueden verlo? Yo traigo la voz que los despierte y lance al otro borde posible del respirando. Sólo de mí saldrá, escuchen, sólo de mí el nuevo perfil de los instantes.
El método es simple y sólo así es poderoso. Esta hoja es volcánica. Aquí está, tengan, léanla. A partir de mañana será entregada. A cuántos: a todos. Empezaremos aquí, con esta Ciudad infinita. Los días que siguen iremos por las demás, por todas en esta tierra de lisiados.
Muchos no la leerán. Y otros, los tozudos que entreveo desde mi razón, desde mi violencia, los desalentados que ignoran lo que sienten porque toda furia ha sido extirpada de sus ojos, de su piel, del arco apagado de su voz para concentrarse en mis palabras: ellos sí. La leerán y les cambiará la vida.
Se prepararán para el día. Reunirán cuchillos pistolas palos taladros martillos sartenes. Cuando llegue por fin la madrugada, saldrán de sus casas. Llamarán a sus parientes, a sus vecinos, amigos. Aullarán, saltarán: el furor se extenderá por el aire sucio, por la incierta palidez de lo amaneciendo. De esas chozas de pobre lámina, de las barracas sin sal ni agua ni pan ni habla saldrá el hartazgo, ese rencor de herencias podridas, un solo alarido de tonos afilados como cuchillos de aire. Asaltarán los microbuses y los camiones y el metro rumbo a las colonias residenciales, a los rumbos enjuiciados de cada ciudad. Entrarán en las casas, no habrá resistencia en nadie: ni gorilas ni golpes ni enemigos ni nada. ¡Ja! Lincharán a los altos lacayos empresarios vendidos al postor extranjero, que en traje y corbata explotan el respirar de la gente, la llenan de cáncer y destruyen el agua y el aire, los ladroncísimos cardenales y obispos que me dan tanto asquito, los parlamentarios y traficantes de influencias, los especuladores y rapaces banqueros con sus esposas, sus hijos y amantes, y toda persona que se haya visto beneficiada por la verde mentira. Ah la iniquidad. Y les sacarán los ojos, les romperán la ropa, les cortarán la verga, las tetas, destruirán las ventanas con vitrales, aventarán los cuerpos asesinados a las albercas, los llevarán por las calles como trofeos, emascularán y empalarán a los juniorcitos que se llenan la nariz de coca y secuestran a las sirvientas y empleadas para quemarles con colillas de cigarros los pezones y el clítoris, violarlas mientras gritan ¡Chacha de mierda! y dejarlas casi muertas en algún canal de desagüe, perseguirán por las calles a los que intentan huir en sus autos importados: todas las salidas estarán bloqueadas con olas de gente que se agita y levanta, y luego de saciarse con las primeras muertes asaltarán los refrigeradores y las cavas, dormirán en las recámaras envueltos en sábanas suavísimas como si regresaran al vientre de sus madres.
Al día siguiente seguirá la extirpación: entrarán en las oficinas de los rascacielos donde despachan los abogados litigantes, los inversionistas, los gangsteriles dueños de los canales de televisión y los periódicos, los grandes negociantes, los cínicos funcionarios, los caciques de los partidos y los sindicatos, arrancarán las computadoras de sus conexiones en las paredes, tirarán por las ventanas los archiveros y las peceras y los diplomas y falsos títulos. Y al tercer día asaltarán las tiendas departamentales y las vinaterías y los almacenes de comida importada, se llevarán la ropa fina y los alcoholes y las piernas de jamón y los bacalaos, y al llegar la noche: todo ya tendrá un finalmente.
La venganza ah por fin. Matar y descuartizar a los que mataban y robaban y violaban nos habrá limpiado. El mal... ¿Saben qué es eso? Eso tiene cara y respira y escupe y coge, y responder a su violencia con ese linchar, ese gritar, ese saltar rojizamente hacia otra línea de futuro: eso, responderle, arrancará todo de raíz: sin verdugos ya que al matar mueran por dentro, sin víctimas que mastiquen la rabia siempremente en sus carrillos cansados para convertirla después en síes y jorobas de mezquindad e hipocresía. Los hombres nuevos, las nuevas mujeres, los por sí mismos vengados, serán ahora gente libre del dulce tacto del mal. De la memoria.
El tiempo volverá de nueva cuenta con su inicio.
Fragmento de Cartas ajenas.
Llevaremos un mensaje. ¿Me están entendiendo? Una imagen de lo que pronto viene. Es una quimera, un incendio viable: una sola hoja con las palabras que los hartos, los vencidos, los de la indignidad forzada por tanta injusticia como arena en su boca esperan escuchar, esperan leer, sin siquiera saberlo ni intuirlo. Sé de todos ellos cómo son, qué ansían, cuáles sus mezquindades, cuáles sus fuerzas, sé cómo se han dejado rendir y cómo en lo incógnito de sí mismos se concentra, en forma de hacha, de palos, de rabia y aguijones: la posible, la cercana, la esperada respuesta de contraviolentación. Todo eso lo sé, y vive en mí, ¿no pueden verlo? Yo traigo la voz que los despierte y lance al otro borde posible del respirando. Sólo de mí saldrá, escuchen, sólo de mí el nuevo perfil de los instantes.
El método es simple y sólo así es poderoso. Esta hoja es volcánica. Aquí está, tengan, léanla. A partir de mañana será entregada. A cuántos: a todos. Empezaremos aquí, con esta Ciudad infinita. Los días que siguen iremos por las demás, por todas en esta tierra de lisiados.
Muchos no la leerán. Y otros, los tozudos que entreveo desde mi razón, desde mi violencia, los desalentados que ignoran lo que sienten porque toda furia ha sido extirpada de sus ojos, de su piel, del arco apagado de su voz para concentrarse en mis palabras: ellos sí. La leerán y les cambiará la vida.
Se prepararán para el día. Reunirán cuchillos pistolas palos taladros martillos sartenes. Cuando llegue por fin la madrugada, saldrán de sus casas. Llamarán a sus parientes, a sus vecinos, amigos. Aullarán, saltarán: el furor se extenderá por el aire sucio, por la incierta palidez de lo amaneciendo. De esas chozas de pobre lámina, de las barracas sin sal ni agua ni pan ni habla saldrá el hartazgo, ese rencor de herencias podridas, un solo alarido de tonos afilados como cuchillos de aire. Asaltarán los microbuses y los camiones y el metro rumbo a las colonias residenciales, a los rumbos enjuiciados de cada ciudad. Entrarán en las casas, no habrá resistencia en nadie: ni gorilas ni golpes ni enemigos ni nada. ¡Ja! Lincharán a los altos lacayos empresarios vendidos al postor extranjero, que en traje y corbata explotan el respirar de la gente, la llenan de cáncer y destruyen el agua y el aire, los ladroncísimos cardenales y obispos que me dan tanto asquito, los parlamentarios y traficantes de influencias, los especuladores y rapaces banqueros con sus esposas, sus hijos y amantes, y toda persona que se haya visto beneficiada por la verde mentira. Ah la iniquidad. Y les sacarán los ojos, les romperán la ropa, les cortarán la verga, las tetas, destruirán las ventanas con vitrales, aventarán los cuerpos asesinados a las albercas, los llevarán por las calles como trofeos, emascularán y empalarán a los juniorcitos que se llenan la nariz de coca y secuestran a las sirvientas y empleadas para quemarles con colillas de cigarros los pezones y el clítoris, violarlas mientras gritan ¡Chacha de mierda! y dejarlas casi muertas en algún canal de desagüe, perseguirán por las calles a los que intentan huir en sus autos importados: todas las salidas estarán bloqueadas con olas de gente que se agita y levanta, y luego de saciarse con las primeras muertes asaltarán los refrigeradores y las cavas, dormirán en las recámaras envueltos en sábanas suavísimas como si regresaran al vientre de sus madres.
Al día siguiente seguirá la extirpación: entrarán en las oficinas de los rascacielos donde despachan los abogados litigantes, los inversionistas, los gangsteriles dueños de los canales de televisión y los periódicos, los grandes negociantes, los cínicos funcionarios, los caciques de los partidos y los sindicatos, arrancarán las computadoras de sus conexiones en las paredes, tirarán por las ventanas los archiveros y las peceras y los diplomas y falsos títulos. Y al tercer día asaltarán las tiendas departamentales y las vinaterías y los almacenes de comida importada, se llevarán la ropa fina y los alcoholes y las piernas de jamón y los bacalaos, y al llegar la noche: todo ya tendrá un finalmente.
La venganza ah por fin. Matar y descuartizar a los que mataban y robaban y violaban nos habrá limpiado. El mal... ¿Saben qué es eso? Eso tiene cara y respira y escupe y coge, y responder a su violencia con ese linchar, ese gritar, ese saltar rojizamente hacia otra línea de futuro: eso, responderle, arrancará todo de raíz: sin verdugos ya que al matar mueran por dentro, sin víctimas que mastiquen la rabia siempremente en sus carrillos cansados para convertirla después en síes y jorobas de mezquindad e hipocresía. Los hombres nuevos, las nuevas mujeres, los por sí mismos vengados, serán ahora gente libre del dulce tacto del mal. De la memoria.
El tiempo volverá de nueva cuenta con su inicio.
Fragmento de Cartas ajenas.
miércoles, junio 20, 2012
Vidas ajenas
¿Por qué, entonces, preocuparme de que los demás oigan mis confesiones como si fueran ellos a sanar todas mis dolencias? Son gente demasiado interesada en conocer vidas ajenas y perezosa en enmendar la suya.
San Agustín, Confesiones, X, 4
San Agustín, Confesiones, X, 4
martes, junio 12, 2012
Daba terror vivir
La revista Letras Libres de este mes tan fabuloso incluye mi texto crítico "Zonas extraterrenas", sobre la reedición de la primera novela de Francisco Tario, Aquí abajo, y sobre una antología de sus relatos, publicada por Atalanta.
martes, junio 05, 2012
Lina Meruane
El nuevo número de la revista Letras Libres incluye un elogioso texto crítico de Rafael Lemus sobre la novela Sangre en el ojo de la autora chilena Lina Meruane. Para abonar al interés por esta escritora, recupero aquí un enlace al texto crítico de Romeo Tello A., publicado en Tierra Adentro de abril-mayo de 2009, sobre una novela anterior de Meruane, Fruta podrida, publicada por el Fondo de Cultura Económica.
sábado, junio 02, 2012
Elogio de lo negro
En el nuevo número de la revista Periódico de Poesía, José María Espinasa publica su texto “Elogio de lo negro", sobre la poesía de Esther Seligson.
viernes, junio 01, 2012
Zona salvaje
La revista Luvina, en su número de verano, publica el texto crítico «Zona salvaje», de Marina Porcelli, sobre la primera novela de Nadia Villafuerte: Por el lado salvaje.
martes, mayo 29, 2012
viernes, mayo 11, 2012
La percepción radical
La Revista de la Universidad de México en su número de mayo incluye mi texto «La percepción radical», breve comentario sobre el mítico libro de brevedades filosóficas de Francisco Tario: Equinoccio.
jueves, mayo 10, 2012
El resto de la historia será así
La revista Letras Libres, en su nuevo número, incluye mi texto crítico «El resto de la historia será así», sobre la novela El Club de los Abandonados, de Gisela Leal, publicada por Alfaguara.
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