Bitácora de Geney Beltrán [χe’nɛi bel’tɾan], escritor mexicano (Tamazula, Durango, 1976).
miércoles, octubre 28, 2009
lunes, octubre 26, 2009
Cicatrices, el gran regreso de Esther Seligson a la ficción

Páramo Ediciones despierta de tan difíciles circunstancias recientemente, publicando Cicatrices, el nuevo libro de relatos de la extraordinaria escritora Esther Seligson. Aquí va el texto de la contraportada:
Es una autora de culto poseedora de una voz de plurales registros: ha recorrido las páginas de la novela, el cuento, el ensayo, la poesía, la crítica teatral y la traducción. Mediante la reescritura introspectiva del mito y la historia antigua y el trazo memorioso de las ciudades íntimas, ha hecho de su personalísima escritura un despliegue de exigencia formal y profunda sabiduría vital. Desde su primer libro, publicado en 1969, ha distinguido su prosa narrativa con una rica y matizada exploración de lo sensorial, lo onírico, lo emotivo: el envés de la existencia diaria, la huella secreta de los hechos.
Es una estilista mayor de la prosa en lengua española. Con Cicatrices, su nuevo libro de relatos, nos hallamos ante un mosaico gozoso e inquietante de sus voces, temas e intuiciones. He aquí, luego de casi una década, el gran regreso de Esther Seligson a la ficción.

(Fotografía de la autora: Rogelio Cuéllar, por supuesto.)
Sánchez Prado y «El síndrome de Golo»

Aquí dejo un párrafo del texto de Sánchez Prado:
"El matrimonio entre cosmopolitismo e institucionalización resultó en la nefasta emergencia de una cámara de ecos que permite a sectores amplios de la literatura mexicana la producción y validación de una escritura excesivamente autorreflexiva que se regodea en su desconexión con el mundo. Por eso la poesía mexicana está llena de metalingüísticas, y la narrativa mexicana llena de novelas y cuentos que portan su desconexión de la realidad como un estandarte. Habitamos una literatura que, en nombre de un cosmopolitismo devenido fundamentalista y una noción miope de literatura-en-sí-misma-y-por-sí-misma, empezó desdeñando el nacionalismo y acabó por renegar de cualquier dejo o rastro del mundo en su estética."
viernes, octubre 23, 2009
Una buena y una mala
Pues la UNAM, mi alma máter, me tenía dos noticias ayer: una buena y una mala. La primera que me dieron fue la segunda (pero aquí no la comentaré, ya se dará en otra ocasión el espacio para la diatriba y la quejumbre). Pasemos entonces a la buena, y es que salió un texto crítico sobre mi libro de ensayos El sueño no es un refugio sino un arma en el número de esta semana de la Gaceta de la Universidad: el autor es Christian Gómez, quien ha incluido ese texto también en el blog En el fastigio.
miércoles, octubre 21, 2009
martes, octubre 20, 2009
Tierra Adentro, 160
Ignacio M. Sánchez Prado sobre las novelas de Alberto Chimal (Almadía) y Tryno Maldonado (Anagrama);
Silvia A. Peláez sobre las obras teatrales de Luis Santillán, Édgar Chías y Claudia Ríos (Ediciones El Milagro);
Erick Vázquez sobre un tomo de ensayos de Guy Davenport (Libros Magenta);
René López Villamar sobre Vacío perfecto de Stanislaw Lem (Impedimenta);
Jezreel Salazar sobre Irregular de Ingrid Hernández (Tierra Adentro-Cecut);
Jorge Solís Arenazas sobre Humo de incendios lejanos de Eduardo Chirinos (Aldus-UANL).

En la Estantería vienen notas críticas sobre:
Teatro completo de Carlos Olmos (FCE), por Richard Viqueira;
Fiorenza de Thomas Mann (Sexto Piso-Conaculta), por Montserrat Varela;
Rashid 9/11 de Jaime Chabaud (El Milagro-UANL-Conarte), por Hugo Alfredo Hinojosa;
Un drama de caza de Anton Chejov (UV), por Atahualpa Espinosa;
Yo te conozco de Héctor Manjarrez (Era-UNAM, Dirección de Literatura), por Irad Nieto;
Descripción de un brillo azul cobalto de Jorge Esquinca (Pre-Textos), de José Luis Bobadilla;
Pitecántropo de Julio Trujillo (Almadía), por Sergio Loo, y
Los privilegios del olvido de Piedad Bonnett (FCE) por Nadia Escalante-Andrade.
lunes, octubre 12, 2009
lunes, octubre 05, 2009
Tercera mesa, entrada libre
Hinojosa en la blogósfera
Hugo Alfredo Hinojosa (1977), el dramaturgo autor de los volúmenes Desiertos (2007) y Siglo (2008) y quien recientemente obtuvo el Premio Mancebo del Castillo, ha decidido pasar al lado oscuro y por fin ha abierto un blog. Aquí la dirección.
miércoles, septiembre 30, 2009
Link autopromoviente
Una nota sobre mi libro El sueño no es un refugio sino un arma en el periódico La Jornada del domingo pasado: aquí.
lunes, septiembre 21, 2009
Centenarios, ¿qué celebramos?
El ciclo de mesas de reflexión Centenarios, ¿qué celebramos?, empezará este miércoles 23 a las 20:30 horas con la participación de tres escritores: Silvia Molina, José María Pérez Gay y Juan Villoro. Las mesas continuarán durante cinco semanas, cada miércoles: 30 de septiembre (gestión cultural), 7 (periodismo y cultura), 14 (historia y literatura), 21 (artes) y 28 de octubre (política). El ciclo se realizará en las instalaciones de Ediciones El Milagro, en Milán 24, colonia Juárez. Ahí nos vemos.
La lengua de los muertos
La lengua de los muertos, dirigida por su autor, corre temporada en el Teatro El Milagro de la ciudad de México (Milán 24, entre Lucerna y General Prim, colonia Juárez), los jueves y viernes a las 9:00 de la noche, los sábados a las 7:00 y los domingos a las 6:00. Actúan Rodolfo Guerrero, Humberto Solórzano y Gerardo Taracena.
martes, septiembre 08, 2009
Malasuerte en Tijuana
Hilario Peña (Mazatlán, 1979) acaba de publicar en Mondadori su nueva novela, Malasuerte en Tijuana, un divertidísimo recorrido picaresco y policial por el noroeste del país, hasta terminar, por supuesto, en la ciudad que aparece en el título. Tengo entendido que mañana miércoles, a las 7 de la noche, en el Centro de Lectura Condesa de la ciudad de México, presentaremos la novela Eduardo Antonio Parra, Hilario y elgeney. Allá nos vemos.
lunes, septiembre 07, 2009
Sara antes del fuego
miércoles, agosto 26, 2009
El sueño no es un refugio sino un arma
jueves, agosto 20, 2009
En el CEPE
martes, agosto 18, 2009
Perdonados en el aire
lunes, agosto 17, 2009
Tierra Adentro, 159

El dossier "Literatura, ¿para qué?" reúne textos de Gabriela Torres Olivares, Miguel Tapia Alcaraz, Paola Velasco y Yuri Herrera. Y para cerrar, la sección de crítica, Fraguas, con nuevos e interesantes cambios: textos críticos de
* Christopher Domínguez Michael sobre Los niños de paja, de Bernardo Esquinca;
* Romeo Tello A. sobre El rey siempre está por encima del pueblo, de Daniel Alarcón;
* José Luis Bobadilla sobre ¿Qué edad cumple la luz esta mañana?, de Orlando González Esteva;
* Enrique Padilla sobre Contra los poetas, de Witold Gombrowicz;
* Vidal Medina sobre Ñaque, de José Sanchis Sinisterra;
* Mauricio Salvador sobre La voz del espejo, de Fabienne Bradu y
* Pablo Martínez Lozada sobre Alcina, de Handel.
Además, notas críticas de:
* Sergio Loo sobre Poesía completa de Héctor Viel Temperley y Tríptico del desierto, de Javier Sicilia;
* Mijail Lamas sobre Reliquia, de Pura López Colomé;
* Nadia Villafuerte sobre El volcán, el mezcal, los comisarios, de Malcolm Lowry;
* Atahualpa Espinosa sobre La boca pobre, de Flann O'Brien y El cuerpo de Giulia-no, de Jorge Eduardo Eielson; y
* Carmen Cordero sobre La poesía del universo, de Robert Osserman.
viernes, agosto 14, 2009
Mariana
jueves, agosto 06, 2009
Amaranta está que no cree en nadie, ¡qué buenaza es!
miércoles, agosto 05, 2009
miércoles, julio 29, 2009
Felicidades al dramaturgo

Hugo Alfredo Hinojosa acaba de obtener el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2009 por su obra Calypso. Hinojosa ha publicado los volúmenes de teatro Desiertos (Tierra Adentro, 2007) y Siglo (El Milagro, 2008). Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas. Actualmente se escenifica en Querétaro su obra Iluminaciones [0], dirigida por Alonso Barrera. Calypso se publicará en el volumen Teatro de la Gruta IX, editado por Tierra Adentro, y será escenificada en el Centro Cultural Helénico.
martes, julio 28, 2009
miércoles, julio 22, 2009
Este lapso de vanidad galopante terminará muy pronto
martes, julio 14, 2009
La Palanca, 12

—¡Verga! —grita el conductor. Es un hombre de cincuenta años, calvo, robusto y de cara grande—. ¡Qué fue eso!
—¡Maneje! Tengo prisa...
El taxista duda. Tiene la mano en la llave a punto de encender el motor, gente corre hacia las salas del aeropuerto —la voz en el asiento sin embargo insiste:
—¡Vamos, caramba! Algún percance de mierda. Conduzca...
El hombre pone en marcha la máquina. El escritor cierra los ojos. Las arrugas se le forman en el rostro como grietas de arena (arroyos secos). Tiene 53 años. Una hija de 28. Y ahora congoja: un animal muerto en la laringe.
Toman Bulevar Puerto Aéreo. El taxista prende el radio y las noticias llegan como en un acoso de libélulas incendiándole el oído.
—¡De no creerse! El vuelo México-Londres, de British Airways, explotó antes de siquiera despegar del Aeropuerto de la Ciudad...
El estallido: quemazón ahora en el estómago.
lunes, junio 29, 2009
En contra de
Por fin llega a mis manos el más reciente número de la revista Literal, de Culiacán, dedicado al tema Escritores en la red. El número incluye mi ensayo «En contra de las sirenas», sobre el ejercicio bloguístico, texto que por cierto forma parte de mi libro El sueño no es un refugio sino un arma, de inminente (eso creo) publicación.
martes, junio 23, 2009
Elgeney en el panteón


lunes, junio 15, 2009
158

lunes, junio 08, 2009
La era del miedo

En el inicio de su trayectoria, leemos a un narrador adolescentemente proclive a los malabares formales y la prodigalidad léxica antes que a la precisión prosística y la justeza estructural. Los personajes, de una vida interior dominada por los sentimientos, son un pretexto para la ilustración detallista de la era nueva: la década de los sesenta, la liberación de los cuerpos. En su primer libro, Acto propiciatorio (1970), las intuiciones de la sensibilidad de Gonzalo, protagonista del relato “Dulcinea”, se ven relegadas por un devaneo, más de aprendiz aturdido que de suelto prestidigitador, por varios modos del narrar que no se consolidan en tanto posibilidad estructural acorde a su temática (devaneo sentimental que dé pie a devaneo técnico), ni dejan al personaje emerger como paradigma. En más de una página de No todos los hombres son románticos (1983) veo un desenvolvimiento parecido de redundancia técnica no supeditada a una lógica dramática siempre pertinente (citaría como ejemplo el relato de título “Amor”). Es en Ya casi no tengo rostro (1993), uno de los mayores logros de su escritura, en el que la deriva testimonial de Manjarrez encuentra su molde sublimado, casi diríase de presteza alquímica: los ires y venires del nuevo “hombre sentimental” (mexicanos en el extranjero y en México, distintas edades del cuerpo y sus emociones) hallan una expresión maestra, condensada y tensa, que da pie a realidades internas de sofocante fuerza dramática (“Fin del mundo”, sobre el purgatorio sin redención de la relación de pareja con el trasfondo de una playa en Nayarit, pertenece a la mejor cosecha del autor).
Ese Manjarrez maduro persiste en su tercera novela, El otro amor de su vida (1999), no sólo su libro más gozoso y de un humor de los más inteligentes de nuestra literatura, sino la obra que le permite afianzar la pertinencia de un narrador: esa voz en primeratercera persona, irónica y perspicaz, que retrata y discute el interior de sus personajes, sobre todo de la protagonista, paradigma de la mujer liberada de los noventa: contradictoria, arrebatada, procaz. Ni Lapsus (1971), fallido experimento de quien mastica pero no digiere los alardes técnicos de la vanguardia narrativa en el último medio siglo, ni Pasaban en silencio nuestros dioses (1987), íntima epopeya del fin de la varia libertad del cuerpo del artista —sus dos primeras novelas—, logran trascender con decisión el testimonio: la filiación del lector con el personaje depende más de un interés previo en la época antes que de un arrobamiento contundente merced a las dotes de un creador de realidades (el velorio de José Revueltas con que cierra Pasaban en silencio no termina de expresar irrevocablemente, para quienes no vivimos el desangelado fin de fiesta que fue en el plano simbólico el año 1976, esa atmósfera de término de toda una juventud). Es Manjarrez ahí más cronista que demiurgo. Y es ese dubitar entre el testimonio y la creación, resuelta con adultez, insisto, en El otro amor de su vida, la disyuntiva que, luego de dos meritorias nouvelles, se observa de entrada en Yo te conozco.
Ignoro si toda novela sustentada en la recuperación de la memoria ha de ser escrita pensando en, como posibles lectores, los coetáneos. Reconstruir una época con los nombres de marcas comerciales, programas de radio o beisbolistas famosos sugiere una tentativa virada no a erigir de nuevo, en el tiempo nuestro de la lectura, esa época anterior, sino a reiterar en la mente de quienes la vivieron los recuerdos particulares que habrían de ser comunes, en tanto cápsulas atinadas aunque, también, privativas. Ese, para mí, es el punto en que Yo te conozco se renegaría en un primer momento a afirmarse en tanto novela de la memoria a secas. Sin embargo, esa limitación se ve al final vencida: el narrador ofrece ensayísticamente no el catálogo sino el escenario del México de los años 1950; su voz acude aquí y allá a la explicación divagante en torno de la música, la sociedad, la política. Lo que, sabremos pronto, se halla en función de los protagonistas infantiles: el estudio de sus cambios, su lógica interior.
El narrador de Yo te conozco es una de las respuestas robustas de la imaginación memoriosa a la pregunta sobre la infancia: cáustico y denunciante, equilibrado y sensible, con ligero donaire de la prosa, se ve menos humorístico y, a cambio, más vertical en el examen de una emoción que deviene pasión en los personajes: el miedo. Los dos niños se ven obligados a una precoz maduración a partir de que su padre los abandona y, en una sustitución genial, descubren la presencia de un extraterrestre en la cocina de su departamento. La segunda mitad de la novela muestra a un narrador puntilloso en la exploración del ánimo de los niños, dominados por “el miedo al miedo”: “ese cocodrilo que flota como leño por las arterias de la inevitabilidad de lo cotidiano, y que aprendemos todos a solas, sin tutor alguno, a controlar y ocultar mal que bien”.
En esta virtud se ancla el valor introspectivo de Yo te conozco: ese narrador de recurrentes intervenciones nunca es —sino todo lo contrario— un obstáculo para que, más allá de la enumeración datada de marcas y atletas, esa infancia y ese México de los cincuenta —la era del miedo— afirmen la emergencia de la memoria: crear el pasado en la ficción para enjuiciarlo; enjuiciar el pasado para impedir que la nostalgia disculpe esos ritos (la ausencia del padre, la discriminación de una sociedad) que la memoria, en un ejercicio de ética narrativa tan lúcida cuanto implacable, sigue sin aceptar.
jueves, junio 04, 2009
miércoles, junio 03, 2009
martes, junio 02, 2009
Perdonados por quién

lunes, junio 01, 2009
Pues ni modo
jueves, mayo 07, 2009
Aprendizaje

lunes, abril 06, 2009
En Tierra Adentro
El nuevo número (157, abril-mayo de 2009) de la revista Tierra Adentro incluye, entre otros materiales, un dossier, coordinado por Nadia Villafuerte, sobre Alfonso Reyes, que abre con un ensayo de Ignacio Sánchez Prado y prosigue con reescrituras y variaciones de «Palinodia del polvo» por autores del centro del país, como Eduardo Montagner, Isaí Moreno, Gabriel Wolfson, Carlos Antonio de la Sierra, Diego José y Enrique Padilla, joven e inteligente ensayista. También resulta de interés el dossier sobre Raymond Chandler y la novela policiaca, con ensayos de Iris García Cuevas y Vicente Alfonso, y relatos de Hilario Peña, de quien pronto se publica en Mondadori su segunda novela, Malasuerte en Tijuana, y Rodolfo J.M. y Gerardo Sifuentes. En resumen: otro número de Tierra Adentro que vale mucho la pena.
miércoles, abril 01, 2009
Reparo a la imaginación sin conocimiento

A continuación, un párrafo:
En libros lamentables como La balsa de piedra (1986), Ensayo sobre la lucidez (2004) y Las intermitencias de la muerte (2005), el novelista baja de la escena y la cede al panfletario que se orina sobre el cadáver de Swift y la tradición satírica de occidente, explotando una forma chata de la imaginación: un buen día, la península ibérica se desprende de los Pirineos y, vuelta isla en movimiento, se lanza al Atlántico; un buen día, la gente vota en blanco y pone en jaque a la corrupta democracia; un buen día, la Muerte deja de hacer su trabajo y la iglesia, el estado, las mafias caen en crisis. Así de fácil. Porque sí. A ver qué resulta: no para que, a diferencia de lo que sucede al leer a Imre Kertész, el lector se adentre en embarazosos temas morales (la geografía y la cultura como un doble fatal destino, el peso político y social del individuo, las relaciones entre mortalidad y poder), sino para que alcance el consuelo, merced a la burla común del resentido que se asume carente de cualquier fisura moral que pueda explicar también la inmoralidad ajena. Eso que los convenencieros llaman “la compasión con la que José Saramago observa las flaquezas humanas” (el delito es de un redactor de solapas), no es sino tibieza y aun demagogia, pues el individuo —cualquier lector— es aquí intocable: una víctima posible observada con complacencia, adulada por un narrador que dispensa Juicios Profundos y quien, a diferencia de lo que sucede en la obra de Kenzaburo Oé, nunca se aproxima al laberinto del personaje para hurgar en sus zonas turbias y exponer contradicciones que sugieran un vislumbre arduo de los conflictos.
Demostración física
A continuación, un párrafo:
“En el momento del amor, la palabra amor no significa nada (cualquiera puede mentir al pronunciarla), por lo tanto es necesaria una demostración física de esa palabra”. Esto en 1951 pide Jorge Eduardo Eielson (1924-2006), un hombre renacentista que escribió lírica, ensayo, narrativa y quien, como artista visual, se apropió de una variedad de vías expresivas, del performance y la instalación a la fotografía y la pintura. También trenzó nudos, exhibidos en las galerías importantes de Europa. En la conjunción del arte-objeto (hilo, color, tensión, contorno), retomando una herencia antiquísima americana, Eielson habría de simbolizar el tenor de su creación literaria y visual: el arte como un nudo, una ligadura “cuyo punto de inflexión cósmica es el Vacío”, dice Gabriel Bernal Granados, “entendido como la plenitud del ser en el olvido atemporal del yo”. Un nudo es El cuerpo de Giulia-no, y no una novela. O sí, es una novela que toma del nudo su estructura, que mezcla, tensa, recircula sus elementos y así confunde y rompe la convención novelística. Se publicó en 1971, y no sería ajena al hálito de vanguardia que distinguió a las dos décadas anteriores en la ficción europea. Más aún, El cuerpo de Giulia-no sería la continuación de la poesía de Eielson por otros medios.
martes, marzo 31, 2009
domingo, marzo 29, 2009
Historias de perras vulnerables
A continuación, un párrafo:
Esta voz se detiene en los márgenes ignorados, descubre ahí la vida como si el mundo, por encima de la sordidez, estuviera a punto de destruirse y comenzar de nuevo. La autora da fe de una expresión intuitiva que, tocada por la gracia, presenta una nueva sensibilidad literaria, sustentada en la interiorización de una ahogada violencia en el estilo. Esto es nuevo porque, asumiendo implícitamente la tradición –están aquí los genes de Rulfo, Carver, Bolaño y Munro–, tiene origen en una apropiación germinal de la realidad, en una mirada que, merced a sus recursos fabuladores, instaura imágenes y personajes necesarios, como son necesarios los libros que nos educan en lo que debe ser la letra artística: un fin que dice, no un fin que luce. Nadia Villafuerte presenta una madurísima colección de relatos que levantan la mano por la vida en la literatura. Sus relatos dicen, y porque dicen con fuerza, inquietan. Me apoyo en ¿Te gusta el látex, cielo?, un libro que está destinado a durar más allá de los gritos de otros, los protagónicos del presente, para lanzar ésta, que es mi apuesta de crítico: Nadia Villafuerte está llamada a ser una figura mayor de la literatura en el siglo XXI.










