miércoles, julio 14, 2010

Habla Angélica

Angélica López Gándara publicó un texto crítico de mi libro de cuentos Habla de lo que sabes en la revista Siglo Nuevo. En su forma íntegra, esta reseña se encuentra en su blog Líneas de Expresión. Ir aquí. O leer acá:
Habla de lo que sabes
Angélica López Gándara
El libro Habla de lo que sabes, de Geney Beltrán Félix, es una imagen contemporánea plasmada en alta definición. Es la manifestación del artista que demuestra que la bajeza humana fragmenta las emociones y obnubila la conciencia, pero que puede ser útil como alimento para el arte.
Beltrán Félix nos presenta una obra de diez cuentos forrados con un retrato que avisa, para que sepamos, de lo que va a hablar. La primera visión del lector será un recordatorio a la intimidación: un cráneo descarnado, incompleto (pues le falta la mandíbula) trepanado por un clavo. Todo habrá de entrar al cerebro, aunque sea por la fuerza -grita la portada-. Así, desde el contacto externo inicia la invención de una atmósfera agresiva y en ocasiones sofocante. Igualmente, para dejar claro cuál será el manejo de su prosa, encontramos que la dedicatoria puede ser una advertencia: “Para Andrea y Osvaldo, que viven antes del futuro”, y desde allí suponemos que se trata de un escritor provocador que mueve al lector a la duda: ¿Cuándo o dónde viven? ¿Qué es lo que se encuentra antes del futuro? Tal vez el presente, pero expresarlo así sería una ocurrencia simple. En cambio el escritor prefiere la ruta de las ideas indirectas, del trayecto elaborado. Reta al espectador de sus historias creando imágenes delirantes que, sin embargo, las reconocemos como familiares, como cotidianas. Por ello se antoja contagiosa la angustia o la locura de los protagonistas.
Allí, en la ciudad o celda, deambula un contador al que le han sustituido todo y tenemos la sensación de haber visto un muerto que se quedó después de morir, porque el secuestro se ha de perpetuar más allá del último aliento. Un muerto que no puede huir porque le angustia el futuro insalvable de su hijo: “¿Es todo una trampa? Tal vez lo quieran secuestrar. Cree ver la imagen de su hijo en un crucero, lavando parabrisas a raíz de la muerte del padre asesinado al no haber tenido Ingrid dinero para el rescate. Traga saliva”. Pero la sobrevivencia a su propia muerte dura un día: “Al amanecer es ya sólo un cadáver, contraído el rostro en una mueca de fijos gestos asustados”.
“Keppel Croft” es un lugar en Canadá y es una mujer; es una “muchacha de aire detrás de la cortina”, es la imaginación necesaria para poder soportar el hastío de la rutina desgastada y exasperante de la ciudad, de su mujer y de “las aventuras anodinas de ambos”. Le sirve para soportar las calles con las fotografías de los políticos en los postes de “una ciudad que se niega a envejecer”. De manera que le es mejor –en vísperas de navidad– quedarse en casa y hacer el amor hasta que su sueño quede sepultado en la nieve, pese a que mirando a través de su ventana se imponga la frialdad de un escenario sin nieve.En su primer libro de cuentos, Beltrán Félix nos lleva a visitar los lugares más sórdidos que existen y que se sitúan dentro de la mente humana. En su cuento “Anoche soñé que volaba”, escuchamos los pensamientos de Joaquín, él, que quiso no ser el naco que es y no haber dejado la prepa por güevón y burro y desmadroso. Joaquín maldiciendo a su hermana Celia y tocándola incestuosamente y vendiéndola por una pistola. Celia en la fascinación por el retrete. Muchacha drogada que en la inconsciencia acepta el ultraje. Ultraje que desde niña recibió. Joaquín, el cajerillo del Superama, viendo a la joven rica, superflua y hermosa que despierta en él el retorno a la caverna, al primitivismo. Porque mientras repite una vez más: “Encontró todo lo que buscaba” o “gracias, vuelva pronto”, se va transformando en asesino. Y convertido en homicida experimenta, por fin, el poder de la libertad. El crimen lo libera, por lo tanto lo engrandece. Sueña que vuela porque desde arriba todo se ve pequeño.
“En un mundo de extraños” o “departamento tomado” como diríamos con el irremediablemente recuerdo de Julio Cortázar. Nada es propio, nada es privado, todo es rentado y público. Lo único propio y privado será el dolor y la salida débil de gritar groserías y maldiciones. Habla de lo que sabes narra también la historia un esquizofrénico: Porfirio, el maestro que lee una novela de Navobokov y poemas de Browning, mientras ríe cuando “alguien lo espiaba y lo hostigaba a todas horas”. Y por eso quizá, sólo quizá, su amigo lo asesina casi con ternura.
Beltrán Félix presenta cuadros de mujeres humilladas y despreciadas por el abuelo, por el padre, por el hermano, por el júnior amante ocasional, o por el marido borracho. En “Hondonada” o la fragmentación del individuo, observamos cómo la percepción del otro cambia la percepción propia. El último cuento titulado “El cuerpo de Sicrano”, es la historia de un cartero novelista que hace entregas de sus textos a la joven que espera cartas y el regalo de un corazón para que se lo trasplanten. Es precisamente en esta historia donde el manejo regresivo de la cronología, el perfil sicológico de los personajes y las voces narrativas, nos hacen pensar que estamos ante la semilla a punto de germinar de un novelista.
En este libro de cuentos Geney Beltrán Félix, como decía en un inicio, se hace presente una especial capacidad para crear atmósferas. Toda la arquitectura del libro está hecha para que lo retratado haga sentir al lector que está involucrado; que es culpable.

martes, julio 13, 2010

Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia 2010

Participaré en la mesa de discusión Narrativa y teatro, al lado de David Olguín e Ignacio Padilla, dentro de las actividades de la Muestra Nacional de la Joven Dramaturgia 2010, en el Museo de la Ciudad, en Querétaro, Querétaro, este jueves 15 a las 14:00 horas.

Contra la novedad como dogma

El número 3 de la revista La Nave, editada por Sergio Pitol y Rodolfo Mendoza Rosendo, incluye un texto crítico de Vicente Alfonso sobre mi libro de ensayos El sueño no es un refugio sino un arma. Aquí el texto:
Contra la novedad como dogma
Vicente Alfonso
Las letras de hoy nacen en una peligrosa encrucijada. El intenso ritmo con que se suceden los títulos en las mesas de novedades y la continua reducción de espacios en donde se diseccionan los volúmenes, propicia cada vez más la circulación de comentarios breves y superficiales acerca de las obras literarias. Pareciera que para hablar de un libro ya no es necesario leerlo. Para desahogar el compromiso de evaluar una obra literaria basta conocer dos o tres anécdotas del autor y desgranar un par de cuartillas con lugares comunes, como señalar el “notable estilo”, la “experimentación con el lenguaje” y la “visión iconoclasta” del autor reseñado. Si a esto se agrega un juego de palabras armado a partir del título del libro, se tiene una reseña fresca, impecable, que puede ser citada en el café, en conversaciones de aeropuerto, en comentarios de elevador, siempre con el vértigo que impone la cotidianidad. En un alarde de concreción, muchas veces el analista se concreta a emitir, en un juicio sumario, una resolución veloz: “el libro es bueno” o “el libro es malo”.
La otra idea que participa en esta encrucijada es casi tan vieja como la literatura misma. Se trata del debate acerca del papel que juega el escritor en la sociedad. ¿Qué es la literatura? ¿Sirve para algo? ¿Debe el escritor comprometerse con la sociedad de la que forma parte? ¿Qué significa ser un escritor comprometido? “¿Escritores comprometidos? —respingará alguien desde el otro lado de esta página— dejémosle eso a Sartre, a Camus. Los problemas hoy son otros.” Y sí, hay quienes en las últimas décadas han intentado matizar esta discusión calificándola como un discurso en desuso, digno de un sitio definido en las galerías de la historia junto a los adoquines del muro de Berlín y al cadáver de Lenin. Sin embargo, un mínimo chapuzón en el tema nos revela que, lejos de ser un contrapunto superado, el problema del papel del escritor con respecto a la sociedad vive hoy uno de sus momentos decisivos.
Decir que un libro es un gran libro es en realidad no decir mucho. ¿Cuál es la diferencia entre un buen libro y uno malo? ¿Con qué criterios puede definirse esto? ¿Por la cantidad y el acomodo de adjetivos, por el suspense que se le imprime a las historias, por las dosis de besos y balas que consigna, por el número de ejemplares que vende? Por supuesto que el uso eficaz de las herramientas literarias se traduce en obras de mejor factura, del mismo modo que una adecuada combinación de colores y formas es necesaria para ser muralista. Pero tal como el arte de la pintura no se limita a tonalidades y figuras, las letras no se encasillan al uso de la sintaxis o a construcciones verbales ingeniosas. El dominio de las técnicas es apenas una condición necesaria, pero no suficiente para lograr la mejor literatura.
Rescato unas líneas de Mario Vargas Llosa para avanzar en el problema: “La gran literatura es grande no sólo por razones estrictamente literarias, sino porque en ella el talento, el dominio del lenguaje, la sabiduría en el uso de las formas sirven para que en nosotros se produzcan cambios, no solo como individuos amantes de la belleza literaria, sino como ciudadanos, como miembros de un conglomerado social”. Si la gran literatura es aquella que sirve para que en nosotros se produzcan cambios importantes, entonces un libro será más grande en la medida que detone en los lectores la necesidad de replantear su vida y la vida de su comunidad. Visto así, entre más preguntas siembra, entre más cimientos cimbra, un libro es más grande, es más necesario, está más vivo.
Entiendo que también esto sonará caduco e idealista para quienes estén impregnados del desencanto y el escepticismo que caracteriza el temple de ánimo de las corrientes que se llaman a sí mismas “posmodernas”. Ya vimos que la razón no era el camino, dicen. Las nociones de progreso y revolución ya no operan. Convencidos de la inutilidad de una literatura que cuestiona la sociedad en la que nace, hoy proliferan quienes teclean páginas y páginas que se quedan al margen de los problemas comunes a autor y lector. Resultan de allí libros incapaces de producir la comezón necesaria para observar y cuestionar el entorno. Pero entonces las preguntas insisten, revolotean, moyotes necios en torno a nuestra oreja: por qué leemos, por qué escribimos.
Como dije antes, estas interrogantes son viejas, pero eso no quiere decir que estén resueltas. Tampoco hemos logrado respuestas definitivas a qué es la vida o cómo se formó el universo. Un libro reciente que trata sobre física cuántica contiene esta aclaración: “No te preocupes si te provoca un dolor de cabeza. Nadie entiende a la física cuántica. Lo que importa es que las ecuaciones asociadas a estas ideas tienen muchas aplicaciones prácticas, que funcionan las entiendas o no” (Gribbin John, Física Cuántica, p. 34). La ciencia también tiene sus dogmas.
Asumimos que el hecho de vivir en una época nos confiere conocimientos. Ensoberbecidos, vemos por encima del hombro a las generaciones que jamás abordaron un avión, que no sabían curar la sífilis, que no conocieron el verso libre, que escribían maniatados por la censura de la Iglesia. Pero esa sensación de que vivimos en el límite del conocimiento se desvanece cuando queremos ejercerla en el nivel individual. Dicho de otra forma, nos jactamos de la estación espacial pero tenemos dificultades para arreglar el flotador del excusado. Admitámoslo: somos herederos, disfrutamos los avances residuales que, como benéficas migajas, saltaron de la lucha de otras generaciones contra las preguntas que no podemos responder. No somos mejores que el pasado, somos en parte producto de él.
Reconozcamos que nos frustra o nos aterra sentirnos en la búsqueda de las mismas respuestas que desvelaron a esos antepasados, quizá porque intuimos que tampoco nuestra generación logrará respuestas definitivas: queremos asumirnos en otra etapa, en otro escalón, y para eso lo más simple es negar que nos interesan los enigmas. Disfrazamos el miedo de apatía. Trasladando esta postura a lo literario, José Emilio Pacheco dice que “ya no hay grandes maestros porque nadie quiere ser aprendiz”. Es cierto: ser aprendiz implica heredar, junto con las técnicas y los secretos del oficio, las dudas de los maestros y el compromiso de hacer lo necesario para resolverlas.
A una literatura impregnada de la visión posmodernista correspondería una crítica hecha bajo los mismos códigos: instalados en la abulia y el conformismo, qué caso tiene explicar qué es la literatura, qué es la vida. Pero ante tal desgano hay quienes se atreven a seguir barrenando. La prueba más reciente es El sueño no es un refugio sino un arma, libro de ensayos de Geney Beltrán Félix publicado dentro de la colección Diagonal de la Universidad Nacional Autónoma de México. Compuesto por 24 textos distribuidos en dos grandes apartados, este libro se niega a conformarse con el dogma de la novedad y se mete de lleno con las grandes preguntas: por qué leemos, por qué escribimos, por qué es necesaria la crítica aún donde no hay lectores. Sin pretender conclusiones definitivas, Geney busca qué hay detrás de las respuestas inmediatas que pueden ir desde el mero entretenimiento –leemos para saber quién apretó el gatillo en una novela policiaca– hasta lo contrario: leemos para ver las palabras volcándose sobre sí mismas, convirtiendo a la literatura en una suerte de matraz que serviría para guardar el lenguaje en estado químicamente puro, donde quedan manifiestas las potencias del lenguaje y otras pirotecnias de laboratorio.
En El sueño no es un refugio sino un arma, Geney Beltrán explica por qué hay críticos que confunden novedad con inercia y aplauden los malabares verbales en el vacío como si se tratara de hallazgos genuinos. En el tercero de los ensayos, titulado “No narrarás”, esta idea aparece expuesta velozmente: en estos días el riesgo técnico es sinónimo de innovación literaria. Parece más meritorio saltarse las trancas y destrozar las reglas de un género literario que lograr productos bien armados a partir de las reglas establecidas. A esta visión, Geney contrapone sólidos argumentos: nos recuerda que al contrario de lo que ocurre con el color y el sonido, el lenguaje no sólo no está en la naturaleza, sino que nos separa de ella. La literatura es esencialmente humana. “La materia de toda narración estrictamente poderosa es lo humano, a secas” escribe. “Nadie escribe y nada se escribe desde el limbo, nadie toma la decisión de obedecer a la urgencia particular de la escritura si no es a partir del drástico descontento ante la experiencia vital. Y si se vive en un entorno de violencia, corrupción, mentira y cinismo, y si este panorama provoca en el escritor una desazón y rabia que rayan en la repugnancia, no hay menoscabo de lo artístico en plantear la literatura como una forma de acción posible, al menos en la forma de una crítica de esa realidad”, afirma. De allí parte para echar por tierra uno de los paradigmas de la literatura actual: que necesariamente más nuevo significa mejor. La novedad no tiene por qué ser un dogma en nuestras letras, aunque hay que agregar que tampoco lo contrario es ley: una novela no será buena sólo porque está escrita con las herramientas literarias que se usaban en el siglo XIX. El error está en tomar como virtudes o como defectos lo que en realidad son características.
Otro ensayo de este libro memorable es “La ciudad sin Racine”, que expone con tono desenfadado y ágil las condiciones de lo que Geney llama “bastardía intelectual”. Se trata de un mal que muchos hemos padecido. El autor relata cómo su hambre de lector tuvo que sortear los problemas de vivir en una ciudad del norte mexicano en donde los libros no son prioridad: “un grave problema radica en el hecho de que los temarios de las escuelas imponen una trasmisión de datos concernientes a la literatura, no las herramientas cognoscitivas que permitan su aprehensión crítica y su disfrute intelectual. Datos, sólo datos: fechas, nombres y títulos…”. Otra vez el dogma. Nos dicen qué es importante, pero omiten decirnos por qué.
Difiero con muchas ideas entre las que Geney propone en su libro. Comenta por ejemplo que hay escribidores capaces de redactar novelas que lo mismo hablen de ferrocarrileros que del Imperio de Maximiliano, sobre un dictador dominicano o un pintor francés; me parece que está confundiendo el tema con la anécdota. Pero tal como las fórmulas científicas suelen incluir su propia comprobación, El sueño no es un refugio sino un arma aboga por el derecho a equivocarse en un ensayo titulado “Derechos y contradicciones del crítico”. Más que un disclaimer, ese ensayo me parece la clave bajo la cual el libro debe ser leído: “No creo que un crítico deba ser irrefutable para tener valía (…) Iluso sería creer que el crítico es esa figura con cuyas ideas habremos de estar de acuerdo en toda ocasión”.
Geney baja a los críticos del pedestal y propone replantear la función de éstos como maestros de lectura. Eso implicaría en primer lugar que la crítica y las reseñas no se escribiesen para los autores –como usualmente ocurre en este país– sino para los lectores, aún cuando éstos existan sólo en el terreno de la hipótesis.
Pienso en las afirmaciones de Walter Benjamin, que en 1934 planteaba la necesidad de que los artistas, en especial los literatos, reflexionaran acerca del papel que juegan los creadores en la sociedad. “Un autor que no enseña nada a los escritores, no enseña a nadie”, escribió Benjamin en El autor como productor. En ese sentido, El sueño no es un refugio sino un arma es un magnífico libro, lleno de reflexiones útiles no sólo para escritores, sino para creadores y lectores en general, pues aunque esencialmente se trata de un volumen literario, en realidad son pocas las esferas de la vida que no pasan por las neuronas de este joven que combina con habilidad las labores del narrador, del ensayista y del editor. (Además de estos ensayos, Geney ha publicado el libro de cuentos Habla de lo que sabes, publicado por Jus, y es fundador de Páramo Ediciones). Hay en este libro muchas resonancias bíblicas además del “No narrarás” que parafrasea el quinto mandamiento católico. Esto no es simple pirotecnia ni rimbombancia hueca. Geney parece recordarnos el papel fundamental de la palabra escrita en la cultura, evocando libros sagrados como El Corán, La Biblia.
Afirmé al inicio de este texto que la literatura de hoy nace en un cruce peligroso, en un momento arduo. La tentación del juicio fácil conjugada con el desuso del debate acerca de la tarea del escritor propicia que olvidemos que la mejor manera responder a la aparición de un libro es enfrascándonos por propia voluntad en las ideas que contiene, discutiendo con éstas, negándolas o dejando que detonen cambios importantes en nuestras vidas. Sirva esta reseña como invitación a que cada quien realice su lectura de este libro, no como el atropellado resumen que nos pedían los maestros en la escuela para comprobar que repasamos la lección.

viernes, julio 09, 2010

Habla con la tripulación

Hace poco menos de dos meses sostuve una conversación con Javier Moro y Moon Rider, sobre mi libro Habla de lo que sabes, para el programa Tripulación nocturna, de Radio Efímera. El podcast se puede ahora descargar en esta dirección.

Mijail Lamas: taller de poesía en la ciudad de México

TALLER DE ALQUIMIA POÉTICA
Impartido por: Mijail Lamas
Sábados de 10 a 12 hrs.
Costo: 400
OBJETIVOS:
Este taller busca transmitir a los asistentes las herramientas teóricas para la comprensión y crítica de la poesía, así como el conocimiento y la comprensión de los instrumentos de la preceptiva poética que detonen la escritura de los asistentes.
DESCRIPCIÓN:
Cada sesión del taller desarrolla temas y elementos teóricos que a su vez proponen actividades prácticas de la alquimia de la escritura poética, de tal manera que se articule en cada sesión el conocimiento profundo de la materia. Algunos de los temas a desarrollar son el lenguaje figurado, las vanguardias, la experimentación, así como algunas formas métricas y estróficas de la lírica culta y popular que a su vez deberán practicarse, utilizando ejemplos reconocidos de la tradición poética en lengua española. En la segunda parte de la sesión se realizarán ejercicios de escritura poética y se discutirán los trabajos que los asistentes aporten.
PRIMERA PARTE
-La poesía en la vida diaria
-El lenguaje figurado (elementos de retórica y poética).
a) Figuras de palabra
b) Figuras de pensamiento
-El verso, la rima y el ritmo:
a) El octosílabo y sus formas estróficas
b) El heptasílabo y el alejandrino castellano.
c) El endecasílabo y sus formas estróficas
d) Otras estructuras rítmicas (versificación paralelística y pies métricos)
f) La silva castellana y el verso libre.
SEGUNDA PARTE
-Las vanguardias latinoamericanas
a) Antecedentes, poéticas y manifiestos (Futurismo, Dadaísmo, Surrealismo, etc.)
b) El Estridentismo y el grupo de Contemporáneos
c) La poesía de Paz, Vallejo y Girondo.
d) Concretismo y Neobarroco
-Elementos de poesía experimental
-Poéticas
INFORMES Y REGISTRO en Donceles 66, Centro Histórico, México, D.F., cerca de Metro Allende y Metro Zocalo. Tel. (55) 9150 14 65, ljerkov@jus.com.mx, preguntar por Laura Jerkov.

jueves, julio 08, 2010

Los magisterios

El número de julio de la Revista de la Universidad de México incluye mi texto crítico «Los magisterios», sobre el libro La guerra fue breve, de Gabriel Bernal Granados. Esta edición incluye también el ensayo «Paredón», de Nadia Villafuerte, así como materiales en torno a Carlos Monsiváis, José Saramago, Bolívar Echeverría y Gabriel Vargas.

miércoles, julio 07, 2010

Tierra Adentro, 164

El número 164 de la revista Tierra Adentro incluye, en su sección Fraguas, de crítica literaria, el texto "Conjuras y conjuraciones del ensayo joven mexicano", de Ignacio M. Sánchez Prado, sobre los libros El complejo Fitzgerald, de José Mariano Leyva, Inmanencia viral, de Fausto Alzati Fernández (Tierra Adentro), Contra la vida activa, de Rafael Lemus (Tumbona), y La increíble hazaña de ser mexicano, de Heriberto Yépez (Temas de Hoy).
También, Lucía Leonor Enríquez escribe sobre el tomo II, Teatro, de las obras reunidas (FCE) de Elena Garro. Jorge Solís Arenazas comenta Muerte en la rúa Augusta, de Tedi López Mills (Almadía), y Autobiografía de Rojo, de Anne Carson, en la versión de la misma Tedi (Cálamus). Francisco Meza analiza La isla de las breves ausencias, de Francisco Hernández (Almadía). Jorge Mendoza Romero hace una revisión de Cielo del perezoso, de Daniel Téllez (Bonobos), y Mijail Lamas escribe sobre Anábasis, de Saint-John Perse, en la traducción de José Luis Rivas (Ediciones Era).
En la sección Estantería se incluye breves notas sobre Los geniecillos dominicales, de Julio Ramón Ribeyro (por Romeo Tello A.), La bestia del corazón, de Herta Müller (por Berenice Vázquez), Cuentos (casi) completos, de Calvert Casey (por elgeney), Porno, de Marcos Bertorello, Cartas de un joven escritor, de Juan Carlos Onetti (por Atahualpa Espinosa) y Crónicas y ensayos. Nueva York y París, 1909-1911, de Marius de Zayas (por Mauricio Salvador).

viernes, julio 02, 2010

Guardagujas

Ayer jueves se publicó mi texto narrativo «Víscera» en el suplemento mensual Guardagujas, que dirige Edilberto Aldán y se publica en el periódico La Jornada Aguascalientes.

domingo, junio 27, 2010

Habla de lo que sabes

Habla de lo que sabes se presenta en la ciudad de México este viernes 2 de julio, a las 7:30 pm. en Donceles 66, Centro Histórico, con los comentarios de Verónica Murguía y David Olguín.

martes, junio 22, 2010

En La Paz y Cabo San Lucas

Haré dos presentaciones de mi libro de relatos Habla de lo que sabes en Baja California Sur: la primera es en La Paz, este jueves 24, a las 7:00 pm, en el Patio de los Almendros de la Unidad Jesús Castro Agúndez, y la segunda en Cabo San Lucas, el sábado 26, a las 8:00 pm, en la Casa de la Cultura Nieves Trasviña. Todo esto en el marco de la Feria del Libro La Paz 2010 organizada por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura.

jueves, junio 10, 2010

La Palanca, número 14

El número 14 de La Palanca, revista dirigida por Diego José y Pablo Mayans, reedita mi gustado ensayo "La ciudad sin Racine", que forma parte de El sueño no es un refugio sino un arma. También incluye un fragmento de las memorias inéditas de Esther Seligson ("Él, mi padre"), una entrevista de Diego José con Fabio Morábito, una selección de poemas del autor de La ola que regresa, y un texto de Guillermo García.

martes, junio 08, 2010

Un falso gemelo en Luvina

Viene «Un falso gemelo» en la revista Luvina de verano. Es un texto narrativo de mi autoría. Y viene también un gemelo de a deveras: Vicente Alfonso, autor de la novela Partitura para mujer muerta y hermano gemelo de Antonio, su hermano gemelo, publica en estas mismas páginas el cuento «Epidemia».
Este número 59 de la revista incluye también el texto inédito «Soliloquios», de Esther Seligson, uno de sus últimos escritos, firmado en enero de este año, poco antes de morir. Leyéndolo en retrospectiva, pareciera una suerte de testamento o despedida.
Además, en este número viene «Un montaje exiguo», texto crítico de Mijail Lamas sobre el libro Poesía completa de Héctor Viel Tempeley, así como relatos de Daniel Sada, Antonio Ortuño, Edmundo Paz Soldán, Cristina Rivera Garza y varios autores más... Muy antojable esta revistalibro, como siempre.

jueves, junio 03, 2010

¿Error?

Por alguna arista particular de su karma, ha estado cerca de ciertos espacios del poder. Pero a la larga de todos ha rehuido. Ya no hay lugar para Cosío Villegas. Y ahora no entiende: ¿fue un error elegir entre el poder y la escritura? ¿Cómo difundir ésta si se ha renunciado a aquél, viendo que en el presente todo es confusión y que la venganza no se detiene y que la amistad es falsa?

lunes, mayo 31, 2010

A Torreón

Este viernes 4, a las 8:00 pm, presento mi libro de relatos Habla de lo que sabes, en Torreón, Coahuila, en un acto organizado por la Dirección Municipal de Cultura. La cita es en el Taller de Gráfica El Chanate (Matamoros 539 oriente). Comentan Angélica López Gándara y Daniel Maldonado.

martes, mayo 25, 2010

Querétaro ensayista

Mañana miércoles, a las 5:00 pm, participo en la mesa de discusión "Las literaturas nacionales y el escritor global", dentro del VI Encuentro Nacional de Ensayistas de Tierra Adentro, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Querétaro. Comparto la mesa con Josué Barrera, Alfonso Vázquez Salazar y Gabriela Valenzuela.

lunes, mayo 24, 2010

Verónica Murguía

Verónica Murguía hablará sobre sus libros y autores predilectos en el Centro de Lectura Condesa de la ciudad de México este jueves 27, a las 7 pm. Los asistentes podrán dialogar con la autora y solicitar sus recomendaciones literarias.
Verónica Murguía es narradora e ilustradora de libros. Articulista de Etcétera, Laberinto Urbano, La Jornada Semanal (en la que, desde el año 2000, mantiene la columna titulada “Las rayas de la cebra”). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 2001. Premio Nacional de Cuento para Niños Juan de la Cabada 1990 por Historia y aventuras de Taté el mago y Clarisel la cuentera. Ha publicado, entre otras obras El ángel de Nicolás, Rosendo, El guardián de los gatos (coautoría con David Huerta), Ladridos y conjuros, Lo que sí y lo que no, Los niños voladores y Auliya.
Centro de Lectura Condesa: Nuevo León 91 (entre Cadereyta y Fernando Montes de Oca), colonia Hipódromo Condesa, del. Cuauhtemoc. 55 53 52 68 / 69 / 70.

viernes, mayo 21, 2010

Esther (¡las flores!)

El mejor homenaje a una amistad, a la amistad de alguien que se exigía cambiarte la vida. Guillermo Arreola, escorpio ascendente géminis, escribe de su último encuentro con Esther Seligson, escorpio ascendente leo. Un texto personalísimo y estremecedor: así era Esther. Aquí.

miércoles, mayo 19, 2010

Guanajuato

Mañana jueves presento mi libro Habla de lo que sabes en El Corcho de Baco (Plazuela de San Fernando 15, Centro), en la ciudad de Guanajuato, a las 7:00 p.m. Es una actividad organizada por la Universidad de Guanajuato.

martes, mayo 18, 2010

Tripulación nocturna

Hoy, a las 10 de la noche, se transmite por Radio Efímera la entrevista que sobre Habla de lo que sabes sostuve con Javier Moro y Moon Rider para el programa Tripulación nocturna. La liga para escucharlo es ésta.

miércoles, mayo 12, 2010

Tierra Adentro, 163

El número 163 de la revista Tierra Adentro, en su sección de crítica, incluye textos de:
Carlos Velázquez, sobre Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera (Periférica), Travesti, de Carlos Reyes (Tierra Adentro) y Morirse de memoria, de Emiliano Monge (Sexto Piso).
Gabriel Bernal Granados, sobre la Poesía completa de Joaquín Gianuzzi (Biblioteca Sibila).
Rafael Lemus, sobre los Epigramas de Carlos Díaz Dufoo hijo (Tumbona).
Ernesto Lumbreras, sobre Satori, de León Plascencia Ñol (Conaculta).
Héctor Iván González, sobre Paterson, de William Carlos Williams (Aldus).

Vienen también breves notas sobre:
Miguel Covarrubias, El traidor (poetas franceses y alemanas del siglo XX) (Aldus-UANL), por Mijail Lamas.
Jorge Enrique Adoum, Claudicación intermitente (antología) (Alforja-UANL), por Jorge Mendoza Romero.
María Negroni, La boca del infierno (Mantis), por Nadia Villafuerte.
Alejandro Tarrab, Litane (Bonobos-Conaculta), por Alejandro Albarrán.
Ángel Rama, La ciudad letrada (Fineo-UANL), Jesús González Dávila, Diálogo incorrupto. Obras completas (Icocult), y Felisberto Hernández, Cuentos reunidos (Eterna Cadencia Editora), por elgeney.
Joe Brainard, Me acuerdo (Sexto Piso), por Mónica Nepote.
Juan Villoro, Llamadas de Amsterdam (Almadía), por Brenda Valdivia.
Eduardo Antonio Parra, Sombras detrás de la ventana. Cuentos reunidos (Era-Conaculta-UANL), por Mauricio Salvador.

lunes, mayo 10, 2010

Sánchez Prado

Ignacio M. Sánchez Prado escribe en su blog sobre "Otro debate sobre la crítica literaria": aquí.

sábado, mayo 08, 2010

No son molinos de vientos

El suplemento Laberinto del periódico Milenio aborda hoy el tema de la crítica literaria, con los textos "Llueve sobre mojado: la crítica y los críticos" y "La crítica en el banquillo". También aparece mi texto "No son molinos de viento", con las puntualizaciones a la reseña de El sueño no es un refugio sino un arma escrita por Fernando García Ramírez para Letras Libres de mayo.

viernes, mayo 07, 2010

Habla de Habla de lo que sabes

La revista Justa publica una reseña de Karla Guadalupe Ramírez Cruz sobre Habla de lo que sabes. Aquí el enlace: irpallá.

jueves, mayo 06, 2010

El hombre que hablaba de molinos de viento

La revista Letras Libres de este mes publica una reseña de Fernando García Ramírez sobre tres libros de ensayo, uno de ellos el mío reciente, El sueño no es un refugio sino un arma. Se trata de un ejemplo de cómo ejercer la crítica sin ética alguna: está lleno de mentiras, omisiones oportunistas, citas descontextualizadas y prejuicios de maestrito regañón. Este sábado, en el suplemento Laberinto, del periódico Milenio, se publica un texto mío en que demuestro las falsedades de esa reseña.

martes, mayo 04, 2010

La gira continúa


Este jueves 6, a las 7:00 pm, presento mis libros Habla de lo que sabes y El sueño no es un refugio sino un arma, en el Centro Sinaloa de las Artes Centenario, en Culiacán, Sinaloa (Buelna y Andrade, Centro), con los comentarios de Irad Nieto y Francisco Meza.
Allá nos vemos.

jueves, abril 29, 2010

David Olguín

Felicidades a David Olguín, dramaturgo, editor, director teatral y maestro generoso, por el Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón 2010. En Nexos de diciembre pasado publiqué una breve nota sobre un libro suyo:
David Olguín, Casanova o la humillación. México, Ediciones El Milagro.
Este díptico teatral está formado por Casanova o la humillación y Casanova o la fugacidad. Primero, el anciano que fue gran seductor escribe sus memorias mientras se ve hostigado grotescamente por la servidumbre (aunque eso no le haga perder su sabiduría de lo sensual). En la segunda pieza, el ríspido encuentro con Voltaire da pie a un delicioso juego de planos dramáticos en que Casanovas de diferentes edades constatan el huidizo encanto de los placeres y la belleza. Con gran dominio técnico, una estructura irreprochable e imaginería potentísima, David Olguín (1963) demuestra encontrarse en la madurez de sus dotes dramatúrgicas.

lunes, abril 19, 2010

La que no muere

Un texto de Braulio Peralta sobre Esther Seligson: en Laberinto de Milenio, el sábado pasado. Aquí. Gracias, Braulio.

jueves, abril 15, 2010

martes, abril 13, 2010

Eve Gil sobre El sueño no es un refugio sino un arma

La revista Replicante incluye un texto crítico de Eve Gil sobre mi libro El sueño no es un refugio sino un arma. Aquí lo copio, y al final puntualizo algunos comentarios:

Entre Steiner y Domínguez
Eve Gil

Leyendo el más reciente libro de Geney Beltrán (Culiacán, 1977), El sueño no es un refugio sino un arma (Difusión Cultural UNAM, 2009), título tomado de un poema del peruano E. A. Westphalen, compilación de ensayos y reseñas originalmente publicados en diarios y revistas, confirmo y subrayo que estamos ante uno de los críticos literarios más sólidos de nuestro país. Su talento para argumentar, contradecir, convencer es incuestionable… y el que en el lector vea un interlocutor a su altura hace de él lo que él mismo espera encontrar alguna vez en el panorama literario mexicano. Como ejemplo de lo que esperaría, cita en más de dos de ensayos a George Steiner: “Steiner argüía no sin énfasis: ‘Es tarea de la crítica literaria ayudarnos a leer como seres humanos totales, con el ejemplo de la precisión, el miedo y el deleite. Comparado al acto creativo, la tarea es secundaria. Pero nunca ha contado más. Sin ella, la creación misma podría hundirse en el silencio’” (“Para qué la crítica en tiempos de ultraje”, p. 58).
Geney ha perseguido como pocos este ideal. Sin embargo, mientras que en los primeros ensayos parece próximo a la meta, en los que cierran el libro retrocede. No en sus poderosas capacidades críticas e interpretativas, mucho menos en su escritura, pulcra y precisa. Hay momentos en que pareciera que el joven crítico idealista —todo buen crítico debiera serlo, creo yo, no sólo los jóvenes— se desvanece en incongruencias con respecto a lo ante dicho, lo cual, sí, pudiera significar que ha repensado sus ideas, algo legítimo pero no menos lamentable: alguien que tiene en George Steiner un modelo a seguir, difícilmente justificaría la pedantería y egolatría de un crítico que pretende imponer un canon con sus vecinos y cuates de cantina, como Christopher Domínguez y su, mal que bien, célebre Diccionario de escritores. No puedo acusar a Geney de mostrar displicencia hacia el mencionado crítico, sin embargo, lo exculpa de omisiones imperdonables aduciendo, por ejemplo, que la ausencia de Ana Clavel está justificada con la presencia de Esther Seligson y la de Rafael Ramírez Heredia con la de Álvaro Uribe. ¿Intenta decir que Ana Clavel es menos necesaria que Esther Seligson y Ramírez Heredia que Álvaro Uribe? No entiendo la lógica de tamaña afirmación. Alabo, sin embargo, que cuestione a Domínguez lo que prácticamente todo mundo pasó por alto: la canallada de exhibir a Elena Garro como un ser patético.
Pero bien, la disculpa —no defensa— del “Diccionario” puede percibirse como apología cuando pasamos al siguiente texto, donde se muestra mucho menos magnánimo con la antología de Tryno Maldonado Grandes hits. Vol. 1 Nueva generación de narradores mexicanos. Como en el caso de la crítica anterior, la razón asiste a Geney en varios puntos… pero da la casualidad de que lo que encuentra “disculpable” en Domínguez es motivo de repudio en Maldonado. Está muy bien que Domínguez realice sus ejercicios de discriminación porque es el Gran Crítico… pero qué mal que Tryno Maldonado se haya apoyado en la opinión de escritores de respetable trayectoria para seleccionar a los autores de su antología. ¿En qué quedamos, pues? Para Geney, la soberbia de Domínguez es un lujo que su obra previa le permite darse, pero no mide con la misma vara a Maldonado, cuya juventud e inexperiencia como crítico literario (Tryno Maldonado, no olvidemos, es narrador, no crítico literario), pudieran explicar su táctica. “Hacer una antología”, se lee en el texto dedicado a la antología de Tryno, “es un ejercicio crítico, no de relaciones públicas”. Exactamente lo mismo que pudo haberle cuestionado a Domínguez.
La mayoría de los ensayos que componen El sueño no es un refugio… son extraordinarios, ni duda cabe, hasta el momento en que el autor abandona la tradición literaria para encarar el momento presente. Es como si el Geney Beltrán de 2005 se contaminara de los vicios que tan atinadamente había criticado, al grado de concluir con la reseña de un libro de una joven escritora que, en efecto, tiene mucho talento, pero a quien todavía no le llega el momento de ser elevada a las alturas de Musil, Elizondo, Tario, el propio Steiner, máxime tomando en cuenta que es la única escritora mexicana viva de quien Geney se ocupa, amén de que en su ensayo sobre narradores del norte inexplicablemente le escatima méritos a dos narradoras, Cristina Rivera Garza y Patricia Laurent Kullick, que han hecho lo que reprocha a los autores de la frontera norte no estar haciendo: “Narrar el norte, especulo, exigiría no fotografiar sino contradecir la realidad con personajes complejos y una sintaxis violentada, localizada en la riqueza del habla regional” (“Narrar el norte”, p. 143).
Tenemos reunidos, pues, en este libro a dos Geney Beltrán: el discípulo de George Steiner y el que por momentos nos recuerda a un Christopher Domínguez, en versión depurada, privilegiando a sus afectos y dejándose llevar por las vísceras. Del segundo ya tenemos demasiados clones. Lo que haría falta, parafraseando al propio Geney, es un Steiner mexicano. Así, este libro tiene un doble atractivo: una colección de magníficos ensayos y un retrato de cómo un joven crítico mexicano, de esos talentos que no suelen darse en maceta, y menos en México, se debate entre la trascendencia y la alienación.

***

Hasta aquí el texto de Eve. Ahora me interesa comentar varias cosas: primero, me agrada que Eve me quite un año (en realidad nací el año del Dragón de Fuego, esto es, 1976). Luego, insisto en distinguir el Diccionario de Chistopher Domínguez Michael de la antología de Tryno Maldonado (Grandes hits) no por ningún respeto a la sacrosanta trayectoria de uno frente a la del otro, sino porque Domínguez Michael, con todo y sus defectos (menciono los que a mi falible parecer se destacan), es un crítico, es decir, alguien con quien, aunque se discrepe, como me sucede ahora con Eve, vale la pena discutir, y Tryno Maldonado, ¡ay!, no lo es, lo que se nota a leguas en Grandes hits.
En tercer lugar, mi apuesta por la "joven escritora" (i.e., Nadia Villafuerte) sigue en pie, no está condicionada por factor extraliterario alguno, y aunque ya el tiempo se encargará de corroborar o refutar mi juicio, ese texto con que cierro el volumen buscaría avivar el interés por un libro (¿Te gusta el látex, cielo?) que me sigue pareciendo de una gran fuerza y muy diferente de lo que se está aplaudiendo en la actualidad.
Por último, agregaría que la selección de los textos que componen El sueño no es un refugio sino un arma se rigió en mucho por el azar de los ensayos que fui escribiendo en un lapso de más o menos cuatro años (soy disperso y mi curiosidad me lleva de un tema a otro), lo que no excluye la posibilidad de que en el futuro, como es mi deseo, escriba sobre varias otras autoras, entre ellas Rivera Garza o Laurent Kullick, o Verónica Murguía.
Y, claro, también: conviene insistir en que, aunque nadie escribe un texto de crítica esperando conocer las reacciones del autor criticado (es decir, aunque lo que yo argumente aquí ningún interés tenga), de esto se trata el ejercicio del disenso: ningún crítico espera que todos estén de acuerdo con él en automático, pero se debe insistir en reexaminar, confrontar los temas de importancia para evitar que se anquilosen visiones arbitrarias o, sencillamente, endebles.

viernes, marzo 26, 2010

Exposición de Guillermo Arreola en la Casa Lamm de la ciudad de México

El extraordinario pintor mexicano Guillermo Arreola inaugura la exposición Semen el próximo miércoles 14 de abril, a las 7.30 pm, en el Centro de Cultura Casa Lamm (Álvaro Obregón 99, colonia Roma), en la ciudad de México.

miércoles, marzo 24, 2010

Habla de lo que sabes en Aguascalientes

Este viernes 26, a las 8:00 pm, presento mi libro de cuentos Habla de lo que sabes en la Sala Alfonso Esparza Oteo, de la Casa de la Cultura Terán, en Aguascalientes.

lunes, marzo 22, 2010

En la radio

Hoy lunes, en Radio Educación, en el 1060 del AM, a las 9.30 de la noche, se transmitirá la entrevista que me realizó Froylán Lopez Narvéz, en su programa Mi otro yo.

lunes, marzo 08, 2010

Andaré en Tlaxcala, Mazatlán y Durango, todo en un lapso menor a una semana

Curso-taller de ensayo literario, cuarta sesión
Viernes 12 de marzo, de 4 a 8 pm, y sábado 13, de 10 am a 2 pm
Instituto Tlaxcalteca de Cultura
Tlaxcala, Tlaxcala

Presentación del libro de relatos Habla de lo que sabes
Lunes 15 de marzo, 5:00 pm
Feria del Libro y las Artes de Mazatlán, Plazuela Machado, Centro Histórico
Mazatlán, Sinaloa

Presentación del libro de ensayos El sueño no es un refugio sino un arma
Miércoles 17 de marzo, 7:00 pm
Universidad Juárez del Estado de Durango, Aula Laureano Roncal
Durango, Durango

jueves, marzo 04, 2010

Infancia

La Revista de la Universidad de México, en su número de este mes (73, marzo de 2010), presenta «Mi infancia tiene olor a nata fresca», un fragmento del libro inédito de memorias de Esther Seligson, Todo aquí es polvo. Como el título adelanta, en esta sección de su obra Esther rememora y reflexiona sobre sus primeros años (el fragmento publicado en Laberinto hace tres semanas pertenece al final del libro, cuando Esther recuerda su estancia en Jerusalem y Lisboa y su regreso a México). La Revista, además, incluye dos breves semblanzas fraternas de Ignacio Solares y José Gordon.



Aquí, unas líneas de «Mi infancia tiene olor a nata fresca»:


De niña yo miraba dentro de otro mundo, dentro de una realidad “anterior”, como mirar las puertas del país de la sombra cargando un fanal en la mano encendido con la fuerza silenciosa de lo oculto. Habitamos una tierra de nadie donde fluye un río inabordable salvo si apelamos a una embarcación divina, o al poder de una palabra que divida sus aguas para atravesarlo a pie seco, sin olvidar las hierbas aromáticas que habrá que incinerar ofrenda de agradecimiento... El engrudo familiar... La imagen de Adrián chupándose el dedo con el trapito agarrado a la mano esperándome tras la ventana de la sala, ¿podría ser un hilo del cual tirar? Decía que yo nunca estuve cuando él me necesitaba. ¿Por qué no me separé definitivamente entonces y me quedé con mis hijos? ¿Por qué no contarse hoy la historia de otra manera? También él se lo preguntaba años más tarde, cuando ya sabía por propia experiencia, y poco le faltaba para encarar su destino final, la fuerza que se necesita para soportar la desesperanza. Y en cuanto a mí, no tiene remedio: amo las paradojas, la turbulencia del anhelo, de la libertad, de los desafíos del Absoluto, y preñada voy de esa sed que me consume y que cuántas veces no me han reprochado “sólo pasa en tu cabeza”. Por supuesto que me hubiera gustado ser feliz, ni siquiera creo no haberlo sido, por momentos obviamente e incluso por temporadas más o menos largas o cortas, con esa felicidad tanto de plenitud como de una impalpable espera, algo similar a esas tardes muy luminosas de domingo o de fin de día festivo en que todo se alargaba como si el tiempo no existiera y no fuera a caer la noche y acabar con la luz, el silencio, el intervalo de eternidad, la certeza de que alcanzará suficientemente para terminar los juegos, encontrar las búsquedas, regresar una y otra vez a brincar entre las olas —y cuánto cuánto costaba arrancarse a la fascinación del oleaje sólo porque los adultos tenían tantos planes para después de la merienda y les urgía deshacerse lo antes posible de los niños—, no agotar el espectáculo de una bandada de gaviotas desdibujando la línea fija del horizonte con su vuelo fantasioso; tardes de hacer el amor lenta y morosamente, sin nostalgia ninguna, tan presentes en su presente único; tardes de corretear a mis hijos por la casa y el jardín jugando a las escondidillas, a los sustos, igual de niña que ellos; tardes adolescentes de no hacer nada ensoñando con un libro abierto sobre las rodillas, ¿fue eso, es eso, la felicidad?, ¿ese rodar y traspasar los limites imaginarios y reales entre las realidades que habitamos y nos habitan?

miércoles, marzo 03, 2010

Habla de lo que sabes en Luvina

La revista Luvina, en su número 58, de primavera 2010, incluye un texto crítico del ensayista, narrador y editor José Israel Carranza sobre mi libro de relatos Habla de lo que sabes.




Rescoldos
José Israel Carranza

«Habla de lo que sabes». Es la conminación, terminante, elegida por Geney Beltrán Félix para instalarla al frente de su libro de relatos —cerrado el libro y cuando apenas va reanudándose la ocurrencia del mundo, suspendida definitivamente en las horas tensas de lectura ininterrumpida, es un título que se revela como una sugerencia alarmante: ¿qué es lo que sabe este autor, que ha podido hacer esto?—; es también la conminación que ahora dirige este comentario, y es inapelable. He de hablar de lo que sé, y lo que he llegado a saber con esta lectura es más o menos lo siguiente:
Primero: que, de regresar a ciertos pasajes de los relatos de los que vengo saliendo (uno, pongamos: «Anoche soñé que volaba»), me esperan ahí, y no habrá forma de evitarlo, el estremecimiento y la turbación que, de todos modos, se han impreso indeleblemente en la memoria de lo que fui conociendo: qué ingredientes y en qué proporciones componen la fórmula inmejorable del envilecimiento. Hay esto: un muchacho, cajero en un Superama, tiene una pistola consigo mientras pasa por el lector de la caja los productos que pagan los clientes. Lo que ha ocurrido antes, lo que ocurrirá entonces: la hermana del cajero, desnuda y absorta en el remolino de agua del excusado, el deportivo azul en que el cajero ve alejarse a la joven mujer de ojos verdigrises cuyo nombre obtuvo de la tarjeta bancaria con que le pagó el súper, los viajes en el hastío y la negrura del microbús, la amiguita de la hermana con el arete en la nariz, el mafiosillo del barrio entrando a la habitación de la hermana, los pantalones del cajero en los tobillos, el llanto, la clave para marcar en la caja registradora el precio de las clementinas. Y el resto: la miseria, la vergüenza, el resplandor del televisor, el resplandor del sol de la tarde cerniéndose sobre el aullido de una ambulancia. Etcétera. Lo que sé, en suma —«habla de lo que sabes»— es que no hay atrocidad que no tenga su historia, por arduo que resulte elucidarla, y que llegar a conocer tales historias supone renunciar (cosa que habríamos tenido, ingenuamente, por impensable) a nuestras más trabajadas intransigencias: quiero decir: hay un cajero de un Superama, tiene una pistola, y lo que haya de suceder, y lo que lo llevó a hacerse de la pistola —y de qué modo— nos descubriremos comprendiéndolo. Ignoro si el estremecimiento y la turbación cuenten como méritos literarios: lo que sí sé —«habla de lo que sabes»— es que, sin que me haga falta regresar a la lectura del relato «Anoche soñé que volaba», el estremecimiento y la turbación no tengo manera de disolverlos. (Sí regresaré, claro: porque además está el enigma fascinante de que esto haya sido así).
Sé, también, que los relatos de este libro propician una intensificación del silencio en rededor nuestro, van amplificándolo hasta que sólo podemos escuchar las voces de los personajes y quisiéramos —me pasó— tener algo que decirles para salvarlos, si cabe tal candorosa intención. Los padres y sus hijas que buscándose van a perderse, la mujer que espera las patadas de esa noche cuando su esposo y su hijo regresen briagos, la muchacha cuyo pecho sube y baja mínimamente luego del terremoto, el hombre en la jaula suspendida en el vacío, un río que va a desbordarse y un lazo que se aprieta sobre un cuello, un tropel de indeseables que salen y salen del baño, el avión a Londres que estalla antes de haber despegado, una mujer sepultada en la nieve, otra que espera un corazón para que se lo coloquen debajo de las costillas... Supongo que esto no se hace: ir despachando instantes inconexos cuya concurrencia en estas líneas poco o nada dirá a quien pase por ellas. Pero el hecho es que tales instantes —y me detuve a tiempo, espero: me quedan muchos más— son el rescoldo (probablemente inextinguible: lo que hallaré cada que vuelva a la recordación de mi lectura) de la experiencia absolutamente inesperada que fue permanecer en el centro de ese silencio que digo, mientras presenciaba —sin poder decir nada— cómo un puñado de personajes, movidos en última instancia por la pertinacia de sus errores, por la soledad que los había acorralado, porque la vida es un mero pretexto para que tengan lugar el dolor o la infamia, porque querer hallar sentido a nuestros actos es la vía más segura para extraviarse, cómo un puñado de personajes iban siendo fijados por el rencor, la demencia, la pena... Y pienso ahora en Pompeya, en los cuerpos que las cenizas ardientes dejaron detenidos en su gesto y su idea y su movimiento últimos, y pienso que la escritura de Geney Beltrán Félix puede ser como esa ceniza que se abatió sobre las vidas que constan en este libro, y tras la cual queda sólo el silencio temible de quienes así —como se había propuesto Sicrano, el cartero del último cuento— han sobrevivido a su propia muerte.
Sé, también, que he pasado por el libro de un autor obstinado —felizmente obstinado, a contracorriente de toda complacencia y toda facilidad— en su admirable empresa de reformulación del mundo. Sé que podrán pasar los años, muchos, y este libro, y cada uno de sus diez cuentos, y cada uno de sus personajes, serán inolvidables.

martes, marzo 02, 2010

Del otro lado de lo real

La revista Letras Libres en su edición de este mes incluye mi ensayo «Del otro lado de lo real», sobre algunos aspectos de la obra de ficción de Esther Seligson.


A continuación, dos párrafos del texto:

¿Cuál es el lugar de Seligson en la literatura de nuestra lengua? Hasta ahora, uno secreto. Autora de culto, raudamente reducida a sólo “la traductora de Cioran”, Esther Seligson vivió largas temporadas en el extranjero; publicó buena parte de sus títulos en sellos marginales; no se vinculó a grupo literario alguno y tampoco ejerció ningún poder en el circuito de la burocracia cultural o universitaria. Estudiosa, y en serio, de saberes atípicos —la astrología, el tarot, la acupuntura, la gemoterapia, la Cábala y cualquier forma de mitología y religión—, fue también atípica en su ejercicio de la escritura: fuera de sus textos ensayísticos y de crítica teatral, y circunscribiéndonos a la ficción, Seligson es una voz heterodoxa y experimental en la deriva reciente de las letras hispanoamericanas.
Para empezar, hablemos de su estilo. En cualquier página de, por ejemplo, La morada en el tiempo (1981), Sed de mar (1987) e Indicios y quimeras (1988), destaca una escritura absoluta: es el suyo un decir sintácticamente denso (oraciones proustianamente largas, adjetivos y aposiciones que saltan aquí y allá para complicar el matiz) y dotado de un lirismo que, gracias a un fecundo léxico de particular relieve sinestésico, va de lo elusivamente intimista a lo elegantemente revelacional. Si buscamos una estilista en el sentido clásico, no hay sino empezar por estos escritos de Esther Seligson: aquí el lenguaje revela —único protagonista— su ejemplar sabiduría. Que consiste en lo siguiente: no hay conocimiento introspectivo, no hay expedición a la memoria y los sentidos sin una extremada conciencia de nuestra plural naturaleza lingüística.

jueves, febrero 25, 2010

A Tlaxcala de nuevo

Luego de un esguince de tercer grado y seis semanas de muletas, retomo el curso-taller de ensayo literario que estoy impartiendo en Tlaxcala, Tlaxcala. Las sesiones de este fin de semana serán mañana viernes de 4 a 8 pm y el sábado de 10 a 2, en la sede del Instituto Tlaxcalteca de Cultura. Ahí nos vemos.

miércoles, febrero 24, 2010

Nadia en Minería


Nadia Villafuerte, la autora de ¿Te gusta el látex, cielo?, se presenta en la Feria del Libro de Minería este sábado 27, a la 1 pm, en el Auditorio Tres. Nadia participa en el ciclo Jóvenes Escritores en Palacio, y será entrevistada por Vicente Alfonso.
En este mismo ciclo estarán también Mijail Lamas, platicando con Jorge Mendoza Romero (el viernes a las 5 pm), y Hugo Alfredo Hinojosa, cuestionado implacablemente por elgeney, el domingo a la 1 pm.

No volveré, de Guillermo Arreola, en San Miguel de Allende

Guillermo Arreola inaugura este viernes 28, en San Miguel de Allende, Guanajuato, su exposición No volveré. Para más información, hay que darle clic a la imagen.

martes, febrero 23, 2010

Otra invitación

Invitación

Presentación de dos nuevos títulos de la colección Biblioteca Mexicana, coeditada por Conaculta y el FCE: este domingo 28, a las 12:oo horas, en el Salón de Actos de la Feria del Libro de Minería.

lunes, febrero 22, 2010

Resonancias de Minería y de Esther

Algunas noticias sobre Esther Seligson, sus homenajes, etcétera: en Justa, Unomásuno, en Conaculta, en el sitio de la Feria de Minería, en Proceso y en La Jornada.
Texto de David Huerta sobre Esther, en El Universal: aquí el enlace.
Columna de Humberto Musacchio sobre Esther, en Excélsior: ir aquí. (En efecto, Todo aquí es polvo, el título de su inédito libro de memorias, lo tomó Esther de una frase, mas no un verso, de una mi novela igualmente inédita, y de mi relato «Perdonados por quién», que está en Habla de lo que sabes.)
Texto de Adriana del Moral Espinosa sobre Esther, en La Jornada Semanal: aquí.
Recuento de Angélica Abelleyra sobre el Taller de Sacerdotisas: aquí.

En otro orden de ideas, dejo aquí el link para conocer las actividades del Forca Noroeste en la Feria del Libro de Minería: aquí.

sábado, febrero 20, 2010

HOY: Queremos tanto a Esther

Hoy sábado 20, 19:00 horas
Ex-presentación de Cicatrices, último libro de Esther Seligson (publicado por Páramo), convertida en homenaje a nuestra querida maestra, amiga, autora
Participan: Antonio Crestani, Julieta Egurrola y Saúl Káminer
Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería
Auditorio Dos

viernes, febrero 19, 2010

Un texto de 1996 sobre Hebras, de Esther Seligson, escrito por Alejandro Toledo


Uno de los primeros recursos de la crítica literaria, al intentar describir la obra de Esther Seligson, es apelar a su rareza, su marginalidad. A esto se llega por contraste. Los medios masivos de comunicación han creado el sobreentendido de que lo sencillo es "verdadero", y lo en apariencia difícil se torna "extravagante", es decir: "que se hace o dice fuera del orden o común modo de obrar" (si acudimos al diccionario). A alimentar el lugar común colabora buena parte de los reseñistas: por una confesada flojera profesional se dicen interesados por las obras inclasificables —que sin embargo los obligan a estudiar— pero sobre todo celebran como refrescantes los escritos anecdóticos, ligeros, periodísticos... Los autores se han visto igualmente entrampados en esta doble vía entre lo pensado y lo impensado, y ahora sueñan con escribir "best-sellers cultos", que es como querer invadir un campo militar para convertir en pacifistas a los soldados. Llamar "difíciles" a los libros de Esther Seligson es, por tanto, volverse cómplice de ese gusto por la medianía. José María Espinasa, en el prólogo a Tríptico (1993), apunta: "Por eso [la de Esther Seligson] es una literatura difícil, porque pide ser leída con las mismas exigencias con que fue escrita".

Para seguir leyendo, ir al enlace: aquí.

Dos últimos días de Iluminaciones en el DF, sábado 20 y domingo 21 a la 1 pm en el Teatro El Milagro


jueves, febrero 18, 2010

Queremos tanto a Esther


Se han organizado tres homenajes para recordar a nuestra querida Esther Seligson, los tres en la ciudad de México:

Sábado 20, 19:00 horas
Ex-presentación de Cicatrices, su último libro (publicado por Páramo), convertida en homenaje
Participan: Antonio Crestani, Julieta Egurrola y Saúl Káminer
Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería
Auditorio Dos

Domingo 21, 12:00 horas
Toda la luz... Esther Seligson, in memoriam
Lectura: Laura Almela. Concierto de violonchelo: Jimena Jiménez Cacho
Sala Manuel M. Ponce. Palacio de Bellas Artes

Lunes 22, 18:00 horas
Homenaje a Esther Seligson
Centro Universitario de Teatro, UNAM
Foro del CUT

miércoles, febrero 17, 2010

No lo que pasa, lo que permanece: La sonrisa de Esther

El texto que sigue fue publicado en el suplemento Laberinto del periódico Milenio el sábado pasado, acompañando el fragmento final del libro inédito de memorias Todo aquí es polvo, de Esther Seligson.


En dos horas saldré rumbo al Panteón Israelita. Desde el lunes, incluso antes de recibir la invitación por celular, empecé a escribir estas cuartillas, en mi mente. Pero a la hora del teclado, una y otra vez he venido sintiendo que no es esto lo que quiero, debería, podría decir de Esther. O que todo será poco. Escribí un párrafo:
Una escritora (1941-2010) muere. Hablamos luego entonces de su vida: viajes, lecturas, hijos, alumnos, amoríos y pasiones (la mitología, el teatro, las gemas, el tarot, la astrología, uf: las religiones comparadas, la acupuntura, y siempre el viaje, y en el centro de todo la escritura). ¿Cómo? ¿Disminuirlo todo a un puñado de cuartillas? ¿Rebajar la vida a sólo un orden de palabras? ¿Y qué importancia tiene la vida de un escritor que ya no vive acá? Quiero decir: ¿qué le dirá a quien no la conoció y tal vez tampoco siquiera la ha leído? ¿Para qué un testimonio de amistad y mentorazgo, si lo que hace que los críticos hablen de ella no es la amistad ni el mentorazgo ante pocas o muchas generaciones: sino su escritura?
Hasta ahí el comienzo. Luego venía este párrafo, el elogio que al todavíanolector de sus libros le parecerá sospechoso, exagerado:
Sin embargo, cómo hablar de sus libros. Así, tan de repente. Decir que Esther Seligson es una estilista mayor de la prosa en lengua castellana. Que su obra narrativa un día será puesta al lado de las páginas de Virginia Woolf o Yourcenar o la Lispector. O afirmar que La morada en el tiempo es una de las proezas secretas que ha parido la novela en Hispanoamérica: todo esto, ¿qué? Basta leer cualquier relato de Toda la luz para percatarse: ahí la lengua española entrega capa tras capa de tensión y hondura intimista, una expresividad profunda, cargada de matices y resonancias que va desbordándose hasta obligarnos a ese detenerse que se traduce en: Nadie escribe así. Regresemos, leamos de nueva cuenta este párrafo, esta página, este libro, y los sentidos se concentran al máximo gracias a una escritura ficcional que convoca los sueños, el mito, la emoción, la memoria. No sólo los hechos, no sólo el narrar un incidente tras otro, si no lo que viene después en la sensibilidad del personaje, lo que se suma, a la manera de un eco paciente, en su psique: no lo que sucede (no lo que pasa), sino lo que permanece.
Pero (me dije): no hablar de sus libros, no ahora.
Hablar de su generosidad. Que era impaciente y arbitraria, sí. Que era iconoclasta, detodocriticona, también. Pero era una persona cálida, valiente y sobre todo generosa hasta la ingenuidad. Conocí a Esther Seligson en julio de 2005, cuando entré a trabajar en el Fondo de Cultura Económica como editor de literatura. Era su viaje anual a México, vivía en Jerusalem. Al año siguiente, en junio de 2006, fue a la editorial, hablamos.
—¿Y es bueno el libro?
—Ajá —le dije.
—¿Tienes una copia? ¿Me pasas una copia?
El autor de ese manuscrito era becario en la Fundación para las Letras Mexicanas, donde ella esas breves semanas daba un curso sobre Los versos satánicos. Esther había apenas visto dos o tres veces en clase al joven autor. Yo no entendía: ¿quería leer su libro? ¿Una escritora de su talla, interesada por ver cómo escriben los nuevos, los desconocidos y jóvenes? Cool. E inusitado.
—Si me gusta, te escribo una notita apoyando que lo publiquen, como dictamen. Si no me gusta, nadie sabe, nadie supo.
Le di el libro. Era miércoles. El lunes me habló:
—Pues es bueno, ¿eh? Salvo algunas cositas que, si me autorizas, le sugeriré que corrija. ¿Puedo decirle?
Me mandó un texto de una cuartilla hablando favorablemente de La noche caníbal. Este súbito aval, tan generoso y enfático, del libro de un muy joven escritor, Luis Jorge Boone, sirvió de mucho (de todo) a la hora de los comités editoriales.
Ésa, entre muchas, sería una estampa de su generosidad. Yo le debo interminables horas de conversación, por teléfono o en persona, cara a cara o en grupo, en su departamento de la calle Liverpool —donde siempre en sus tertulias nos ofrecía té, café turco, galletitas, dulces, chocolates—, en algún restaurante de la colonia Juárez o la zona rosa. Cada charla con ella era poco menos que una cátedra. Su capacidad para establecer relaciones luminosas entre distintos temas, su gran curiosidad intelectual, su genuino interés por vérselas frente a un interlocutor, no sólo ante un alumno, hacían de sus palabras un hilo continuo de revelaciones y sugerencias. Me regaló libro tras libro, así, liberalmente. Tuvo la liviandad de nombrarme su “agente literario”, de tolerarme como editor de su última obra publicada. Sobre todo, le debo un conocimiento trascendente del que apenas empiezo a tener noción: hizo mi carta astral y descubrió un Mercurio inaspectado en la casa de Escorpión, a algunos grados de un Júpiter igualmente encerrado, aunque él a disgusto, en esa profundidades, a partir de lo cual dieron inicio las informales lecciones de astrología. Es decir, me adoptó como “aprendiz de brujo”. Pues para ella, como para Steiner, una vida no examinada no valía la pena ser vivida: de ahí su introspección permanente, como la astrología moderna, con su enfoque en la psicología traspersonal, fomenta, exige. ¿Y para qué la introspección? Ella tenía la confianza de que la vida, por lo menos la propia, puede ser cambiada, y sólo así puede vivírsela más intensamente. Como ella lo hizo. Se fue serena, en paz. Gina Ogarrio estaba a su izquierda, yo le tenía tomada la mano derecha; cuando sobrevino el paro, su mano se tensó, luego la fue levantando, como extendiéndosela a la Diosa Madre, y después la posó sobre su pecho.
Pero (y no habría de disculparme por cifrar esta emoción) si algo recordaré de ella es su sonrisa. La sonrisa pícara de niña de ocho años cuando se sentaba en el suelo a jugar con mi hija Andrea, de ocho años. O la sonrisa burlona de cuando, hasta la semana pasada, me ponía agujas (era también médico acupunturista) en el pie esguinzado, burlándose de mis muecas de supuesto dolor. La sonrisa de Esther. La sonrisa.

Geney Beltrán Félix

martes, febrero 16, 2010

Descarada promoción de sí mismo

En la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (Tacuba 5, Centro Histórico, México, D.F.), mi libro de ensayos El sueño no es un refugio sino un arma se encontrará a la venta en la sección 5 (planta baja), correspondiente a la UNAM: stands 501-539.

Mi libro de cuentos Habla de lo que sabes se podrá conseguir en la sección 15, stand 1546, de Editorial Jus, y en el stand 1516-1517, del Forca-Noroeste (planta alta).

El sábado 20, a las 4:00 pm, estaré como moderador en la mesa redonda Jóvenes narradores del noroeste, II, organizada por el Forca-Noroeste, y en que participarán Nylsa Martínez (Baja California), Agustín Galván (Sinaloa) e Imanol Caneyada (Sonora). La actividad será en el Salón Rafael Ximeno y Planes.

Páramo en Minería


Mañana empieza la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en la ciudad de México. Los libros de Páramo se podrán adquirir a precios desvergonzadamente bajos en el stand 1300, que compartimos con Textofilia y Quimera. El stand se halla en la planta baja, muy cerca de la sección del FCE.
Queremos tanto a Esther
El sábado 20, a las 7:00 pm, presentaremos Cicatrices, el último libro publicado en vida por Esther Seligson. Más que un comentario del libro, la presentación será una oportunidad para despedir a nuestra querida maestra, amiga y escritora. Habrá recuento de vivencias y lectura de fragmentos de su obra. Participan Antonio Crestani, Julieta Egurrola y Saúl Káminer. Modera elgeney. La actividad será en el Auditorio Dos.
Editores de alto riesgo
El viernes 19, a las 6:00 pm, participaré en la mesa redonda Editores de alto riesgo, con Alfredo Núñez-Lanz (Textofilia) y Sergio Téllez-Pon (Quimera). Modera Ricardo Sánchez Riancho. El acto será en el Salón de la Academia de Ingeniería.
Precios desvergonzadamente bajos
Mientras dure la feria, los libros de Páramo estarán a la venta a precios como no los encontrarás en ninguna otra parte. Un libro a 80 pesos; 2 libros a 150 pesos; 3 libros a 200 pesos. ¡No hay pierde!

lunes, febrero 15, 2010

Sobre Cicatrices

Aparece hoy en el periódico Milenio el texto crítico «El insominio de la memoria», de Mary Carmen Sánchez Ambriz sobre el libro Cicatrices, de Esther Seligson.
Lo traslado acá:

Se trata del último libro que Esther Seligson (Ciudad de México, 1941-2010) vio publicado. Lo comenzó a escribir en el 2000, sin premura fue seleccionando relatos y ensayos que a ella le agradaba denominar simplemente “textos”. Prefería que su prosa no fuera etiquetada con epítetos y clichés vacuos.
Hay que recordar que su obra estaba dispersa y un tanto olvidada en Ediciones Sin Nombre (por lo difícil que resulta distribuir en México los libros de editoriales independientes) hasta que en 2005 el Fondo de Cultura Económica editó la antología de ensayos A campo traviesa, y al año siguiente, Toda la luz, donde recopila varios libros de cuentos y reflexiones. Mucho del camino andado en Toda la luz se halla en estas Cicatrices: la fuerza de una escritura que convoca rigor y erudición, que hurga con pericia en lo onírico y perturbador que puede tener la vida misma, que pone el dedo en la llaga, en los fracasos del ser humano.
El primer relato, “Cuerpos a la deriva”, es un claro homenaje a Marguerite Yourcenar, texto notable al igual que el autobiográfico “Ella, mi madre”. El recurso de la reflexión breve queda acentuado en la segunda parte del libro; aquí se palpa la tendencia de la autora hacia lo fragmenTario y se percibe como devota de Cioran. Porque la literatura de Seligson abarca precisamente vigilias, epitafios, espejismos, fisuras, conjunto de cicatrices que ella define como “concierto de voces insepultas en el insomnio de la memoria”.
Esther Seligson falleció hace una semana. Se sabe que con su agente literario y amigo, Geney Beltrán Félix, dejó una obra inédita (se desconoce si Páramo Ediciones o el FCE la publicarán). Mientras eso ocurre, el lector podrá tener un valioso compendio narrativo que procede de la mejor estirpe literaria.
Seligson probó sin advertirlo las aguas del Leteo que, según cuenta Homero, curan de la razón y del dolor a quien se atreve a beberlas.

Esther Seligson en Laberinto


El sábado pasado se publicó en el suplemento Laberinto, del periódico Milenio, un fragmento del libro inédito de memorias Todo aquí es polvo, de Esther Seligson (un libro emotivo, entrañable sobre sus padres, infancia, hijos, amores y viajes que ojalá pronto vea la luz), además un breve texto mío recordando su generosidad: aquí el enlace.

viernes, febrero 12, 2010

Esther Seligson, por José Ramón Enríquez

Aquí traslado el texto de José Ramón Enríquez sobre nuestra llorada Esther Seligson, pubicado en el periódico Reforma:

Era difícil Esther Seligson. Entrañable pero difícil. Estaba tan acostumbrada a la ignorancia de los jóvenes cuanto dispuesta a vencerla con su palabra, pero no soportaba la necedad ni esa petulancia de quien se siente exento de obligaciones en el terreno de la cultura. Su poesía, sus ensayos, su conversación toda exigían atención e inteligencia. Si para Cioran "un libro debe ser un peligro", para Esther traducir al pensador rumano fue una aventura espiritual de tiempo completo.
Sus investigaciones sobre la Kabbalah no eran el escarceo de una diletante sino la entrega profunda de quien busca la Totalidad. Puedo afirmar sin miedo a equivocarme que Esther Seligson era una mística con todo lo que la palabra misticismo supone y exige. Hablé con ella suficientemente de Dios como para saberlo y viví cerca de ella momentos de dolor tan profundo y reacción tan genuina como para testificarlo. Alejada de las ortodoxias que se vuelven totalitarias e hipócritas, sabía de la fe y vivía rostro a rostro con la misma Presencia en la que ahora se encuentra idéntica y sonriente.
Nos entendíamos bien desde mi fe y la suya. La honestidad y la apuesta por vivir lo que la Vida tiene de inefable superan cualquier frontera teológica, y demuestran que la teoría no es más que la expresión en el lenguaje de una experiencia que lo trasciende todo.
Pícara, carnal, táctil y dulce, para ella el ser humano precisaba del abrazo de un otro, y mucho de la catástrofe que vivimos, individual y colectivamente, se debe a esa carencia de una otredad que nos dé su ternura.
No soportaba la prostitución en el arte, sobre todo en el teatro, que era su pasión, y no perdonaba la superficialidad que llena los escenarios. En El teatro, festín efímero, al ir formulando preguntas fue enumerando los linderos múltiples del teatro para después definirlo:
"El teatro es ¿eterna búsqueda del misterio de la condición humana?, ¿incansable enfrentar los designios de los dioses?, ¿confrontación de modelos culturales y sociales para romper con ellos, perpetuarlos, rescatarlos?, ¿espejo de una identidad, ¿expresión de los dominios invisibles del hombre? Como la de la vida, la esencia del teatro es inapresable, un camino siempre virgen, un encuentro siempre terrible y salvaje con lo divino, porque divino es todo acto creador".
Es decir, Esther veía en el teatro un camino para la santidad y así lo explicaba al hablar de Grotowski: "Se trata de una santidad laica, así como de un teatro que tiende a la sacralidad sin ser necesariamente religioso". Por eso del actor esperaba tanto y por eso fue fundadora y maestra apasionada del Centro Universitario de Teatro de la UNAM. También por eso los chavos del CUT están desolados. Han perdido a quien creía en ellos y les exigía:
"El actor 'santo' no se entrega al mejor postor; no se exhibe, no es autocomplaciente ni narcisista, no acumula trucos ni recetas para actuar, sino que trata de eliminar los obstáculos que su cuerpo opone al desarrollo y a la manifestación de su vida interior, de sus procesos psíquicos; no se conforma con la maestría adquirida sino que está siempre dispuesto a ir tras nuevas posibilidades, a empezar".
Entiendo la desolación de quienes se han quedado sin ella, pero no la comparto. Al igual que cuando hablamos sobre Adrián me dijo, sin retórica, que los dos sabíamos que él no se había ido, y tenía razón, así puedo yo decir a mis posibles lectores, sin retórica alguna, que Esther no se ha ido, y tengo razón.

lunes, febrero 08, 2010

Esther

Esther Seligson murió hoy, al mediodía, en su departamento de la colonia Juárez, en la ciudad de México, a la edad de 68 años. El entierro será en el Panteón Israelita, en la colonia San Miguel Chapultepec, este miércoles a las 12 del día.

miércoles, febrero 03, 2010

Sobre Jaspreet Singh

La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, en su número de febrero, publica el texto crítico de Gabriela Conde sobre el libro de relatos Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira, de Jaspreet Singh, publicado por Páramo Ediciones. Aquí el enlace: ir a la página 32.