Bitácora de Geney Beltrán [χe’nɛi bel’tɾan], escritor mexicano (Tamazula, Durango, 1976).
miércoles, noviembre 11, 2009
lunes, noviembre 09, 2009
Los perseguidos en La Nave
Mientras él proseguía en su contemplación, me quedé pensando en el interés de Moreno Flores por el destino de Porfirio. ¿Qué indicaciones eran ésas? Creo recordar que me dije: «No entiendo». Me sentí estremecido, feliz. Porfirio se sentó a mi lado y me habló: pasó su brazo de púber por mi espalda y acurrucó su cabeza, tan menuda, sobre mis piernas. Su largo cabello rubio, su melena me hacía sentir dichoso. Me llegó el significado de este regocijo. Sin temer otras retaliaciones, descubrí la manera de arrancarlo de la turbia arena en que boqueaba. Como si me rebelase ante otra voz, me decidí a borrarle el miedo.
miércoles, noviembre 04, 2009
Habla de lo que sabes
Aquí dejo el texto de contraportada:
Habla de lo que sabes se titula el esperado primer libro de narrativa de Beltrán Félix, uno de los más brillantes ensayistas mexicanos de la nueva generación. Estas historias escarban de forma perturbadora en los conflictos de la paternidad, la vejez, las frustraciones de la juventud, la creación artística y el desamor, en el marco de una Ciudad que insiste en revelarse como un agresivo espejismo. Con un estilo dotado de visceralidad y fuerza, el autor desarrolla una incisiva introspección dramática de la rabia, el miedo y el delirio, ejes de la violencia interior de nuestros días. En un tiempo de narrativas complacientes, Habla de lo que sabes se manifiesta como un desafío vehemente de la imaginación en resistencia: una ficción que se exige ser la expresión profunda de su época.
Hondonada
El nuevo número, y cuarto, de la revista los perros del alba, editada por Anuar Jalife y David Ortiz Celestino, incluye, entre muchos otros materiales de mayor interés, mi relato «Hondonada». Aquí, unas líneas:Doblaba calle tras calle y los peatones que le salían al paso se deslizaban con la mirada reconcentrada o el gesto huraño, llenos de prisa o reconcomio, de modo que nunca se animó a pedirle a nadie que lo orientara en su búsqueda de Hondonada. Aquí y allá se fue encontrando algunos perros, además de automóviles estacionados, puertas y rejas inmutables. Por un momento, creyó ver cómo una silueta gorda —¡Montivont es gordo!— se escabullía en una esquina. Corrió para alcanzarlo pero le nació un dolor en el costado. Era el café, supuso. Cortó sus pasos, respiró mientras arqueaba el cuerpo; se sentó en el borde de la banqueta. No le gustaba nada todo esto. Se levantó. ¿Había pagado el café?, se dijo entonces, al tiempo que se daba una palmada en la frente. ¡Qué vergüenza! ¡Qué habrá pensado esa muchacha! Sacó la cartera, vio sus billetes. Tengo que regresar y.
Pronto olvidó eso también.
martes, noviembre 03, 2009
La insuficiencia de quien delira
La revista Letras Libres de este mes publica un mi texto crítico sobre la novela Los puentes de Königsberg de David Toscana. Aquí dos párrafos del texto:En su ir y venir entre distintos planos narrativos, Los puentes de Königsberg dejaría ver que el desquiciamiento (ese escapismo que finge una realización ritual) esconde una verdad novelística. Ésta consistiría en lo siguiente: la realidad decepciona; la ficción entusiasma porque, aunque inútil para reparar los desaguisados de aquella, al hacer patente la naturaleza reiterable de todo hecho, termina por hacer factible la identidad de tiempos y lugares. No es sólo un juego lingüístico: Königsberg (temporal, insuficientemente) es Monterrey.
Un tema de Toscana es la violencia sexual: en la extraordinaria Duelo por Miguel Pruneda (2002) y en El último lector (2005), sus personajes se inmiscuyen en una elucubración, entre morbosa y compasiva, sobre el destino de niñas desaparecidas y muertas. En esta nueva obra, Floro y Blasco fabulan sobre el secuestro de seis chicas adolescentes, forzadas para el quizá deleite de políticos pedófilos, mientras un alumno y su maestra ven las calles y puentes de la ciudad alemana usurpar el trazado urbano de la capital norteña. En otra manifestación de la sensibilidad catastrofista de nuestro tiempo, esta Königsberg americana sufre la destrucción europea de 1945, y lo que sigue: “La guerra ha terminado... Nadie diga que escuchó un grito de mujer. Dejen que ellas paguen la derrota de sus hombres”. Este desborde igualitario de la violencia en Prusia y Nuevo León admite entonces una lectura de índole moral. Es ésta: los lugares y hechos pueden repetirse; las personas no.
miércoles, octubre 28, 2009
lunes, octubre 26, 2009
Cicatrices, el gran regreso de Esther Seligson a la ficción

Páramo Ediciones despierta de tan difíciles circunstancias recientemente, publicando Cicatrices, el nuevo libro de relatos de la extraordinaria escritora Esther Seligson. Aquí va el texto de la contraportada:
Es una autora de culto poseedora de una voz de plurales registros: ha recorrido las páginas de la novela, el cuento, el ensayo, la poesía, la crítica teatral y la traducción. Mediante la reescritura introspectiva del mito y la historia antigua y el trazo memorioso de las ciudades íntimas, ha hecho de su personalísima escritura un despliegue de exigencia formal y profunda sabiduría vital. Desde su primer libro, publicado en 1969, ha distinguido su prosa narrativa con una rica y matizada exploración de lo sensorial, lo onírico, lo emotivo: el envés de la existencia diaria, la huella secreta de los hechos.
Es una estilista mayor de la prosa en lengua española. Con Cicatrices, su nuevo libro de relatos, nos hallamos ante un mosaico gozoso e inquietante de sus voces, temas e intuiciones. He aquí, luego de casi una década, el gran regreso de Esther Seligson a la ficción.

(Fotografía de la autora: Rogelio Cuéllar, por supuesto.)
Sánchez Prado y «El síndrome de Golo»

Aquí dejo un párrafo del texto de Sánchez Prado:
"El matrimonio entre cosmopolitismo e institucionalización resultó en la nefasta emergencia de una cámara de ecos que permite a sectores amplios de la literatura mexicana la producción y validación de una escritura excesivamente autorreflexiva que se regodea en su desconexión con el mundo. Por eso la poesía mexicana está llena de metalingüísticas, y la narrativa mexicana llena de novelas y cuentos que portan su desconexión de la realidad como un estandarte. Habitamos una literatura que, en nombre de un cosmopolitismo devenido fundamentalista y una noción miope de literatura-en-sí-misma-y-por-sí-misma, empezó desdeñando el nacionalismo y acabó por renegar de cualquier dejo o rastro del mundo en su estética."
viernes, octubre 23, 2009
Una buena y una mala
Pues la UNAM, mi alma máter, me tenía dos noticias ayer: una buena y una mala. La primera que me dieron fue la segunda (pero aquí no la comentaré, ya se dará en otra ocasión el espacio para la diatriba y la quejumbre). Pasemos entonces a la buena, y es que salió un texto crítico sobre mi libro de ensayos El sueño no es un refugio sino un arma en el número de esta semana de la Gaceta de la Universidad: el autor es Christian Gómez, quien ha incluido ese texto también en el blog En el fastigio.
miércoles, octubre 21, 2009
martes, octubre 20, 2009
Tierra Adentro, 160
Ignacio M. Sánchez Prado sobre las novelas de Alberto Chimal (Almadía) y Tryno Maldonado (Anagrama);
Silvia A. Peláez sobre las obras teatrales de Luis Santillán, Édgar Chías y Claudia Ríos (Ediciones El Milagro);
Erick Vázquez sobre un tomo de ensayos de Guy Davenport (Libros Magenta);
René López Villamar sobre Vacío perfecto de Stanislaw Lem (Impedimenta);
Jezreel Salazar sobre Irregular de Ingrid Hernández (Tierra Adentro-Cecut);
Jorge Solís Arenazas sobre Humo de incendios lejanos de Eduardo Chirinos (Aldus-UANL).

En la Estantería vienen notas críticas sobre:
Teatro completo de Carlos Olmos (FCE), por Richard Viqueira;
Fiorenza de Thomas Mann (Sexto Piso-Conaculta), por Montserrat Varela;
Rashid 9/11 de Jaime Chabaud (El Milagro-UANL-Conarte), por Hugo Alfredo Hinojosa;
Un drama de caza de Anton Chejov (UV), por Atahualpa Espinosa;
Yo te conozco de Héctor Manjarrez (Era-UNAM, Dirección de Literatura), por Irad Nieto;
Descripción de un brillo azul cobalto de Jorge Esquinca (Pre-Textos), de José Luis Bobadilla;
Pitecántropo de Julio Trujillo (Almadía), por Sergio Loo, y
Los privilegios del olvido de Piedad Bonnett (FCE) por Nadia Escalante-Andrade.
lunes, octubre 12, 2009
lunes, octubre 05, 2009
Tercera mesa, entrada libre
Hinojosa en la blogósfera
Hugo Alfredo Hinojosa (1977), el dramaturgo autor de los volúmenes Desiertos (2007) y Siglo (2008) y quien recientemente obtuvo el Premio Mancebo del Castillo, ha decidido pasar al lado oscuro y por fin ha abierto un blog. Aquí la dirección.
miércoles, septiembre 30, 2009
Link autopromoviente
Una nota sobre mi libro El sueño no es un refugio sino un arma en el periódico La Jornada del domingo pasado: aquí.
lunes, septiembre 21, 2009
Centenarios, ¿qué celebramos?
El ciclo de mesas de reflexión Centenarios, ¿qué celebramos?, empezará este miércoles 23 a las 20:30 horas con la participación de tres escritores: Silvia Molina, José María Pérez Gay y Juan Villoro. Las mesas continuarán durante cinco semanas, cada miércoles: 30 de septiembre (gestión cultural), 7 (periodismo y cultura), 14 (historia y literatura), 21 (artes) y 28 de octubre (política). El ciclo se realizará en las instalaciones de Ediciones El Milagro, en Milán 24, colonia Juárez. Ahí nos vemos.
La lengua de los muertos
La lengua de los muertos, dirigida por su autor, corre temporada en el Teatro El Milagro de la ciudad de México (Milán 24, entre Lucerna y General Prim, colonia Juárez), los jueves y viernes a las 9:00 de la noche, los sábados a las 7:00 y los domingos a las 6:00. Actúan Rodolfo Guerrero, Humberto Solórzano y Gerardo Taracena.
martes, septiembre 08, 2009
Malasuerte en Tijuana
Hilario Peña (Mazatlán, 1979) acaba de publicar en Mondadori su nueva novela, Malasuerte en Tijuana, un divertidísimo recorrido picaresco y policial por el noroeste del país, hasta terminar, por supuesto, en la ciudad que aparece en el título. Tengo entendido que mañana miércoles, a las 7 de la noche, en el Centro de Lectura Condesa de la ciudad de México, presentaremos la novela Eduardo Antonio Parra, Hilario y elgeney. Allá nos vemos.
lunes, septiembre 07, 2009
Sara antes del fuego
miércoles, agosto 26, 2009
El sueño no es un refugio sino un arma
jueves, agosto 20, 2009
En el CEPE
martes, agosto 18, 2009
Perdonados en el aire
lunes, agosto 17, 2009
Tierra Adentro, 159

El dossier "Literatura, ¿para qué?" reúne textos de Gabriela Torres Olivares, Miguel Tapia Alcaraz, Paola Velasco y Yuri Herrera. Y para cerrar, la sección de crítica, Fraguas, con nuevos e interesantes cambios: textos críticos de
* Christopher Domínguez Michael sobre Los niños de paja, de Bernardo Esquinca;
* Romeo Tello A. sobre El rey siempre está por encima del pueblo, de Daniel Alarcón;
* José Luis Bobadilla sobre ¿Qué edad cumple la luz esta mañana?, de Orlando González Esteva;
* Enrique Padilla sobre Contra los poetas, de Witold Gombrowicz;
* Vidal Medina sobre Ñaque, de José Sanchis Sinisterra;
* Mauricio Salvador sobre La voz del espejo, de Fabienne Bradu y
* Pablo Martínez Lozada sobre Alcina, de Handel.
Además, notas críticas de:
* Sergio Loo sobre Poesía completa de Héctor Viel Temperley y Tríptico del desierto, de Javier Sicilia;
* Mijail Lamas sobre Reliquia, de Pura López Colomé;
* Nadia Villafuerte sobre El volcán, el mezcal, los comisarios, de Malcolm Lowry;
* Atahualpa Espinosa sobre La boca pobre, de Flann O'Brien y El cuerpo de Giulia-no, de Jorge Eduardo Eielson; y
* Carmen Cordero sobre La poesía del universo, de Robert Osserman.
viernes, agosto 14, 2009
Mariana
jueves, agosto 06, 2009
Amaranta está que no cree en nadie, ¡qué buenaza es!
miércoles, agosto 05, 2009
miércoles, julio 29, 2009
Felicidades al dramaturgo

Hugo Alfredo Hinojosa acaba de obtener el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2009 por su obra Calypso. Hinojosa ha publicado los volúmenes de teatro Desiertos (Tierra Adentro, 2007) y Siglo (El Milagro, 2008). Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas. Actualmente se escenifica en Querétaro su obra Iluminaciones [0], dirigida por Alonso Barrera. Calypso se publicará en el volumen Teatro de la Gruta IX, editado por Tierra Adentro, y será escenificada en el Centro Cultural Helénico.
martes, julio 28, 2009
miércoles, julio 22, 2009
Este lapso de vanidad galopante terminará muy pronto
martes, julio 14, 2009
La Palanca, 12

—¡Verga! —grita el conductor. Es un hombre de cincuenta años, calvo, robusto y de cara grande—. ¡Qué fue eso!
—¡Maneje! Tengo prisa...
El taxista duda. Tiene la mano en la llave a punto de encender el motor, gente corre hacia las salas del aeropuerto —la voz en el asiento sin embargo insiste:
—¡Vamos, caramba! Algún percance de mierda. Conduzca...
El hombre pone en marcha la máquina. El escritor cierra los ojos. Las arrugas se le forman en el rostro como grietas de arena (arroyos secos). Tiene 53 años. Una hija de 28. Y ahora congoja: un animal muerto en la laringe.
Toman Bulevar Puerto Aéreo. El taxista prende el radio y las noticias llegan como en un acoso de libélulas incendiándole el oído.
—¡De no creerse! El vuelo México-Londres, de British Airways, explotó antes de siquiera despegar del Aeropuerto de la Ciudad...
El estallido: quemazón ahora en el estómago.
lunes, junio 29, 2009
En contra de
Por fin llega a mis manos el más reciente número de la revista Literal, de Culiacán, dedicado al tema Escritores en la red. El número incluye mi ensayo «En contra de las sirenas», sobre el ejercicio bloguístico, texto que por cierto forma parte de mi libro El sueño no es un refugio sino un arma, de inminente (eso creo) publicación.
martes, junio 23, 2009
Elgeney en el panteón


lunes, junio 15, 2009
158

lunes, junio 08, 2009
La era del miedo

En el inicio de su trayectoria, leemos a un narrador adolescentemente proclive a los malabares formales y la prodigalidad léxica antes que a la precisión prosística y la justeza estructural. Los personajes, de una vida interior dominada por los sentimientos, son un pretexto para la ilustración detallista de la era nueva: la década de los sesenta, la liberación de los cuerpos. En su primer libro, Acto propiciatorio (1970), las intuiciones de la sensibilidad de Gonzalo, protagonista del relato “Dulcinea”, se ven relegadas por un devaneo, más de aprendiz aturdido que de suelto prestidigitador, por varios modos del narrar que no se consolidan en tanto posibilidad estructural acorde a su temática (devaneo sentimental que dé pie a devaneo técnico), ni dejan al personaje emerger como paradigma. En más de una página de No todos los hombres son románticos (1983) veo un desenvolvimiento parecido de redundancia técnica no supeditada a una lógica dramática siempre pertinente (citaría como ejemplo el relato de título “Amor”). Es en Ya casi no tengo rostro (1993), uno de los mayores logros de su escritura, en el que la deriva testimonial de Manjarrez encuentra su molde sublimado, casi diríase de presteza alquímica: los ires y venires del nuevo “hombre sentimental” (mexicanos en el extranjero y en México, distintas edades del cuerpo y sus emociones) hallan una expresión maestra, condensada y tensa, que da pie a realidades internas de sofocante fuerza dramática (“Fin del mundo”, sobre el purgatorio sin redención de la relación de pareja con el trasfondo de una playa en Nayarit, pertenece a la mejor cosecha del autor).
Ese Manjarrez maduro persiste en su tercera novela, El otro amor de su vida (1999), no sólo su libro más gozoso y de un humor de los más inteligentes de nuestra literatura, sino la obra que le permite afianzar la pertinencia de un narrador: esa voz en primeratercera persona, irónica y perspicaz, que retrata y discute el interior de sus personajes, sobre todo de la protagonista, paradigma de la mujer liberada de los noventa: contradictoria, arrebatada, procaz. Ni Lapsus (1971), fallido experimento de quien mastica pero no digiere los alardes técnicos de la vanguardia narrativa en el último medio siglo, ni Pasaban en silencio nuestros dioses (1987), íntima epopeya del fin de la varia libertad del cuerpo del artista —sus dos primeras novelas—, logran trascender con decisión el testimonio: la filiación del lector con el personaje depende más de un interés previo en la época antes que de un arrobamiento contundente merced a las dotes de un creador de realidades (el velorio de José Revueltas con que cierra Pasaban en silencio no termina de expresar irrevocablemente, para quienes no vivimos el desangelado fin de fiesta que fue en el plano simbólico el año 1976, esa atmósfera de término de toda una juventud). Es Manjarrez ahí más cronista que demiurgo. Y es ese dubitar entre el testimonio y la creación, resuelta con adultez, insisto, en El otro amor de su vida, la disyuntiva que, luego de dos meritorias nouvelles, se observa de entrada en Yo te conozco.
Ignoro si toda novela sustentada en la recuperación de la memoria ha de ser escrita pensando en, como posibles lectores, los coetáneos. Reconstruir una época con los nombres de marcas comerciales, programas de radio o beisbolistas famosos sugiere una tentativa virada no a erigir de nuevo, en el tiempo nuestro de la lectura, esa época anterior, sino a reiterar en la mente de quienes la vivieron los recuerdos particulares que habrían de ser comunes, en tanto cápsulas atinadas aunque, también, privativas. Ese, para mí, es el punto en que Yo te conozco se renegaría en un primer momento a afirmarse en tanto novela de la memoria a secas. Sin embargo, esa limitación se ve al final vencida: el narrador ofrece ensayísticamente no el catálogo sino el escenario del México de los años 1950; su voz acude aquí y allá a la explicación divagante en torno de la música, la sociedad, la política. Lo que, sabremos pronto, se halla en función de los protagonistas infantiles: el estudio de sus cambios, su lógica interior.
El narrador de Yo te conozco es una de las respuestas robustas de la imaginación memoriosa a la pregunta sobre la infancia: cáustico y denunciante, equilibrado y sensible, con ligero donaire de la prosa, se ve menos humorístico y, a cambio, más vertical en el examen de una emoción que deviene pasión en los personajes: el miedo. Los dos niños se ven obligados a una precoz maduración a partir de que su padre los abandona y, en una sustitución genial, descubren la presencia de un extraterrestre en la cocina de su departamento. La segunda mitad de la novela muestra a un narrador puntilloso en la exploración del ánimo de los niños, dominados por “el miedo al miedo”: “ese cocodrilo que flota como leño por las arterias de la inevitabilidad de lo cotidiano, y que aprendemos todos a solas, sin tutor alguno, a controlar y ocultar mal que bien”.
En esta virtud se ancla el valor introspectivo de Yo te conozco: ese narrador de recurrentes intervenciones nunca es —sino todo lo contrario— un obstáculo para que, más allá de la enumeración datada de marcas y atletas, esa infancia y ese México de los cincuenta —la era del miedo— afirmen la emergencia de la memoria: crear el pasado en la ficción para enjuiciarlo; enjuiciar el pasado para impedir que la nostalgia disculpe esos ritos (la ausencia del padre, la discriminación de una sociedad) que la memoria, en un ejercicio de ética narrativa tan lúcida cuanto implacable, sigue sin aceptar.
jueves, junio 04, 2009
miércoles, junio 03, 2009
martes, junio 02, 2009
Perdonados por quién

lunes, junio 01, 2009
Pues ni modo
jueves, mayo 07, 2009
Aprendizaje

lunes, abril 06, 2009
En Tierra Adentro
El nuevo número (157, abril-mayo de 2009) de la revista Tierra Adentro incluye, entre otros materiales, un dossier, coordinado por Nadia Villafuerte, sobre Alfonso Reyes, que abre con un ensayo de Ignacio Sánchez Prado y prosigue con reescrituras y variaciones de «Palinodia del polvo» por autores del centro del país, como Eduardo Montagner, Isaí Moreno, Gabriel Wolfson, Carlos Antonio de la Sierra, Diego José y Enrique Padilla, joven e inteligente ensayista. También resulta de interés el dossier sobre Raymond Chandler y la novela policiaca, con ensayos de Iris García Cuevas y Vicente Alfonso, y relatos de Hilario Peña, de quien pronto se publica en Mondadori su segunda novela, Malasuerte en Tijuana, y Rodolfo J.M. y Gerardo Sifuentes. En resumen: otro número de Tierra Adentro que vale mucho la pena.
miércoles, abril 01, 2009
Reparo a la imaginación sin conocimiento

A continuación, un párrafo:
En libros lamentables como La balsa de piedra (1986), Ensayo sobre la lucidez (2004) y Las intermitencias de la muerte (2005), el novelista baja de la escena y la cede al panfletario que se orina sobre el cadáver de Swift y la tradición satírica de occidente, explotando una forma chata de la imaginación: un buen día, la península ibérica se desprende de los Pirineos y, vuelta isla en movimiento, se lanza al Atlántico; un buen día, la gente vota en blanco y pone en jaque a la corrupta democracia; un buen día, la Muerte deja de hacer su trabajo y la iglesia, el estado, las mafias caen en crisis. Así de fácil. Porque sí. A ver qué resulta: no para que, a diferencia de lo que sucede al leer a Imre Kertész, el lector se adentre en embarazosos temas morales (la geografía y la cultura como un doble fatal destino, el peso político y social del individuo, las relaciones entre mortalidad y poder), sino para que alcance el consuelo, merced a la burla común del resentido que se asume carente de cualquier fisura moral que pueda explicar también la inmoralidad ajena. Eso que los convenencieros llaman “la compasión con la que José Saramago observa las flaquezas humanas” (el delito es de un redactor de solapas), no es sino tibieza y aun demagogia, pues el individuo —cualquier lector— es aquí intocable: una víctima posible observada con complacencia, adulada por un narrador que dispensa Juicios Profundos y quien, a diferencia de lo que sucede en la obra de Kenzaburo Oé, nunca se aproxima al laberinto del personaje para hurgar en sus zonas turbias y exponer contradicciones que sugieran un vislumbre arduo de los conflictos.










