Bitácora de Geney Beltrán [χe’nɛi bel’tɾan], escritor mexicano (Tamazula, Durango, 1976).
miércoles, enero 20, 2016
La pérdida de los hijos
La poeta Karen Villeda ha escrito un texto crítico de mi novela Cualquier cadáver para la revista Nexos. El texto se puede leer aquí.
domingo, enero 10, 2016
Los rostros de la intemperie
Escribí un ensayo sobre la obra cuentística de Elena Poniatowska. Se publica hoy en el suplemento Confabulario, del periódico El Universal. El enlace está aquí mero.
lunes, diciembre 14, 2015
Sessant’anni di Pedro Páramo
Mi ensayo "No se puede contra lo que no se puede", sobre la obra de Juan Rulfo, acaba de ser traducido al italiano para el sitio Sotto il vulcano, de Edizioni Sur. Aquí está el enlace.
domingo, diciembre 13, 2015
El caos de adentro
Este martes 15 se le entregará la Medalla de Oro de Bellas Artes a la cuentista Amparo Dávila (Zacatecas, 1928). Escribí un ensayo sobre las aristas del terror psicológico que se encuentra en sus páginas. Este ensayo apareció hoy en el suplemento cultural Confabulario, del periódico El Universal. El enlace está aquí.
jueves, diciembre 03, 2015
Los días se tocaban con las puntas de los dedos
Escribí un ensayo sobre La semana de colores, el deslumbrante libro de debut de Elena Garro en la ficción breve, para la revista Este País. Tan sesudas reflexiones se pueden leer en este enlace.
domingo, noviembre 22, 2015
Sada, carrilludo
Daniel Sada, el gran autor mexicano, falleció el 18 de noviembre de 2011, hace, pues, cuatro años. Escribí un breve apunte sobre los atributos de su peculiar voz narrativa, a partir de una relectura de su cuentística, con especial interés en su extraordinario libro Registro de causantes (1992). El ensayo lo publica hoy el suplemento Confabulario, del periódico El Universal.
sábado, noviembre 14, 2015
La cuentista que vino de Eldorado
Acaban de cumplirse 50 años de la publicación de La señal, el primer y mejor libro de cuentos de la extraordinaria Inés Arredondo (1928-1989). Escribí un ensayo sobre algunos rasgos de su escritura. Apareció hoy en el suplemento El Cultural del periódico La Razón. Aquí está el enlace.
jueves, octubre 29, 2015
En Odessa, Texas
Estuve en la University of Texas-PB el martes pasado para dar una conferencia sobre narrativa mexicana y sus vínculos con la cultura estadounidense en los últimos 60 años: «The Third Generation of Americans Born in Mexico». Esta conferencia, patrocinada por el Odessa Council for the Arts and Humanities y organizada por el Departamento de Spanish y el doctor Antonio Moreno, fue en el auditorio de la J. Conrad Dunagan Library, muy cerca por cierto de bullentes pozos petrolíferos. Aquí en la foto de abajo se ve al moderador, el doctor Todd Richardson.
El corazón y el cuerpo están muy cerca
El domingo pasado, el suplemento Confabulario del periódico El Universal publicó mi ensayo «El corazón y el cuerpo están muy cerca», sobre la obra cuentística del autor mexicano Héctor Manjarrez, quien ayer cumplió 70 años de edad. El enlace está aquí.
viernes, octubre 23, 2015
Cualquier cadáver, elegido el mejor libro de narrativa publicado en México en 2014
Mi novela Cualquier cadáver, que apareció en abril de 2014, ha recibido hoy el Premio Bellas Artes Colima a la mejor obra de narrativa publicada en México el año pasado. Más información, aquí.
Para leer un fragmento de la novela, ir a este enlace.
Para ver cómo le ha ido a Cualquier cadáver con algunas voces críticas, hay que ir a esta página.
Algunas entrevistas en que hablé de esta novela se encuentran aquí, aquí también, por acá, en esta revista, aquí en video, acá también...
Para leer un fragmento de la novela, ir a este enlace.
Para ver cómo le ha ido a Cualquier cadáver con algunas voces críticas, hay que ir a esta página.
Algunas entrevistas en que hablé de esta novela se encuentran aquí, aquí también, por acá, en esta revista, aquí en video, acá también...
jueves, octubre 22, 2015
De viva voz o de puño y letra
El número octubre-noviembre de la revista Buensalvaje, en su edición mexicana, publica en su página 6 mi breve comentario de la novela De puño y letra (Cal y Arena), del talentoso escritor mexicano Luis Arturo Ramos, increíblemente poco valorado a pesar de su muy brillante trayectoria en el campo de la ficción.
De viva voz
Geney
Beltrán Félix
De puño y letra
se titula la última obra, aún inédita, de Orlando Pascacio, el más grande escritor
mexicano contemporáneo. Instalado en la cumbre del poder cultural, Pascacio
muere de un infarto. A los pocos días, el detective Bayardo Arizpe es
contratado por la viuda: el único mecanoescrito de De puño y letra está desaparecido y él debe encontrarlo. Esta es la
premisa de la nueva obra de Luis Arturo Ramos, que inicia como una novela
policial y se convierte en una inteligente reflexión sobre los vínculos de la
cultura y el poder.
Merced a un narrador omnisciente de pulso firme y
seguro, y con una prosa al mismo tiempo precisa y flexible, Ramos se concentra
en las pesquisas de Bayardo, quien así conoce y entrevista a los cercanos del
poeta. Uno de los retos es hacer creíble cómo, con el desarrollo tecnológico del siglo xxi y considerando la estatura literaria del autor, sólo
exista una copia de la obra inédita. La novela resuelve con agudeza el
anacronismo en las costumbres escriturales de Pascacio. El título del libro, De puño y letra, involucra una falsedad:
el poeta no escribe. Dicta. Su dictado es transcrito por su secretaria, amante
y confidente. La trama se desmenuza a partir de la muerte de esta mujer y la
desaparición de los casets que tienen la voz viva del autor con el contenido inalterado
de su obra.
El detective —quien es un poeta medio secreto y
traficante de libros antiguos— se mueve en la ciudad de México, entre la Zona
Rosa y la Colonia del Valle, entornos que la voz narrativa recupera vívidamente
sin apabullar con el dato cronístico. Por otro lado, la novela tiene la
sabiduría de no quedarse sólo en un ejercicio de sátira con el que ajustar
cuentas con la fauna literaria. Aunque algunos personajes son caricaturescos,
la novela nunca los pierde de vista como seres dominados por intereses,
rencores, frustraciones. Por esto la trama consigue aumentar el interés en el
devenir de los personajes.
Orlando Pascacio es una ausencia de permanente
relieve (cuando la novela empieza él ya ha muerto): no es una caricatura de
Octavio Paz sino un recurso para trazar con perspicacia un panorama sobre las
relaciones de la poesía con el poder. Una de las aristas más alarmantes de De puño y letra tiene que ver con las
presiones políticas que rigen la validación literaria: un gran escritor muerto
puede terminar elogiando, contra su voluntad, a poetas mediocres y ninguneando
a otros de valía. En un país como este el poder cultural es capaz de trastocar
el juicio crítico hasta de los mayores prohombres: ante tantas catástrofes
anunciadas en los periódicos, y ante un público desinteresado en la literatura,
alterar un manuscrito es un delito insignificante.
En una novela de corte clásico que siempre exhibe
vitalidad, Ramos desarrolla una estructura que se vuelve elocuente por lo que
apenas sugiere: las intrigas de los conspiradores. No se trata sólo de un ardid
de la ficción policial, sino de una forma narrativa que en sí comporta una
declaración política, desesperanzada: la actuación de estos “enemigos de la
literatura” siempre se quedan en las sombras, y sólo un detective imaginario
podría desenmascararlos.
Luis
Arturo Ramos, De puño y letra, Cal y
Arena, México, 2015.
domingo, septiembre 13, 2015
¿Qué vínculo podía haber entre la derrota del padre y el rencor del hijo?
El suplemento cultural Confabulario, del periódico El Universal, publicó el domingo pasado, día 6, mi texto «Rencor del hijo, derrota del padre», en su sección Ficciones. Este texto, una mezcla de ensayo y cuento, una ficción autobiográfica y ensayística, pues, forma parte del libro Crítica y rencor que acaba de publicar la editorial Cuadrivio.
domingo, agosto 16, 2015
Crítica y rencor
La Editorial Cuadrivio acaba de publicar el libro colectivo Crítica y rencor, en que se incluye mi texto «Rencor del hijo, derrota del padre».
martes, agosto 11, 2015
Caminos que se bifurcan
Acaba de aparecer el libro Caminos que se bifurcan. Es una antología realizada por Ernestina Yépiz, en que se incluyen textos narrativos de autores del noroeste de México. Está aquí mi cuento "Sara antes del fuego", de Habla de lo que sabes. El editor es el Instituto Sinaloense de Cultura.
jueves, julio 23, 2015
Visión de víscera
Este mes se publica en la revista Letras Libres mi texto crítico "Visión de víscera", sobre el libro Fierros bajo el agua, de Guillermo Arreola. El enlace, aquí.
domingo, julio 12, 2015
Ensayistas
Ayer sábado se publicó, en el suplemento El Cultural, de La Razón, un artículo de revisión sobre el ensayo mexicano en los últimos 15 años. El enlace está aquí.
martes, julio 07, 2015
CCXXVIII
Pocas cosas unen mejor y más rápidamente a personas desconocidas entre sí que el odio a alguien fácil de odiar.
domingo, julio 05, 2015
El viaje hacia la otredad
El suplemento Confabulario, del periódico El Universal, publicó hoy mi texto crítico sobre el primer tomo de las Obras completas de Francisco Tario. Se puede leer en este enlace.
domingo, junio 28, 2015
No se puede contra lo que no se puede
Publiqué en la revista Horizontal hace pocos días mi ensayo "No se puede contra lo que no se puede", sobre la narrativa de Juan Rulfo, por los 60 años de la publicación de Pedro Páramo. El enlace está aquí.
martes, junio 09, 2015
CCXXVII
Acaso la raíz de nuestra incomprensión y perplejidad ante la política se halla en el hecho de que para los políticos gobernar a un pueblo exige tenerle un irrevocable desprecio.
miércoles, abril 29, 2015
Ver criaturas y no cosas
La revista Letras Libres de abril publica mi ensayo «Ver criaturas y no cosas», sobre la ficción breve de Fabio Morábito. El enlace está aquí.
lunes, abril 20, 2015
Los hijos no existen
Una reflexión sobre las relaciones familiares en Cien años de soledad, ayer en el suplemento Confabulario: ir a este enlace.
domingo, abril 05, 2015
Los rivales en el inframundo
Escribí un comentario sobre el libro de cuentos El apocalipsis (todo incluido), de Juan Villoro, en el suplemento cultural Confabulario del periódico El Universal. El enlace está aquí.
domingo, marzo 15, 2015
Jesús Ramón Ibarra escribe sobre Cualquier cadáver
El poeta Jesús Ramón Ibarra ha escrito un texto crítico de mi novela Cualquier cadáver para la nueva revista Aldea 21. El enlace está aquí.
Cualquier cadáver
Jesús Ramón Ibarra
¿De qué manera salvaguardar el presente mexicano, ese territorio donde laten el cinismo del poder, la fiesta permanente del crimen, el pueblo ejerciendo su derecho histórico a la dejadez o a la ilusión colectiva encarnada en caudillos, políticos mendaces o mandatarios de catálogo? ¿No ha sido la literatura reciente mexicana el mejor bastión para que esa realidad se disuelva en las posibilidades de un lenguaje transgresivo, un lenguaje que busque sus asideros discursivos en los registros cotidianos, un lenguaje que dimensione la sonoridad de sus propias búsquedas? Imposible narrar el presente con elegancia, con una dimensión clásica de la escritura, con una lírica cuyo andamiaje sea la abstracción vacía. Se trata, como pide Imre Kertesz, de registrar los últimos estertores.
Hacia finales del sexenio pasado, bajo una gestión generosa del poeta Jorge Esquinca, salió a la luz el libro colectivo País de sangre y fuego, una colección de poemas cuyo tema central era la patria diezmada, la nación disgregada entre la versión oficial y los rastros de la sangre doméstica. Fue un meritorio ejercicio que impugnaba, a través de textos de diversa factura, la estrategia fallida de Felipe Calderón contra el crimen organizado. Sin embargo, la guerra de Calderón, extendida a lo largo y ancho del país, se concentraba en tres nociones distinguibles: el aparato gubernamental, con sus abusos de poder, sus usted disculpe y sus altos niveles de corrupción; los cárteles de la droga en México, sus disputas, la aniquilación del entorno a golpe de presunción y ejecuciones, sus múltiples caras: la extorsión, el comercio ilegal, el secuestro. La sociedad civil, agazapada, apocada, sierva de un hartazgo no manifiesto que le permite aspirar, cada tres o seis años, a esa entelequia llamada cambio. Se trata de un ciclo eterno. De una gigantesca rueda trituradora cuyos alcances no tienen fin.
¿Han cambiado las cosas desde entonces? No. Al contrario, se han recrudecido. El crimen organizado es más fuerte. Los homicidios culposos duplican las cifras del sexenio de Calderón; el secuestro, los feminicidios, la violación de los derechos humanos, la relación cruenta del crimen organizado con la política no ha hecho sino perfeccionar el régimen de desconfianza y miedo en el que vivimos nomás rebasamos la puerta de nuestra casa, o entramos en ella. Así pues, esta realidad se ha vuelto más sórdida pero también más frívola. Las redes sociales no han hecho sino reestructurar, a su manera caprichosa, la desinformación, el horror colectivo, la indignación social y la intolerancia. Todos hemos hecho la revolución desde la apacible comodidad del hogar, con un like o un selfie de hastío.
Así pues, sólo una narrativa elaborada desde la entraña puede asentar sus búsquedas en esos terriorios de la incordia, la desazón, la imposibilidad de sobrevivir a las sútiles formas de barbarie que impone el entorno. Eso hace Geney Beltrán en su valiente novela Cualquier cadáver.
En primera instancia, nos ofrece un México que sirve como escenario de ejecuciones, crímenes atroces, psicosis social y un sistema político que se ampara en el ominoso poder de los medios de comunicación. Por otro lado, se despliega ante el lector la vida de Emarvi, un escritor en ciernes que trabaja para una editorial pequeña, nativo de Durango, avecindado en Culiacán desde muy chico. La captal sinaloense encarna ese bastión inexpugnable donde los criminales y su entorno navegan sin trámite, de la mano de un corrido, a los niveles de la épica sustantiva. La historia transcurre entre esta ciudad y el DF, una ciudad convulsionada por las marchas y protestas que defienden a un político popular de izquierda, llevado de la mano por los dueños del poder en México, la televisión, a la picota social, acusado de todo tipo de vejaciones. El relato de Geney nos permite ubicarlo, en el tiempo, en una suerte de escenario expandible entre la guerra calderonista y el reposicionamiento de la violencia atroz en la vida doméstica del defeño.
Emarvi, a pesar de su potencial como intelectual y creador, está al borde de un colapso debido a su incapacidad para vivir rodeado de dudas, descalabros amorosos, culpa soterrada. Es a partir del secuestro de su hijo cuando el personaje se desmadeja, emocionalmente, hasta fundirse con esas dos realidades que le ofrece ela historia: la Ciudad de México, capaz de ofrecer sus perfiles más retorcidos y siniestros, y Culiacán, la ciudad que adoptaron sus padres y donde su madre quiere llevar a buen puerto una casa nueva, luego del suicidio del jefe de la familia y la muerte de una hija. Culiacán representa la ciudad ignorante, sumida en el fango de esa vida criminal opulenta y visible, capaz de sacralizar a sus próceres narcotraficantes, de salvaguardar sus formas de conducta e imitar sus gustos musicales y estéticos. Emarvi forma parte de esta violencia y la practica. Aunque dentro de él latan ideales que suenan absurdos, en el fondo no es más que una forma de ese paisaje convulsionado que diseñan tanto las malas noticias como la esperanza.
Cualquier cadaver es una novela que concentra, en un primer plano, una escritura vigorosa, sincopada, casi balbuciente que encuentra en el registro coloquial, en la oralidad del lenguaje, en los neologismos, en la proliferación del artículo como un elemento de proximidad lingüística, las mejores armas para desplegarse. En un segundo plano encontramos una escritura reflexiva, concentrada, crítica, puntual, que nos habla de la novela desde la novela y traza su universo narrativo casi en el plano de la consciencia del o los personajes.
Se trata también de una novela conmovedora, rasgo que acaso corra por cuenta de los apuntes que va dejando Emarvi en un cuaderno, dirigidos a Adrián, su hijo, y que son la única forma de establecer un vínculo afectivo con él.
El final es trágico, porque Mexico es trágico y los protagonistas de su presente nos movemos como el coro de este gran montaje colectivo.
Cualquier cadáver
Jesús Ramón Ibarra
¿De qué manera salvaguardar el presente mexicano, ese territorio donde laten el cinismo del poder, la fiesta permanente del crimen, el pueblo ejerciendo su derecho histórico a la dejadez o a la ilusión colectiva encarnada en caudillos, políticos mendaces o mandatarios de catálogo? ¿No ha sido la literatura reciente mexicana el mejor bastión para que esa realidad se disuelva en las posibilidades de un lenguaje transgresivo, un lenguaje que busque sus asideros discursivos en los registros cotidianos, un lenguaje que dimensione la sonoridad de sus propias búsquedas? Imposible narrar el presente con elegancia, con una dimensión clásica de la escritura, con una lírica cuyo andamiaje sea la abstracción vacía. Se trata, como pide Imre Kertesz, de registrar los últimos estertores.
Hacia finales del sexenio pasado, bajo una gestión generosa del poeta Jorge Esquinca, salió a la luz el libro colectivo País de sangre y fuego, una colección de poemas cuyo tema central era la patria diezmada, la nación disgregada entre la versión oficial y los rastros de la sangre doméstica. Fue un meritorio ejercicio que impugnaba, a través de textos de diversa factura, la estrategia fallida de Felipe Calderón contra el crimen organizado. Sin embargo, la guerra de Calderón, extendida a lo largo y ancho del país, se concentraba en tres nociones distinguibles: el aparato gubernamental, con sus abusos de poder, sus usted disculpe y sus altos niveles de corrupción; los cárteles de la droga en México, sus disputas, la aniquilación del entorno a golpe de presunción y ejecuciones, sus múltiples caras: la extorsión, el comercio ilegal, el secuestro. La sociedad civil, agazapada, apocada, sierva de un hartazgo no manifiesto que le permite aspirar, cada tres o seis años, a esa entelequia llamada cambio. Se trata de un ciclo eterno. De una gigantesca rueda trituradora cuyos alcances no tienen fin.
¿Han cambiado las cosas desde entonces? No. Al contrario, se han recrudecido. El crimen organizado es más fuerte. Los homicidios culposos duplican las cifras del sexenio de Calderón; el secuestro, los feminicidios, la violación de los derechos humanos, la relación cruenta del crimen organizado con la política no ha hecho sino perfeccionar el régimen de desconfianza y miedo en el que vivimos nomás rebasamos la puerta de nuestra casa, o entramos en ella. Así pues, esta realidad se ha vuelto más sórdida pero también más frívola. Las redes sociales no han hecho sino reestructurar, a su manera caprichosa, la desinformación, el horror colectivo, la indignación social y la intolerancia. Todos hemos hecho la revolución desde la apacible comodidad del hogar, con un like o un selfie de hastío.
Así pues, sólo una narrativa elaborada desde la entraña puede asentar sus búsquedas en esos terriorios de la incordia, la desazón, la imposibilidad de sobrevivir a las sútiles formas de barbarie que impone el entorno. Eso hace Geney Beltrán en su valiente novela Cualquier cadáver.
En primera instancia, nos ofrece un México que sirve como escenario de ejecuciones, crímenes atroces, psicosis social y un sistema político que se ampara en el ominoso poder de los medios de comunicación. Por otro lado, se despliega ante el lector la vida de Emarvi, un escritor en ciernes que trabaja para una editorial pequeña, nativo de Durango, avecindado en Culiacán desde muy chico. La captal sinaloense encarna ese bastión inexpugnable donde los criminales y su entorno navegan sin trámite, de la mano de un corrido, a los niveles de la épica sustantiva. La historia transcurre entre esta ciudad y el DF, una ciudad convulsionada por las marchas y protestas que defienden a un político popular de izquierda, llevado de la mano por los dueños del poder en México, la televisión, a la picota social, acusado de todo tipo de vejaciones. El relato de Geney nos permite ubicarlo, en el tiempo, en una suerte de escenario expandible entre la guerra calderonista y el reposicionamiento de la violencia atroz en la vida doméstica del defeño.
Emarvi, a pesar de su potencial como intelectual y creador, está al borde de un colapso debido a su incapacidad para vivir rodeado de dudas, descalabros amorosos, culpa soterrada. Es a partir del secuestro de su hijo cuando el personaje se desmadeja, emocionalmente, hasta fundirse con esas dos realidades que le ofrece ela historia: la Ciudad de México, capaz de ofrecer sus perfiles más retorcidos y siniestros, y Culiacán, la ciudad que adoptaron sus padres y donde su madre quiere llevar a buen puerto una casa nueva, luego del suicidio del jefe de la familia y la muerte de una hija. Culiacán representa la ciudad ignorante, sumida en el fango de esa vida criminal opulenta y visible, capaz de sacralizar a sus próceres narcotraficantes, de salvaguardar sus formas de conducta e imitar sus gustos musicales y estéticos. Emarvi forma parte de esta violencia y la practica. Aunque dentro de él latan ideales que suenan absurdos, en el fondo no es más que una forma de ese paisaje convulsionado que diseñan tanto las malas noticias como la esperanza.
Cualquier cadaver es una novela que concentra, en un primer plano, una escritura vigorosa, sincopada, casi balbuciente que encuentra en el registro coloquial, en la oralidad del lenguaje, en los neologismos, en la proliferación del artículo como un elemento de proximidad lingüística, las mejores armas para desplegarse. En un segundo plano encontramos una escritura reflexiva, concentrada, crítica, puntual, que nos habla de la novela desde la novela y traza su universo narrativo casi en el plano de la consciencia del o los personajes.
Se trata también de una novela conmovedora, rasgo que acaso corra por cuenta de los apuntes que va dejando Emarvi en un cuaderno, dirigidos a Adrián, su hijo, y que son la única forma de establecer un vínculo afectivo con él.
El final es trágico, porque Mexico es trágico y los protagonistas de su presente nos movemos como el coro de este gran montaje colectivo.
miércoles, marzo 11, 2015
La violencia interior
CCXXVI
La lógica del poder exige hacer creer al ciudadano que el único modo de transformar el poder es insertándose en sus estructuras, aceptando sus condiciones. Es decir: renunciando a transformarlo.
martes, marzo 10, 2015
CCXXV
El poder se afirma mediante los rituales. Y ahora su aspiración es lograr que también nuestra inconformidad tenga la naturaleza simuladora —e intrascendente— de un ritual.
domingo, marzo 08, 2015
Días de bilis negra
Publica hoy el suplemento cultural Confabulario, del periódico El Universal, un texto crítico del admirado Eduardo Antonio Parra sobre mi novela Cualquier cadáver, "una novela madura, ambiciosa, que se define a sí misma y cumple con su intención de llenar de angustia e inquietud a sus lectores. Una apuesta de Geney Beltrán Félix por el realismo brutal como estrategia para reflejar el caos de nuestro tiempo. Un paseo por el infierno muy difícil de olvidar", concluye Parra. También se publica una entrevista que me hizo Gerardo Antonio Martínez sobre algunos aspectos del libro.
viernes, marzo 06, 2015
El coraje de un fantasma
En 2007 publiqué en la revista Cuaderno Salmón un ensayo sobre la escritora mexicana Nellie Campobello, la autora de Cartucho. Ese texto está incluido en mi libro El sueño no es un refugio sino un arma. Lo rescato ahora por el mero gusto de releer a Nellie.
EL CORAJE DE UN
FANTASMA
Nellie Campobello
es un fantasma. Literalmente.
Me cuenta
su sobrino Carlos: veinte años después de su muerte, una Nellie invisible
vuelve del Más Allá y hace perdidizos expedientes, reúne a personas distantes
merced a un azar sospechoso, se obstina en que el número 7 presida siempre las
cosas que la atañen —números de oficios, de contratos, de teléfono— y trabaja,
paso a paso, contra el olvido que sufre y la brutalidad que la llevó a la
muerte.
Nacida en la norteña Villa Ocampo, en Durango, en al parecer 1900,
Nellie murió en circunstancias espantosas hacia agosto de 1986. Conocidos suyos
se aprovecharon de su confianza y la secuestraron. Para entonces, muchos de sus
amigos y parientes habían muerto. Era una figura destacada de la danza; además,
poseía una muy rica colección de arte mexicano. Las versiones señalan que sus
captores la mantuvieron alcoholizada y drogada, que la hicieron sufrir de
hambre y violencias para que firmara documentos con los cuales entregaba sus
bienes. Su muerte no vino a ser conocida y confirmada sino hasta 1999. Aún no
se ha castigado a sus secuestradores y asesinos: tampoco han logrado
recuperarse sus propiedades.
Pero veinte años después de su muerte, Nellie regresa, también, a la
literatura. En 2007 el Fondo de Cultura Económica publica su Obra reunida: Cartucho, su libro mayor (1931), Las manos de Mamá (1937), los Apuntes
sobre la vida smilitar de Francisco Villa (1940), sus poemas y el ensayo
autobiográfico que sirvió de prólogo a la edición de Mis libros, de 1960.
Nellie regresa a las letras mexicanas, pero habría que decir, en
honor a la exactitud, que escasamente ha estado antes. Nellie es un fantasma en
nuestra literatura. Se le ha leído poco debido a que sus apariciones han sido
infrecuentes: apenas se le ha publicado. Cartucho,
por ejemplo, ha conocido sólo seis ediciones en 75 años. Tan es así que la
recopilación canónica de la cultura nacional del siglo XX, Lecturas Mexicanas,
no lo incluye —y da pena decirlo— en ninguna de sus cuatro series. Tampoco
figura en la nómina de clásicos hispanoamericanos de la colección Archivos.
Ella misma, acaso, contribuyó a su presencia mínima: cedió el
terreno muy pronto. Y lo digo porque, si bien hay testimonios de una continuada
escritura, ante la recepción pobre de sus dos tomos de narrativa Nellie —luego
de la reunión de su obra en Mis libros— ya nunca publicó otro título. No
insistió más: y el prólogo a ese volumen de 1960 constituiría no sólo una
recapitulación de su escritura sino también, asumo, la última llamada a la
crítica y los lectores. Una llamada, no obstante, que se quedó sin respuesta.
Aunque, con todo, demos lugar a un matiz: hubo ciertas voces
—digamos: Martín Luis Guzmán, Ermilo Abreu Gómez, Antonio Castro Leal, Emmanuel
Carballo— que aplaudieron la dignidad de sus textos, pero esos dictámenes no
lograron contravenir finalmente el ayuno editorial.
Ahora, se supone que los buenos libros se defienden solos. ¿Qué
sucedió en este caso? ¿Por qué no ingresó la obra de Nellie Campobello al canon
reconocido de nuestra literatura? Fernando Tola de Habich habla de ninguneo.
Especulo, preciso: a la misoginia —lugar común en la conducta de los
escritores— se habría aliado el desinterés del crítico a siquiera hojear la
obra de una bailarina célebre que hacía sus pininos, previsiblemente fallidos,
en el terreno de las letras, pues el sólo-escritor tiende a desconfiar de la
múltiple ambición de un artista del Renacimiento. Quizá, también, el hecho de
haber publicado tan poco y luego nada: al abdicar a la constancia en los
estantes de las librerías con nuevos títulos, la misma Nellie pudo haber
colaborado a que el crítico o el estudioso, sin leerlos, catalogase Cartucho y Las manos de Mamá como pecados de juventud a los que se habrá de
compadecer con el olvido.
Pero el tiempo pasa: nuevas generaciones, otras circunstancias
exigen periódicamente una redefinición del canon. Y hoy, de mayor pertinencia
que discernir por qué la obra de Nellie no interesó en su momento (situación,
entiendo, ya no corregible), es volver a sus páginas y examinar la validez de
su lectura en los inicios negros de este milenio. ¿Cuál es el lugar de Nellie
y, sobre todo, de Cartucho, su obra
principal, en la literatura mexicana?
Advocación furiosa del fantasma
La pasión de
Nellie fue la danza, cierto; pero hablo de una Nellie de la furia en las letras
mexicanas por sus motivaciones vueltas realidad en sus textos: «Mis libros los
he escrito para contestar ofensas o para pagar deudas», le dijo, brusca, a
Emmanuel Carballo en la entrevista recogida en Protagonistas de la literatura mexicana. Parecería, entonces, como si ella no hubiese escrito por una
suerte de vocación integral, no como respuesta a un llamado expresivo íntimo y
genético, equivalente al del grafómano para quien la escritura es una adicción
compulsiva, o a la del dostoievskiano caído en el dominio expiatorio de la
introspección a través de la palabra —no, nada de eso; hablaríamos antes bien
de una Nellie obediente a su visceralidad panfletaria contra ciertos hechos de
la realidad.
Su aparición en la narrativa, con Cartucho, habla de coraje. Coraje entendido como ira y también como
valor: hablemos de Historia. El asesinato de Francisco Villa en 1922 no puso
fin a la campaña denostadora de su lucha; al contrario, el triunfo del ejército
constitucionalista y el establecimiento del régimen de los presidentes Álvaro
Obregón y Plutarco Elías Calles en esa década dieron la pauta para que los
villistas siguieran siendo exhibidos en periódicos y libros como bandidos
salvajes.
Pero frente a la Historia de los vencedores, Nellie tenía su verdad.
Cartucho relata historias de soldados villistas —fusilamientos, huidas,
balaceras: muertes, siempre trágicas— y los presenta como seres humanos, con
luces y sombras: valientes, idealistas, tímidos o angustiados, pero también,
algunos, sanguinarios y mezquinos. Todos ellos tienen nombre y apellido, al
menos un apodo: los hay generales, como el mismo Villa, Tomás Urbina, Rodolfo
Fierro, Felipe Ángeles, y otros son muy jóvenes: Pablo López, El Kirilí,
Cartucho, José Rodríguez, cuyo papel en la lucha sólo se halla consignado en
las páginas de este libro. De ellos se sabe poco: la «biografía» en cada caso
llena página y media, a veces dos. El episodio medular es, casi siempre, su
muerte.
Colérica, Nellie explicita hacia el final del relato «Nacha
Ceniceros» el sustrato panfletario de su prosa: «La red de mentiras que contra
el general Villa difundieron los simuladores, los grupos de la calumnia
organizada, los creadores de la leyenda negra, irá cayendo como tendrán que
caer las estatuas de bronce que se han levantado con los dineros avanzados».
Valiente, Nellie no ignoraba que su escritura enfurecida habría de ser vista
con repulsa por los enemigos póstumos de Villa. La respuesta fue, entendemos,
de indiferencia.
Recapitulo.
Nellie habría escuchado de sus amigos villistas y de su madre las
palabras aún no escritas de Edmond Jabès en Le
Livre des questions: «Que ta mémoire soit ma maison». Que tu memoria sea mi
casa, que mi casa esté en tu memoria. Nellie habría obedecido: obedeció, y
escribió primero Cartucho, después Las manos de Mamá, como recintos
perennes —el segundo, acaso, un tanto cursi— para sus Dorados y su madre.
...Aunque, claro,
la motivación confesada —ese propósito de vengar las injurias— sería por entero
fútil y olvidable de no haberse visto trasmutada en una expresión vigorosa.
Y no. No es olvidable ni fútil: en las páginas de Nellie el panfleto
se volvió literatura.
Una escritura en el destiempo
Nellie Campobello escribe minificción
sobre villistas desde la mirada de una niña, en el momento en que impera la
novela naturalista, de connotaciones épicas y óptica masculina, sobre el
movimiento revolucionario expoliado por los mismos enemigos de Villa.
A destiempo, Nellie escribe relatos breves que no podrían ser leídos
por los escritores nacionalistas de esos años como la expresión de los impulsos
de la raza en la Revolución. Sencillos, con un hálito de narración oral, no
sólo aparentarían una escasa ambición literaria (¡los contaba la voz de una
niña!): también, el panfleto habría saltado bruscamente ante la percepción de
sus contemporáneos.
Y peor todavía: al tratarse de retratos fugaces y no de una novela
total, la visión de la lucha armada es en Cartucho fragmentaria,
casuística, azarosa. Nellie no postula una interpretación ulterior, una mística
trascendental del movimiento como un todo, como una fuerza de la Historia. Hay
sólo un por qué, no El Para Qué: los villistas en Parral, Chihuahua —donde
vivió Nellie su infancia y su adolescencia— peleaban porque estaban hartos de
las injusticias del gobierno de los ricos. Punto.
Rehusándose a filosofar sobre La Revolución, Nellie narró de las
mujeres y los hombres en la pelea, entre las balas. Al hacerlo, obedecía al
dictado de la ficción y no de la metafísica, la historia ni la sociología. «La
literatura difunde lo individual, lo particular, las cosas, los colores, los
sentidos y lo sensible contra el falso universal que uniformiza y nivela los
hombres y contra las abstracciones que los esterilizan», postula Claudio Magris
en Utopia e disincanto, con esa dúctil
magia suya para darle seductora expresión a un, ciertamente, lugar común de la
cultura literaria.
Pero no es sólo la sencillez de una mirada directa y fresca de niña
que narra historias particulares. A Nellie, como a todo gran narrador oral, le
concierne un dogma: la eficacia. «Y esta visión objetiva, natural, impávida, ha
pasado a un estilo breve, ceñido, pintoresco, en cuyas frases cortas y a veces
lapidarias hay sentido reconcentrado, concisión popular y emoción
cristalizada», afirma Antonio Castro Leal de Cartucho. ¿Cómo le hizo Nellie? ¿De dónde le vino esta sabiduría
narrativa?
En su estudio Nellie
Campobello: Eros y violencia, Blanca Rodríguez señala una lista de lecturas
probables de la adolescente y joven Nellie: la Biblia protestante, Los tres mosqueteros, Las mil y una noches, Heriberto Frías.
Es decir: netos, estrictos fabuladores. Observa Rodríguez además en la de Cartucho «una prosa vigorosa y ceñida en
su escritura original, gestada en el
lenguaje de la conversación». Éste es el punto: si bien se murmura un
pulimento estilístico de Martín Luis Guzmán, su editor y amigo, la efectividad
literaria del libro se cimienta en su estrategia de narrativa oral. En busca de
naturalidad, Nellie recurrió a las dotes discernibles en una contadora de historias,
la narradora comunitaria que salvaguarda los secretos necesarios de su tribu.
Los relatos, según acusa su estructura, se sustentan en testimonios:
algún personaje presenció una balacera, una emboscada, un fusilamiento, y en
los entretiempos apaciguados de la guerra, al pasar a la casa de la madre de
Nellie, cuenta las incidencias. En otros casos, Nellie misma fue testigo de un
encuentro entre villistas y carrancistas, o se fascina con el espectáculo de un
cadáver que ha quedado frente a su ventana después del concierto de las balas.
Esta perspectiva directa, que por cierto impide glorificar a los
villistas —pues el de ellos es un retrato múltiple, donde, como he dicho, la
valentía no clausura las posibilidades de la mezquindad y la traición—, se fortalece
con el aliento lírico de muchas de sus rápidas, sugestivas imágenes: «va blanco
por el ansia de la muerte», «Le cayó muy bien la cobija de balas que lo durmió
para siempre», «Eran como cristalitos rojos que ya no se volverían hilos
calientes de sangre», frases precisas que le dan un ágil robustez a los
relatos.
Tenemos entonces: minificción, fragmentismo, mirada infantil,
narrativa oral, imaginería concisa. Y, además, villismo. En 1931.
Nellie escribió una obra sustentada en rasgos ausentes de la narrativa
naturalista de sus contemporáneos. A destiempo, es decir: hacia el futuro.
Jorge Aguilar Mora, en su prólogo a Cartucho
en la edición de Era, del año 2000, postula, y no yerra al hacerlo, una
descendencia secreta de este libro:
la novela publicada en 1955 por Juan Rulfo, en la que fulgurarían con
genialidad ciertas virtudes narrativas ya esbozadas en el volumen brutal y
luminoso publicado en 1931 por la joven bailarina.
Nellie sería acaso
también, entonces, un fantasma rulfiano, no imposible en las páginas de Pedro Páramo. La definirían como personaje literario las incidencias de su vejez y
su infancia: su vivencia niña del vendaval violento en la Calle Segunda
del Rayo, de Parral, y su cautiverio y muerte inhumanos siete décadas después
en la capital de la república. Ambos hechos le habrían exigido el retorno después de morir, su condición de
inquieto fantasma que —como me informa su sobrino Carlos, a quien conocí hace
un año gracias a las exactas artimañas de Nellie rediviva— distrae expedientes,
fomenta encuentros entre desconocidos y, con terquedad, actúa en 2007 contra el
olvido.
Nellie entre nosotros
«Una época se
juzga no sólo por aquello que produce, sino también, quizá aún más, por aquello
que valora y sobre todo que revalora del pasado», señala Mario Praz en Il patto col serpente. De aquí surge la pregunta: más allá
de su interés para la historia literaria y las novelas de fantasmas, ¿por qué
revalorar a Nellie Campobello?
Es inusual que hablemos hoy de «nuestros escritores». Taine,
decimonónico, argüía que la mejor manera de conocer el «genio» vital de un
pueblo es adentrándose en su literatura. Sin embargo, de vuelta de un siglo
desgarrado por utopías sangrientas, las identidades nacionales no son ya vistas
sino como ficciones peligrosas, como máscaras sedientas de sacrificios. Hoy,
¿qué comunidad, la voz profunda de cuál México se encuentra expresado en
su producción literaria? ¿Cómo hablar de «nuestros escritores» en 2007, cuando
la noción misma de comunidad no casa con la de este país descoyuntado en su
médula por la corrupción, la violencia y el visceral desencuentro y en el que,
peor aún, la letra no vale nada, no tiene el menor eco en la vida general de
cien millones de personas?
No hablemos ya, entonces, de comunidad ninguna. Hablemos de un
lector posible. O, incluso, de una secta dedicada a la resistencia intelectual
a través de la lectura y reflexión de obras literarias. El solitario lector,
integrante de esa cofradía obstinada, se lee a sí mismo, lee su propia época en
las obras escogidas de su tradición. Y así, leerá en Cartucho la lección
doble de Nellie: belleza y compromiso. Nellie no habló en nombre de ninguna
comunidad ni de ninguna abstracción, pero tampoco vaciló en escribir sobre un
puñado de villistas conocidos en la casa de su madre —e hizo, insisto, no
panfleto sino literatura.
Dotada con la frescura intuitiva de una contadora de historias,
relató en Cartucho lo esencial, lo
que tiene que ser recordado de sus héroes vulnerables, casi todos ellos muertos
en la tormenta revolucionaria. «Escribí en este libro lo que me consta del
villismo, no lo que me han contado», explicó Nellie a Carballo. Tradúzcase: no
escribía de villistas porque fuese lucrativo, sino que, sin miedo, se
identificaba a sí misma contra la corriente, a diferencia de hoy, cuando los
Zapatas y Villas son parte del folclor cuasi hollywoodense de nuestras letras.
No se engarzaba en profusas empresas novelísticas, en trilogías históricas
dirigidas a un dócil público «de darle de comer en la boca», como diría el radical
Macedonio Fernández. Más bien, supo volver ficción robusta el testimonio
disperso de la lucha revolucionaria en la Chihuahua villista de su
adolescencia. Corajuda, no fue sorda a su gente y escribió una obra perdurable.
Porque Cartucho no es sólo
«narrativa de la Revolución Mexicana». Con las historias particulares de una
treintena de soldados villistas, surge un libro de alcance universal que trata
sobre la infancia, la muerte, la crueldad y la sed de justicia. «La historia
tiene la realidad atroz de una pesadilla; la grandeza del hombre consiste en
hacer obras hermosas y durables con la substancia real de esa pesadilla»,
escribe Octavio Paz. Nellie Campobello va más allá de su tiempo y logra volver
actuales y válidas para el ánimo de esa secta de lectores de nuestra época las
desventuras de sus Dorados y su madre. Al lograrlo, al revertir la injuria de
los vencedores, Cartucho significa no
sólo un logro estético: es también una lección de bravura moral y compromiso.
Que sigue vigente. La lección de Nellie: escribir con eficacia, con
aspiraciones recias de literatura, sobre lo que nos consta y nos exige ser
contado. Narrar los «cuentos verdaderos», con rabia y a destiempo: contra el
presente, hacia el futuro. El futuro: porque la única comunidad viable de un
escritor es la que él formará en torno de sus textos.
Mucho más que un fantasma, Nellie es nuestra contemporánea por la
vitalidad de su prosa, alianza entre belleza y compromiso. No carece de lógica
esperar, entonces, que Nellie Campobello tome finalmente su lugar como uno
de... sí, ¿cómo negarlo?: como uno de «nuestros escritores», y permanezca en
definitiva en el canon literario de México.
domingo, febrero 22, 2015
De y sobre Esther Seligson
Hoy se publica un texto inédito de Esther Seligson, en el suplemento cultural Confabulario. Se trata de una extensa reflexión de la autora, sobre su novela La morada en el tiempo, a partir de un cuestionario que le envió el estudioso Jacobo Sefami.
Además, el suplemento incluye mi ensayo "Esther Seligson: Una rítmica evasión hacia otros mundos".
Además, el suplemento incluye mi ensayo "Esther Seligson: Una rítmica evasión hacia otros mundos".
jueves, febrero 12, 2015
La Cellule dans la ville
La antología Lectures du Mexique. Nouvelles et microrécits. Auteurs mexicains du XXIe siécle, un proyecto dirigido por Caroline Lepage, incluye la traducción al francés, realizada por Sonia Ferreira, de mi relato «La celda en la Ciudad», que forma parte de mi libro Habla de lo que sabes. El texto se encuentra en este sitio web a partir de la página 393.
Sobre este relato contesté una entrevista de Sonia Ferreira, que se puede leer aquí, en español.
Sobre este relato contesté una entrevista de Sonia Ferreira, que se puede leer aquí, en español.
miércoles, enero 28, 2015
Un Monterrey borrado
Este mes de enero se publicó en la revista Letras Libres mi texto crítico "Un Monterrey borrado", sobre el libro Indio borrado, de Luis Felipe Lomelí (Tusquets). El texto se puede leer en este enlace.
sábado, noviembre 22, 2014
Lo que viene después
Ningún hecho violento
ocurre sin dejar huella. El periodista puede callar, el político no raramente
habrá de buscar entorpecer la difusión del suceso o bloquear el proceder de la justicia,
el criminal acaso camine por las calles sin remordimientos. Pero ante cualquier
tentativa de silencio, incluso en los escenarios más abusivos de impunidad,
algo punzante queda y se aviva con dolor en las personas que tuvieron un lazo
con la víctima: los padres, la pareja, los hijos, los amigos, los vecinos.
Alguien pregunta, alguien espera y necesita un desagravio —incluso una
venganza— para encontrar una forma catártica de religación con la sociedad en
que vive. Por eso la violencia, de manera distinta a como ocurre con la muerte
causada por un accidente, la enfermedad o la vejez, deja demasiadas historias
inconclusas: las que se ponen en marcha debido a la ausencia provocada por un
poder humillante e injusto.
Aunque no es un
fenómeno exclusivo de los últimos años —la relación de ofensas va desde antes
de la Conquista—, sí es posible afirmar que las historias de ese cariz se han
vuelto más perentorias y ultrajantes en los tiempos recientes de México. Más
allá de las causas, que tendrían que ver (no únicamente) con las formas, ahora
más porosas, en que circula la información y con el desarrollo de una agenda progresista
internacional de derechos humanos, el grave problema de la criminalidad
asociada a las estructuras políticas ha tenido una respuesta indignada en varios
sectores ciudadanos. No soy politólogo ni sociólogo, y no tengo los
conocimientos ni las intuiciones para especular si esa respuesta podría
convertirse en un movimiento cívico que obligue al sistema judicial y político
a depurarse y romper los pactos de complicidad que siguen vigentes e impunes.
Otra pregunta me inquieta ahora: ¿cómo relatar lo que ocurre en la sensibilidad
de quienes viven en una sociedad vulnerada por la más atroz barbarie?
La zona lunar de las comunidades,
la vida invisible de los individuos, las franjas interiores en las que no la
razón sino el miedo, la rabia o el desánimo dominan, son el territorio de la
ficción. Habría que partir de una precisión necesaria: escribir ficción no
significa inventar algo falso sino proyectar algo imaginario, es decir, no una
mentira sino una posibilidad. El temperamento de quien fabula historias es el
propio de quien, como tantos han dicho, ve difícil aceptar la realidad
cotidiana con sus usuales términos de rutina, frustración y poquedad de
horizontes, y por lo tanto se plantea en la escritura la evasión mediante la sugerencia
y la exploración de mundos diferentes.
Sin embargo, existe
otro rasgo en ese tipo de temples humanos: no sólo es alguien que buscaría ir
por encima de eso real tan limitado que lo rodea, sino que también se vería
inclinado a ir más allá de sí, a huir (así sea vicariamente) de su orbe íntimo y
fácilmente tendería a la despersonalización: es alguien que puede verse a lo
largo de sus días y noches especulando vivamente en torno a las condiciones en
que otro individuo recibe la realidad, vive su respirar, conoce su experiencia
sensible.
La prospección de sí
como otro se halla en el fundamento de la capacidad que han tenido grandes
novelistas para crear la psique de personajes notoriamente distintos a su
biografía e inclinaciones. Este ejercicio no tiene un atributo de falsedad:
consiste en el desarrollo de una habilidad de las neuronas espejo, las que se
hallan detrás del registro de la compasión y la empatía, llevado a la
indagación de la conducta ajena como una posibilidad elusiva del carácter
propio. ¿Cómo dejar de lado el hecho de que, más allá de cualquier rivalidad o por
encima incluso de una historia universal de asesinatos interminables generación
tras generación desde hace milenios, los seres humanos comparten la conciencia
de una similitud, y por lo tanto de una común identidad, uno de cuyos rasgos es
la sujeción a un cuerpo mortal y vulnerable al sufrimiento?
¿Qué ocurre en el
fabulador que vive en un entorno desmedidamente violento? Toda generalización
es injusta, sin duda. Lo que sigue glosa una experiencia personal de los
últimos años. Por un lado, es imposible no enterarse de, una tras otra, cada
atrocidad a través de los medios de comunicación y las conversaciones,
dominadas por el susto, el morbo y la preocupación, de amigos, familiares y
conocidos. Hay que insistir en esto: se trata de un imposible aislamiento: las
noticias llegan a cualquier sitio e involucran a los oyentes en la percepción
de lo endeble que es el convenio social, pues si ese hecho ocurrió en
Tamaulipas ayer o en Guerrero esta mañana podría de igual modo ocurrir mañana
enfrente de nosotros, o a nosotros mismos. Y ese conocimiento, y las
suposiciones que despierta, provocan una alteración: es un fenómeno al principio
inconsciente, que se manifiesta a través de una imaginación paranoica y una
constante de pesadillas y sueños inquietos, una respuesta a menudo enfermiza
ante la realidad, un vertedero de dificultades a la hora de adaptarse de nuevo
a los contratos de confianza y seguridad con nuestro entorno inmediato (el
edificio, la cuadra, la colonia)… y posteriormente sólo queda una salida (no es
una solución ni un remedio): proyectar en un papel esos miedos, darles
consistencia de palabras para ver si así, a la luz aparentemente controlada de
la escritura, es posible detenerlos, analizarlos, desvestirlos de peligro.
Lo que acabo de glosar
no es exclusivo del escritor. Las alteraciones psíquicas y emocionales en
quienes viven en una sociedad lastrada por la violencia son situaciones
comunes. El último paso (la redacción) tampoco es una propiedad única de
quienes nos dedicamos a la literatura. Aunque alguien podría argüir que ya es
mucho lo que se publica, sin duda lo que se escribe es muchísimo más, y no
conoce fácilmente el tamiz de la edición y la divulgación. La voluntad de pasar
a papel o soltar en un teclado la experiencia traumática, vivida o temida, de
la violencia, adquiere para muchas personas que quizá nunca han leído un libro un
cariz terapéutico; por ello a menudo no pasa de lo confesional, sin dar pie a
ningún asidero con las ventajas de la ficción en tanto un ámbito que va mucho
más lejos que la consignación de la queja. Sin embargo, no conviene hacer a un
lado esa voluntad sin advertirla como la expresión de una necesidad: ya en el
testimonio es posible encontrar la raíz (un primer, quizá insuficiente movimiento)
de la operación de desdoblarse ante lo real, de distancia crítica ante lo
supuestamente ocurrido, que es un fuerte elemento distinguible en cualquier
texto de ficción: las palabras no son los hechos pero sin ellas los hechos
quedarían en la impunidad del olvido, no como si no hubieren ocurrido sino como
si no hubieran dejado una huella de suplicio moral en nadie. Al mismo tiempo,
como las palabras no son los hechos, abren la oportunidad para que, más que
dejar un relato fiel de lo acontecido, bosquejen el otro lado de lo real, las
caras de lo posible.
¿Qué relatar de todo
esto, entonces? Sin ánimo de emitir una encíclica, yo me permitiría romper
lanzas por la exploración de las secuelas emocionales y psicológicas en quienes
han sufrido la violencia en sus personas más cercanas. Se trata de un
acontecimiento de gran trascendencia social y que sin embargo los medios de
comunicación no recogen, la clase política desoye y que con frecuencia concita el
desinterés o incluso el rechazo en el prójimo: a casi nadie interesa ver el
sufrimiento ajeno en su suceder, y las víctimas de los últimos años, todas, han
dejado huérfanos, padres, amigos, parejas sin una respuesta. Nadie sabe qué
hacer, cómo vivir eso que viene después de un suceso violento. La ficción puede
tomar ese cometido: más que fabular las leyendas de los sicarios, los
judiciales, los capos o los gobernantes vinculados con la génesis de este
entorno tan desastrado, habría que volver la vista hacia la mayoría, esos
individuos que acaso nunca trafiquen con droga ni secuestren a nadie ni jalen
un gatillo, pero a quienes este presente nuestro tan destruido por la impunidad
y la injusticia les ha trastocado en profundidad y quizá para siempre su vida
interior.
[Publiqué este ensayo en la revista Timonel, número 15, noviembre de 2014, páginas 10-11. La revista completa se puede leer aquí.]
miércoles, octubre 29, 2014
CCXXV
Antes, el escritor aspiraba a la obra maestra. Hoy lo que ansía es un diploma de superioridad moral.
Leer sobre la violencia en medio de la violencia
martes, octubre 28, 2014
Las palabras están pegadas a lo que quiere decir
Luis Felipe Pérez publica un comentario puntual sobre mi novela Cualquier cadáver, en el portal de la revista Crítica.
domingo, octubre 19, 2014
Sobre Cualquier cadáver
Diego José publicó ayer sábado un texto crítico de mi novela Cualquier cadáver en el suplemento cultural Laberinto. Aquí el texto:
Cuando la literatura
importa
Diego José
La difícil mixtura entre fatalidad, culpa y
conciencia, aunados a un contexto histórico convulsionado y a una visión muy
precisa de la complejidad humana, produjeron personajes literarios inolvidables
como Kurtz, Stupen o Meursault. El crítico Geney Beltrán Félix —a quien vale la
tarea de leer— ha expuesto en reiterados ensayos sus intereses como lector en
la búsqueda de una literatura que enfrente la realidad sin atavismos
estetizantes, desde las inmediaciones de una postura reflexiva del escritor:
«el novelista tiene la obligación de identificar ‘posibles nuevos horizontes de
la conciencia’ para entender por qué actuamos como actuamos y cuáles son
nuestros límites y contradicciones».
Su
postura ataca, tanto a una literatura pensada desde la superficie como a una
narrativa artificiosamente difícil que desemboca en lo intrascendente. No habla
de temas elusivos o necesarios, no exige «la gran novela» de nuestra época que
pueda descifrar los orígenes de la corrupción nacional ni la verdad última de
los conflictos sociales, más bien, demanda una visión honesta que constituya el
epicentro de la novela como aportación del escritor con su tiempo. Los temas
coyunturales, gratuitos o falsamente comprometidos han ocupado el blanco de su
mordacidad crítica: «Literatura que no es crítica de la vida en su sentido más
amplio es literatura muerta».
En
el caso de Geney Beltrán, el crítico y el narrador son indivisibles, y esto se
confirma en su reciente novela: Cualquier
cadáver. Más allá del tremendismo retratado en la historia que relata, el
personaje, enervante por el límite al que ha sido expuesto, desarrolla un
cuestionamiento de hondura en distintos aspectos cruciales: la condición de las
víctimas, la conciencia individual trastocada y las posibilidades de la escritura.
Para Emarvi, la dificultad no estriba solo en la aceptación de los hechos (el
secuestro y el asesinato de su hijo) sino en la responsabilidad del abandono,
en su fracaso como padre e hijo, en su deserción a toda forma de compromiso con
la realidad.
Primo Levi observa y
analiza con una objetividad pasmosa el proceder de uno de sus compañeros en La tregua, y concluye: «Contemplar el
comportamiento de quien actúa no de acuerdo con la razón sino según sus
impulsos más profundos, es un espectáculo de interés extraordinario, semejante
al que disfruta el naturalista que estudia las actividades de un animal de
instintos complejos». ¿No es este el sentido último de imaginar al ser humano
en sus propios límites, uno de los argumentos en favor de la literatura?
Los
temas centrales de Cualquier cadáver
son la fatalidad, la culpa y la conciencia de la desgracia. Cada uno de los
sucesos padecidos por el personaje Emarvi implican el trazado de un destino
donde lo improbable se torna posible en la ficción; el personaje no emprende
una lucha contra la injusticia ni contra el inmerecido dolor, sino que azuza
contra sí toda la inclemencia de que ha sido sujeto. El desbordamiento de la
realidad: lo intolerable, aquello que Simone Weil sentencia: «La desgracia
obliga a reconocer como real aquello que no creemos posible».
¿Puede la novela, como
arte, es decir, como una creación imaginaria, restaurar al individuo, frente a
la violencia real del mundo? Vuelvo al
crítico: «La apuesta, el riesgo, la ambición consiste en cambiar el mundo,
cambiando a través de la escritura la idea que el lector tiene del mundo».
Cualquier cadáver toma el riesgo de
orientar su excesiva aspereza temática, verbal y sintáctica para confrontar al
lector; también para desechar tanta narrativa autocomplaciente que usa la violencia
mediatizada como moda. El acento, más allá de las circunstancias en que se
inscribe la novela, está en las inquietantes preguntas que Emarvi descubre: ¿es
posible comunicar el dolor?, ¿puede la escritura hablar sobre la desgracia?,
¿qué significa novelar? Las respuestas crean una cerradura: ética y estética.
No ideológica ni estilística, sino vinculada con el carácter y el espíritu de
una obra que asume de manera crítica, tanto la herencia lingüística, literaria
e histórica, como su propia visión del mundo.
El planteamiento
sugiere que una novela como Cualquier
cadáver aspira a diferenciarse del periodismo amarillista (aún cuando su
lenguaje alude a una sobreexposición de los horrores registrados por los medios),
de la corrección social y de los clichés pesimistas que abogan por el
sinsentido del mundo en un período fácilmente denominado de «post-ética». Otra
vez, la respuesta y la restauración la propone Simone Weil: «Decir que el mundo
no vale nada, que esta vida no vale nada, y poner como prueba el mal, es
absurdo, porque si esto no vale nada, ¿de qué nos priva entonces el mal?».
Geney Beltrán Félix
entrega con Cualquier cadáver una
novela en contrasentido a la negación de esta posibilidad reivindicativa de la ética
del escritor (no tanto como intelectual sino como creador de historias que
desmenuzan la belleza y el horror humanos) como lo han venido haciendo sus
maestros: Kertész, Oé, Coetzee, Jelinek, Müller. Le toca al lector asumir el
riesgo de la lectura, aceptarla, procesarla y dictaminar si este trabajo
cumple, primero con las exigencia e intenciones del escritor —un escritor
distinto— y después, si al estremecerlo puede proporcionarle una mirada
distinta del mundo, no necesariamente mejor sino auténticamente distinta.
viernes, octubre 17, 2014
Una guerra conversada
La revista Letras Libres de este mes ha publicado mi texto crítico «Una guerra conversada», sobre el libro Nosotros caminamos en sueños, de Patricio Pron. El enlace está aquí.
miércoles, octubre 15, 2014
Cuando se cambian los papeles de la víctima y el culpable
Molte
mascalzonate e violente prevaricazioni nascono quando si pasticcia la
grammatica e la sintasi e si mette il soggetto all'accusativo o il complemento
oggeto al nominativo, ingarbugliando le carte e scambiando i ruoli tra vittime
e colpevoli, alterando l'ordine delle cose e attribuendo eventi a cause o a
promotori diversi da quelli effettivi, abolendo distinzioni e gerarchie in una
truffaldina ammucchiata di concetti e sentimenti, deformando la verità.
Claudio Magris, Microcosmi
miércoles, octubre 08, 2014
José de la Colina
Este sábado 11 participaré en una charla sobre la obra literaria de José de la Colina en la Feria de Libro en el Zócalo de la ciudad de México. La actividad es a las 3 de la tarde en el Foro José Emilio Pacheco. Comparto la mesa con Gabriel Bernal Granados y José Luis Martínez S. Yo me centraré en la primera y notable época de De la Colina como cuentista, cuando publica textos como "Nocturno del viajero", "Balada del joven enfermo", "La lucha con la pantera" y "La tumba india".
lunes, octubre 06, 2014
domingo, septiembre 14, 2014
Desgracia y dolor al límite
En la sección cultural del periódico La Jornada publica Édgar Daniel González Delgadillo un comentario de mi novela Cualquier cadáver: ir aquí.
jueves, agosto 28, 2014
En el nombre del hijo
Guillermo Vega Zaragoza comenta mi novela Cualquier cadáver en el número de agosto de la Revista de la Universidad de México. El enlace está aquí.
lunes, agosto 18, 2014
Perspectiva general de la literatura
Leí el intercambio sobre nueva narrativa mexicana entre los escritores Julián Herbert y Antonio Ortuño en la revista Letras Libres.
En algún punto de la conversación Herbert dice de mi trabajo crítico:
Lo que me sucede con sus críticas, más allá de si estoy de acuerdo o no con una reseña específica, es que de pronto no entiendo cuál es su perspectiva general de la literatura.
Lo comento aquí porque al parecer Herbert se ha quedado con una visión inexacta de lo que he escrito en el campo de la crítica. Esa perspectiva general de la literatura se encuentra en varios ensayos de mi libro El sueño no es un refugio sino un arma, publicado en 2009 por la UNAM, como «No narrarás», «La novela de conocimiento después de Musil», «Para qué la crítica en tiempos del ultraje», «Steiner o la tradición como disidencia» o «La ciudad sin Racine», ensayos que en sus versiones originales se publicaron en revistas de circulación nacional.
Esa visión sobre la narrativa también se lee en varios textos reflexivos que forman parte de mi reciente novela, Cualquier cadáver y, yendo más lejos, en el capítulo final de mi primer libro de ensayo crítico, El biógrafo de su lector.
Ahora bien, aunque es inevitable que uno lea desde una perspectiva particular, no puedo decir que yo comparta el modelo del escritor militante que utiliza cada reseña que publica para exigirle a los libros comentados el cumplimiento con los puntos medulares de su estética. Al ser más un narrador que escribe crítica antes que un crítico profesional, leo fijándome en los elementos estilísticos y estructurales que considero intrínsecos y de mayor peso en la construcción narrativa, y a partir de los cuales me parece más factible sacar conclusiones extraliterarias, de índole social o político.
Por eso confío en el close reading, en el acercamiento preciso a los textos, pues se ha abusado de la crítica como una herramienta para instaurar, de cara a la comunidad intelectual, un discurso literario que legitime la creación propia o del grupo al que se pertenece, y se ha descuidado la exégesis directa que favorezca la conversación con el lector común.
En algún punto de la conversación Herbert dice de mi trabajo crítico:
Lo que me sucede con sus críticas, más allá de si estoy de acuerdo o no con una reseña específica, es que de pronto no entiendo cuál es su perspectiva general de la literatura.
Lo comento aquí porque al parecer Herbert se ha quedado con una visión inexacta de lo que he escrito en el campo de la crítica. Esa perspectiva general de la literatura se encuentra en varios ensayos de mi libro El sueño no es un refugio sino un arma, publicado en 2009 por la UNAM, como «No narrarás», «La novela de conocimiento después de Musil», «Para qué la crítica en tiempos del ultraje», «Steiner o la tradición como disidencia» o «La ciudad sin Racine», ensayos que en sus versiones originales se publicaron en revistas de circulación nacional.
Esa visión sobre la narrativa también se lee en varios textos reflexivos que forman parte de mi reciente novela, Cualquier cadáver y, yendo más lejos, en el capítulo final de mi primer libro de ensayo crítico, El biógrafo de su lector.
Ahora bien, aunque es inevitable que uno lea desde una perspectiva particular, no puedo decir que yo comparta el modelo del escritor militante que utiliza cada reseña que publica para exigirle a los libros comentados el cumplimiento con los puntos medulares de su estética. Al ser más un narrador que escribe crítica antes que un crítico profesional, leo fijándome en los elementos estilísticos y estructurales que considero intrínsecos y de mayor peso en la construcción narrativa, y a partir de los cuales me parece más factible sacar conclusiones extraliterarias, de índole social o político.
Por eso confío en el close reading, en el acercamiento preciso a los textos, pues se ha abusado de la crítica como una herramienta para instaurar, de cara a la comunidad intelectual, un discurso literario que legitime la creación propia o del grupo al que se pertenece, y se ha descuidado la exégesis directa que favorezca la conversación con el lector común.
sábado, agosto 16, 2014
Nada le falta al cadáver
Sergio González Rodríguez, quien obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo con su estremecedor libro Campo de guerra este año, comenta la novela Nada me falta, de Gonzalo Soltero, y mi Cualquier cadáver, en un texto publicado hoy en Reforma. Aquí un enlace y aquí el texto original:
martes, agosto 12, 2014
Para cualquier Kindle
La edición para Kindle de mi novela Cualquier cadáver ya está a la venta en Amazon: ir aquí.
jueves, agosto 07, 2014
El México de hoy en la literatura
Gabriel Díaz me entrevistó en torno a mi novela Cualquier cadáver y a las relaciones de la ficción literaria con la violencia para el programa El Nuevo México, del canal televisivo Azteca Trece. Aquí está el enlace.
domingo, agosto 03, 2014
Cuentos, mitotes, habladurías
Aparece hoy en el suplemento Confabulario, de El Universal, un breve ensayo sobre la novela Cástulo Bojórquez, de César López Cuadras.
viernes, agosto 01, 2014
El guion de una telenovela
La revista Letras Libres publicó en su número de julio mi texto crítico "El guion de una telenovela", sobre la novela El mundo de afuera, de Jorge Franco.
jueves, julio 10, 2014
jueves, junio 26, 2014
miércoles, junio 25, 2014
Cómo la violencia deja secuelas sicológicas y morales
Aparece hoy en el periódico La Jornada una entrevista que me hizo Éricka Montaño Garfias sobre mi novela, Cualquier cadáver: el enlace está aquí.
Sacudida con Cualquier cadáver
Mi querida amiga Daphne comenta mi novela Cualquier cadáver: ir aquí.
lunes, junio 23, 2014
Una cosa tan irracional como la sangre
El novelista y cuentista Vicente Alfonso comenta mi novela Cualquier cadáver para El Siglo de Torreón: ir aquí.
viernes, junio 20, 2014
Sobre las víctimas
Aparece hoy en Sin Embargo una entrevista que me hizo Mónica Maristain sobre Cualquier cadáver: aquí.
jueves, junio 05, 2014
Sobre la paternidad
Conversé con Daniel Rodríguez Barrón sobre el tema de la paternidad en mi novela Cualquier cadáver, para el programa Noticias 22, de Canal 22. Aquí se puede ir al enlace de la entrevista.
jueves, mayo 29, 2014
CCXXIV
¿Y si eso que llamas artificios o prosa barroca no es afectación ni exquisitez sino un temperamento más poroso y perceptivo ante la realidad?
viernes, mayo 23, 2014
CCXXIII
¿...Que si tiene sentido fotografiar un fantasma? Es tan necesario como insultar una piedra o esperar callado el fin del mundo...
domingo, mayo 18, 2014
CCXXII
Distinguir la línea que separa la justicia de la venganza es tan arduo como advertir la diferencia entre los llamados de la memoria y las exigencias del rencor.
sábado, mayo 17, 2014
Sobre la dramaturgia de Luis Ayhllón
En torno a tres obras dramáticas de Luis Ayhllón he escrito un texto que este mes publica la Revista de la Universidad de México.
viernes, mayo 16, 2014
CCXXI
Cree que amar a alguien consiste en atiborrarlo de lo que él mismo más ha carecido y que desde siempre ha venido ansiando.
sábado, mayo 03, 2014
Fragmento de Cualquier cadáver
Un fragmento de mi nueva novela, Cualquier cadáver, apareció en el número de abril de la Revista de la Universidad de México. Aquí va el enlace.
viernes, mayo 02, 2014
Página escrita en los infiernos
Escribí un texto crítico sobre el libro Plegaria por un papa envenenado, del escritor colombiano Evelio Rosero. Apareció en abril en la revista Letras Libres.
Según creo, el notable autor de Los infiernos y En el lejero entregó ahora una obra fallida, que si se salva será únicamente debido a una poderosa imagen sobre el ejercicio de la escritura.
Según creo, el notable autor de Los infiernos y En el lejero entregó ahora una obra fallida, que si se salva será únicamente debido a una poderosa imagen sobre el ejercicio de la escritura.
lunes, abril 07, 2014
¿Dinero de la CIA para Juan Rulfo?
Entrevisté para Confabulario al historiador Patrick Iber, sobre el supuesto financiamiento de la CIA al Centro Mexicano de Escritores y el apoyo que habría recibido Juan Rulfo: aquí.
sábado, abril 05, 2014
CCXX
Ese es el problema: querer comprenderlo, querer explicarlo todo. Lo que está ahí desde siempre no es la razón. Son los sentidos. ¿Y si ese es el doloroso destino del pensamiento, su tarea final: explicar los términos de su derrota ante el predominio evolutivo de las vísceras?
viernes, abril 04, 2014
CCXIX
El demasiado ruido sólo existe para quien, más que oídos muy abiertos, tiene demasiada impaciencia por ser escuchado.
domingo, marzo 23, 2014
El caso Colosio
¿Por qué no se ha publicado la gran novela sobre la muerte de Luis Donaldo Colosio? Ahora que se cumplen 20 años del asesinato del candidato presidencial del PRI para la elección federal de 1994, escribí este ensayo: "El día que mataron a Colosio no pasó nada", para el suplemento Confabulario de El Universal.
domingo, marzo 16, 2014
Los padres, los hijos, las parejas
Hoy se publica en el suplemento Confabulario, del periódico El Universal, un ensayo mío sobre las relaciones con los padres, los hijos y las parejas en la ficción de la escritora canadiense Alice Munro: pásele por aquí.
domingo, marzo 02, 2014
No debes olvidar quién eres
El suplemento Confabulario, en su edición de hoy, está dedicado a revisar algunos aspectos del funcionamiento del Fonca, a sus 25 años. En la sección de crítica de artes, se publica mi comentario «No debes olvidar quién eres», sobre la película Lore, de Cate Shortland.
sábado, marzo 01, 2014
¿Cuáles son las grandes novelas mexicanas del siglo XXI?
Mañana domingo termina el ciclo Los Críticos Recomiendan, de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en la ciudad de México con la mesa ¿Cuáles son las grandes novelas mexicanas del siglo XXI? Participarán Alejandro de la Garza, Guillermo Núñez Jáuregui y Oswaldo Zavala. La mesa será en el Salón El Caballito, a las 16.00 horas.
viernes, febrero 28, 2014
Los críticos recomiendan poesía y teatro para niños
La cuarta mesa del ciclo Los Críticos Recomiendan, de la Feria del Libro de Minería, será mañana sábado, a las 7 pm, en el Auditorio Seis, y tendrá la participación de Amaranta Leyva, Eleonora Luna y Luis Téllez.
Hablarán de César López Cuadras
Mañana, a la 1 pm, en el Auditorio Cinco de la Feria del Libro de Minería, habrá una mesa de comentarios sobre la obra narrativa del escritor César López Cuadras, quien falleció en abril pasado. Participarán Eduardo Antonio Parra, Oswaldo Zavala y Francisco Alcaraz.
miércoles, febrero 26, 2014
Los críticos recomiendan literatura juvenil
El ciclo Los Críticos Recomiendan de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en la ciudad de México, continúa este viernes 28, a las 5 pm, con la mesa dedicada a literatura juvenil, en la que participarán Gabriela Damián, Juana Inés Dehesa y Verónica Murguía. Esto será en el Auditorio Seis.
lunes, febrero 24, 2014
Sobre la obra de Cantú Toscano
La Revista de la Universidad de México, en su número de febrero, incluye mi texto crítico «Ahorita sólo nos queda equivocarnos», sobre la dramaturgia de Mario Cantú Toscano.
domingo, febrero 23, 2014
¿Hay algo que esté fuera de la vida?
Esther Seligson falleció hace cuatro años, el 8 de febrero de 2010. Escribí un ensayo sobre dos de sus relatos, y sobre lo que de ellos se desprende, para el suplemento Confabulario.
sábado, febrero 22, 2014
¿Cuáles son los grandes poemarios mexicanos del siglo XXI?
El gustado ciclo Los Críticos Recomiendan continuará mañana domingo en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en la ciudad de México, a las 4 de la tarde en el Salón Manuel Tolsá. La segunda sesión se titula: ¿Cuáles son los grandes poemarios mexicanos del siglo XXI? Paticiparán Juan Domingo Argüelles, Armando González Torres y Mijail Lamas.
viernes, febrero 21, 2014
Los críticos recomiendan literatura infantil
Hoy empieza el ciclo Los Críticos Recomiendan, en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería de la ciudad de México. La primera mesa es sobre literatura infantil. Participan Perla Holguín, Eduardo Huchín Sosa y Glafira Rocha. Esto será en el Salón de Firmas, a las 6 pm.
domingo, febrero 16, 2014
La cruzada Tsvietáieva
Y, ya que estamos tan rusófilos, también entrevisté a la traductora mexicana Selma Ancira sobre su trabajo vertiendo al español la prosa de Marina Tsvietáieva, Marina la grande: La cruzada Tsvietáieva.
La ideología y las pasiones
Publiqué hoy en el suplemento Confabulario un breve ensayo sobre las dos novelas mayores del gran escritor ruso Andréi Platónov: La ideología y las pasiones.
lunes, febrero 10, 2014
No expliques los sueños
Publiqué ayer en el suplemento Confabulario mi reporte crítico de varias películas nórdicas que vi en el pasado Festival Internacional de Cine de Gotemburgo: aquí.
viernes, febrero 07, 2014
Los críticos recomiendan en Minería
Ya está por empezar la más antigua feria del libro en el país, la del Palacio de Minería, en la ciudad de México, y el gustado ciclo de consultorios literarios Los críticos recomiendan incluye este año cinco mesas con quince críticos y escritores.
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