A los 24 años Esther Seligson empezó a publicar ensayos y artículos en revistas y suplementos de México. A lo largo de 2009, mientras escribía su último libro, Todo aquí es polvo, y sabedora ya de la condición endeble de su salud, la escritora se dedicó a hurgar en su memoria, sus cuadernos y archivos y, amparada en su férrea autocrítica, que la llevó a destruir numerosos inéditos que no la complacían, poco antes de su muerte, ocurrida en febrero de 2010, confió a su albacea literario dos volúmenes compilatorios: Escritos a mano, publicado hace cuatro meses por Editorial Jus y la UANL, y en que reunió obra de creación (relatos, poemas, aforismos, fragmentos de diario, ensayos breves) y Escritos a máquina, con su reflexión crítica sobre diferentes ámbitos de la creación artística: dramaturgia, teatro, poesía, novela, pintura, traducción... Así, Escritos a máquina, que acaba de publicar la Dirección de Literatura de la UNAM y pronto estará en librerías, puede considerarse no sólo el último eslabón de la obra literaria de Seligson, sino también una excelente puerta de entrada a las búsquedas y los acercamientos ensayísticos —siempre exigentes y siempre generosos— de esta autora fundamental de la literatura mexicana contemporánea.
Bitácora de Geney Beltrán [χe’nɛi bel’tɾan], escritor mexicano (Tamazula, Durango, 1976).
martes, agosto 23, 2011
lunes, agosto 22, 2011
CLVI
Búscate un cómplice para tu destrucción. Ayúdale en su propio camino al desastre. A eso, llámalo amor. (Te dirán que has vivido.)
El miedo en Colombia
El suplemento Laberinto, del periódico Milenio, publicó el sábado pasado mi texto crítico «La guerra también contra nosotros», sobre la novela El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez.
Aquí el texto íntegro:
Aquí el texto íntegro:
La
guerra también contra nosotros
Geney
Beltrán Félix
Juan Gabriel Vásquez, El ruido de las cosas al caer. Madrid/México,
Alfaguara, 2011. 259 pp.
Es la Colombia reciente:
se nos narra una balacera de 1996 en la que muere un ex presidiario, luego
sobre los orígenes del narcotráfico en la década de 1970. Pero El ruido de las cosas al caer, nueva
novela de Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973), vale menos por lo que menciona
de bombazos y cargamentos de cocaína que por la guerra que contundentemente crea
en el interior del protagonista: el propio cuerpo se le vuelve a Antonio
Yammara, joven profesor de derecho, un territorio vulnerable a raíz de que el
miedo invade su psique. El libro triunfa cuando hace ver el íntimo terror que trastoca la vida de su protagonista —y falla
cuando insistentemente nos informa que la violencia de las calles ha venido acompañando
a una generación.
Antonio Yammara vive en
Bogotá. Se enreda en amores con Aura, una hermosa ex alumna; se han embarazado,
viven ya juntos. Él conoce en el billar de las tardes a Ricardo Laverde, piloto
y ex convicto que, una tarde, es asesinado a balazos —y Yammara mismo resulta
herido en el incidente. Durante su estancia en el hospital, el hombre va
advirtiendo cómo la violencia exterior ha empezado a hospedarse en su cuerpo. Y
ese reiterado sismo de los nervios se deja ver gracias a una prosa de fraseo
largo virada a los detalles, construida desde la carne alterada de un personaje
cuya paranoia se vuelve una estética: el miedo le ha afinado la percepción, que
se detiene en lo que no por nimio dejará de ser posiblemente adverso. Hay en
esta escritura además un tenor reflexivo, con cierto aire de Javier Marías (“No
hay nada tan obsceno como espiar los últimos segundos de un hombre: deberían
ser secretos, inviolables, deberían morir con quien muere”), y una imaginería de
lo físico de, a ratos, poética eficacia (“su
cara era una fiesta de la cual ya se han ido todos”).
Hasta aquí tenemos
novela y personaje. Pero lo que viene después: no lo creo tanto.
Si el siglo XX se convirtió
en la hora máxima de la novela hispanoamericana, lo fue porque —y esto lo han
dicho tantos antes— el testimonio interesado en lo social fue desatendido o, en
otros casos, incorporado a una escala superior: la creación, siempre, de mundos
ficcionales. Frente a esa jurisprudencia, advierto en El ruido un desistimiento. Sí, Vásquez ha reflexionado sobre la
ficción —sus ensayos de El arte de la
distorsión (2009) incluyen inteligentes tomas de partido— y ha vinculado su
intuición fabuladora a la de nombres como Conrad, Naipaul y Bellow, no a la de
novelistas de lengua española. Con todo, si damos espacio, por esa rivalidad
que propicia el incesto de la lengua y la geografía, a una filiación
contrastiva entre El ruido y ficciones
hispanoamericanas sobre la violencia urbana (Los siete locos o Conversación
en la Catedral o El obsceno pájaro de
la noche), detecto entonces una disparidad: Vásquez, me temo, renuncia a la
ambigüedad de la novela para dar paso a la claridad de la lección de Historia.
El prurito pedagógico
del autor habría llevado a su protagonista a dejar de serlo: desde la tercera
sección de la novela, Yammara se convierte en un pretexto para que, a través de
la historia del joven Laverde y su pareja Elaine Fritts —idealista muchacha estadounidense
que deja su país en 1970 para incorporarse a los Cuerpos de Paz en Colombia—, el
lector se entere de manera oblicua de los orígenes del narcotráfico en el país
sudamericano.
No quiero decir que ese
relato hayamos de tomarlo como verídico en sí. Así como en Los informantes (2004), la anterior novela de Vásquez, el
periodista Gabriel Santoro se apoya en sus entrevistas con una mujer alemana de
nombre Sara Guterman para describir episodios de la historia de Colombia en los
años cuarenta, en ésta Antonio Yammara hace una tarea similar luego de leer numerosas
cartas y otros documentos. Así justifica su omnisciencia de los hechos antiguos,
aunque omite los pormenores, de sí tan coquetamente posmodernos, del proceso
cognitivo inherente al armado del rompecabezas (de Elaine se narran detalles
íntimos que acaso no habría contado por escrito a sus abuelos). Esta escamoteo permite
un relato ordenado y lineal de fácil seguimiento que, incurriendo en un
timorato conservadurismo técnico, nunca considera enfrentarse a la sospecha
fundacional, a La Gran Pregunta de Toda Ficción: ¿cómo podemos estar seguros de
lo que se cuenta del pasado?
La historia de Elaine
también pareciera llenar más bien un propósito informativo al no incluir ningún
conflicto moral o psicológico o político que iguale la tensión cernida en el arranque
de la novela: aunque Elaine se manifiesta contra la guerra de Vietman, lo suyo
es un anticlimático dejarse llevar por su idealismo y su amor a Laverde, y
cuando la dificultad empieza, con el encarcelamiento del esposo, su aparición termina.
Tampoco Maya, la hija de ambos hoy dedicada a la apicultura, enfrenta una
definición crucial. Rememora su furia cuando le fue dicho que su padre, a quien
creía muerto, había estado preso; sufre escuchando la grabación de las últimas
palabras cruzadas entre los pilotos del avión en que murió su madre, a finales
de 1995; pero en el presente de la narración es un personaje dramáticamente
inerte. La prolija visita que junto a Yammara hace al parque zoológico ya abandonado
—vieja propiedad de Pablo Escobar— no añade nada a lo que ya sabemos: que el
narco marcó su vida.
“Cientos de casos como
éste. Cientos de huérfanos ficticios, yo era un caso solamente. Eso es lo bueno
de Colombia, que uno nunca está solo con su destino”, contextualiza Maya al
narrar que la prisión de su padre le fue ocultada. En otra conversación, hacen ambos
—solos, sin un auditorio en torno suyo— el recuento de narcoatentados. Llegan a
un bombazo contra un avión de Avianca: “«Ahí supimos», dijo Maya, «que la
guerra también era contra nosotros. O lo confirmamos, por lo menos. Más allá de
toda duda. Hubo otras bombas en lugar públicos, claro»”. ¿Cómo un narrador tan conocedor
y consciente de las trastiendas de lo narrativo como es Vásquez se ha dejado
llevar por el facilismo de Te lo cuento,
personaje, para que te enteres, lector? (El mismo Vásquez escribió en El arte de la distorsión: “Contar cosas
que ya se saben es cometer pecado de redundancia, el peor pecado que puede
cometer un novelista”.)
Estos ejemplos —hay más—
harían suponer que El ruido responde no
al propósito de crear una nueva realidad en la ficción sino de informar de modo
ejemplarizante sobre la Colombia real. No es la ficción de un profesor de
derecho y una apicultora sino la historia de todos los jóvenes colombianos que
crecieron en la era del narcotráfico: eso debe quedar claro.
O acaso estoy en un
error: quizá he leído muy literalmente y los Cuerpos de Paz yanquis no tuvieron
nada que ver con el comienzo del narcotráfico en Colombia, tal vez la “reconstrucción”
que emprende Yammara de las vidas de Elaine y Laverde al leer las viejas cartas
es un ejemplo del “arte de la distorsión” del pasado que Vásquez postula para un
tipo de novela histórica cuyo modelo sería Cien
años de soledad. O más aún: acaso El
ruido sacrifica en dos terceras partes de su trama la vocación dramática y
la ambigüedad de la ficción, para cumplir con una inequívoca tarea de civismo. Porque
luego del fin de semana con Maya Fritts, el joven narrador regresa a su departamento
en Bogotá: lo intuimos decidido a recuperar a su mujer y su hija, llevado acaso
por el intento de no repetir la historia de la familia disgregada del piloto
Laverde. Conocer “vidas” ajenas —potencialmente similares a la propia— le
habría propiciado un crecimiento de la psique: he aquí el camino para decir
adiós al miedo. Y ese fenómeno, cuando llegue a ser compartido por su violentada
generación, podría impedir que, a raíz de los paralelismos históricos, Colombia
vea iniciado otro ciclo de violencia.
viernes, agosto 19, 2011
jueves, agosto 18, 2011
Formas de meter la pata
Si partimos del hecho que todo texto crítico es parte de un diálogo, de nada tiene raro que haya respuestas a lo que uno publica, en especial si se trata de reseñas de novedades literarias. Lo que sí es una curiosa forma de bajeza moral es que, en vez de usar argumentos, se lancen sospechas sin sustento. En el sitio de internet de la revista Letras Libres, como respuesta a mi texto crítico de Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra, alguien llamado Guillermo Salazar no encuentra mejor manera de mostrar su discrepancia con lo que yo afirmo que suponiendo que le tengo animadversión personal a Zambra. A esto no debería dedicarle ni un minuto, pero prefiero puntualizar:
No conozco a Alejandro Zambra, ni he tenido ni tengo ningún problema personal con él. Ignoro qué pruebas tiene el señor Salazar para afirmar que la mía sea una lectura "malintencionada" o que me "molesta la sola existencia" de Zambra. Para argumentar eso se requiere algo más que impresiones, como son las suyas, refutablemente personales. ¿O lo dice sólo porque mi conclusión crítica es diferente? Él hace, en breves líneas, un comentario elogioso de la novela; está en su derecho (y yo de discrepar). Sería irresponsable de mi parte especular que él acaso tenga una relación amistosa con el autor y que por esa razón sale a defender un libro que, según mi lectura, es prescindible. Eso sí: no acepto que pretenda sugerir que el éxito de crítica que ha tenido o puede tener la novela en Chile es suficiente para ver la manifestación de un “problema personal” en lo que yo, o cualquier otro, afirme en sentido contrario. Tampoco me interesa que los temas sean nuevos para la sociedad o la literatura chilenas; no soy chileno: leo desde otras coordenadas. Lo estrictamente temático es secundario ante la pobreza estilística y técnica (¿qué libro leyó Salazar para no advertir estas carencias?) de Formas de volver a casa.
No conozco a Alejandro Zambra, ni he tenido ni tengo ningún problema personal con él. Ignoro qué pruebas tiene el señor Salazar para afirmar que la mía sea una lectura "malintencionada" o que me "molesta la sola existencia" de Zambra. Para argumentar eso se requiere algo más que impresiones, como son las suyas, refutablemente personales. ¿O lo dice sólo porque mi conclusión crítica es diferente? Él hace, en breves líneas, un comentario elogioso de la novela; está en su derecho (y yo de discrepar). Sería irresponsable de mi parte especular que él acaso tenga una relación amistosa con el autor y que por esa razón sale a defender un libro que, según mi lectura, es prescindible. Eso sí: no acepto que pretenda sugerir que el éxito de crítica que ha tenido o puede tener la novela en Chile es suficiente para ver la manifestación de un “problema personal” en lo que yo, o cualquier otro, afirme en sentido contrario. Tampoco me interesa que los temas sean nuevos para la sociedad o la literatura chilenas; no soy chileno: leo desde otras coordenadas. Lo estrictamente temático es secundario ante la pobreza estilística y técnica (¿qué libro leyó Salazar para no advertir estas carencias?) de Formas de volver a casa.
martes, agosto 16, 2011
Contra la tradición de los oligarcas
La revista Litoral e publica el texto crítico «Cartas ajenas: contra la tradición de los oligarcas» de Josué Sánchez Hernández, sobre mi novela Cartas ajenas.
Acá cito un párrafo:
Su lenguaje establece una crítica porque, si bien se inscribe en la tradición del XIX, pasa por el tamiz de nuestro siglo y denuncia las convenciones de nuestra lengua: la profusión en el uso de los dos puntos, el ritmo sintáctico deliberadamente alambicado, la morfología retorcida de algunas palabras y un pequeño juego tipográfico, son prueba de una conciencia plena en el manejo de nuestro idioma. En todo caso, Cartas ajenas es una obra donde la tensión que revitaliza al lenguaje sucede gracias al aliento y conciencia que les infunde su autor.
Su lenguaje establece una crítica porque, si bien se inscribe en la tradición del XIX, pasa por el tamiz de nuestro siglo y denuncia las convenciones de nuestra lengua: la profusión en el uso de los dos puntos, el ritmo sintáctico deliberadamente alambicado, la morfología retorcida de algunas palabras y un pequeño juego tipográfico, son prueba de una conciencia plena en el manejo de nuestro idioma. En todo caso, Cartas ajenas es una obra donde la tensión que revitaliza al lenguaje sucede gracias al aliento y conciencia que les infunde su autor.
miércoles, agosto 10, 2011
CLV
Déjate fluir. Si el cambio ya ha dado inicio, lo más que puedes perder es la obsesión con tu pasado.
lunes, agosto 08, 2011
CLIV
En los hechos del virtuoso se deja ver a menudo una forma de la megalomanía: el impulso de hacer el bien no sólo exige superar la bondad ajena sino concentrar el monopolio absoluto de la virtud.
domingo, agosto 07, 2011
Encuentro en Monterrey
Participaré esta semana en el III Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes, en Monterrey, Nuevo León. El jueves 11, a las 5.30 pm, estaré en una mesa de lectura de obra, con Ignacio González Cabello, Iris García Cuevas y Lorena Ventura. Y el sábado 13, a las 12.30 del día, leeré mi ensayo "De qué hablamos cuando hablamos de futuro", en una mesa de discusión en la que participarán Ignacio González Cabello, Érick Vázquez y Carlos del Castillo. Ambas actividades serán en el Museo de Historia Mexicana.
viernes, agosto 05, 2011
CLIII
Sufre por lo que no existe, para así no gozar de lo que tiene. No se ha perdonado el hecho de ser él (no su cadáver) quien existe.
jueves, agosto 04, 2011
CLII
Es mediocre y lo anuncia. Espera un premio por su sinceridad. Merece una patada en el culo por su impudicia.
miércoles, agosto 03, 2011
CLI
Es un gran inversionista de sus emociones. Todo lo que hace y dice lo hace y dice para tener después de qué arrepentirse.
martes, agosto 02, 2011
¿No sabemos perdernos?
«Estéticamente, aquí tenemos la seguridad de quien permanece en su biblioteca luego de dar un paseo por las ahora tranquilas calles de su infancia: Zambra ha mostrado un temperamento posborgesiano con el que sus libros son, hasta la intrascendencia, congruentes. Políticamente, es el fracaso no de quien algo intentó, sino de quien para no fracasar ha preferido —Bartleby de cualquier ética— ni siquiera intentarlo. Aquí veo el nuevo triunfo del poder sobre el escritor: ya no la censura ni la represión sino la elección propia de la insignificancia: como nadie lee, sólo hablo de mí y de lo que leo, con una sintaxis que fuera del hartazgo de dos figuras retóricas no se exige más».
En su número de agosto, la revista Letras Libres publica mi texto crítico «No sabemos perdernos» (de donde procede el párrafo anterior), sobre el libro Formas de volver a casa de Alejandro Zambra.
lunes, agosto 01, 2011
CL
Da igual que el crítico literario firme o no con sus dos apellidos, es decir, incluyendo el de su madre. Ni así tendremos la certeza de dónde (de quién) viene su mala leche.
domingo, julio 31, 2011
Fragmento IV
Cuesta trabajo enderezar el corazón, acá donde acaso se vive, acá donde la luz se arrincona. Cuesta volver a casa entre rostros borrados, entre el olor a derrota de cuerpos que se amontonan uno contra otro. Da rabia no encontrarte en casa, que no estés para apaciguar mi furia con tus manos y que con dos palabras cures mi pecho de tanto trajinar menesteroso. El tiempo es un compañero voluble, una manía en mi muñeca; la noche propone alguna evasiva, pero la Noche nunca es buena consejera.
Mijail Lamas, El canto y la piedra
Mijail Lamas, El canto y la piedra
sábado, julio 30, 2011
viernes, julio 29, 2011
CXLVIII
Escribe para expresar su alma y también para expandir su ego. Normal y respetable. Y así sufrirá el doble.
miércoles, julio 20, 2011
Fuerza narrativa
Alejandro de la Garza comenta la novela Por el lado salvaje, de Nadia Villafuerte, en la revista Milenio Semanal:
La voz narrativa de Nadia Villafuerte (1978) azora al provenir de un ser
maduro curtido en las ásperas realidades de la vida, transmitir el
espesor y la riqueza de quien ha leído todo, y fluir con elegante prosa
rebelde al lugar común. Su hiperrealismo es capaz de expresar a la joven
tullida Lía, carne de albañal y burdel, en la inversa dignidad de su
viaje personal por el oprobio; el espíritu inquebrantable del fotógrafo
italiano Bardem, degradado por la vida y el autodesprecio, o la entereza
del biólogo Genaro al trastocarse en travesti para vencer a la
infelicidad con la fantasía. Luego de un par de becas y cuatro años de
esfuerzo, la narradora entrega una feroz novela dura, en recorrido de
Chiapas a Honduras y Tijuana, de Monterrey a Nuevo Laredo y Playa Bagdad
para desembocar en la libertad como un absoluto desamparo. Su factura
es una cuantiosa apuesta por el lado salvaje.
La Palanca, 17
El nuevo número de la revista La Palanca, que dirigen Pablo Mayans y Diego José, incluye textos de Kenia Cano, Nadia Villafuerte, Gabriela Conde, Verónica Gerber y Verónica Bujeiro. La ilustración del número se compone de obras de Rodrigo Ímaz, con los comentarios de Monserrat Hormigos Vaquero y Catalina Restrepo.
martes, julio 19, 2011
La ciudad sin Racine en El Universal
domingo, julio 17, 2011
sábado, julio 16, 2011
CXLVI
En
su gran astucia, el diablo nos ha hecho creer que no existe. Igual lo viene
haciendo la derecha: ha querido convencernos de que las diferencias entre
izquierda y derecha ya son cosa del pasado. Así han convertido el presente en este
infierno.
viernes, julio 15, 2011
Lo que perdiste en el camino
Alexis de Ganges publica en la revista Acequias (número 55, primavera-verano de 2011, páginas 57-58) su texto crítico "Habla de lo que perdiste en el camino", sobre mi libro de relatos Habla de lo que sabes.
Cito aquí los dos últimos párrafos:
“El
cuerpo de Sicrano”, el relato más largo del volumen, casi una novela corta, es
una historia de redención con tines de Onetti, y una alegoría de la decadencia
del cuerpo, al que sólo parece salvar la escritura (al estilo de la película El libro de cabecera). [...] Gabriel Sicrano y María Aspettani son
los dos personajes angulares a través de los cuales se mueve la narración, ágilmente
y con un lenguaje poético y de tono
resignado y lento; la estructura del relato está conformada por varias fechas
que no siguen un orden lineal, sino que, con saltos hacia el pasado o hacia el
futuro, dejando ver diversos aspectos en la historia de los personajes. Así,
nos enteramos que “veinte años y dos meses atrás, Gabriel Sicrano vivía en una
pequeña ciudad de la costa ocèanica y trabajaba como gerente de ventas en una
compañía de productos de carne, estaba casado y tenía gemelas de ocho años”. Al
parecer, el personaje ha decidido no cuidar de nadie más, pero entonces conoce
a María Aspettani y siente que debe ayudarla. La relación que entre ambos se
establece es a ratos ambigua y por instantes tenue, pero siempre una especie de
viaje hacia la salvación personal que no llega a concretarse, pero que, el
cuento parece indicarlo, vale la pena realizar a pesar de lo patético que pueda
ser el mundo.
Habla
de lo que sabes se revela como un libro de relatos mayormente oscuros, pero con
algunas zonas de luz que iluminan diversos aspectos de la condición humana. Sí,
están la soledad y la alienación del individuo en un espacio en el que ya no se
reconoce, pero también hay otros elementos. A fin de cuentas, ¿qué es un buen
relato sino hablar de lo que uno sabe para, quizá, encontrar lo que uno no
sabe? Como dice el poema de Pizarnik: “No hables de los jardines, no hables de
la luna, no hables de la rosa, no hablas del mar. Habla de lo que sabes”. Es
entonces en la desesperanza de la vida de clase media en una gran ciudad, en el
odio a la otredad, en la corrupción del cuerpo, la fantasía jamás realizada, la
vida cotidiana y su chato horizonte o los lugares comunes de personajes
demasiado vulgares, o incluso olvidados de sí mismos, que este libro se nutre.
CXLV
Ey, amigo: te contrataron como funcionario, no como crítico literario. Quita tus sucias manos del trabajo ajeno si, en tanto escritor, no has hecho ni una quinta parte de lo que ahora, como gutierritos, buscas destrozar.
jueves, julio 14, 2011
miércoles, julio 13, 2011
CXLII
¿De cuándo acá es un mérito no hacer ni siquiera bien lo que los abuelos hacían extraordinariamente?
martes, julio 12, 2011
CXLI
Quien sólo se contenta con acatar —y no atacar— las leyes no advierte
que así tan bajo se muestra a la altura de la astucia de quien
las perpetró.
lunes, julio 11, 2011
CXL
Hay de
fracasos a fracasos, pero el peor de todos, quién no lo sabe, es no intentar
ninguna audacia para nunca fracasar. Curiosamente, ahí está el secreto para
triunfar en esta época mediocre.
domingo, julio 10, 2011
"Personajes marcados por una carencia y un cúmulo de deseos irrealizables"
El suplemento La Jornada Semanal publica el texto crítico "Una Barbie tercermundista y manca", de Gerardo Bustamante Bermúdez, sobre la novela Por el lado salvaje, de Nadia Villafuerte.
CXXXIX
En épocas antiguas nos consolaba la existencia de La Verdad. Ahora que su
desaparición ha resultado tan cómoda, nos parece ridícula, hasta irrespetuosa, cualquier aparición de
la sinceridad.
sábado, julio 09, 2011
CXXXVIII
Ha de
haber peores dogmatismos, pero uno que quiere seguir pasándose por invisible en
nuestra época es el de quien tiene, ya no digamos la razón, sino el currículum
para dar la apariencia de autoridad que le otorgaría la razón a sus exabruptos.
viernes, julio 08, 2011
La Tertulia
Estaré hoy en el programa La Tertulia, de Radio Red (1110 am, 700 en Guadalajara y 1540 en Monterrey), hablando sobre mi novela Cartas ajenas. La cita es a las 9 de la noche. Si siguen conectados pueden escucharlo en línea.
CXXXVII
La
negativa del investigador literario a censurar o alabar una obra es incomprensible cuando se trata de la literatura
contemporánea. ¿Qué función tiene encontrar redes de significación en libros
técnica y retóricamente deficientes? ¿Por qué el crítico ha de renunciar a su
trabajo
de orientar al lector en esa avalancha de novedades, donde, sabemos bien, un
alto porcentaje es basura, debido a que el interés de las editoriales (muy comprensiblemente) es
mercantil y no de promoción del arte? El crítico que arriesga su palabra censurando una obra
no se muestra mezquino con el colega sino generoso con el lector: dedica tiempo,
reflexión y trabajo para llevarlo a lo que realmente lo enriquecerá
intelectualmente, y ahorrarle el encuentro con aquello que sólo será una estafa.
jueves, julio 07, 2011
Dramatis personae
La izquierda mexicana se obstina en hacerla de personaje de una novela de José Revueltas. Los priistas son felices reciclando las páginas de La muerte de Artemio Cruz. Los panistas, al no encontrar una buena novela cristera que los hospede en 2011, se dedican a escribirla primero en la realidad, con un saldo de 40,000 muertos a la fecha. Los votantes, por su cuenta, aceptan ser la versión mexicana de Homero Simpson.
miércoles, julio 06, 2011
Ceder
La revista Letras Libres de este mes incluye mi texto crítico "Ceder", sobre la novela Hielo negro, de Bernardo Fernández, Bef.
martes, julio 05, 2011
CXXXVI
Nuestros abuelos exploraban selvas, nos traían árboles portentosos y lujuriantes. Nosotros cultivamos una mata de rosales en una maceta.
lunes, julio 04, 2011
CXXXV
El PRI no gana elecciones porque sepa gobernar, sino que gobierna porque sabe ganar elecciones. Y no se trata de la misma cosa.
Tres noticias
Después de la elección de ayer, tenemos tres noticias, una buena, una mala y una pésima. La buena: Con todo y que ganó la gubernatura del Estado de México en 1999 y 2005, el PRI perdió la presidencia de la república en 2000 y 2006. La mala: Perdió la presidencia ante dos panistas. La pésima: Esos dos panistas fueron Vicente Fox y Felipe Calderón.
Así no se puede
El enemigo de la democracia no es el PRI, sino el votante que, voluntaria, amnésicamente, le sigue dando el poder al PRI, su verdugo histórico.
México, 2011
Estamos hartos de la clase política mexicana. Congruentemente, le damos el poder a los peores ejemplares de la clase política mexicana. ¿Cómo se llamó la obra?
domingo, julio 03, 2011
Estado del tiempo
Ah qué belleza de lluvia: torrencial, desatada. Como aquellos chaparrones de agosto de mi infancia en Sinaloa. Hasta parece que Tláloc me leyó el sentimiento.
sábado, julio 02, 2011
EdoMex
Tláloc ya dijo por quién no votará el domingo en las elecciones del Estado de México. Pero los votantes mexiquenses nomás no entienden el náhuatl.
CXXXIV
La traición, al ocurrir, la sentimos como si siempre la hubiéramos padecido. Como si fuera un solo hecho ya inscrito en la cadena de la eternidad, repetido en nosotros en la forma de un ritual. Lo que viene a nosotros en ese instante es un recuerdo: en la época de las cavernas, recién abandonado por su clan, el solitario alcanzaba a comprender que en esas condiciones no tenía la menor posibilidad de sobrevivir.
jueves, junio 30, 2011
Fraguas del verano
La revista Tierra Adentro, en su número 170 (de junio-julio), trae en Fraguas, su sección de crítica, textos de:
* Karla Marrufo, sobre los libros de dramaturgia Santificarás las fiestas o el amor perfecto de dos paraguas disfuncionales de Conchi León, Cuerdas de Bárbara Colio (El Milagro), Revolución III o la última afrenta de Luis Ayhllón (Conaculta) y el volumen colectivo Teatro de la Gruta X (Tierra Adentro).
* Enrique Padilla, sobre La naturaleza ama esconderse de Giorgio Colli (Sexto Piso/Conaculta).
* Gabriela Conde, sobre Los restos del banquete de Gabriel Wolfson (Libros Magenta).
* Alejandro Gaspar, sobre Riña de gatos. Madrid 1936 de Eduardo Mendoza (Planeta).
* Ignacio Sánchez Prado, sobre El oro ensortijado. Poesía viva de México (Eón).
* Claudina Domingo, sobre Poesía reunida de Joaquín Vázquez Aguilar (Unicach/Juan Pablos).
También se publican notas críticas breves sobre:
* Los últimos espectadores del acorazado Potemkin de Ana Teresa Torres (FCE), por Eduardo Antonio Parra.
* Perturbaciones atmosféricas de Rivka Galchen (Almadía), por Joaquín Guillén Márquez.
* Tijuana: crimen y olvido de Luis Humberto Crosthwaite (Tusquets), por Brenda Valdivia.
* La esposa del rey de las curvas de Alfredo Bryce Echenique (Anagrama), por Carlos Esteban Cuendia.
* Los gansos salvajes de Paulina Vindermann (Posdata), por Balam Rodrigo.
* Karla Marrufo, sobre los libros de dramaturgia Santificarás las fiestas o el amor perfecto de dos paraguas disfuncionales de Conchi León, Cuerdas de Bárbara Colio (El Milagro), Revolución III o la última afrenta de Luis Ayhllón (Conaculta) y el volumen colectivo Teatro de la Gruta X (Tierra Adentro).
* Enrique Padilla, sobre La naturaleza ama esconderse de Giorgio Colli (Sexto Piso/Conaculta).
* Gabriela Conde, sobre Los restos del banquete de Gabriel Wolfson (Libros Magenta).
* Alejandro Gaspar, sobre Riña de gatos. Madrid 1936 de Eduardo Mendoza (Planeta).
* Ignacio Sánchez Prado, sobre El oro ensortijado. Poesía viva de México (Eón).
* Claudina Domingo, sobre Poesía reunida de Joaquín Vázquez Aguilar (Unicach/Juan Pablos).
También se publican notas críticas breves sobre:
* Los últimos espectadores del acorazado Potemkin de Ana Teresa Torres (FCE), por Eduardo Antonio Parra.
* Perturbaciones atmosféricas de Rivka Galchen (Almadía), por Joaquín Guillén Márquez.
* Tijuana: crimen y olvido de Luis Humberto Crosthwaite (Tusquets), por Brenda Valdivia.
* La esposa del rey de las curvas de Alfredo Bryce Echenique (Anagrama), por Carlos Esteban Cuendia.
* Los gansos salvajes de Paulina Vindermann (Posdata), por Balam Rodrigo.
martes, junio 28, 2011
«Una literatura compleja, palpitante...»
El escritor Vicente Alfonso comenta mi novela Cartas ajenas en el periódico El Siglo de Torreón. Éste es el enlace.
He aquí un párrafo:
Un hombre que se cartea con su amante muerta (y recibe respuestas), una repartidora de cartas capaz de predecir la muerte de sus seres queridos y una mujer que descarga su dolor escribiendo a desconocidos, son sólo algunos de los personajes entrañables de esta novela, y que confirman la pericia que Geney mostró en Habla de lo que sabes, su primer libro de narrativa. Aunque su prosa fluida hace que escribir parezca fácil, hay mucha carpintería literaria en esta novela: si la historia avanza muy rápidamente es gracias a que está contada en párrafos breves, precisos, en los que vemos reflejado el convulso y violento México que habitamos estos días.
He aquí un párrafo:
Un hombre que se cartea con su amante muerta (y recibe respuestas), una repartidora de cartas capaz de predecir la muerte de sus seres queridos y una mujer que descarga su dolor escribiendo a desconocidos, son sólo algunos de los personajes entrañables de esta novela, y que confirman la pericia que Geney mostró en Habla de lo que sabes, su primer libro de narrativa. Aunque su prosa fluida hace que escribir parezca fácil, hay mucha carpintería literaria en esta novela: si la historia avanza muy rápidamente es gracias a que está contada en párrafos breves, precisos, en los que vemos reflejado el convulso y violento México que habitamos estos días.
lunes, junio 27, 2011
Mouawad en Villalongín
Bosques es la tercera obra de la tetralogía La sangre de las promesas del dramaturgo libanés-canadiense Wadji Mouawad. Está en cartelera en el Teatro Benito Juárez de la ciudad de México (Villalongín 15, en la delegación Cuauhtémoc), con dirección de Hugo Arrevillaga, viernes y sábado a las 7 pm y los domingos a las 6, de aquí a finales de julio.
Cierto que Mouawad tiene debilidad por la construcción prolija, al grado de que enfatiza muy melodramáticamente, hasta con grandilocuencia, el sustrato doxal de sus piezas. Sin embargo, y por lo menos en este caso, la obra sobrevive y se impone con suficiencia. La primera parte de Bosques es de una profunda emotividad, con un trabajo actoral y de dirección de primer nivel. Se trata de un extraordinario montaje.
domingo, junio 26, 2011
CXXXIII
El Google, esa versión mejorada, todavía imperfecta, de Dios: a toda pregunta él sí tiene una respuesta, pero, ay, no siempre satisfactoria.
viernes, junio 24, 2011
jueves, junio 23, 2011
CXXXI
Ciertas leyes parecen haber sido hechas sólo para garantizarle una gran satisfacción a quienes de antemano saben que podrán pasar impunemente por encima de ellas.
miércoles, junio 22, 2011
CXXX
El sedentario es un ser de tierra, y el gitano, de fuego. La nostalgia es propia del agua. Y la desmemoria es del aire.
martes, junio 21, 2011
CXXIX
Se muestra siempre inexperto e ingenuo en tantas cosas de la vida. No hay otra explicación: en su existencia anterior, murió siendo niño.
domingo, junio 19, 2011
El último escondite
Poema de Audomaro Ernesto Hidalgo
A esta hora los vecinos toman cerveza y ríen,
escuchan música de vecindario.
No quisiera
llorar esta noche en casa
pero me ha conmovido tanto la noticia
que tengo ganas de permanecer
solo, meciéndome en la hamaca.
Pensaba hablarte por teléfono,
preguntarte por tus cosas,
tu próximo viaje,
sin embargo la línea ha preferido el silencio
que comunicarme contigo.
Quisiera que todo esto fuera mentira.
Quisiera creer profundamente en la felicidad.
Me gustaría ayudarte a cargar las bolsas de la despensa
y caminar juntos hasta la puerta de tu casa.
Trato de controlar estas ganas de quebrarme
por esta puñalada repentina en un costado,
porque lo tuyo se parece mucho a una herida honda.
Busco la manera de defenderme del mutismo que me rodea
a pesar de que se escuchan autos y bailan los vecinos,
pero el problema de uno es adentro,
en esa parte oscura que también somos,
y que es necesario mirar aunque nos duela.
He preferido no preguntar.
Quién podría conocer mejor que tú
el olor del té esa mañana,
el sol que dora las plantas,
lo que debías hacer ese día
y los siguientes.
Alguien podría darme detalles.
No quiero saberlos,
odio las especulaciones,
no tolero a quienes hablan por hablar.
Apenas si podía creerlo, leí varias veces tu nombre
para ver si se alteraba el orden de las letras.
No. Nada. Es cierto.
Caminaré por la colonia,
entraré a la cafetería en frente de tu edificio,
imaginaré verte salir de casa o llegar de tus clases.
Voy a contar hasta diez
y luego
jugaré a buscarte como a una niña que ha elegido
el último escondite.
(Este poema de Audomaro Ernesto Hidalgo, escrito a la muerte de Esther Seligson, fue publicado en el más reciente anuario del Programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. La fotografía de aquí arribita es de Esther y su hermana Silvia, de niñas.)
A esta hora los vecinos toman cerveza y ríen,
escuchan música de vecindario.
No quisiera
llorar esta noche en casa
pero me ha conmovido tanto la noticia
que tengo ganas de permanecer
solo, meciéndome en la hamaca.
Pensaba hablarte por teléfono,
preguntarte por tus cosas,
tu próximo viaje,
sin embargo la línea ha preferido el silencio
que comunicarme contigo.
Quisiera que todo esto fuera mentira.
Quisiera creer profundamente en la felicidad.
Me gustaría ayudarte a cargar las bolsas de la despensa
y caminar juntos hasta la puerta de tu casa.
Trato de controlar estas ganas de quebrarme
por esta puñalada repentina en un costado,
porque lo tuyo se parece mucho a una herida honda.
Busco la manera de defenderme del mutismo que me rodea
a pesar de que se escuchan autos y bailan los vecinos,
pero el problema de uno es adentro,
en esa parte oscura que también somos,
y que es necesario mirar aunque nos duela.
He preferido no preguntar.
Quién podría conocer mejor que tú
el olor del té esa mañana,
el sol que dora las plantas,
lo que debías hacer ese día
y los siguientes.
Alguien podría darme detalles.
No quiero saberlos,
odio las especulaciones,
no tolero a quienes hablan por hablar.
Apenas si podía creerlo, leí varias veces tu nombre
para ver si se alteraba el orden de las letras.
No. Nada. Es cierto.
Caminaré por la colonia,
entraré a la cafetería en frente de tu edificio,
imaginaré verte salir de casa o llegar de tus clases.
Voy a contar hasta diez
y luego
jugaré a buscarte como a una niña que ha elegido
el último escondite.
(Este poema de Audomaro Ernesto Hidalgo, escrito a la muerte de Esther Seligson, fue publicado en el más reciente anuario del Programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. La fotografía de aquí arribita es de Esther y su hermana Silvia, de niñas.)
sábado, junio 18, 2011
CXXVIII
La infancia suele parecernos más bella cuando, ya de adultos, la atestiguamos en ciertos momentos de nuestros hijos que cuando, sin entender nada, la vivíamos por cuenta propia. Pero acaso creemos ver belleza en una cosa que, en sí terrible, por ajena tácitamente asumimos como tolerable.
viernes, junio 17, 2011
Las Aureolas
Mañana sábado, a las 12 del día, participaré, presentando mi novela Cartas ajenas y charlando sobre literatura, en el Club de Lectura Las Aureolas, en el bar El Hijo del Cuervo, en el centro de Coyoacán, en la ciudad de México.
Careo
Hoy es viernes, y para quien vive en la ciudad de México, una de las mejores opciones es ir al Centro Cultural Helénico, a presenciar, en el Foro La Gruta, el espectáculo «unipersonal anónimo» de Richard Viqueira titulado Careo. Es teatro y más que eso: circo y marona, psicoanálisis y stand-up comedy, todo a cargo de uno de los dramaturgos más brillantes de la actualidad en México.
miércoles, junio 15, 2011
martes, junio 14, 2011
CXXVII
Y cuando la sátira se aplica contra los de abajo, como hacen los comediantes de la televisión mexicana, no estamos hablando de entretenimiento, sino de fascismo.
lunes, junio 13, 2011
La casa junto al río
La casa junto al río, novela breve de la gran escritora mexicana Elena Garro, ha sido reeditada por Ediciones B en su sello Zeta Bolsillo, luego de que ya era inconseguible.
Dice el editor:
Luego de la muerte del dictador Francisco Franco, Consuelo regresa a España en busca del pueblo de sus raíces, del que recuerda muy poco. En tiempos de la Guerra Civil, cuando ella era una niña, su familia tuvo que emigrar a México. Ahora, sin embargo, al llegar al pueblo, Consuelo se encuentra con un muro de sospechas y mentiras, además de con los viejos rencores que aún despierta el recuento de las atrocidades que republicanos y falangistas cometieron durante la guerra. Consuelo irá descubriendo los hechos terribles que acabaron con su familia, se enterará de que hay una herencia no reclamada que le corresponde y entenderá por qué hay gente que la necesita ver muerta.
Esta estremecedora novela presenta el retrato de una mujer en una encrucijada de odios y venganzas, y demuestra por qué Elena Garro, la autora de Los recuerdos del porvenir (Premio Xavier Villaurrutia 1963), es la más grande escritora mexicana del siglo XX.
Dice el editor:
Luego de la muerte del dictador Francisco Franco, Consuelo regresa a España en busca del pueblo de sus raíces, del que recuerda muy poco. En tiempos de la Guerra Civil, cuando ella era una niña, su familia tuvo que emigrar a México. Ahora, sin embargo, al llegar al pueblo, Consuelo se encuentra con un muro de sospechas y mentiras, además de con los viejos rencores que aún despierta el recuento de las atrocidades que republicanos y falangistas cometieron durante la guerra. Consuelo irá descubriendo los hechos terribles que acabaron con su familia, se enterará de que hay una herencia no reclamada que le corresponde y entenderá por qué hay gente que la necesita ver muerta.
Esta estremecedora novela presenta el retrato de una mujer en una encrucijada de odios y venganzas, y demuestra por qué Elena Garro, la autora de Los recuerdos del porvenir (Premio Xavier Villaurrutia 1963), es la más grande escritora mexicana del siglo XX.
sábado, junio 11, 2011
La morada en el tiempo
La morada en el tiempo es la segunda novela de Esther Seligson. Se publicó originalmente en 1981. Ahora sale una nueva edición, en la quinta serie de Lecturas Mexicanas de Conaculta.
Cada que digo que La morada en el tiempo es uno de los secretos mejor guardados de la literatura hispanoamericana, me ha tocado ver caras de incredulidad. Esto viene de quienes no la han leído, y no sólo esta obra sino nada de lo escrito por Esther Seligson, o de quienes han intentado leerla y han dado marcha atrás. Porque, en efecto, se trata de una novela densa y exigente: es una prosa narrativa que se desentiende de la noción de trama y psicología para hacer una reescritura intimista del Antiguo Testamento y una revisión de la persecución del pueblo judío a lo largo de la historia y hasta el Holocausto. Y, más aún, se trata de una apuesta estilística de gran belleza y profundidad, en los linderos con la misma poesía, que busca instaurar en el texto la «selva espesa» de lo personal, con sus sueños, deseos, miedos. Un ejercicio que yo recomendaría para evitar «perderse», es leer La morada en el tiempo después de Todo aquí es polvo, último libro escrito por Esther, publicado en 2010.
Sobre esta nueva edición de La morada que anuncio ahora, tengo algunos reparos. Aunque la ilustración de la portada es excelente (la obra El evangelio según Francis Bacon, de Guillermo Arreola) no entiendo qué quiso decir (si es que quiso decir algo) el editor en el texto de la contraportada. Me da la impresión de que ni leyó el libro. También, me sorprende la decisión del diseñador gráfico (¿nadie andaba por ahí para llamarle la atención?) de dejar un lomo en el que el título es ilegible, y, sobre todo, esa variación tan uy, qué novedosa, de hacer leer la tipografía de arriba hacia abajo en las leyendas de la portada.
Sin embargo, sí tengo que mencionar que esta edición fue cotejada con las tres anteriores, y se incorporaron las correcciones que dejó Esther de su puño y letra. Y una última cosa: Esther confiaba en que habría de deberle la posteridad literaria a A los pies de un Buda sonriente (reeditado el año pasado en el volumen Negro es su rostro. Simiente, en el catálogo del FCE) y a La morada en el tiempo. Aunque yo añadiría varios otros textos en esa lista, creo que no andaba muy descaminada.
viernes, junio 10, 2011
jueves, junio 09, 2011
Soltar el amor
David Olguín comenta el libro Todo aquí es polvo, de Esther Seligson, en su texto crítico «Soltar el amor», publicado en la Revista de la Universidad de México de este mes de junio.
Soltar el amor
David Olguín
Después de leer Todo aquí es polvo, el último libro de Esther Seligson, tuve la sensación de palpar, en esos pliegos de papel, en el objeto mismo, a la persona. Terminé la lectura y acaricié la cuarta de forros y me encontré diciendo en voz alta: “ay, Esther, maestra, amiga”. Y sí, estoy convencido: en este libro está plenamente esa mujer difícil, apasionada; toda ella, libre y honesta, entregada a la sabiduría de lo invisible y tan material y fugaz como el olor de la nata fresca que tanto evoca en sus páginas.
Esther Seligson nos invita, como en tantas otras incitaciones al movimiento presentes en su obra, a un viaje, pero acaso éste sea el más hondo de todos. En la portada nos recibe en una foto de Rogelio Cuéllar a la que ella le tenía particular aprecio. Larga, espiritual, bella, como si la hubieran sorprendido en el gesto de abrir una puerta atrancada, Esther nos mira a sabiendas de que su destino siempre sería abrir puertas y descifrar arcanos. “Éste que ves, engaño colorido/ que del arte ostentando los primores…” pareciera decirnos Esther, la bella, que en su nombre —nomen est omen— invoca parte de su destino. Inevitable entrar al libro, a una casa, a un jardín, a un alma o, mejor dicho, usando sus propias palabras, a ese conglomerado de “almitas” que seducen rápidamente al lector en el caleidoscopio de sus contradicciones. Esther nos lleva de la mano a conocer a su madre, su padre, su hermana, su infancia con olor a nata fresca, la familia que pudo construir, sus amores, las búsquedas, viajes, España, Lisboa, Jerusalem, personas entrañables, y en el ejercicio de la memoria rescata los instantes de vida que la hicieron, deshicieron y reconstruyeron. Quedamos, a fin de cuentas, ante la presencia de una escritura que maduró en el tiempo y del tiempo mismo que se fuga en el intento por capturar en palabras la trama de una existencia. A un título tan barroco, tan ajeno al sentido de la vida según Seligson, le sucede un contenido que contradice la expectativa que crea el título; la contradicción sólo terminará por disolverse en los párrafos finales de un libro que transpira vida en cada detalle, en cada retrato y en cada paisaje.
Esther pretendía que Todo aquí es polvo fuera una novela, pero la escritura toma caminos misteriosos y, de cara a su partida, creo que fue el arribo del tiempo de los adioses lo que la ubicó en un sendero más radical, en una especie de ajuste de cuentas. No podía ser de otra manera. Ese hurgar en sí misma fue el sino de Esther. Recuerdo largas conversaciones telefónicas donde me hablaba cómo aquello que, en principio, estaba destinado a enmascararse en la ficción, finalmente adquiría matices más verosímiles y, a la vez, extraordinarios a medida que se acercaba más a la verdad o, mejor dicho, a su verdad. Le entusiasmaba haber desatado el hilo de la memoria, escribía con voracidad, recuperaba materiales de cuadernos, y notas y apuntes y jirones de palabras que cobraban un nuevo sentido desde el presente de su evocación. Las palabras como llaves que abren cerraduras, descubren e inventan; y toda Esther, conocedora de la tradición cabalística y del Talmud a fin de cuentas, de las verdades del Zóhar que sabe que “las palabras no caen en el vacío”, confiaba en la fuerza de esos sonidos y grafías capaces de convocar y reunir a los muertos y a los vivos, en el poder de la fugacidad como método de vida y de escritura, pero también en todo lo que permanece en un lector tras el gesto de cerrar, finalmente, la cuarta de forros.
Esther escribió en 2009 con una herida en el corazón, y no hay metáfora al decirlo. Las palabras cicatrizan, pero al cabo murió un 8 de febrero de 2010 tras un ejercicio de conciencia, de placer, de voracidad creativa. El resultado es un libro apasionante, más aún si pensamos que la autobiografía sigue siendo un terreno poco presente en nuestra tradición literaria, pues el peso del pudor hispano ha dejado en las sombras, o en la transfiguración de lo ficticio, la exposición pública de la intimidad. Cuando se escriben, en español, diarios, memorias y textos autobiográficos, arrastran cierta dosis de transgresión que no cualquier escritor se atreve a afrontar con plenitud.
Vivimos tiempos donde el espectáculo, desde los secretos de alcoba hasta los de familia y de Estado, pareciera dinamitar la esfera de lo privado. Pero al igual que las redes sociales han hecho de la amistad un plano extenso y superficial, el escándalo, en nuestros días, banaliza la auténtica exploración interior que se vuelve materia pública.
Dicen que hay que cuidarse de los diaristas, pero también el escritor de intimidades llega a un punto donde se teme a sí mismo y a veces se mortifica por quitar las hojas de parra del cuerpo propio y del ajeno, los velos del alma que, a fin de cuentas, se atreve a revelar con sus secretos. La autocensura es su castigo; la trivialidad y el chisme, otra forma de enmascararse. Esther Seligson sortea ambas orillas. Poder decir “esto soy, esto he visto, así he vivido” requiere de valor y honestidad. Y si la lápida del pudor pesa sobre el mundo masculino en sociedades patriarcales, la mujer que pulsa su propia intimidad convierte, en mayor medida, a la escritura en un ejercicio invaluable de libertad.
En Todo aquí es polvo asistimos al íntimo teatro de cámara donde se exhibe una vida hacia adentro, en lo profundo, bajo la mirada objetiva y subjetiva de una mujer que, entre muchas otras virtudes heterodoxas en nuestros días y en nuestro país, ejerció una honestidad que podía llegar al punto de la intransigencia, el conflicto permanente y la incomprensión. En este sentido, me parece admirable que éste sea el último libro de Esther, acaso el más entrañable, transparente y hondo, el autorretrato de una mujer inquietante, atormentada, pero también capaz de mirarse con la distancia que brindan la inteligencia y la frecuentación de las batallas con el yomismo. Si la joven Esther se fuga, el tiempo cala hondo en su ser y acaba por darle un sentido a la obsesión que recorre toda su obra: la fugacidad, buscarse en el tiempo, vivir el presente y sólo el presente en un intento de exploración que se revela en los mismos títulos de la mayoría de sus libros: A campo traviesa, Toda la luz, Sed de mar, La morada en el tiempo, A los pies de un Buda sonriente, Luz de dos y Simiente, entre otros indicios donde el cabalista podría confirmar la antigua sabiduría de que el destino se cifra en el nombre.
A diferencia de aquellos títulos, Todo aquí es polvo pareciera invocar las presentes sucesiones de difunto propias del horror vacui, pero no es así. Tampoco la bella Esther desmiente los elogios al retrato de Rogelio Cuéllar donde la muestra, dice el poeta, “en el apogeo de (su) belleza, como la rama cuando se viste de hojas”. El tiempo pasa, Esther lo sabe, pero es ajena al barroco de Sor Juana que la hizo decir de su retrato: “es un vano artificio del cuidado/ es una flor al viento delicada,/ es un resguardo inútil para el hado; es una necia diligencia errada, es un afán caduco y, bien mirado,/ es cadáver, es polvo, es sombra, es nada”.
Tu visión, por fortuna, querida Esther, es otra. Tu mestizaje cultural nos revela otros rumbos del viaje que siempre tuvo sentido para ti, a pesar de los pesares que te mordieron brutalmente el corazón. A través de la escritura, Esther, buscaste cicatrizar la mayor herida que te pudo infligir el tiempo. Alguna vez me enseñaste que en Met y Emet, una letra solamente convierte a la muerte en vida. Así, podemos pensar que tu búsqueda fue de luz en el río de las metamorfosis interminables, aun cuando la diosa fortuna te cobrara cuentas imposibles de saldar.
Ahora recuerdo la tarde soleada en que le regalaste a Laura Almela Todo aquí es polvo con sus páginas mecanografiadas en tu eterna Lettera 21. Nunca pensamos que tu partida era tan inminente. Apenas un mes después de la última revisión en la que “aumentaste” tu texto, te fuiste, según nos contara Gina Ogarrio, tu “alma gemela” como tú la nombras en estas páginas, en paz, mirando fijamente la luz de sus ojos, tras haber hecho respiraciones que llevaron aire a todo tu cuerpo que ya era de aire, un soplo concentrado en el cuarzo que pusiste en tu pecho y que te permitió desprenderte, de acuerdo con tus convicciones más profundas, y atravesar el umbral para iniciar otro viaje.
Por más que haya estudiado contigo, maestra, siempre he sido un racionalista demasiado apegado a los sensualismos de la tierra. De manera que me abrazo a tu libro con la convicción de los náufragos que ahí pueden encontrar una bitácora de viaje para sobrevivir a la zozobra. Tu relato está lleno de vida y, por tanto, de alegrías y desgarramientos, de anécdotas fascinantes, de una Ciudad de México que recibió emigrantes judíos que fortalecieron su sabiduría y su tolerancia, de amor y desamor, de tu entrega al teatro —el más fugaz de los juegos—, de observaciones de viaje y de todo el mestizaje cultural que tú representas. Al cabo del viaje, encuentras la fugacidad, tu anhelo de siempre:
“Todo aquí es polvo”, escribes al final de tu libro donde descifras el misterio de tu fe. “Pero justamente por ello vuelvo y retorno, y es ésta tierra la que cubrirá mi cuerpo… Abandonar la prisión del amor, se dice que dicen los que sí saben, sólo es posible por el camino del Amor: no hay otra puerta, no existe otra salida. Soltar el amor para amar aún más: he ahí la paradoja de la reparación —el tikun— y de la pureza. A final de cuentas, el mundo es lo que hacemos de él, y sólo se escapa a la muerte eligiéndola. Me habría gustado que mis cenizas fueran dispersadas en el Tajo, desde Toledo, para enlazar mis amores y acompañar su trayecto río abajo, fleco líquido entre las grietas de los riscos, caballo desbocado espumeando por los belfos, cascada liquen, vellón asperjado de estrellas y soles, corimbo de olas… La muerte ha de ser entrar en un mar infinitamente poroso, azul zafiro brillante, traslúcido…”
Llegaste a buen puerto, amiga, mujer que hiciste de la pasión una razón y también un acto de fe. Libre de ataduras, sin artificios, sin las inclemencias de los dimes y diretes cotidianos, tu prosa crece a la luz de una lectura sin tu presencia, pero a sabiendas de la generosidad con la que entregaste tu persona. Te seguiremos leyendo, querida Esther, con el mismo asombro con el que tu escritura nos lleva a tu jardín de infancia.
Soltar el amor
David Olguín
Después de leer Todo aquí es polvo, el último libro de Esther Seligson, tuve la sensación de palpar, en esos pliegos de papel, en el objeto mismo, a la persona. Terminé la lectura y acaricié la cuarta de forros y me encontré diciendo en voz alta: “ay, Esther, maestra, amiga”. Y sí, estoy convencido: en este libro está plenamente esa mujer difícil, apasionada; toda ella, libre y honesta, entregada a la sabiduría de lo invisible y tan material y fugaz como el olor de la nata fresca que tanto evoca en sus páginas.
Esther Seligson nos invita, como en tantas otras incitaciones al movimiento presentes en su obra, a un viaje, pero acaso éste sea el más hondo de todos. En la portada nos recibe en una foto de Rogelio Cuéllar a la que ella le tenía particular aprecio. Larga, espiritual, bella, como si la hubieran sorprendido en el gesto de abrir una puerta atrancada, Esther nos mira a sabiendas de que su destino siempre sería abrir puertas y descifrar arcanos. “Éste que ves, engaño colorido/ que del arte ostentando los primores…” pareciera decirnos Esther, la bella, que en su nombre —nomen est omen— invoca parte de su destino. Inevitable entrar al libro, a una casa, a un jardín, a un alma o, mejor dicho, usando sus propias palabras, a ese conglomerado de “almitas” que seducen rápidamente al lector en el caleidoscopio de sus contradicciones. Esther nos lleva de la mano a conocer a su madre, su padre, su hermana, su infancia con olor a nata fresca, la familia que pudo construir, sus amores, las búsquedas, viajes, España, Lisboa, Jerusalem, personas entrañables, y en el ejercicio de la memoria rescata los instantes de vida que la hicieron, deshicieron y reconstruyeron. Quedamos, a fin de cuentas, ante la presencia de una escritura que maduró en el tiempo y del tiempo mismo que se fuga en el intento por capturar en palabras la trama de una existencia. A un título tan barroco, tan ajeno al sentido de la vida según Seligson, le sucede un contenido que contradice la expectativa que crea el título; la contradicción sólo terminará por disolverse en los párrafos finales de un libro que transpira vida en cada detalle, en cada retrato y en cada paisaje.
Esther pretendía que Todo aquí es polvo fuera una novela, pero la escritura toma caminos misteriosos y, de cara a su partida, creo que fue el arribo del tiempo de los adioses lo que la ubicó en un sendero más radical, en una especie de ajuste de cuentas. No podía ser de otra manera. Ese hurgar en sí misma fue el sino de Esther. Recuerdo largas conversaciones telefónicas donde me hablaba cómo aquello que, en principio, estaba destinado a enmascararse en la ficción, finalmente adquiría matices más verosímiles y, a la vez, extraordinarios a medida que se acercaba más a la verdad o, mejor dicho, a su verdad. Le entusiasmaba haber desatado el hilo de la memoria, escribía con voracidad, recuperaba materiales de cuadernos, y notas y apuntes y jirones de palabras que cobraban un nuevo sentido desde el presente de su evocación. Las palabras como llaves que abren cerraduras, descubren e inventan; y toda Esther, conocedora de la tradición cabalística y del Talmud a fin de cuentas, de las verdades del Zóhar que sabe que “las palabras no caen en el vacío”, confiaba en la fuerza de esos sonidos y grafías capaces de convocar y reunir a los muertos y a los vivos, en el poder de la fugacidad como método de vida y de escritura, pero también en todo lo que permanece en un lector tras el gesto de cerrar, finalmente, la cuarta de forros.
Esther escribió en 2009 con una herida en el corazón, y no hay metáfora al decirlo. Las palabras cicatrizan, pero al cabo murió un 8 de febrero de 2010 tras un ejercicio de conciencia, de placer, de voracidad creativa. El resultado es un libro apasionante, más aún si pensamos que la autobiografía sigue siendo un terreno poco presente en nuestra tradición literaria, pues el peso del pudor hispano ha dejado en las sombras, o en la transfiguración de lo ficticio, la exposición pública de la intimidad. Cuando se escriben, en español, diarios, memorias y textos autobiográficos, arrastran cierta dosis de transgresión que no cualquier escritor se atreve a afrontar con plenitud.
Vivimos tiempos donde el espectáculo, desde los secretos de alcoba hasta los de familia y de Estado, pareciera dinamitar la esfera de lo privado. Pero al igual que las redes sociales han hecho de la amistad un plano extenso y superficial, el escándalo, en nuestros días, banaliza la auténtica exploración interior que se vuelve materia pública.
Dicen que hay que cuidarse de los diaristas, pero también el escritor de intimidades llega a un punto donde se teme a sí mismo y a veces se mortifica por quitar las hojas de parra del cuerpo propio y del ajeno, los velos del alma que, a fin de cuentas, se atreve a revelar con sus secretos. La autocensura es su castigo; la trivialidad y el chisme, otra forma de enmascararse. Esther Seligson sortea ambas orillas. Poder decir “esto soy, esto he visto, así he vivido” requiere de valor y honestidad. Y si la lápida del pudor pesa sobre el mundo masculino en sociedades patriarcales, la mujer que pulsa su propia intimidad convierte, en mayor medida, a la escritura en un ejercicio invaluable de libertad.
En Todo aquí es polvo asistimos al íntimo teatro de cámara donde se exhibe una vida hacia adentro, en lo profundo, bajo la mirada objetiva y subjetiva de una mujer que, entre muchas otras virtudes heterodoxas en nuestros días y en nuestro país, ejerció una honestidad que podía llegar al punto de la intransigencia, el conflicto permanente y la incomprensión. En este sentido, me parece admirable que éste sea el último libro de Esther, acaso el más entrañable, transparente y hondo, el autorretrato de una mujer inquietante, atormentada, pero también capaz de mirarse con la distancia que brindan la inteligencia y la frecuentación de las batallas con el yomismo. Si la joven Esther se fuga, el tiempo cala hondo en su ser y acaba por darle un sentido a la obsesión que recorre toda su obra: la fugacidad, buscarse en el tiempo, vivir el presente y sólo el presente en un intento de exploración que se revela en los mismos títulos de la mayoría de sus libros: A campo traviesa, Toda la luz, Sed de mar, La morada en el tiempo, A los pies de un Buda sonriente, Luz de dos y Simiente, entre otros indicios donde el cabalista podría confirmar la antigua sabiduría de que el destino se cifra en el nombre.
A diferencia de aquellos títulos, Todo aquí es polvo pareciera invocar las presentes sucesiones de difunto propias del horror vacui, pero no es así. Tampoco la bella Esther desmiente los elogios al retrato de Rogelio Cuéllar donde la muestra, dice el poeta, “en el apogeo de (su) belleza, como la rama cuando se viste de hojas”. El tiempo pasa, Esther lo sabe, pero es ajena al barroco de Sor Juana que la hizo decir de su retrato: “es un vano artificio del cuidado/ es una flor al viento delicada,/ es un resguardo inútil para el hado; es una necia diligencia errada, es un afán caduco y, bien mirado,/ es cadáver, es polvo, es sombra, es nada”.
Tu visión, por fortuna, querida Esther, es otra. Tu mestizaje cultural nos revela otros rumbos del viaje que siempre tuvo sentido para ti, a pesar de los pesares que te mordieron brutalmente el corazón. A través de la escritura, Esther, buscaste cicatrizar la mayor herida que te pudo infligir el tiempo. Alguna vez me enseñaste que en Met y Emet, una letra solamente convierte a la muerte en vida. Así, podemos pensar que tu búsqueda fue de luz en el río de las metamorfosis interminables, aun cuando la diosa fortuna te cobrara cuentas imposibles de saldar.
Ahora recuerdo la tarde soleada en que le regalaste a Laura Almela Todo aquí es polvo con sus páginas mecanografiadas en tu eterna Lettera 21. Nunca pensamos que tu partida era tan inminente. Apenas un mes después de la última revisión en la que “aumentaste” tu texto, te fuiste, según nos contara Gina Ogarrio, tu “alma gemela” como tú la nombras en estas páginas, en paz, mirando fijamente la luz de sus ojos, tras haber hecho respiraciones que llevaron aire a todo tu cuerpo que ya era de aire, un soplo concentrado en el cuarzo que pusiste en tu pecho y que te permitió desprenderte, de acuerdo con tus convicciones más profundas, y atravesar el umbral para iniciar otro viaje.
Por más que haya estudiado contigo, maestra, siempre he sido un racionalista demasiado apegado a los sensualismos de la tierra. De manera que me abrazo a tu libro con la convicción de los náufragos que ahí pueden encontrar una bitácora de viaje para sobrevivir a la zozobra. Tu relato está lleno de vida y, por tanto, de alegrías y desgarramientos, de anécdotas fascinantes, de una Ciudad de México que recibió emigrantes judíos que fortalecieron su sabiduría y su tolerancia, de amor y desamor, de tu entrega al teatro —el más fugaz de los juegos—, de observaciones de viaje y de todo el mestizaje cultural que tú representas. Al cabo del viaje, encuentras la fugacidad, tu anhelo de siempre:
“Todo aquí es polvo”, escribes al final de tu libro donde descifras el misterio de tu fe. “Pero justamente por ello vuelvo y retorno, y es ésta tierra la que cubrirá mi cuerpo… Abandonar la prisión del amor, se dice que dicen los que sí saben, sólo es posible por el camino del Amor: no hay otra puerta, no existe otra salida. Soltar el amor para amar aún más: he ahí la paradoja de la reparación —el tikun— y de la pureza. A final de cuentas, el mundo es lo que hacemos de él, y sólo se escapa a la muerte eligiéndola. Me habría gustado que mis cenizas fueran dispersadas en el Tajo, desde Toledo, para enlazar mis amores y acompañar su trayecto río abajo, fleco líquido entre las grietas de los riscos, caballo desbocado espumeando por los belfos, cascada liquen, vellón asperjado de estrellas y soles, corimbo de olas… La muerte ha de ser entrar en un mar infinitamente poroso, azul zafiro brillante, traslúcido…”
Llegaste a buen puerto, amiga, mujer que hiciste de la pasión una razón y también un acto de fe. Libre de ataduras, sin artificios, sin las inclemencias de los dimes y diretes cotidianos, tu prosa crece a la luz de una lectura sin tu presencia, pero a sabiendas de la generosidad con la que entregaste tu persona. Te seguiremos leyendo, querida Esther, con el mismo asombro con el que tu escritura nos lleva a tu jardín de infancia.
miércoles, junio 08, 2011
martes, junio 07, 2011
lunes, junio 06, 2011
CXXIII
Caso curioso el del autor que defiende su derecho a una escritura díscola y rebelde —pero que tiene que ser aplaudida, dócil y reverentemente, por el lector y el crítico.
sábado, junio 04, 2011
El ensayo es un arma caliente
Daniel Orizaga Doguim escribe en elhorizontal.com sobre mi libro de ensayos El sueño no es un refugio sino un arma: aquí.
viernes, junio 03, 2011
CXXII
Tanto busca a su enemigo que cuando por fin lo encuentre y sea por él destruido alcanzará su secreta realización: extirparse el miedo a sí mismo.
jueves, junio 02, 2011
Bobo con piel de Cordero
Exijo que Ernesto Cordero presente su acta de nacimiento; no vaya a ser que en vez de en México haya nacido en Foxilandia.
miércoles, junio 01, 2011
CXX
Hay adultos que
más gustosamente conviven con ancianos y con niños. Suelen ser muy responsables
y racionales. De la infancia y la vejez envidian, con una inexorable tristeza,
esa liberación que da la cercanía con el olvido.
martes, mayo 31, 2011
Makina en la tierra de doña Bárbara
El Blog Comatoso le desea la mejor de las suertes al escritor mexicano Yuri Herrera, cuya segunda novela, Señales que precederán al fin del mundo, es ya finalista del Premio Rómulo Gallegos. Pronto sabremos si Makina la intrépida se alza con la peleada distinción.
CXIX
Con ánimo
paternalista y generoso ayudas a levantarse, una vez que los comete, a quien
comete los errores que una voz en los huesos te exige inútilmente que tengas la
audacia de cometer.
lunes, mayo 30, 2011
CXVIII
Al cumplirse 18
años del suicidio de mi padre, asistí dentro mío a un espectáculo cuya
inminencia desconocía: la mayoría de edad de un cadáver. Ese día, el rencor que
había venido, sin saberlo, sintiendo contra él por su voluntaria partida se
convirtió en una nueva piel interior, el vestido acaso del futuro suicida.
sábado, mayo 28, 2011
CXVII
Hazle ver por qué debería indignarse y, mientras no le exijas nada más allá de eso, obtendrás su aplauso.
jueves, mayo 26, 2011
CXVI
Cuando hablas de
otro, hablas en realidad de ti mismo. Cuando hablas por fin de ti mismo, sólo
se discierne un eco. Cómo saber si es el de tus balbuceos de infancia o de los
estertores de una inminente agonía.
miércoles, mayo 25, 2011
Escritos a mano en Monterrey
Hoy miércoles, a las 17:30 horas, se presentará Escritos a mano, de Esther Seligson, en Monterrey, Nuevo León, dentro de la Feria Universitaria del Libro de la UANL, en la Casa Universitaria del Libro. Los comentarios serán de Marina Porcelli y Antonio Ramos Revillas.
jueves, mayo 19, 2011
Escritos a mano en México
Ya está en librerías el nuevo libro de Esther Seligson, titulado Escritos a mano. Lo editan Jus y la UANL. Es un libro de varia invención: le incluye minificciones, aforismos, relatos, ensayos, poemas, fragmentos de diario...
Este martes 24, a las 7:00 de la tarde, presentaremos este nuevo libro en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, en la colonia Condesa de la ciudad de México. Participan Jezreel Salazar, Vicente Alfonso y Mijail Lamas.
Este martes 24, a las 7:00 de la tarde, presentaremos este nuevo libro en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, en la colonia Condesa de la ciudad de México. Participan Jezreel Salazar, Vicente Alfonso y Mijail Lamas.
miércoles, mayo 18, 2011
Cartas ajenas en Xalapa
Este sábado 21, a las 4:00 pm, presento mi novela Cartas ajenas en Xalapa, en la Feria Internacional del Libro Universitario que organiza la Universidad Veracruzana. La actividad será en la Galería de Artes Plásticas de la Unidad de Artes. Los comentarios correrán a cuenta de Rodolfo Mendoza Rosendo y Enrique Padilla.
martes, mayo 17, 2011
En la Casa Merlos
Como todo mundo sabe, el mejor restaurante de comida poblana está en Tacubaya, en la ciudad de México, y se llama la Casa Merlos. Ahí fue tomada esta foto a fines del año pasado, con mis amigos Yenny Enríquez y Romeo Tello A.
lunes, mayo 16, 2011
200 kilómetros por hora
El nuevo número de la Revista de la Universidad de México (mayo de 2011) publica el relato "200 kilómetros por hora", de Nadia Villafuerte, en un dossier en que también figuran textos narrativos de Enrique Serna, Daniel Sada, Élmer Mendoza, Agustín Monsreal y Mauricio Molina.
He aquí un párrafo de "200 kilómetros por hora":
De pronto ya conversábamos. Sobre experiencias dolorosas, relaciones destructivas, rencor y humillaciones, y eso era la evidencia de que la tragedia es el escenario ideal de lo que en el fondo Izra y yo pedíamos: heroísmo. El mozo se puso a relatar los orígenes de su álbum familiar, de por qué había llegado hasta el merendero, finalmente contó el modo en que había sido asesinado Mijail: «Porque lo tenía todo y yo no. Una noche lo golpeé. Cada vez más y más fuerte. Lo desnudé y seguí golpeándolo: las nalgas, los muslos, las piernas, la espalda, el cuello, los hombros, con todas mis fuerzas, y todo se volvió rojo. El cuerpo, los cabellos, la ropa de mi amigo, el tapiz, mis manos, mis brazos. La sangre se mezcló con mi sudor y continué haciéndolo hasta que el hombre lanzó un grito final, inhumano, y yo caí, agotado, al pie de su cama».
He aquí un párrafo de "200 kilómetros por hora":
De pronto ya conversábamos. Sobre experiencias dolorosas, relaciones destructivas, rencor y humillaciones, y eso era la evidencia de que la tragedia es el escenario ideal de lo que en el fondo Izra y yo pedíamos: heroísmo. El mozo se puso a relatar los orígenes de su álbum familiar, de por qué había llegado hasta el merendero, finalmente contó el modo en que había sido asesinado Mijail: «Porque lo tenía todo y yo no. Una noche lo golpeé. Cada vez más y más fuerte. Lo desnudé y seguí golpeándolo: las nalgas, los muslos, las piernas, la espalda, el cuello, los hombros, con todas mis fuerzas, y todo se volvió rojo. El cuerpo, los cabellos, la ropa de mi amigo, el tapiz, mis manos, mis brazos. La sangre se mezcló con mi sudor y continué haciéndolo hasta que el hombre lanzó un grito final, inhumano, y yo caí, agotado, al pie de su cama».
domingo, mayo 15, 2011
CXIII
Falso que vivamos
de nuevo nuestra infancia en la infancia de nuestros hijos. Al ver la pena, el
desconcierto y la frustración que les provoca el aprendizaje del vivir, nos
sentimos aliviados de que la adultez, con todo y su mezquindad y cinismo, signifique
ser menos vulnerables —aunque eso no signifique que hayamos aprendido a lidiar
con el vivir.
sábado, mayo 14, 2011
Sobre la poesía de Esther
El suplemento Laberinto del periódico Milenio publica hoy un texto crítico de Margarito Cuéllar sobre el volumen Negro es su rosro. Simiente (FCE) de Esther Seligson.
Un párrafo:
Rilke, Huidobro, Ana Ajmátova, Bachelard, María Zambrano, guían estas travesías plenas de luz. Una luz que no enceguece, que no señala hacia un camino único, sino a varios; que no está inmersa sólo en la cultura de Oriente, que muy bien desentrañó y conoció la autora en sus viajes; la mirada de Esther es múltiple, dueña de un gran angular que abarca todo, desde una envestidura en apariencia frágil, de la que se impone un talento enraizado en la inteligencia, la sensibilidad y la búsqueda de un Yo que se exterioriza, no desde la evidencia, tampoco desde la densidad, simplemente se muestra como lo que es: un vergel en el que asoman las espinas huérfanas de la existencia.
Un párrafo:
Rilke, Huidobro, Ana Ajmátova, Bachelard, María Zambrano, guían estas travesías plenas de luz. Una luz que no enceguece, que no señala hacia un camino único, sino a varios; que no está inmersa sólo en la cultura de Oriente, que muy bien desentrañó y conoció la autora en sus viajes; la mirada de Esther es múltiple, dueña de un gran angular que abarca todo, desde una envestidura en apariencia frágil, de la que se impone un talento enraizado en la inteligencia, la sensibilidad y la búsqueda de un Yo que se exterioriza, no desde la evidencia, tampoco desde la densidad, simplemente se muestra como lo que es: un vergel en el que asoman las espinas huérfanas de la existencia.
Hierba irreal, ciudad quemada...
La revista Crítica, en su número 143 (mayo-junio) incluye, entre otros interesantes materiales, el texto narrativo «Hierba quemada», de Nadia Villafuerte, y el texto crítico «Ciudad irreal», de David Olguín, sobre mi libro de relatos Habla de lo que sabes.
Del relato de Nadia Villafuerte, un párrafo:
Las horas, los días, los meses constituían un bastión contra la muerte, disipando cualquier otro objetivo. Lo era para aquel coche tapizado de cartulinas con la palabra tv en los cuatro vidrios; como para la mujer que, llorando, obligaba a ver el cadáver de su hija quinceañera, ametrallada la víspera. Lo era para el centenar de niños apuntándole a Bardem con armas inservibles, para que les tomara fotos; como para sí mismo, a veces acuclillado frente a un hecho que, a fuerza de repetirse, perdía su misterio.
Del texto de David Olguín, un párrafo:
Borges llama a este género de historias “el de las fantasías de la conducta y el sentimiento”, pero si el delirio hace del paisaje mental una cárcel piranesiana, ya estamos en otra cosa, algo cercano a la pesadilla. Habla de lo que sabes encierra el vértigo de lo extraño, pero tiene la sabiduría de los que despiertan del mal sueño para contar.
Del relato de Nadia Villafuerte, un párrafo:
Las horas, los días, los meses constituían un bastión contra la muerte, disipando cualquier otro objetivo. Lo era para aquel coche tapizado de cartulinas con la palabra tv en los cuatro vidrios; como para la mujer que, llorando, obligaba a ver el cadáver de su hija quinceañera, ametrallada la víspera. Lo era para el centenar de niños apuntándole a Bardem con armas inservibles, para que les tomara fotos; como para sí mismo, a veces acuclillado frente a un hecho que, a fuerza de repetirse, perdía su misterio.
Del texto de David Olguín, un párrafo:
Borges llama a este género de historias “el de las fantasías de la conducta y el sentimiento”, pero si el delirio hace del paisaje mental una cárcel piranesiana, ya estamos en otra cosa, algo cercano a la pesadilla. Habla de lo que sabes encierra el vértigo de lo extraño, pero tiene la sabiduría de los que despiertan del mal sueño para contar.
viernes, mayo 13, 2011
CXII
Lo que para el hipocondriaco es insoportable no es el gozar de buena salud, sino el no tener la valentía para darse un tiro.
CXI
Acaso nadie más apto para el
ejercicio del poder que quien, habiendo en el pasado sufrido la injusticia por
los excesos del poder ajeno, nunca aceptó, al buscar obtenerlo para sí, rebajarse a lucrar con
el estatuto de víctima.
miércoles, mayo 11, 2011
169
La sección de crítica de la revista Tierra Adentro, en su número 169 (abril-mayo de 2011) incluye ensayos críticos de Gabriel Wolfson sobre las obras completas de Martín Luis Guzmán, Héctor Iván González sobre dos novelas de Sergio Galindo, Jezreel Salazar sobre un volumen de crónicas de J.M. Servín, y Jorge Solís Arenazas sobre libros de poemas de Juan Gelman y Hugo Gola.
También se incluyen notas sobre libros de Michel Leiris, Kurt Vonnegut, Kazuo Ishiguro, Ricardo Piglia, Mia Couto, Alejandro Toledo, Francisco González Crussí y Christopher Domínguez Michael, y una antología de poesía brasileña contemporánea.
También se incluyen notas sobre libros de Michel Leiris, Kurt Vonnegut, Kazuo Ishiguro, Ricardo Piglia, Mia Couto, Alejandro Toledo, Francisco González Crussí y Christopher Domínguez Michael, y una antología de poesía brasileña contemporánea.
martes, mayo 10, 2011
CIX
No es que la
sinceridad los incomode. La rechazan porque nunca han sabido qué se siente, en el cuerpo, al ejercerla.
lunes, mayo 09, 2011
sábado, mayo 07, 2011
CVII
Crees haber demostrado ser el mejor, pero lo pones en duda con un hecho: confundes tu éxito —ese azar equidistante de la justicia y el malentendido— con la prerrogativa monárquica de juzgar displicentemente a quienes has dejado tras de ti.
viernes, mayo 06, 2011
CVI
La necesidad de sentirse superior a los demás: motor de la Historia, motor del ridículo, motor del desastre.
miércoles, mayo 04, 2011
martes, mayo 03, 2011
CIV
No temas usar la palabra ética en tus escritos. Quienes no la acostumbran en sus hechos andarán diciendo de todas formas, al creerse directamente acusados, que la empleas con el mismo maquiavelismo que ellos el papel higiénico.
lunes, mayo 02, 2011
domingo, mayo 01, 2011
CII
Los otros cuerpos
no pueden ser asumidos como personas por quien, de tan excesivamente racional,
ya de por sí no se asume a sí mismo sino como una mente extranjera de su propio
cuerpo.
viernes, abril 29, 2011
CI
Si el crítico literario escribe no para complacer a los autores, sino para dialogar con los lectores, y si éstos sin embargo no se interesan en ningún diálogo, ¿para quién escribe entonces?
jueves, abril 28, 2011
Los lisiados
La revista Parteaguas incluye mi texto narrativo «Los lisiados» en su número 22 (marzo de 2011).
Un párrafo:
—Te decía. Ella sale una tarde y en una esquina, en el centro de Coyoacán, que uno supondría uno de los pocos lugares seguros de la Ciudad, dos juniorcitos cabrones la secuestran, se la llevan en un auto, y en un baldío… pues ahí la violan varias veces, por la vagina y por el ano, la violan, le queman los pezones y el clítoris con colillas de cigarros, ¿me estás oyendo?... Ahí la golpean, la dejan toda ensangrentada y la abandonan en una orilla del canal de Chalco. Mientras la violaban, lo único que ella veía desde el asiento trasero del auto de estos hijos de puta, lo único que veía era una barda con propaganda política del PRI. Eso… ¿Cómo la ves? Seguramente así le decían estos cabrones mientras la violaban: ¡Chacha de mierda! ¡Chacha puta, abre bien las piernas!
Un párrafo:
—Te decía. Ella sale una tarde y en una esquina, en el centro de Coyoacán, que uno supondría uno de los pocos lugares seguros de la Ciudad, dos juniorcitos cabrones la secuestran, se la llevan en un auto, y en un baldío… pues ahí la violan varias veces, por la vagina y por el ano, la violan, le queman los pezones y el clítoris con colillas de cigarros, ¿me estás oyendo?... Ahí la golpean, la dejan toda ensangrentada y la abandonan en una orilla del canal de Chalco. Mientras la violaban, lo único que ella veía desde el asiento trasero del auto de estos hijos de puta, lo único que veía era una barda con propaganda política del PRI. Eso… ¿Cómo la ves? Seguramente así le decían estos cabrones mientras la violaban: ¡Chacha de mierda! ¡Chacha puta, abre bien las piernas!
miércoles, abril 27, 2011
«Existencias enfermizas...»
Sobre Cartas ajenas: «El joven escritor sinaloense Geney Beltrán (1976) presenta una novela corta, o una serie de relatos emparentados por la mirada voyerista de Marioralio, con personajes que dibujan en sus epístolas existencias enfermizas».
La Jornada
La Jornada
martes, abril 26, 2011
«Historia actual y vertiginosa...»
Cartas ajenas «es una historia actual y vertiginosa, un golpe seco y duro donde la voz narrativa no se permite concesiones».
Mijail Lamas
Mijail Lamas
La ciudad sin libros se queda sin uno de sus lectores
La ciudad sin Racine se ha quedado sin el Feroz, hombre de libros entregado a la vida del intelecto. Álvaro Rendón, el Feroz, profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa, fue asesinado a balazos en un camino de terracería, en Sinaloa.
lunes, abril 25, 2011
C
Esmérate en hacer encantadores tus prejuicios antes que persuasivas las razones: he ahí la receta para volverse el escritor de moda.
domingo, abril 24, 2011
Infancia de bailables
domingo, abril 17, 2011
sábado, abril 16, 2011
XCVII
Cuando el terror entra por la puerta, la solidaridad sale volando por la ventana. Pero si ésta permanece, hablamos de heroísmo.
viernes, abril 15, 2011
jueves, abril 14, 2011
Marco Tulio Aguilera comenta Habla de lo que sabes
La revista Siempre! publica hoy un generoso texto crítico de Marco Tulio Aguilera, el extraordinario autor de El amor y la muerte, sobre mi libro de relatos Habla de lo que sabes. Aquí va el texto:
Habla de lo que sabes, libro de relatos de Geney Beltrán Félix publicado por editorial Jus (2011), de principio a fin es un libro digno de leerse, tanto por sus aciertos rotundos, como en sus textos experimentales que, a mi modo de ver, si no logran cuajar relatos ejemplares, sí permiten atisbar a un narrador honrado, atrevido e innovador. En el libro hallo dos vertientes bien diferenciadas: el cuento clásico, en el que muestra una indudable maestría, y el texto experimental, sin fronteras definidas, que casi linda con la noveleta. En la primera vertiente el dominio del género es evidente: hay cuentos cerrados, casi perfectos, que recuerdan en ocasiones los escritos por Ambrose Bierce y a veces los de Borges. En los segundos encuentro un loable afán de experimentar que a veces —a mi modo de ver— resta calidad y claridad, sin que se pueda decir que sean textos desechables: más bien me parece que son textos que exigen relectura.
En mi opinión, el cuento que se lleva las palmas es “Ese mundo de extraños”, una auténtica joyita digna de la mejor antología del cuento fantástico. Culmina el relato con una acertada ambigüedad que nos hace pensar en la posibilidad (o la necesidad) de releer y revalorar el cuento de principio a fin. Al final resulta que podría no ser un cuento fantástico sino de complicación psicológica.
La presencia apabullante de la gran ciudad, la Ciudad de México, y sus efectos de angustia y estrés sobre los atribulados habitantes, es uno de los temas que más destacan junto con el de la familia rota, la muerte, la soledad, la sexualidad solitaria y desoladora. Situaciones límite se presentan en todos los textos, así como personajes con conflictos sin resolver.
En la segunda vertiente –la experimental– hay innovaciones técnicas, formales, rupturas espaciales, sintácticas, saltos en el tiempo y en el espacio que dificultan la lectura al lector tradicional. Si bien en la novela el experimentalismo tiene bastante cabida, en el cuento o en el relato es más complicado introducir innovaciones. Más allá de Cortázar y Borges poca renovación ha habido en un género.
Cuentos memorables: “Perdonados por quién”, en el que se que muestran los efectos del gran sismo sobre los habitantes de la ciudad; “Sara antes del fuego” , excelente, efectivo: una familia disfuncional en la que todos luchan contra todos y contra el mundo.
Geney Beltrán Félix, nacido en Culiacán, Sinaloa, es editor y escritor. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM, y literatura inglesa en la Universidad de Toronto. Fue editor de literatura del FCE. Ejerce la crítica literaria en revistas y suplementos. Su libro Habla de lo que sabes es una propuesta muy interesante, de un narrador —digámoslo en los términos más convencionales— del que se pueden esperar obras muy valiosas. Por lo pronto, en este libro nos ha entregado, por una parte varios cuentos precisos y preciosos, y por otra, textos atrevidos, innovadores e inteligentes (que como dije, exigen una relectura que por el momento no puedo hacer).
Mención de honor debe recibir la Editorial Jus, que está publicando libros muy interesantes de los que espero ocuparme.
Habla de lo que sabes, libro de relatos de Geney Beltrán Félix publicado por editorial Jus (2011), de principio a fin es un libro digno de leerse, tanto por sus aciertos rotundos, como en sus textos experimentales que, a mi modo de ver, si no logran cuajar relatos ejemplares, sí permiten atisbar a un narrador honrado, atrevido e innovador. En el libro hallo dos vertientes bien diferenciadas: el cuento clásico, en el que muestra una indudable maestría, y el texto experimental, sin fronteras definidas, que casi linda con la noveleta. En la primera vertiente el dominio del género es evidente: hay cuentos cerrados, casi perfectos, que recuerdan en ocasiones los escritos por Ambrose Bierce y a veces los de Borges. En los segundos encuentro un loable afán de experimentar que a veces —a mi modo de ver— resta calidad y claridad, sin que se pueda decir que sean textos desechables: más bien me parece que son textos que exigen relectura.
En mi opinión, el cuento que se lleva las palmas es “Ese mundo de extraños”, una auténtica joyita digna de la mejor antología del cuento fantástico. Culmina el relato con una acertada ambigüedad que nos hace pensar en la posibilidad (o la necesidad) de releer y revalorar el cuento de principio a fin. Al final resulta que podría no ser un cuento fantástico sino de complicación psicológica.
La presencia apabullante de la gran ciudad, la Ciudad de México, y sus efectos de angustia y estrés sobre los atribulados habitantes, es uno de los temas que más destacan junto con el de la familia rota, la muerte, la soledad, la sexualidad solitaria y desoladora. Situaciones límite se presentan en todos los textos, así como personajes con conflictos sin resolver.
En la segunda vertiente –la experimental– hay innovaciones técnicas, formales, rupturas espaciales, sintácticas, saltos en el tiempo y en el espacio que dificultan la lectura al lector tradicional. Si bien en la novela el experimentalismo tiene bastante cabida, en el cuento o en el relato es más complicado introducir innovaciones. Más allá de Cortázar y Borges poca renovación ha habido en un género.
Cuentos memorables: “Perdonados por quién”, en el que se que muestran los efectos del gran sismo sobre los habitantes de la ciudad; “Sara antes del fuego” , excelente, efectivo: una familia disfuncional en la que todos luchan contra todos y contra el mundo.
Geney Beltrán Félix, nacido en Culiacán, Sinaloa, es editor y escritor. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM, y literatura inglesa en la Universidad de Toronto. Fue editor de literatura del FCE. Ejerce la crítica literaria en revistas y suplementos. Su libro Habla de lo que sabes es una propuesta muy interesante, de un narrador —digámoslo en los términos más convencionales— del que se pueden esperar obras muy valiosas. Por lo pronto, en este libro nos ha entregado, por una parte varios cuentos precisos y preciosos, y por otra, textos atrevidos, innovadores e inteligentes (que como dije, exigen una relectura que por el momento no puedo hacer).
Mención de honor debe recibir la Editorial Jus, que está publicando libros muy interesantes de los que espero ocuparme.
XCV
Si nuestros hijos
supieran cuánto les tememos, crecerían intuyendo su naturaleza divina, hasta
volverse psicópatas.
miércoles, abril 13, 2011
Ansiorismos
"La conciencia del cuerpo —en cada tendón y en cada nervio cristalizado— es el síntoma de la ansiedad." Diego José en la revista La Palanca.
martes, abril 12, 2011
Reiteraciones, ecos
"Extrañar es tener la sensación lúcida de haber sido otro". Jezreel Salazar, en la revista La Palanca.
lunes, abril 11, 2011
Hoy, en el Festival Internacional Titerías
9° Festival Internacional Titerías
Del 10 al 17 de abril 2011
Ciudad de México
Espectáculos FIT 2011 para el lunes 11 de abril (hoy por la tarde)
La vida útil de Pillo Polilla, adaptación para teatro de Lourdes Aguilera
Compañía de Lourdes Aguilera (México. D.F.)
Técnica: Títeres de mesa. Público: Familiar. Lugar: Teatro Benito Juárez. Hora: 18:00.
Palabras para iluminar el silencio
La Tramontana (México. Xalapa, Veracruz)
Técnica: Bunraku. Público: Adolescentes y adultos. Lugar: Teatro Sergio Magaña. Hora: 18:00.
Del 10 al 17 de abril 2011
Ciudad de México
Espectáculos FIT 2011 para el lunes 11 de abril (hoy por la tarde)
La vida útil de Pillo Polilla, adaptación para teatro de Lourdes Aguilera
Compañía de Lourdes Aguilera (México. D.F.)
Técnica: Títeres de mesa. Público: Familiar. Lugar: Teatro Benito Juárez. Hora: 18:00.
Palabras para iluminar el silencio
La Tramontana (México. Xalapa, Veracruz)
Técnica: Bunraku. Público: Adolescentes y adultos. Lugar: Teatro Sergio Magaña. Hora: 18:00.
Un cuento brutal
El relato "Botas tejanas", de Nadia Villafuerte, se incluye en el sitio Nuestra Aparente Rendición. Es un cuento estremecedor sobre la violencia contra las mujeres en la frontera norte de México. Más descarnado aún que los relatos de Barcos en Houston (2005) o ¿Te gusta el látex, cielo? (2008), las dos colecciones de narrativa breve en que Nadia ya había tocado los temas de la violencia, la frontera, la migración, el cuerpo femenino.
"Lancé las únicas carcajadas que me eran posibles: torpes y nerviosas. Mientras buscaba en el muro un hoyo por el cual pasar, allá, cerca del autobús, la noche comenzó a cubrir de polvo mi cadáver."
"Lancé las únicas carcajadas que me eran posibles: torpes y nerviosas. Mientras buscaba en el muro un hoyo por el cual pasar, allá, cerca del autobús, la noche comenzó a cubrir de polvo mi cadáver."
Abecedario del vacío
"Morir es resolver la sospecha de no ser un yo". Javier Acosta, en la revista La Palanca.
domingo, abril 10, 2011
Festival Internacional Titerías
Hoy se inauguró el 9º Festival Internacional Titerías, en la ciudad de México. El Festival arrancó en el Teatro Sergio Magaña, de la colonia Santa María la Ribera, con la adaptación acuosa, ocurrentísima, de El avaro de Molière, por la compañía española Tábula Rasa.
El Festival continúa a lo largo de esta semana con más montajes y talleres. Aquí se puede consultar la programación.
El Festival continúa a lo largo de esta semana con más montajes y talleres. Aquí se puede consultar la programación.
XCIV
Algún día los muertos entenderán que no se han ido. Y entonces, para por fin irse, habremos muerto.
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