martes, agosto 03, 2010

Entre lo ético y lo impreso


El poeta y ensayista Francisco Meza publicó el domingo pasado un texto crítico sobre mi libro de ensayos El sueño no es un refugio sino un arma en el suplemento El Ángel, del periódico Reforma. Lo incluyo aquí:

Geney, el lector
Francisco Meza

En El sueño no es un refugio sino un arma (UNAM/ Serie Diagonal), libro de ensayos de Geney Beltrán Félix, se encuentra la expresión de una inteligencia visceral, un estilo claro y una posición moral ante su época. En "Historias para un país inexistente", ensayo que abre el libro, Geney habla de la "patria" como una ilusión donde el mundo de almas en pena de Juan Rulfo brinda un dibujo más fiel sobre este país que las fantasías del milagro mexicano. Cierto, las generaciones nacidas después de los 60 son hijas de la crisis: la noción de patria se presenta como un amasijo de mitos, leyes y cuadros épicos matizados y enunciados para mantener el circo a flote. Así, los herederos de la crisis hemos administrado el fracaso, la apatía y la incertidumbre. La gran literatura pone el dedo en la herida con mayor énfasis y acierto que cualquier informe de gobierno.
Para qué y cómo escribir, son dos preguntas que Geney no abandona en todo el libro. Son puntos de partida para ensayar, para tomar el riesgo y construir una postura, que, por más personal, no deja de ser un posición moral, ácida y analítica en los contextos de la cultura mexicana. Lo quijotesco lo podemos localizar en la necesidad del autor por combatir las nuevas formas de la barbarie: propaganda, publicidad, dogmas, impunidad, violencia y corrupción. De allí la necesidad de la literatura, faro o microscopio, para localizar el galope de los caballos de Atila. Un galope silencioso camuflado por la sobreabundancia de información y el entretenimiento como un somnífero colectivo. Geney recuerda en sus páginas la importancia de no permitir que la indiferencia aniquile a la indignación.
El catálogo de temas ensayados es tan extenso como las dudas que van forjando el temperamento de Geney Beltrán. En este sentido, hacer de la duda un arte implica rigor y audacia. Desde la blogósfera hasta las torres de marfil de la investigación académica, son temas que no escapan de una mirada pertinaz y sin contemplaciones. Para Geney, la academia se ha venido limitando a la creación de bibliografía de consulta dejando por un lado el oficio de ensayar. Del blog literario destaca su posibilidad como sitio de diálogo y comunicación entre escritores, como espacio plural para la polémica. Sin embargo, señala que no se presuman sus características como virtudes. Los mismos vicios y escasa literatura se manifiestan tanto en la cultura impresa como en la virtual.
El ensayo "No narrarás" es una crítica mordaz al tipo de escritor onanista, quien, regodeándose en la forma, es incapaz de ver su mundo. La posición ética y la fábula representan asuntos insustituibles. Una escritura cuyo fin es sólo experimentar el lenguaje en el vacío es una salida tan fácil como la literatura light para no conformar una postura moral ante la época. Es relevante subrayar que la literatura tiene una condición en sí misma como expresión, pero esto no la exime de ser un vehículo de potencias y emociones, un espejo donde el hombre ve su propia bestia. "De cuándo acá la narrativa tiene que dejar de ser, si lo ha venido siendo desde Cervantes, dicción de una individualidad en conflicto con su tiempo", apunta Geney.
Geney recuerda que la literatura es experimentación en sí misma. Experimentación en tanto laboratorio de las emociones y peripecias del hombre. Pero no por ello deja de ser sustancia potenciada, "tiempo erguido", como dijo Octavio Paz. En esta línea, entender la actitud y estética vanguardista como la elaboración de un sinsentido implica desconocer cómo estos movimientos fueron causa y respuesta de un tiempo entre guerras donde las concepciones establecidas se estremecían entre los infinitos del átomo y del cosmos, donde el hombre encontraba su infinito en sí mismo y, a la vez, la defensa de la utopía, más que un retorno al edén prometido, como un territorio a construir. De allí, una literatura que pudiera condensar las tensiones de un nueva sensibilidad y época vertiginosa.
La ensayística de Geney Beltrán Félix no sólo aborda los vicios, aventuras, códigos y disidencias del creador; también toca el tema de la crítica. El autor dice en "Para qué la crítica en tiempos de ultraje": "Por esa razón, la academia debe aspirar a la escritura de ensayos de crítica literaria, o sea, literatura: luz sobre el fenómeno de la letra en su nexo con el mundo". De allí, siguiendo la idea de Steiner del crítico visto como un maestro de lectura, Geney muestra en una serie de reseñas su pericia e intuición en el arte de leer. Muestra sus cartas de navegación, que van desde Nellie Campobello, Francisco Tario, Efrén Hernández, Salvador Elizondo, Óscar Liera, y hace honor a aquella célebre idea borgeana de la lectura como otra forma de creación. Geney confiesa: "La literatura viene de muy lejos: debemos apreciarla en sus términos para poder integrarla cabalmente a los nuestros".