miércoles, febrero 19, 2020

...la labor de la escritura es tratar de revivir las voces de los que ya no están...

La revista Criticismo publica un texto crítico de Alejandro Badillo sobre Adiós, Tomasa. El enlace es este. Y acá va el texto:

A veces se piensa que el realismo en la literatura implica un sacrificio en el lenguaje. Por ello, buena parte de los escritores mexicanos tiende a privilegiar la inmediatez de lo narrado sobre la ficcionalización de los hechos. El fondo sobre la forma es, para muchos, la única opción de retratar al México de las últimas décadas. En los casos más desafortunados la trama es pobre, dependiente de estereotipos y maniqueísmos. Incluso cuesta separar ese tipo de libros de las crónicas periodísticas de escasa factura que abundan en la prensa nacional. A pesar de este contexto, si echamos un vistazo a la literatura mexicana podremos encontrar grandes ejemplos de obras que partieron de lo inmediato, o incluso de la memoria, para abrir caminos en el lenguaje y proponer una estética que sigue dialogando con los lectores de nuestro siglo. La crónica puntual de El águila y la serpiente de Martín Luis Guzmán es potenciada por una prosa que crea atmósferas y, al mismo tiempo, retrata a los diversos actores que participaron en la Revolución Mexicana. El prolijo inventario histórico del Imperio de Maximiliano que ofrece Fernando del Paso en Noticias del Imperio es puesto en escena a través del monólogo alucinado de Carlota. El sueño y la imaginación, en ambos casos, no están peleados con los hechos que inspiraron la escritura.
Geney Beltrán aborda en Adiós, Tomasa la realidad a través de un tema frecuentado muchas veces: la provincia y las historias familiares que se entretejen alrededor de ella. Como matiz adicional tenemos la irrupción de la violencia y, sobre todo, el narcotráfico que ha ido cambiando la dinámica social del país. Más allá de este último elemento, el retrato de la provincia ha dado pie a un sinfín de lugares comunes. En los peores casos observamos una especie de nostalgia que convierte a los textos en meras estampas bucólicas, añoranzas de un mundo que se fue y que solo queda revisitar a través del folclor y del retrato simplón. Por otro lado, la violencia y el narcotráfico han sido expuestos, una y otra vez, en obras de diverso calibre: desde novelas interesantes que parten de lo alegórico como Trabajos del reino de Yuri Herrera hasta la última novelilla de moda que contribuye a la banalización del tema. Geney Beltrán, en este nuevo libro, se interna donde muchos han fracasado y lo hace a través de una lectura personal de la infancia que, además, sirve como una especie de biografía íntima de algunas zonas de Durango y Sinaloa, lugares que, en la segunda mitad del siglo XX, se convertirían en referentes clave del narcotráfico.
Uno de los aspectos mejor logrados en Adiós, Tomasa es la estructura. El autor apuesta, desde el inicio, por un tiempo continuo, pero fragmentado. La escritura de pequeñas escenas, acaso pasajes, es el hilo conductor en el que nos movemos. Quizás una lectura de primera intención, que no profundice demasiado, nos revelaría la historia de Tomasa, una quinceañera huérfana que habita con su tía en un pueblo de Durango, y que después irá a otro pueblo llamado Chapotán a vivir con la familia de una comadre de su tía. Es precisamente esta nueva familia –los Carrasco– la que captura la atención del autor. Por esta razón no hay, al menos en la primera mitad del libro, un hecho definitivo en el que se ancle la trama fuera de cierto velo de amenaza que se va acentuando conforme avanzan las páginas. Tomasa gravita en medio de acciones que, en apariencia, son cotidianas: la comida familiar, disputas esporádicas, juegos en los que participan Héctor y Flavio, los únicos hijos de los Carrasco. Al igual que autores inspirados por la narrativa cinematográfica como el argentino Juan José Saer, Geney Beltrán une elementos mínimos que buscan su trascendencia a través del detalle y la ambición del lenguaje: un párrafo puede detener el tiempo gracias a la exploración exhaustiva.
En Adiós, Tomasa hay una obsesión por la oralidad. Más allá de algunos regionalismos salpicados entre los diálogos, se asume que la intención del autor no es antropológica, sino poética: cada frase puesta en la boca de algún personaje busca el artificio antes que la verosimilitud. Siguiendo la estela dejada por Rulfo, Gardea y tantos otros, el autor sabe que los diálogos son oportunidades expresivas más que reconstrucciones estenográficas. Además, hay un amplio abanico en el que se despliega lo oral: la larga anécdota contada por un personaje o, por el contrario, el laconismo con el que se expresa la gente del campo. En ambos territorios el lenguaje es un vehículo que, además de transmitir información, crea una estética que, a su vez, funciona como una aproximación a la esperanza, el dolor o la desesperación. De esta manera las diferentes voces van nombrando, a través del ritmo y la retórica, la naturaleza agreste de los pueblos del norte del país, los patios de tierra o los caminos solitarios. El narrador, utilizando distintos disfraces, hace el papel de una cámara que contempla lo que ocurre dentro y fuera de los personajes.
Enfocando el análisis en la historia de Tomasa –la trama en apariencia principal– hallamos varios puntos interesantes. En primer lugar, por supuesto, está la desaparición de la joven. La violencia, por desgracia, demasiado común en nuestros tiempos, nutrida por el auge del narcotráfico, aparece con desigual fortuna en la literatura mexicana de los últimos años. A veces tenemos obras que se regodean en un amarillismo caricaturesco. También, por supuesto, abunda la plaga de obras que quieren, a toda costa, imitar las tramas que ofrecen las plataformas de streaming. Lo que se privilegia, en todo caso, es la acción, los estereotipos y las vueltas de tuerca inverosímiles. Se olvida que la literatura crea imágenes, pero que siempre va más allá del simple estímulo para internarse en la ambigüedad y la reflexión. Los casos más lamentables, quizás, son aquellas novelas que asumen una posición militante ante la violencia y sus ramificaciones que azotan a sectores cada vez más amplios de la sociedad. Su objetivo es la mera denuncia o, en el mejor de los escenarios, construir una voz que califica los desastres que presenta. Así, tenemos también historias moralizantes, escritas por autores que se asumen como portavoces de las víctimas de la violencia. En ningún momento se cuestiona el punto de vista desde el que se narra.
Geney Beltrán salva estos escollos en Adiós, Tomasa gracias a varios recursos. El más importante es, por supuesto, asumir que se está creando una ficción aunque esta tenga como sedimento una historia personal y familiar. En segundo lugar, tenemos el uso de un punto de vista confesional que, al mismo tiempo, es capaz de integrar la genealogía familiar y sus vicisitudes. Los personajes siempre se mueven en el ámbito de sus decisiones y, en ningún momento, el autor comete el desliz de utilizarlos como portavoces de sus opiniones. La trama, de esta manera, evoluciona sutilmente: pasamos de una aparente normalidad al gradual emponzoñamiento de los hechos. Adiós, Tomasa muestra cómo la violencia y el odio generado por el negocio del narco han cambiado gradualmente la dinámica social del norte del país. Más allá de la historia de Tomasa, el autor parece advertirnos que la encrucijada por la que atraviesa México, cuyo origen es impreciso, ha sido detonada en silencio. Los principales testigos de esa metamorfosis son personas como los Carrasco y tantas familias que fueron desplazadas o que, sin otra opción, se integraron a la nómina de los grupos delicuenciales. Si, como apunté más arriba, un yerro común en la literatura que aborda este fenómeno es la sentencia que califica desde el privilegio, Geney Beltrán asume que la labor de la escritura es tratar de revivir las voces de los que ya no están, rascar en la memoria para buscar la legitimidad y, una vez obtenida, enlazarla a la ficción para crear una obra que le hable a todas las personas y a todos los tiempos.

domingo, diciembre 22, 2019

Uno de los mejores libros del año

Mi novela Adiós, Tomasa ha sido elegida como uno dos mejores libros publicados en 2019, por el periódico El Universal. Así lo escribe Ignacio M. Sánchez Prado:


Nuestra violenta realidad excede por mucho la fe que se pueda tener en el carácter privilegiado de la literatura para el discernimiento del mundo. Aún aceptando esta limitación, algunas obras literarias arriesgan la posibilidad de responder literariamente a este insuperable desafío moral. En estos términos, reconozco en Adiós Tomasa (Alfaguara) de Geney Beltrán un libro que cartografía con sofisticación territorios e historias de la violencia sin caer en los excesos de la espectacularización ni en el oportunismo trivializador y mediocre. Escrita con furia e intensidad, y estructurada con gran sentido de la arquitectura narrativa, Adiós Tomasa no alcanza a ser la novela definitiva sobre la violencia, que creo imposible escribir. Ante ese horizonte de imposibilidad, Beltrán construye con ética, inteligencia y talento una escritura comprometida y de gran fuerza que vislumbra un camino para representar y pensar nuestros atroces predicamentos.

lunes, diciembre 16, 2019

El Geney de la Tomasa

Escribe José Ramón Enríquez sobre Adiós, Tomasa, para La Jornada Maya  del 11 de diciembre:

El Geney de la Tomasa
José Ramón Enríquez

Nunca una novela es autobiográfica, aunque lo sea, porque la libre imaginación es componente esencial de toda narrativa. Así mismo, un texto cualquiera, por más alejado que esté de una historia personal lleva dentro la vida de su autor aunque éste no lo pretenda. Todo ello se comprueba en Adiós, Tomasa (Alfaguara, 2019).
            No es la primera novela de Geney Beltrán Félix, nacido en Tamazula, Durango, muy cerca de Culiacán, en 1976. Ya obtuvo el Premio Bellas Artes de Narrativa en 2015. No es tampoco su primer retorno a Sinaloa, lo había hecho desde su trabajo con la obra de Inés Arredondo. Aunque nacido en Durango, forma parte de una sólida tradición sinaloense que tiene entre sus exponentes desde el Gilberto Owen que como narrador ha dejado Novela como nube, hasta una nueva generación de buenos narradores.
Más que la trágica historia de la Tomasa, adolescente en flor y destinada a marchitarse en un mundo de machos, la novela de Geney Beltrán trata de Chapotán, en Sinaloa, que con ese u otro nombre es el pueblo de la propia infancia. Y como la infancia es la única edad que se vivió de veras, el Geney la reconstruye o la inventa desde muy dentro de sí mismo y en la historia de otro niño, el Flavio, que no decía “harejías” ni era “jacalero”, en cambio, se quedaba con todo en la memoria y en las entrañas, aunque habrían de pasar años para descifrarlo.
El Flavio es el niño que se prendó de la Tomasa en cuanto la vio y a la cual va a deberle una novela. Una novela a ella y a Sinaloa y a sus giros lingüísticos y a esa brutalidad de sus usos y costumbres en mucho ingenua pero que poco a poco se ha ido pudriendo y ensangrentado como se nos ha venido pudriendo y ensangrentando todo en México, incluso a quienes fuimos niños de la Capital, los nacidos en “la región más transparente”.
Adiós, Tomasa significa el retorno en la imaginación de un narrador a su tierra, esa que estuviera completamente alejada del mundo y, hoy, ha llegado a las páginas de todos los informativos del mundo por las más tristes razones, eso que la novela llama “el Negocio” y no es otra cosa más que el flagelo del narcotráfico. Fueron narcos los secuestradores de la Tomasa y los asesinos del padre del Flavio. Los que un día lo arrancaron de la infancia para siempre y lo estrellaron, sin misericordia, contra la espantosa realidad.
Donde los hombres esconden lágrimas y afectos para no ser maricas, que es lo peor, porque lo siguiente en la escala humana es ser mujer o ser cora, etnia originaria, Sinaloa es no sólo un lugar para la ficción, al que vuelven una y otra vez espléndidos narradores como Geney Beltrán, en la tradición literaria del agridulce retorno a la memoria que le llega desde Inés Arredondo, Élmer Mendoza o Emiliano Monge, es también la analogía dolorosa de México entero y, muy probablemente, de un mundo que ve el Apocalipsis a la vuelta de la esquina.
Cuando el lector comienza a enfadarse con el autor porque pierde a su personaje se da cuenta de que no es así. Ocurre que el Flavio le ha pasado el testigo al Geney y éste comienza a romper lo que en el teatro se llama cuarta pared para ocupar su propio espacio, incluso con su apellido real. Se quita la máscara, sale de su escondite y entra a escena para ser conocido como “el Seco de los Beltrán”. Puede el Geney respirar por fin a plenitud con sus pulmones para recordar a la Tomasa, o como fuera que ella, esa Jesús en el Gólgota y coronada de espinas, se llamara. Ya puede el Geney girar como una polilla en torno a la llama viva de la Tomasa y añorarla desde esa penumbra para acechar la vida que sólo se habita en la infancia.

miércoles, noviembre 06, 2019

La difícil nostalgia del verano


En julio de 2008 publiqué, en La Gaceta del FCE, una reseña del libro Contraverano, de Mijail Lamas. La recupero aquí ahora.


Mijail Lamas, Contraverano. Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2008.


Los poemas de Contraverano, de Mijail Lamas (Culiacán, 1979), parecen fincarse en torno de una escena: el poeta, lejos de su ciudad natal, escribe sobre su ligazón con el pasado —la infancia, la familia, esas calles en sepia— y la descubre tocada por el rechazo. Al mismo tiempo, acepta que esas raíces, en las que el calor y la violencia no dejan de emanar sus savias insistentes, lo han condicionado hasta este «Ahora, en esta ciudad templada de distancia y nubes», en que no le queda su familia sino (y sin solamente, porque es mucho) su compañera, «el cuerpo de una mujer que no puede dormir / y te espera en otro cuarto». En su negación de la tierra propia, el poeta exhibe el rostro del desarraigo que no termina de descastar sus raíces.
La naturaleza escindida de esta voz se cifra entonces en una dicotomía: el calor del verano en su ciudad pretérita contra la urbe templada que lo ha acogido. La «dictadura de la luz» contra la noche del poeta que escribe. El viejo verano que busca persistir en el contraverano de hoy. Este ir y venir del pasado al presente, de la juventud a la primera madurez, se resuelve en la mixtura de las dicciones de ambos tiempos: «algunas de aquellas palabras / me llegan mezcladas con las que aquí me encuentro / mientras muy lentamente / revuelvo mi café».
En tanto ciclo de poemas sobre la difícil nostalgia, Contraverano condensa en el motivo del calor el examen lírico de un mundo interno. Me interesa valorar esa operación introspectiva llevada a cabo por el poeta para lanzarse en la indagación del pasado. No es un poeta dedicado al «arte de vestir pulgas», como llama Domínguez Michael a cierta tendencia de la poesía mexicana contemporánea dedicada a rehuir la exploración de las pasiones y las emociones y, en cambio, a encontrar onanistas misterios en la descripción pudorosa de un par de calcetines o un salero.
Al desarrollar de manera unitaria el tema de la nostalgia cuestionada por el voluntarioso desarraigo, el poeta pone al servicio de una dicción clásica y sencilla, no sin dar pie a alguna página de experimentación —a como el tema desdobla y enriquece sus matices—, lo que podría llamarse la íntima violencia del calor. Habría que hacer notar, por supuesto, que en las ciudades de un clima hostil, como aquellas entre las que figuraría Culiacán, el verano existe para el fuereño. El nativo habría de aceptar y hasta disfrutar la ligereza que el calor propone. Para el deshabituado a esos placeres solares, sin embargo, el calor es una mano ardiente que se oprime contra los rostros, desaloja el sudor de la piel y nunca cesa. En la forma de un vaho denso, cae sobre los techos de las casas, sobre los automóviles y el asfalto; los vapores de la gasolina ascienden entre la luz brillantísima. El valle de Culiacán es cada verano una caldera de sopor. La gente rehuye el pavimento y se oculta en sus casas con el aire acondicionado, hastiada por la densidad de los meses largos. Afuera el día se incendia con ese sol lento, esa lumbre que adelgaza la sangre hasta evaporarla en un rencor furioso. Hacia finales de agosto llegan los primeros, siempre escasos, chaparrones, y las calles habrán de saturarse entonces con un agua lodosa que desaparece a las pocas horas, dando paso de nuevo a la concentración asfixiante de la canícula.
En esta vena, las imágenes del calor fungen como el motivo central en Contraverano, en tanto un signo de la decadencia y la destrucción: «Afuera el verano dejaba correr libre su corazón de rojo carnicero / y la luz marchitaba cuerpos que antes fueron exquisitos, / que antes fueron necesarios». Del afuera al adentro, de ayer a hoy, el paso adquiere un relieve intimista: «Pero esa oscuridad... / no basta para extinguir la furia del verano que te habita». Reside aquí uno de los valores principales de este libro: a partir de un paisaje totalitario de sol violento, incorpora en la experiencia visceral de la voz poética un universo de imágenes de gran y condensada fuerza expresiva: «La fiebre es el verano del cuerpo, / deja quebrado el árbol que nos mantiene en pie / y hace nacer una flor de sangre entre los labios».
En su libro anterior, Fundación de la casa, publicado con Cuaderno de Tyler Durden en un tomo de Ediciones Sin Nombre (2008), Mijail Lamas desarrolla un ciclo de poemas sobre el amor en su esfera cotidiana e íntima. Ya ahí demostraba el dominio de sus recursos técnicos. En busca de la limpidez, no desoía la justeza de una noción del ritmo muy acorde con la tradición poética mexicana: endecasílabos, octosílabos y heptasílabos engarzados con una libertad y discreción propias del Bonifaz Nuño de, por ejemplo, Los demonios y los días. En Contraverano Mijail Lamas enriquece esa sencillez expresiva con imágenes rotundas que brotan solidarias al ritmo, logrando en sus versos una amplitud de registros de las sensaciones y las emociones y una cadencia que contradice el estruendo de ese «edén subvertido que se calla / en la mutilación de la metralla», como reza el epígrafe expropiado, con la mayor pertinencia, a López Velarde, otro poeta de la provincia y la difícil nostalgia.
Con esos elementos, Mijail Lamas expresa con suma belleza una visión personalísima: el verano vuelto metáfora de una frontera definitiva, la exploración de un conflicto con el origen y de nostalgia ambivalente que condiciona y enriquece la voz del poeta, quien con este libro da cuenta de una primera madurez.

miércoles, octubre 23, 2019

Bienvenida Tomasa

Verónica Murguía escribe una reseña de mi novela Adiós, Tomasa, en su columna Las Rayas de la Cebra, de La Jornada Semanal. El enlace se sigue aquí.


Bienvenida Tomasa

Para refutar la afirmación presidencial que ha dictaminado que a los artistas, en este caso los escritores, les “hace falta baño de pueblo”, sólo hay que hojear el catálogo de las editoriales mexicanas. Casi todos los narradores de este país, hombres y mujeres –aquí se podría intercalar una lista larga, pero sólo nombraré a Fernanda Melchor, a Yuri Herrera y Antonio Ortuño–, se han preocupado por denunciar, contar o explicar las razones y sinrazones de la violencia que nos desgarra; una violencia, hay que decirlo, que se ha ensañado con todos, pero especialmente con los pobres.
Naturalmente, los lectores están ávidos de entender, pero también fatigados por la ubicuidad del dolor y la muerte. Por eso se agradece una novela como Adiós, Tomasa, de Geney Beltrán Félix, una narración que hilvana las vidas de los habitantes del pequeño poblado de Chapotán, en Durango: un lugar remoto con nulas oportunidades para la educación, donde el narco no es glamour, sino la vía para sobrevivir sin dejar la salud en la milpa.
Beltrán Félix apostó en Adiós, Tomasa por un lenguaje abundante en regionalismos, que se mezclan de forma fluida con un castellano rico en giros coloquiales, y por contar la historia desde el punto de vista de un niño, Flavio. No se arredra ante las dificultades que esto implica: en un capítulo memorable cuenta, incluso, desde el punto de vista de Flavio cuando era bebé. Las descripciones de paisajes, comidas, personas; la cadencia, los cambios de perspectiva hacen de la novela un texto lleno de ideas e imágenes, pero el ritmo es tan natural que el lector sólo se da cuenta de la cantidad de recursos usados por el autor cuando se detiene a pensar o releer por puro placer.
El universo emocional de los protagonistas es, también, retratado con precisión, incluyendo sueños y sensaciones, ideas, intuiciones y culpas. Esto, con Chapotán como escenario, éste sí, pintado con trazos realistas y sin adornos.
Beltrán Félix ha encontrado un método propio para escribir esta ardua reconciliación con la infancia, tan norteña, que la magdalena proustiana es una gordita: “Puede que en mi vejez olvide muchas cosas; nunca olvidaré el sabor de las gorditas que hacía mi madre”, dice el narrador.
Flavio es el menor de la familia Carrasco, una de tantas en Chapotán que intenta evitar inmiscuirse en El negocio y que adopta a una muchacha hermosa y dócil llamada Tomasa.
La anécdota se puede resumir en la triste ecuación que cifra tantas angustias: muchacha hermosa más hombres machos armados y autoridad corrupta, igual a muerte y ausencia. Pero esta novela es mucho más que la suma que nos desvela: Beltrán Félix ha creado en Flavio y su familia, incluyendo al padre mujeriego y violento, a un puñado de seres humanos creíbles.
Chapotán, una prisión con algunas bellezas como el río o la huerta de los Carrasco, es un lugar donde el machismo reina, de tal manera, que es imposible que se juegue futbol americano porque los hombres “no se agachan con la cola al aire”; donde los varones no lloran, pase lo que pase; donde un grupo de muchachos que bebe cerveza puede convertirse en motivo de alarma, en presagio de muerte.
Las mujeres no son casi nada en Chapotán, pero son casi todo en la novela. Aquí es donde la originalidad de Beltrán Félix es más evidente: en lugar de regodearse en las humillaciones y dolores, decidió mostrar la resistencia, la terca capacidad de la madre, de la nana, la de Tomasa –la víctima–, para crear belleza en un mundo donde toda poesía es prescindible.
Se dice, con razón, que la historia la cuentan los vencedores. ¿Quién contará la historia de este México, donde casi todos somos los vencidos? ¿Cómo contar la historia ajena sin apropiarse de su voz y su desgracia?
Quizás la decisión de que la historia fuera contada por el niño más frágil, el menos apto para seguir los pasos rencorosos de los violentos, sea la más sabia posible.

domingo, agosto 11, 2019

Sobre Adiós, Tomasa

Este fin de semana se publicaron dos textos críticos sobre mi novela Adiós, Tomasa.
En Laberinto, de Milenio, escribió Roberto Pliego. Y en Confabulario, de El Universal, el ensayo fue escrito por Vicente Alfonso.

domingo, agosto 04, 2019

El corazón sin su avidez

Hoy se publicó, en el suplemento cultural Confabulario, de El Universal, mi texto crítico "El corazón sin su avidez", sobre el libro de cuentos La memoria donde ardía, de Socorro Venegas.

domingo, julio 14, 2019

Adiós, Tomasa

Esta es la novela que desde siempre quise escribir: un viaje a la infancia en un pueblo serrano de Durango de los años ochenta.



domingo, junio 23, 2019

El idioma de la violencia del padre

El suplemento Confabulario, del periódico El Universal, publica hoy mi ensayo "El idioma de la violencia del padre", un visión personal del idioma español, la violencia y la ficción...

jueves, junio 20, 2019

sábado, abril 28, 2018

Indagaciones sobre el cuento

Hoy se publica en el suplemento cultural Laberinto una reseña de mi libro Asombro y desaliento, escrita por Diego José. Este es el enlace.

sábado, noviembre 18, 2017

Presentación de nuevo libro


Fotos de Rogelio Cuéllar


En el proyecto fotográfico de Rogelio Cuéllar 250 retratos de la literatura mexicana figura esta página interesantísima

Fugacidad y permanencia


Acaba de publicarse el libro colectivo Esther Seligson. Fugacidad y permanencia, coordinado por Luzelena Gutiérrez de Velasco y Ana Rosa Domenella, con el sello de la Universidad Autónoma Metropolitana, en la colección Desbordar El Canon que prepara el Taller de Teoría y Crítica Literaria Diana Morán.

sábado, octubre 28, 2017

"Ese mundo de extraños" para descarga

"Ese mundo de extraños", relato que forma parte de mi libro Habla de lo que sabes, ya se halla grabado en el sitio Descarga Cultura de la UNAM

jueves, octubre 12, 2017

Perdonados por quién


El mes de septiembre salió de la imprenta mi libro Perdonados por quién, en el sello Cuadrivio. Incluye los cuentos "La celda en la Ciudad", "Keppel Croft", "La hija", "Sara antes del fuego", "Hondonada" y el que da título al volumen.

viernes, septiembre 15, 2017

En Mexicali

Estaré en Mexicali, Baja California, los próximos 25 y 26 de septiembre, para impartir el curso-taller intensivo El cuento mexicano del siglo XX, donde haremos una revisión de algunos títulos fundamentales de la ficción breve de este país, de Cartucho a Benzulul. La sede es el Centro Estatal de las Artes. 

domingo, septiembre 03, 2017

Cuentos reunidos de Esther Seligson


En la colección Malpaso México, que dirige Rafael Lemus, el sello barcelonés Malpaso Ediciones acaba de publicar la compilación Cuentos reunidos, de Esther Seligson, la más amplia publicada a la fecha exclusivamente de su ficción breve. El prólogo es de la autoría de Sandra Lorenzano. Yo he preparado la selección de los textos, que proceden de diez obras distintas, desde Tras la ventana un árbol (1969) hasta Escritos a mano (2011), más un inédito. En el epílogo doy una idea de los títulos incluidos: 

Aquí se hallan, íntegros, los libros Luz de dos, Sed de mar e Isomorfismos. Se han dejado fuera los textos brevísimos de la autora, es decir, sus aportaciones en el aforismo, el apunte, el pastiche, la minificción, el microrrelato, etcétera. Por esta razón, de Hebras y Cicatrices, “libros de varia invención” ambos, comparece únicamente una selección de sus cuentos y relatos. Al preparar la selección de Toda la luz tomo en que aparecía sólo un texto hasta entonces inédito, “Eurídice vuelve”, Seligson reacomodó con ímpetu iconoclasta varias secciones de sus libros. En esta ocasión se ha recuperado el orden original de sus publicaciones para ofrecer un recorrido cronológico que permita apreciar de modo más diáfano la evolución de su escritura. Sin embargo, no en todo se ha desacatado la relectura que hizo de su obra Seligson para esa antología, pues ahí mismo introdujo modificaciones a los títulos y epígrafes de no pocos de sus textos. Por ejemplo, “Una infancia”, de Tras la ventana un árbol, aparece incluido como “Evocaciones”. Para estos Cuentos reunidos se han respetado los cambios en ese ámbito. Por otro lado, consigno aquí que la autora me dejó un ejemplar de la única edición de Tras la ventana un árbol, en el que escribió con lápiz otras variaciones a títulos de los cuentos. Siguiendo estas señales, “El encuentro” aparece como “El candelabro” y “Contorno” es ahora “Tras la ventana un árbol”. Por último, esta compilación incluye “El profesor Nicodemo Laussel”, cuento escrito por Seligson pocos días antes de su muerte y hasta la fecha inédito.

viernes, agosto 18, 2017

Entrecruzamientos de la rebeldía y el poder

Este mes la revista Letras Libres publica mi ensayo sobre la obra narrativa de Augusto Roa Bastos: "Entrecruzamientos de la rebeldía y el poder". El enlace está aquí.

martes, julio 11, 2017

Enrique Florescano


El historiador Enrique Florescano acaba de cumplir 80 años. Mañana miércoles se le hará un homenaje en el Palacio de Bellas Artes. Ahí participaré hablando sobre su faceta como editor.

domingo, junio 25, 2017

Un alto en el camino



Geney Beltrán Félix coordina cuatro mesas de discusión que reunirán a doce periodistas para reflexionar en torno a los cauces modernos del periodismo cultural en nuestro país.


Cuáles son los retos actuales y cómo se ejerce el periodismo cultural en México son los ejes temáticos del ciclo de conversaciones Un alto en el camino ¿Hacia dónde va el periodismo cultural?, que se realizará todos los miércoles de julio, a las 19 horas, en el Centro Cultural Elena Garro.

Durante la segunda mitad del siglo XX, periodistas, intelectuales y escritores de nuestro país dieron forma a revistas y suplementos culturales que ofrecieron una ventana inédita para que el público se interesara por las expresiones culturales y artísticas de México y el mundo.

Actualmente, ante los cambios de la industria de los medios de comunicación, los nuevos soportes digitales y la rapidez con que circulan las noticias, los senderos del periodismo han tomado nuevos cauces. En el caso particular del periodismo cultural, es necesario plantearse ciertas preguntas: ¿cuál es la situación actual del periodismo dedicado a los temas culturales?, ¿cómo ha reaccionado ante los nuevos factores que inciden en su trabajo?, ¿cómo es la relación del periodista cultural con los integrantes del gremio artístico y las instituciones oficiales?, ¿cuáles son las fortalezas y necesidades del periodismo cultural para cumplir con su función en beneficio del público mexicano?

Esas y algunas otras preguntas serán planteadas en las cuatro mesas coordinadas por Geney Beltrán Félix, donde doce periodistas culturales que participan de manera activa en suplementos, revistas y secciones de información sobre temas de arte y patrimonio cultural, compartirán sus ideas en torno a su profesión y los retos que enfrenta.

Programa de conversaciones

  • Miércoles 5 de julio
Preguntas necesarias: el periodismo cultural ante el nuevo perfil de los lectores
Eduardo Huchín Sosa (Letras Libres)
Kathya Millares (Nexos)

  • Miércoles 12 de julio
Preguntas urgentes: retos del periodismo cultural ante el Estado
Pablo Boullosa (Este País)
Pablo Espinosa (La Jornada)
Víctor Manuel Torres (Excélsior)

  • Miércoles 19 de julio
Preguntas difíciles: el periodista ante el gremio artístico
Julio Aguilar (El Universal)
Roberto Diego Ortega (El Cultural)
Daniela Tarazona (Tierra Adentro)

  • Miércoles 26 de julio
Preguntas movedizas: los periodistas y el desafío de los medios audiovisuales
Luisa Iglesias Arvide (Radio UNAM)
Ariel González (Milenio)
Laura Barrera (Canal 22)


Más información en
www.educal.com.mx/elenagarro
Teléfonos: 3003-4091 - 3003-4081
informes.elenagarro@educal.com.mx

La narconovela (aún) no existe

Participé en la sección Mano a mano, de la revista Tierra Adentro (número de mayo-junio) con una breve reflexión sobre la novela que trata los asuntos del narcotráfico. Mi texto, y el de Orfa Alarcón respecto del mismo tema, se encuentran en este enlace.

jueves, junio 15, 2017

Festival de las Letras


"Hagan sus apuestas. La carrera por el Nobel" es el título de la mesa en que participaré, junto a Mauricio Montiel Figueiras y Mónica Maristain, mañana viernes 16, a las 7:00 pm, en el Centro Cultural Bella Época, en la Ciudad de México, dentro del Festival de las Letras organizado por el FCE y Editorial Anagrama.

En torno a Juan Rulfo, narrador

El próximo lunes 19, a las 11.00 horas, en Xalapa, Veracruz, daré una conferencia sobre el arte narrativo de Juan Rulfo en la inauguración del noveno Curso de Creación Literaria para Jóvenes que organizan la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana. Esto será en el Salón Azul de la Unidad Académica de Humanidades, de la Universidad. 

domingo, mayo 28, 2017

Historias detrás del Negocio

El suplemento Confabulario de El Universal publica hoy mi ensayo/crónica "Historias detrás del Negocio", sobre algunas aristas de la realidad del narcotráfico en la frontera de Sinaloa y Durango. El enlace está aquí.

domingo, mayo 21, 2017

Las brevedades completas de Seligson

El próximo primero de junio, a las 7 pm, en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, de la Ciudad de Méxio, se presenta el libro Cicatrices, que reúne las brevedades completas de Esther Seligson. El editor es Cuadrivio. Participamos Jezreel Salazar, Patricia Vega y yo con los comentarios; Úrsula Pruneda hace una lectura dramatizada. Modera Víctor Manuel Torres.

sábado, mayo 20, 2017

La guerra del padre y el hijo

El suplemento El Cultural del periódico La Razón publica hoy mi ensayo "La guerra del padre y el hijo", sobre la representación de la paternidad en El Llano en llamas de Juan Rulfo. El enlace está aquí.

jueves, mayo 04, 2017

Esther brevísima y completa por primera vez


Hace poco meses salió de la imprenta, con el sello Cuadrivio, el tomo de relatos Cuerpos a la deriva, de Esther Seligson (1941-2010). Son cuentos de los últimos años de existencia de la autora mexicana, prácticamente desconocidos por los lectores. 
Ahora, Cuadrivio completa el par con Cicatrices, un volumen que reúne las brevedades completas de Seligson, y cuya edición tuve el privilegio de preparar. Aquí el texto de contraportada en que explico los pormenores detrás de esta compilación:

En este libro se recopilan los textos brevísimos de Esther Seligson, es decir, sus incursiones en los territorios del aforismo, el apunte, el pastiche, la minificción, el microrrelato, etcétera. Hay que aclarar, sin embargo, que estas clasificaciones resultan elusivas o arbitrarias si tomamos en cuenta la libertad y la audacia formal con la que la autora concebía su escritura.
Los textos aquí reunidos proceden de distintas secciones de los libros De sueños, prodigios y otras voces (1978), Indicios y quimeras (1988), Hebras (1996), Cicatrices (2009) y Escritos a mano (2011). Algunos textos del primer libro fueron incluidos también en el segundo. De igual modo, varias brevedades de los tres primeros títulos fueron reordenadas por la propia Seligson en la antología Toda la luz (2006). Para esta compilación, se han reintegrado los textos a los tomos en que originalmente aparecieron, aunque se han mantenido las correcciones y hasta los cambios de título que la autora incorporó en las ediciones posteriores.
Voz iconoclasta, la de Esther Seligson pervive en este conjunto de sus brevedades, textos súbitos y emblemas de la fugacidad del pensamiento y la emoción. Aunque a lo largo de su trayectoria literaria, Seligson fue intercalando las brevedades entre sus cuentos, relatos y ensayos, sabemos que un libro como este ya era perentorio, para reivindicar el sitio que la autora mexicana merece tener en el campo de la escritura mínima y veloz.

sábado, abril 29, 2017

El cuento mexicano del siglo XX


El próximo 9 de mayo inicia el curso El cuento mexicano del siglo XX, que impartiré durante ocho semanas en la Biblioteca Vasconcelos, en la Ciudad de México. Más informes, aquí.

domingo, abril 16, 2017

Apariciones del ángel de la Historia

El suplemento Confabulario, del periódico El Universal, publica hoy mi ensayo "El ángel de Verónica Murguía", sobre el libro de cuentos El ángel de Nicolás, de Verónica Murguía.

sábado, abril 15, 2017

Aquí en la vida todo es diferente

Hoy se publica mi ensayo "Aquí en la vida todo es diferente", sobre los lenguajes del poder y la crítica en la obra narrativa de Juan José Arreola, en el suplemento El Cultural de La Razón.

sábado, marzo 25, 2017

Inés Arredondo


Estío y otros cuentos es el título de la antología de cuentos de Inés Arredondo que acaba de publicar Editorial Océano, con selección y prólogo míos.

viernes, marzo 24, 2017

Tario en Cal y Arena

Ediciones Cal y Arena acaba de publicar, en su colección Esenciales del XX, una Antología de Francisco Tario preparada por Alejandro Toledo. El prólogo fue escrito por Esther Seligson para otra compilación originalmente editada en 1988, y aquí se recupera.

miércoles, marzo 15, 2017

Ese susto que da el andar matando

La Revista de la Universidad de México publica en su edición de marzo mi ensayo "Ese susto que da el andar matando", sobre el libro Benzulul, de Eraclio Zepeda, quien estaría por cumplir 80 años de vida los próximos días. El texto se puede leer en este enlace.

domingo, marzo 12, 2017

El aforismo y sus provincias cercanas

El suplemento Confabulario de El Universal publica hoy mi texto crítico sobre el libro de aforismos La droga de los profetas, de Édgar Krauss. El enlace es este.

jueves, marzo 09, 2017

La santa enfadada

José Gordon publica hoy, en el periódico Reforma, un preciso e inteligente comentario sobre el libro Cuerpos a la deriva, de Esther Seligson.


La santa enfadada
José Gordon

Un ejercicio de imaginación que marca el alma de novelista que todos llevamos dentro: mientras estamos en un salón de espera en un consultorio, en un aeropuerto o en una estación de tren, vemos los rostros de las personas desconocidas que nos rodean, escuchamos jirones de la conversación de una pareja, y les inventamos una historia.

Se trata de un laboratorio de otredad. Tratamos de intuir lo que se esconde detrás de esas miradas, atisbamos las emociones que dejan huellas en la otra piel, exploramos las experiencias que segundo tras segundo cincelan gestos, la manera de vestir, la forma en que se balancean los cuerpos y que terminan por construir la novela de una vida. Éste es el ejercicio que realiza Esther Seligson (1941-2010) en el libro Cuerpos a la deriva (Editorial Cuadrivio).

En esta reciente compilación de relatos (curada por Geney Beltrán Félix), la curiosidad de Esther le permite asomarse a las diferentes formas que asume la palabra "yo cuando se pronuncia desde otro cuerpo. La indagación de otras vidas cobra un ritmo vertiginoso: ¿Qué se siente habitar un cuerpo en donde vive la pureza del alma de una mujer que cura con las manos? ¿Qué ocurre con un cuerpo que se encuentra en un encierro voluntario en donde sólo se ve la luz de una ventana reflejada en la pared? ¿Qué sucede cuando se vive en un cuerpo que fue operado a corazón abierto? ¿Qué tragedia se asoma en el cuerpo de una mujer insatisfecha? ¿Qué pasa dentro del cuerpo de un insomne que tiene visiones de la tumba de una vida anterior?

Esther Seligson va aún más lejos y entra dentro de un cuerpo sin cuerpo, a la voz sin sombra de la mítica figura griega de Ifigenia, y reflexiona sobre la posibilidad de fundirnos con lo que está más allá de lo que vemos: "Sólo me pregunto, ¿cuándo vendrá por fin a desaparecer dentro este impulso que me empuja a decir yo. Este ejercicio de otredad llega al extremo de habitar el cuerpo del hijo de los dioses Shiva y Parvati, quien es un santo enfadado (así le llama Esther) y le reclama a Dios porque no puede percibir, más que a momentos, la totalidad de la existencia. Dicho sea de paso, ése es tal vez el reclamo de Esther Seligson, una santa enfadada ante el dolor y las injusticias de la vida en medio de la intuición de lo sagrado.

Ése es el mismo impulso que recorre la obra de David Grossman cuando plantea que, como novelista, desea entender la vida entera y descubrir que en una hora (en una gota del tiempo) hay un océano si nos arriesgamos a imaginarnos dentro de los cuerpos de los otros. Tal vez puede ilustrar esta noción, una vieja leyenda de la cual platicaba recientemente con mi hijo Uriel. En los tiempos del sabio hindú Shankara (788-820) se llevaban a cabo debates en torno a las diferentes modalidades del conocimiento. El derrotado tenía que incorporar la visión de quien lo superaba. El monje Shankara era imbatible hasta que la sabia esposa de un hombre que había sido vencido lo retó: discutirían también sobre el conocimiento de las artes amatorias. Shankara pidió unas semanas para efectuar el encuentro. Se reunió con sus discípulos y les pidió que cuidaran su cuerpo (en postura de flor de loto), ya que iba a entrar dentro del cuerpo de un rey, cuya alma estaba destinada a partir. De esta manera, Shankara aprendió todo sobre las artes amatorias. Sin embargo, se identificó tanto con su nuevo cuerpo que se le olvidó que era Shankara. Los discípulos estaban preocupados porque no volvía. Decidieron ir a buscarlo. El rey (Shankara) no los reconoció. Entonces empezaron a cantar. Shankara recuperó la memoria de quién era.

Tal vez eso es lo que hacen las novelas, son los cantos que nos permiten recuperar una memoria que nos abre a vivir desde otra piel, desde otras miradas. Esa novela ya pasa en nuestras vidas cuando, por ejemplo, vemos los ojos de un bebé y se activan nuestras neuronas espejo para recordar una inocencia llena del encanto, la pureza, el asombro y la gracia de existir.

lunes, marzo 06, 2017

Un ángel ciego y otro castigado


La revista Este País, en la sección Cultura de su número de marzo, publica mi ensayo "Un ángel ciego y otro castigado", en torno a los cuentos del gigantesco José Revueltas. El enlace está aquí.

viernes, marzo 03, 2017

Cuerpos a la deriva


Acaba de aparecer, en el sello editorial Cuadrivio, el libro Cuerpos a la deriva, de Esther Seligson. Se trata de una compilación de relatos escritos por la autora durante su última década de existencia.

miércoles, febrero 22, 2017

Los Críticos Recomiendan 2017

Ciclo Los Críticos Recomiendan 2017

En su quita edición, este ciclo de charlas literarias estará dedicado al género del cuento.
En cada mesa, los ponentes proponen la lectura de tres títulos fundamentales de ficción breve.
Y, claro, nos dicen por qué los recomiendan.

VIERNES 24 DE FEBRERO, 19:00 HRS. 
Breve y apasionante guía del cuento tradicional
Participan: Verónica Murguía y Socorro Venegas
SALÓN DE FIRMAS

SÁBADO 25 DE FEBRERO, 16:00 HRS. 
Grandes cuentistas de lengua inglesa
Participan: Hernán Lara Zavala y Claudia Lucotti
SALÓN MANUEL TOLSÁ

DOMINGO 26 DE FEBRERO, 14:00 HRS
Libros de cuentos para llevarse a la isla desierta
Participan: Luz Fernández de Alba, Ana García Bergua,
Fabio Morábito y Eduardo Antonio Parra
SALÓN MANUEL TOLSÁ

VIERNES 3 DE MARZO, 17:00 HRS.
Cuentistas latinoamericanos más notables: qué leer
Participan: Alejandra Giovanna Amatto Cuña, Isaac Magaña Gcanton
y Consuelo Rodríguez
SALÓN DE FIRMAS

SÁBADO 4 DE MARZO DE 18:00 A 18:45 HRS. 
Cuentistas merecidamente galardonados
con el Premio Nobel de Literatura
Participan: Héctor Orestes Aguilar y Cristina Rascón
SALÓN DE FIRMAS

DOMINGO 5 DE MARZO, 17:00 HRS.
Los mejores libros de cuento de la literatura mexicana
Participan: Blanca Estela Treviño, Mauricio Molina y Roberto Pliego
SALÓN MANUEL TOLSÁ


Coordinación: Geney Beltrán Félix

martes, febrero 14, 2017

El espíritu débil

Acaba de publicarse mi libro de aforismos y demás brevedades amancebadas, titulado El espíritu débil, con el sello de la Editorial Cuadrivio.


He aquí el generoso texto de contraportada que ha escrito Ignacio M. Sánchez Prado para la edición de este libro:


«Poseedor de una de las inteligencias críticas más lúcidas y frenéticas en nuestra literatura, Geney Beltrán Félix incursiona en El espíritu débil en el género aforístico, demostrando con precisión y fuerza las virtudes de su pensamiento. El espíritu débil presenta al aforismo no como esa segura enunciación del intelectual occidental, rechazando el carácter categórico de su propia tradición. A contrapelo de la aforística canónica, Beltrán Fenix enuncia desde una profunda duda respecto a las posibilidades del género, admitiéndolo como carente de toda originalidad (“Todo aforismo lo pensó antes alguien más”) y vacío de sustancia luminosa (“El aforismo es la autobiografía sin los hechos”). A partir de estas premisas, Beltrán nos lleva a través de recorridos precisos y brutales por cuestiones distintas de la contemporaneidad y la existencia: el miedo, la escritura literaria, la emoción, la pasión, el suicidio, el amor. Aforismo tras aforismo, emerge de Decálogo negro una axiomática del presente y una metafísica de la furia de la cuál derivan éticas del arte y del espíritu. Heredero maldito de Cioran, Beltrán Félix consolida en este volumen una trayectoria dedicada al pensamiento sin concesiones y a la crítica libre y sin miramientos. El aforismo, en El espíritu débil, es culminación y nuevo inicio de uno de los pensamientos más intensos de la literatura mexicana actual».

domingo, febrero 05, 2017

De la violencia a la seducción

El suplemento El Cultural publicó ayer mi ensayo sobre los cuentos de Juan García Ponce, "De la violencia a la seducción". El enlace está por este rumbo.

domingo, diciembre 18, 2016

El mejor libro del año...


Sergio González Rodríguez, del periódico Reforma, ha elegido la Antología de Elena Garro publicada por Cal y Arena como el mejor libro del año 2016. 

domingo, diciembre 11, 2016

Cien años de Elena Garro

A lo largo de este 2016 aparecieron tres tomos que reúnen bajo distinto criterio la obra narrativa de Elena Garro.


Los Cuentos completos (Alfaguara) presentan los textos de ficción breve de Garro: La semana de colores (1964), Andamos huyendo Lola (1980), El accidente y otros cuentos inéditos y La vida empieza a las tres... (1997), además de dos prosas inéditas.


La Antología publicada por Cal y Arena incluye una selección de piezas teatrales, cuentos, novelas cortas (Un traje rojo para un duelo, Un corazón en un bote de basura y Primer amor) y la novela Reencuentro de personajes.


Las Novelas escogidas (1981-1998), lanzadas al mercado por el Fondo de Cultura Económica en su colección Letras Mexicanas, reúne los títulos Testimonios sobre Mariana (1981), Reencuentro de personajes, La casa junto al río (1982), Y Matarazo no llamó... (1991), Busca mi esquela (1995) y Mi hermanita Magdalena (1998). 

Confío que estos proyectos editoriales contribuyen a acercar a nuevos lectores la obra multifacética de Garro, y que en el futuro se recuperen algunos otros títulos que siguen siendo inconseguibles.

Ningún favor a Elena Garro

Elena Garro cumple, hoy, cien años. El suplemento cultural Confabulario, del periódico El Universal, dedica su número de hoy a la obra de esta gran autora. Ahí publico un ensayo titulado "Ningún favor a Elena Garro".

sábado, diciembre 10, 2016

Corazón de la montaña

Acaba de publicarse el cuento "Corazón de la montaña", de Claudina Domingo, en la revista Reporte SP. El cuento forma parte del libro Las enemigas, que Domingo publicará el año próximo en el sello Sexto Piso. Este es el enlace.

martes, diciembre 06, 2016

Novelas escogidas (1981-1998), de Elena Garro

El Fondo de Cultura Económica acaba de publicar la compilación Novelas escogidas (1981-1998), de Elena Garro, en su colección Letras Mexicanas. El volumen incluye Testimonios sobre Mariana, Reencuentro de personajes, La casa junto al río, Y Matarazo no llamó..., Busca mi esquela y Mi hermanita Magdalena. El prólogo es de mi autoría.