lunes, junio 29, 2009

En contra de

Por fin llega a mis manos el más reciente número de la revista Literal, de Culiacán, dedicado al tema Escritores en la red. El número incluye mi ensayo «En contra de las sirenas», sobre el ejercicio bloguístico, texto que por cierto forma parte de mi libro El sueño no es un refugio sino un arma, de inminente (eso creo) publicación.

martes, junio 23, 2009

Elgeney en el panteón

He aquí algunas de las fotografías que en un panteón de la ciudad de México me tomó mi querida amiga Moramay Herrera Kuri. (Éstas son las autorizadas por mi agente alemana para cualquier fin publicitario y de explotación comercial. Digo, por si algún paparazzo tiene otras en las que aparezca en situación inconveniente.)




lunes, junio 15, 2009

158


Acaba de aparecer el nuevo número de la revista Tierra Adentro (158, junio-julio), dedicada a los temas del documental mexicano y la traducción literaria. Vienen también textos de Esther Seligson, Tedi López Mills, Ernesto Priego, Luis Vicente de Aguinaga, Rafa Saavedra, Fernando de León y José Juan Aboytia.

lunes, junio 08, 2009

La era del miedo



Apareció ayer en el suplemento El Ángel, del periódico Reforma, mi texto crítico "La era del miedo", sobre la escritura narrativa de Héctor Manjarrez, a partir de la publicación de su nueva novela, Yo te conozco (Ediciones Era-UNAM, Dirección de Literatura, 2009).
Aquí, el texto:
En el más provechoso, y a veces en un limitado sentido, el adjetivo “testimonial” sería uno muy apto para la escritura de Héctor Manjarrez (México, 1945). Si bien ha entregado también tomos de lírica y ensayo, Manjarrez ha ido reuniendo sobre todo un corpus narrativo: ya tres libros de relatos, cuatro novelas, dos nouvelles y un diario.
En el inicio de su trayectoria, leemos a un narrador adolescentemente proclive a los malabares formales y la prodigalidad léxica antes que a la precisión prosística y la justeza estructural. Los personajes, de una vida interior dominada por los sentimientos, son un pretexto para la ilustración detallista de la era nueva: la década de los sesenta, la liberación de los cuerpos. En su primer libro, Acto propiciatorio (1970), las intuiciones de la sensibilidad de Gonzalo, protagonista del relato “Dulcinea”, se ven relegadas por un devaneo, más de aprendiz aturdido que de suelto prestidigitador, por varios modos del narrar que no se consolidan en tanto posibilidad estructural acorde a su temática (devaneo sentimental que dé pie a devaneo técnico), ni dejan al personaje emerger como paradigma. En más de una página de No todos los hombres son románticos (1983) veo un desenvolvimiento parecido de redundancia técnica no supeditada a una lógica dramática siempre pertinente (citaría como ejemplo el relato de título “Amor”). Es en Ya casi no tengo rostro (1993), uno de los mayores logros de su escritura, en el que la deriva testimonial de Manjarrez encuentra su molde sublimado, casi diríase de presteza alquímica: los ires y venires del nuevo “hombre sentimental” (mexicanos en el extranjero y en México, distintas edades del cuerpo y sus emociones) hallan una expresión maestra, condensada y tensa, que da pie a realidades internas de sofocante fuerza dramática (“Fin del mundo”, sobre el purgatorio sin redención de la relación de pareja con el trasfondo de una playa en Nayarit, pertenece a la mejor cosecha del autor).
Ese Manjarrez maduro persiste en su tercera novela, El otro amor de su vida (1999), no sólo su libro más gozoso y de un humor de los más inteligentes de nuestra literatura, sino la obra que le permite afianzar la pertinencia de un narrador: esa voz en primeratercera persona, irónica y perspicaz, que retrata y discute el interior de sus personajes, sobre todo de la protagonista, paradigma de la mujer liberada de los noventa: contradictoria, arrebatada, procaz. Ni Lapsus (1971), fallido experimento de quien mastica pero no digiere los alardes técnicos de la vanguardia narrativa en el último medio siglo, ni Pasaban en silencio nuestros dioses (1987), íntima epopeya del fin de la varia libertad del cuerpo del artista —sus dos primeras novelas—, logran trascender con decisión el testimonio: la filiación del lector con el personaje depende más de un interés previo en la época antes que de un arrobamiento contundente merced a las dotes de un creador de realidades (el velorio de José Revueltas con que cierra Pasaban en silencio no termina de expresar irrevocablemente, para quienes no vivimos el desangelado fin de fiesta que fue en el plano simbólico el año 1976, esa atmósfera de término de toda una juventud). Es Manjarrez ahí más cronista que demiurgo. Y es ese dubitar entre el testimonio y la creación, resuelta con adultez, insisto, en El otro amor de su vida, la disyuntiva que, luego de dos meritorias nouvelles, se observa de entrada en Yo te conozco.
Ignoro si toda novela sustentada en la recuperación de la memoria ha de ser escrita pensando en, como posibles lectores, los coetáneos. Reconstruir una época con los nombres de marcas comerciales, programas de radio o beisbolistas famosos sugiere una tentativa virada no a erigir de nuevo, en el tiempo nuestro de la lectura, esa época anterior, sino a reiterar en la mente de quienes la vivieron los recuerdos particulares que habrían de ser comunes, en tanto cápsulas atinadas aunque, también, privativas. Ese, para mí, es el punto en que Yo te conozco se renegaría en un primer momento a afirmarse en tanto novela de la memoria a secas. Sin embargo, esa limitación se ve al final vencida: el narrador ofrece ensayísticamente no el catálogo sino el escenario del México de los años 1950; su voz acude aquí y allá a la explicación divagante en torno de la música, la sociedad, la política. Lo que, sabremos pronto, se halla en función de los protagonistas infantiles: el estudio de sus cambios, su lógica interior.
El narrador de Yo te conozco es una de las respuestas robustas de la imaginación memoriosa a la pregunta sobre la infancia: cáustico y denunciante, equilibrado y sensible, con ligero donaire de la prosa, se ve menos humorístico y, a cambio, más vertical en el examen de una emoción que deviene pasión en los personajes: el miedo. Los dos niños se ven obligados a una precoz maduración a partir de que su padre los abandona y, en una sustitución genial, descubren la presencia de un extraterrestre en la cocina de su departamento. La segunda mitad de la novela muestra a un narrador puntilloso en la exploración del ánimo de los niños, dominados por “el miedo al miedo”: “ese cocodrilo que flota como leño por las arterias de la inevitabilidad de lo cotidiano, y que aprendemos todos a solas, sin tutor alguno, a controlar y ocultar mal que bien”.
En esta virtud se ancla el valor introspectivo de Yo te conozco: ese narrador de recurrentes intervenciones nunca es —sino todo lo contrario— un obstáculo para que, más allá de la enumeración datada de marcas y atletas, esa infancia y ese México de los cincuenta —la era del miedo— afirmen la emergencia de la memoria: crear el pasado en la ficción para enjuiciarlo; enjuiciar el pasado para impedir que la nostalgia disculpe esos ritos (la ausencia del padre, la discriminación de una sociedad) que la memoria, en un ejercicio de ética narrativa tan lúcida cuanto implacable, sigue sin aceptar.

jueves, junio 04, 2009

Alaska, de Gibrán Portela


miércoles, junio 03, 2009

Cartelera de El Milagro


martes, junio 02, 2009

Perdonados por quién


El nuevo número de la revista Luvina (verano 2009), con el tema Habitaciones extraordinarias, incluye mi relato «Perdonados por quién». La revista, dirigida por Silvia Eugenia Castillero y que tiene como editor a José Israel Carranza, estará distribuyéndose ya pronto en librerías. El texto ya está en línea en el sitio de la revista: aquí. El índice completo, acá. Los zapatos... los zapatos tienen mucho que ver, por supuesto.

lunes, junio 01, 2009

Pues ni modo


Así, ni alegar. Tajante, definitiva. Este cansancio ya de hablar y hablar, asegurar, negar... Y volver de nuevo al mismo punto estancado.

jueves, mayo 07, 2009

Aprendizaje



El Géminis, según me ha sido dicho, tiene una relación muy superficial con su pasado. A diferencia del Cáncer o el Escorpión, resultamente escasamente rencoroso. La superstición racionalista descarta la profundidad con la que la astrología se ha dedicado por siglos y siglos y siglos al estudio de la personalidad. Yo, apenas aprendiz, me quedo perplejo ante la congruencia con que mi carta astral me ha retratado. Sobra decir que en ese punto que menciono líneas arriba, soy bastante leal a los rasgos de mi signo: así, por olvidar los hechos, parecía que perdonaba, cuando sólo me era natural intuir que el pasado es un país extranjero donde uno quizá sólo estuvo de turista, distraído, apresurado detrás de una quimera de futuro que hoy, a punto de cumplir los 33, se ha esfumado finalmente. Poco a poco he ido asumiendo este aprendizaje, su necesidad, la defensa que el rencor me otorga: los enemigos, siempre han de estar ahí aunque sean tan rutinarios, tan sórdidos, tan pueriles como uno mismo.

lunes, abril 06, 2009

En Tierra Adentro

El nuevo número (157, abril-mayo de 2009) de la revista Tierra Adentro incluye, entre otros materiales, un dossier, coordinado por Nadia Villafuerte, sobre Alfonso Reyes, que abre con un ensayo de Ignacio Sánchez Prado y prosigue con reescrituras y variaciones de «Palinodia del polvo» por autores del centro del país, como Eduardo Montagner, Isaí Moreno, Gabriel Wolfson, Carlos Antonio de la Sierra, Diego José y Enrique Padilla, joven e inteligente ensayista. También resulta de interés el dossier sobre Raymond Chandler y la novela policiaca, con ensayos de Iris García Cuevas y Vicente Alfonso, y relatos de Hilario Peña, de quien pronto se publica en Mondadori su segunda novela, Malasuerte en Tijuana, y Rodolfo J.M. y Gerardo Sifuentes. En resumen: otro número de Tierra Adentro que vale mucho la pena.

miércoles, abril 01, 2009

Reparo a la imaginación sin conocimiento

La revista Letras Libres publica este mes (número 124, abril de 2009) un ensayo mío sobre la obra narrativa del escritor portugués José Saramago.


A continuación, un párrafo:


En libros lamentables como La balsa de piedra (1986), Ensayo sobre la lucidez (2004) y Las intermitencias de la muerte (2005), el novelista baja de la escena y la cede al panfletario que se orina sobre el cadáver de Swift y la tradición satírica de occidente, explotando una forma chata de la imaginación: un buen día, la península ibérica se desprende de los Pirineos y, vuelta isla en movimiento, se lanza al Atlántico; un buen día, la gente vota en blanco y pone en jaque a la corrupta democracia; un buen día, la Muerte deja de hacer su trabajo y la iglesia, el estado, las mafias caen en crisis. Así de fácil. Porque sí. A ver qué resulta: no para que, a diferencia de lo que sucede al leer a Imre Kertész, el lector se adentre en embarazosos temas morales (la geografía y la cultura como un doble fatal destino, el peso político y social del individuo, las relaciones entre mortalidad y poder), sino para que alcance el consuelo, merced a la burla común del resentido que se asume carente de cualquier fisura moral que pueda explicar también la inmoralidad ajena. Eso que los convenencieros llaman “la compasión con la que José Saramago observa las flaquezas humanas” (el delito es de un redactor de solapas), no es sino tibieza y aun demagogia, pues el individuo —cualquier lector— es aquí intocable: una víctima posible observada con complacencia, adulada por un narrador que dispensa Juicios Profundos y quien, a diferencia de lo que sucede en la obra de Kenzaburo Oé, nunca se aproxima al laberinto del personaje para hurgar en sus zonas turbias y exponer contradicciones que sugieran un vislumbre arduo de los conflictos.

Demostración física

La revista Nexos de este mes (número 276, abril de 2009) publica mi breve texto crítico «El arte como nudo», sobre el libro El cuerpo de Giulia-no, del peruano Jorge Eduardo Eielson, editado por Libros Magenta.


A continuación, un párrafo:

“En el momento del amor, la palabra amor no significa nada (cualquiera puede mentir al pronunciarla), por lo tanto es necesaria una demostración física de esa palabra”. Esto en 1951 pide Jorge Eduardo Eielson (1924-2006), un hombre renacentista que escribió lírica, ensayo, narrativa y quien, como artista visual, se apropió de una variedad de vías expresivas, del performance y la instalación a la fotografía y la pintura. También trenzó nudos, exhibidos en las galerías importantes de Europa. En la conjunción del arte-objeto (hilo, color, tensión, contorno), retomando una herencia antiquísima americana, Eielson habría de simbolizar el tenor de su creación literaria y visual: el arte como un nudo, una ligadura “cuyo punto de inflexión cósmica es el Vacío”, dice Gabriel Bernal Granados, “entendido como la plenitud del ser en el olvido atemporal del yo”. Un nudo es El cuerpo de Giulia-no, y no una novela. O sí, es una novela que toma del nudo su estructura, que mezcla, tensa, recircula sus elementos y así confunde y rompe la convención novelística. Se publicó en 1971, y no sería ajena al hálito de vanguardia que distinguió a las dos décadas anteriores en la ficción europea. Más aún, El cuerpo de Giulia-no sería la continuación de la poesía de Eielson por otros medios.


martes, marzo 31, 2009

Ya se fue

Habla de lo que sabes. Ahora, esperar.

Presentación

domingo, marzo 29, 2009

Historias de perras vulnerables

Aparece hoy en el suplemento La Jornada Semanal mi texto crítico «Historias de perras vulnerables», sobre el volumen de relatos ¿Te gusta el látex, cielo?, de Nadia Villafuerte, una de las obras de ficción más notables que van a permanecer de este inicio de siglo.

A continuación, un párrafo:

Esta voz se detiene en los márgenes ignorados, descubre ahí la vida como si el mundo, por encima de la sordidez, estuviera a punto de destruirse y comenzar de nuevo. La autora da fe de una expresión intuitiva que, tocada por la gracia, presenta una nueva sensibilidad literaria, sustentada en la interiorización de una ahogada violencia en el estilo. Esto es nuevo porque, asumiendo implícitamente la tradición –están aquí los genes de Rulfo, Carver, Bolaño y Munro–, tiene origen en una apropiación germinal de la realidad, en una mirada que, merced a sus recursos fabuladores, instaura imágenes y personajes necesarios, como son necesarios los libros que nos educan en lo que debe ser la letra artística: un fin que dice, no un fin que luce. Nadia Villafuerte presenta una madurísima colección de relatos que levantan la mano por la vida en la literatura. Sus relatos dicen, y porque dicen con fuerza, inquietan. Me apoyo en ¿Te gusta el látex, cielo?, un libro que está destinado a durar más allá de los gritos de otros, los protagónicos del presente, para lanzar ésta, que es mi apuesta de crítico: Nadia Villafuerte está llamada a ser una figura mayor de la literatura en el siglo XXI.


viernes, marzo 27, 2009

Mañana se casa mi hermano menor

Aquí, en Culiacán. (Allá, en otro orden de emociones: ¿por qué matar la perra al pobre perro? Éste no es un poeta valiente, nunca lo ha sido ni fingido. ¿Por qué tanta saña drástica este viernes?)
(Dándole la (pen)última revisión a Habla de lo que sabes.)

jueves, marzo 26, 2009

La prosa, como la vida


La prosa, como la vida. Ésa sería la divisa de La grande o, en general, de la narrativa de Juan José Saer (1937-2005). Hay un narrador en —¿cómo es posible?, lo creíamos pasado de moda— tercera persona. Meticuloso y preciso, deja ver una atención privilegiada por lo sensorial: describe cómo una mujer cose un botón en una blusa, cómo un colibrí vuela y todos lo observan. Los sentidos son el eje de la construcción prosística: aquello que una vista obsesiva acumula, glosa, sin filtrar, sin exigirle una pertinencia narrativa. Porque en Saer lo importante no es lo que se narra, sino lo que se crea con la prosa: cualquier escena de cualquier personaje, a lo largo de cualquier día: y la vida, según este narrador, sólo sucede, a menudo sin sobresaltos. Hay un enigma (¿por qué ha regresado Gutiérrez a Santa Fe luego de 30 años?), pero cuya resolución no importa aclarar. Sin profundidad dramática clásica, La grande concentra, así, una sabiduría de lo sensorial y, también, de lo intelectual. Sus personajes tienen pasado pero no drama, no fisuras. Casi no sufren, no se angustian. Existen, caminan, recuerdan, hablan. Tienden a ser personas cultivadas, reflexivas; tratan de descifrar lo real: el devenir. Tanta fijación por los términos de la realidad atañe a quien busca una visión con más pliegues, con mayor consistencia, travesía que toma los tintes de una aventura dramática en sí misma, por derecho propio. Y la vuelve el centro de un arte mayor.

Juan José Saer, La grande, Barcelona, RBA, 2008, Narrativas, 446 p.

La nota anterior se publicó en el más reciente número del suplemento Hoja por Hoja (febrero de 2009), que sigue, tristemente, en hibernación.

miércoles, marzo 25, 2009

Una cosa tan irracional


El número 10 de Pliego 16, de la Fundación para las Letras Mexicanas, que acaba de publicarse, incluye textos de Vicente Alfonso, Alejandro Albarrán Polanco, Hernán Bravo Varela, Nydia Pineda De Avila, Paulette Jonguitud Acosta, Christian Peña, José Aurelio Vargas, Romeo Tello A., Lucía Leonor Enríquez, Gibrán Portela y Javier Peñalosa, así como una traducción de Nadia Escalante Andrade, y un breve texto narrativo mío, «Una cosa tan irracional».

Noticias de Libraria

Les mando la invitación para la mesa redonda que Libraria hará como de acto de presentación de Los elementos del estilo tipográfico, de Robert Bringhurst, publicado recientemente en la colección Libros sobre Libros. La actividad coincide con la visita a nuestro país de los integrantes de la fundidora Type Together, egresados de la Maestría en Diseño de Tipografía de la University of Reading:

Veronika Burian, nacida en Praga, realizó estudios de diseño industrial, en 2004 recibió el Certificado de Excelencia del Type Directors Club por su tipografía Maiola y en 2005 ganó el concurso de diseño de tipografía de Creative Review. José Scaglione, además de tener su estudio de diseño y enseñar tipografía en la Universidad Nacional de Rosario, es miembro de la junta directiva de la Asociation Typographique Internationale desde 2007.

¿Qué es el estilo tipográfico?
Veronika Burian y José Scaglione de la fundidora digital Type Together, junto con los tipógrafos y diseñadores locales Marina Garone, Cristóbal Henestrosa y Gabriel Martínez Meave, conversarán sobre la existencia o no del estilo tipográfico, su búsqueda y solución, su necesidad o exquisitez.

Miércoles 25 de marzo, 18 horas
Centro Cultural Bella Época, del Fondo de Cultura Económica

Tamaulipas 202, Condesa, México D.F.
Teléfonos: 5276 7110 y 5276 7139
www.librossobrelibros.com
Además, la dupla será la encargada de impartir el Seminario Internacional para Editores y Libreros el jueves 26 y viernes 27, y el lunes 30 y martes 31 de marzo.

viernes, marzo 13, 2009

Vallcorba


Hay que leer esta entrevista con un héroe cultural de nuestro tiempo, el editor de Acantilado, Jaume Vallcorba.

jueves, marzo 12, 2009

¡Ya llegó el pequeño Matías Zavala! ¡Muchas felicidades a los papás! (Claro, ni saben la que les espera). Nació Piscis, en el año del Búfalo de Tierra.
¡Un abrazo para Daniel y Marianinha!
Días de no querer hacer nada. Sólo leer y leer.

miércoles, marzo 11, 2009

Cuánto trabajo, caray. Es mala circunstancia que la labor intelectual está así de pésimamente pagada en México.

miércoles, marzo 04, 2009

Sobre el teatro de Óscar Liera


El nuevo número de la revista Letras Libres (123, marzo de 2009) incluye mi texto crítico «Todos eran el héroe», sobre la dramaturgia de Óscar Liera (1946-1990), el autor de El camino rojo a Sabaiba, a partir de la publicación de un volumen de su Teatro escogido en la colección Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica.

martes, marzo 03, 2009

Meridiano, sur

El reflejo de unas curvas (amadas) en la esfera de cristal.

Cataplum, cataplum

Cataplum.

jueves, febrero 26, 2009

Pliego 16 en Minería


Pliego 16, revista de la Fundación para las Letras Mexicanas, se presenta mañana viernes 27, a las 14:00 horas, en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en el Auditorio 4. Comentan Paola Velasco y elgeney. Modera Eduardo Langagne.

lunes, febrero 23, 2009

Esther Seligson en Palacio

Este sábado 28, a las 13:00 horas, en el ciclo Escritores en Palacio de la Feria del Libro del Palacio de Minería (Tacuba 5, Centro Histórico, Ciudad de México), Esther Seligson, una de las mayores estilistas de la lengua española, será entrevistada, torpemente, por elgeney, quien conoce y admira mucho su obra literaria. Esta charla será en la Galería de Rectores.

viernes, febrero 20, 2009

Palabras de Fina

Ahora siento menos que en la adolescencia ese imperio de la memoria y el deseo. El hoy humilde me parece el verdadero alimento. Pan nuestro de cada día, no lo excepcional, sino lo diario que no cansa, ni estraga, y que sustenta. Vivir en esa especie de disparadero del proyecto incesante, menudo o magno, escamotea muchas veces su maná precioso sosteniéndonos. Que ningún acto que realicemos en el día, ni aún el más modesto, sea mecánico. Que podamos tender la cama con la misma inspiración con que antes se iba a ver la caída del crepúsculo. La mujer que cose un roto, la que enciende el fuego, la que barre el polvo, contribuye también al orden del mundo, a la caridad más misteriosa: sirve a la luz. Esto no excluye otros órdenes y otras órdenes de más vasto alcance. Se trata de rescatarlo todo, no sólo lo que no poseemos aún sino lo que poseíamos sin darnos cuenta. Se trata también del servicio misterioso.
No se debiera tener “una” poética. En la poética personal debieran entrar todas las otras poéticas posibles... Que el arte directo no excluya el viejo preciosismo. La naturaleza crea el ala para el vuelo pero, después, la decora. El realismo verdadero debiera abarcar el sueño y el no-sueño, lo que tiene un fin y lo que no tiene ninguno, el cacharro doméstico y la Vía Láctea. Ningún otro realismo que el de la misericordia.
Fina García Marruz, Hablar de la poesía

viernes, febrero 13, 2009

En la feria

Mañana sábado estaré en la Feria Internacional de Lectura, de Tonantzintla, Puebla, presentando los libros de Páramo Ediciones, gracias a la invitación generosa de Érika Burgos y el Consejo Puebla de Lectura. El acto tendrá verificativo (como se decía antes) a las 14:00 horas. La sede de la Filec es el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), ubicado en la calle Luis Enrique Erro 1, Santa María Tonantzintla, Puebla.

lunes, febrero 09, 2009

Noticia importante sobre Hoja por Hoja

Dejo aquí una breve comunicación de mi admirado y respetado Tomás Granados Salinas, líder brillante y director de Hoja por Hoja y la casa editorial Libraria, sobre la situación actual del suplemento en que, gracias a su confianza, he venido participando como jefe de redacción desde octubre pasado.



A nuestros lectores:
Lamentamos informar que con el número 141 de Hoja por Hoja, fechado el 7 de febrero de este año, llegamos al final de un capítulo. Debido al elevado tipo de cambio del dólar y al alto precio del papel, Grupo Reforma decidió interrumpir la publicación de Hoja por Hoja en sus tres diarios; sin la participación de esos periódicos, cuyo tiraje conjunto ronda los 250 mil ejemplares, el esquema comercial del suplemento es inviable. Estamos en busca de una alternativa que nos permita mantener a flote esta aventura, que en junio próximo cumpliría 12 años de vida. No concibo esto como el cierre de Hoja por Hoja sino como una hibernación de pronóstico incierto.



Quiero compartir este acre momento con ustedes, pues de una u otra manera su participación en el suplemento permitió que publicáramos más de 140 números mensuales, 12 ediciones especiales en la FIL de Guadalajara y dos en ferias internacionales, que en conjunto suponen unos 4 mil libros comentados.
Va un abrazo y mi agradecimiento,

Tomás Granados Salinas

viernes, febrero 06, 2009

Sobre Angustia, de Graciliano Ramos

El ensayista y editor Pablo Duarte ha publicado en la revista Letras Libres el texto «Diez maneras de mirar a un despechado», sobre la novela Angustia, del brasileño Graciliano Ramos, publicada por Páramo Ediciones, con el apoyo del Fonca-Conaculta.
He aquí el texto:

1

¿Hay más encanto en el hecho o en su insinuación? Esta pregunta, formulada con mucho mayor hondura por Wallace Stevens en su poema “Thirteen ways of looking at a blackbird”, parece central. Sin duda es exagerado, casi caricaturesco, pretender adscribirle a cada texto una pregunta, como si de signos zodiacales se tratara. Sin embargo, en el caso de esta novela, una interrogante parece estar siendo arrastrada: ¿la aparición o la sugerencia?

2

Graciliano Ramos nace y muere dentro del territorio brasileño. Publica en 1936 su segunda novela, Angustia. En ella, un pobre diablo sufre por amor en un pueblo al norte de Brasil. Una experiencia universal, el desamor: no caduca porque sigue sucediendo y cuando sucede parece que lo hace por primera vez. Grandes catálogos de cursilerías se han escrito bajo el auspicio del desamor pero esta novela no es de esas. Aquí, la rabia puede más que el embeleso; si fuera el caso hacer la distinción, esta novela no es un bolero, es una canción ranchera.

3

No es gratuito lo de canción ranchera: en Angustia el terruño está presente. La experiencia universal inserta en una región particular, protagónica. Importa dónde es que Luis da Silva agoniza porque, mientras lo hace, recuerda víboras y sertoneros, mulatos con idiosincrasias reveladoras y venganzas al estilo campesino. La agonía de Luis da Silva es un ajuste de cuentas con la región. Lejos de hallar consuelo, el paisaje encierra aún más al protagonista. Porque la manera en que Graciliano Ramos escribe el terruño se asemeja a quien escribe la asfixia. Ningún consuelo para Luis da Silva.

4

Graciliano Ramos no es cándido con su personaje: de todas las maneras posibles lo encierra. No tendría por qué serlo: el desamor es, entre otras cosas, ahogo. Y el autor, muerto en 1953, le va creando círculos cada vez más apretados. Pero tampoco es cándido con sus lectores, ni tendría por qué serlo; nos encierra. Para salvar el escollo de la cursilería, nos encierra en Luis da Silva, misántropo y descorazonado.

5

Qué necesidad hay del costumbrismo, de ser fiel a sus dictados. Qué necesidad de serle fiel al orden casto, a la secuencia lógica. Si Graciliano Ramos lo hubiera intentado, tendríamos entre manos una exposición del amor no correspondido –aquí, el primer encuentro; allá, los escarceos furtivos; aquel, el enemigo; estos, los planes de venganza. Entraríamos a la galería del dolor más común por repetitivo. Sucede a diario, el desengaño; pero no precisamos reparar en la secuencia de sus partes para reconocerlo. El desorden delata nuestro estado.


6

La escritura de Graciliano Ramos estorba, se repite y se contradice. Si fue un autor radical lo fue, en esta novela, por su fidelidad al lenguaje del trastorno. Para Luis da Silva, y para quien lo lee, no hay palabras de aliento. No hay sosiego, porque cualquier complacencia sería una traición a la experiencia universal del desamor. El lenguaje hace gárgaras, boquea, se angustia. El espacio pierde solidez, cede. El tiempo se vuelve posibilidad y ensoñación, Luis da Silva parece incapaz de mirar el mundo en otro tiempo que no sea el condicional simple. Todo podría haber sido. Graciliano Ramos no miente. Por momentos aburre, colma la paciencia, pero no miente. El trastorno del desengañado se construye con repeticiones, tedio y todo lo que podría haber sido.

7

De vuelta a la pregunta, ¿aparición o sugerencia? El relato de un hombre trastornado por un desamor es por necesidad aparición. Es el relato de una exposición. A falta de trama, motivos. No importa que las razones sean dudosas, es preciso que aparezcan, que sean rumiadas, roídas. La escritura de Graciliano Ramos está hecha del sonido que hacen las palabras al ser roídas.

8

No hay manera de engañarse, Angustia es un pueblo en el norte de Brasil. Y sin embargo uno se engaña: Graciliano Ramos crea un mundo aparte. Un mundo, en palabras de James Wood, “de humillaciones, afrentas, duelos y desdenes”. El crítico inglés habla del mundo que inauguró Dostoievski con Memorias del subsuelo (1864). Incluso le pone un nombre, “el mundo de la bofetada”. Para Wood, lo que está en juego en aquella novela es una pugna irresoluble entre el orgullo y la humildad. Luis da Silva no escatima al momento de mostrarse altivo. Se finge suficiente. Se dice a sí mismo que es capaz de desdeñar a cualquiera. Y el mundo actúa en consecuencia. Las afrentas abundan. Las humillaciones son constantes. Angustia no es una novela de folclor, porque el folclor, para funcionar, pide contemplación, asombro.

9

“Me preocupaba, sobre todo, el silencio.” Y silencio es lo que hace falta. No hay respiro para Luis da Silva y tampoco para el lector. Prerrogativa del humillado: temer no a las humillaciones, sino al silencio. Porque el silencio, en este caso, no es descanso. Graciliano Ramos ha encerrado a Luis da Silva de tal modo que el silencio ni siquiera es el silencio de la muerte. No hay resolución. En el extremo de su delirio, tumbado en cama por la angustia, Luis da Silva confiesa: “Yo me deslizaba en esos silencios, flotaba, subía, bajaba hasta el fondo, volvía a la superficie, intentaba asirme a una rama.” El silencio es eso que impide asir la rama.

10

Pero, insisto, la disyuntiva entre aparición y sugerencia es una pregunta que se arrastra por toda la novela. Tal vez ahí está su encanto. No hay duda de que logra hacer aparecer al trastornado, que lo revela en toda su intrincada obstinación. Pero el lenguaje, tan expuesto, termina por desgastarse. Como si fuera una clave de lectura, el protagonista gasta el tiempo escribiendo el nombre de su objeto de deseo. Después de tanta repetición, el nombre se deshace. Entonces, construye palabras nuevas con los despojos. Y cuando esas nuevas palabras se agotan, garabatea cualquier cosa. “Al final desaparece todo”, dice Luis da Silva, “[...] hasta que dejo en el papel algunos borrones apretados, unos rebordes muy negros”. De la angustia va quedando sólo lo sugerible, lo inenarrable. ~

jueves, febrero 05, 2009

Número de febrero


El próximo sábado 3 de enero se pondrá en circulación el número 140 de Hoja por Hoja, suplemento de Libros, publicación de Libraria.
En su apartado central, bajo el título “Tronco común. Medio siglo de libros de texto gratuitos”, la investigadora Lorenza Villa Lever recorre la historia de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, en el contexto de los 50 años su fundación, y revisa los cambios y polémicas por los que han pasado los libros de texto gratuitos en México. Por su parte, el escritor y editor Felipe Garrido comparte su experiencia como autor de un libro de texto de historia de México, realizado hace casi dos décadas, y que sigue vigente.

Reseñas:
J.M. Servín escribe sobre Qué es el qué, de Dave Eggers, y El traductor, de Daoud Hari.



Hernán Lara Zavala sobre Ágape se paga, de William Gaddis.
Absalom García Chow sobre La voluntad y la fortuna, de Carlos Fuentes.


Vicente Alfonso sobre Gente así, de Vicente Leñero
Arnoldo Kraus sobre De eso se trata, de Juan Villoro
Vivian Abenshushan sobre Elogio de la vagancia, de Guillermo Fadanelli


Héctor Vera sobre Los best-sellers prohibidos en Francia antes de la revolución, de Robert Darnton
Fernando García Ramírez sobre Los cómplices del presidente, de Anabel Hernández
Francisco Noreña sobre Matemáticas simplificadas, publicación del Consejo Nacional de Matemáticas

En el Librero: el budismo, por Camila Krauss

Además, trae notas sobre muchas otras novedades editoriales (sobre La grande, de Juan José Saer, por ejemplo), y la sección Hoja por Hoja para Niños y Jóvenes.
El suplemento aparece encartado en los periódicos Reforma (ciudad de México, edición para suscriptores), AZ (Xalapa y Veracruz), Crónica (Campeche), Noreste (Poza Rica), Prensa de Reynosa (Reynosa) y El Sur (Acapulco).

lunes, febrero 02, 2009

Historia de un sacrificio


En el centro de Un cuerpo, novela corta de Diego José (1973), se halla el cuerpo asesinado de una adolescente. Alrededor, las voces de los personajes en quienes esa violencia ha dejado su signo: parientes, amigos, vecinos. Proclive en su dicción a la imagen poética, Un cuerpo consiste en una serie de monólogos que escarban en los antes y después del hecho. Así, la novela gana en concentración dramática lo que se niega a la extensión narrativa, si bien algunos monólogos presentan una insuficiente diferencia en el tono. Paralelamente, el cuerpo asesinado funciona también como el espejo de una sociedad que defiende su corrupción; esta lectura, por el dejo panfletario al que nos llevaría, sería problemática pero, por la fuerza con que se trata el tema, tampoco se deja soslayar fácilmente, lo que permite a Un cuerpo incorporarse a esa vertiente narrativa latinoamericana que hace, de manera lograda, no una crónica sino un examen moral de la violencia.

Un cuerpo, Diego José, Madrid, 451 Editores, 2008, Colección 451.http://, 127 p.

Nota publicada en Hoja por Hoja (enero de 2009)

viernes, enero 30, 2009

Todo aquí es polvo


Nadie camina por estos pedregales. Algunas alimañas de piel terrosa corren, se esconden del sol atronador en agujeros, buscan algún jugo en cualquier raíz perseverante, vomitan plastas pegajosas, desaparecen. Aunque no es sólo tierra aquí, este mundo. Hay bloques de concreto, fueron paredes, fueron muros de edificios erguidos y tan bulliciosos siglos atrás, cuando hacia delante estaba fijo todo el presente, tan sustentado en las confianzas de quienes asumían el mañana una cerca siempre amable que se vence sin retraso. Hay restos de columnas, tienen los contornos desgastados, dejan que el viento las escarapele y haga transitar sus partículas de concreto y mezcla vieja por los aires como un regalo vencido; he aquí la piedra plural como una fila de cadáveres amputados.

jueves, enero 29, 2009

Lección del gran narrador realista


De lo más disfruto, en esta mi participación editorial en el suplemento Hoja por Hoja, es compartir el entusiasmo por un libro... aunque, claro, en 980 caracteres con espacios. Ejercicio de síntesis crítica, estas notas permiten, cierto, poco lugar al matiz, pero queda el registro pasajero de una efusión, o por lo menos la invitación para, de entre la avalancha de novedades no siempre graciosas que vemos en las librerías, volver los ojos a algunos títulos, algunos autores. Como éste:

En manos de un narrador insuficiente, El cupón falso habría sido insoportable y proselitista: dos adolescentes falsifican un cupón de dos rublos y provocan así, ajenos a toda previsión ética, hechos que acaban con la vida de varias personas. La moraleja —la responsabilidad individual debe estar por encima de los apetitos egoístas— es menos pertinente que la lección literaria del gran narrador realista, quien presenta una galería de personajes secundarios e historias derivadas siempre con pocas líneas, demostrando genial poder fabulador, gran capacidad de observación y una visión matizada del carácter humano. Una nueva traducción de cualquier obra de Tolstói es un anzuelo razonablemente inaplazable para cualquier rusófilo. Y este volumen no decepciona. Incluye una de las muchas obras maestras del autor, Jadzhi Murat, la historia trágica de un líder checheno quien, a mediados del xix, durante la guerra del Cáucaso, se entrega a los rusos para encontrar la muerte.



Jadzhi Murat. El cupón falso, Lev Tolstói, traducción de Víctor Gallego, Madrid, Nórdica, 2008, Otras Latitudes, 301 pp.

martes, enero 27, 2009

El complejo Fitzgerald

El nuevo libro de José Mariano Leyva, El complejo Fitzgerald. La realidad y los jóvenes escritores a finales del siglo XX (Tierra Adentro, 2008), se presenta mañana miércoles, a las 19 horas, en el Museo Mural Diego Rivera (Colón 7, esq. Balderas, en el Centro Histórico de la ciudad de México), con los comentarios de Álvaro Enrigue, el autor y elgeney. Modera Vicente Alfonso.

lunes, enero 26, 2009

Violencia, en Guatemala


Rodrigo Rey Rosa (Guatemala, 1958) es un narrador excepcional de fuste clasicista. Sus relatos, piezas raramente imperfectas, se fincan en un pulso eficaz y firme al describir acciones y personajes: no hay elementos que sobren, y siempre resultan notables su fuerza para delinear entornos amenazantes y su precisión en el decir —es el suyo un estilo que nace como intuido del hálito de la misma historia y da cuenta, muy a menudo, de un punto de vista infantil—. Muchas de sus narraciones son fieles, sin incurrir en la denuncia unívoca, a una deriva constante de la literatura hispanoamericana: la lucha —y, frecuentemente, la derrota— del individuo ante un marco de violencia, desigualdad e injusticia, incluso desde la mirada de quienes ni siquiera se saben verdugos. Esta antología, que coincide, en algunos textos, con el volumen Con cinco barajas, compilación publicada por la UNAM en 1996, comprende un rico panorama de escritura de más de dos décadas, entre 1985 y 2007.

Siempre juntos y otros cuentos, Rodrigo Rey Rosa, Oaxaca, Almadía, 2008, Mar Abierto, 277 pp.

Nota publicada en el suplemento Hoja por Hoja (enero de 2009).

jueves, enero 22, 2009

Presentación y taller en Irapuato

Mañana viernes, a las 19:00 horas, en Irapuato, Guanajuato, se presenta el libro ¿Te gusta el látex, cielo?, de Nadia Villafuerte, publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro. Participan Luis Felipe Pérez, la autora y elgeney. El acto tendrá lugar en la Casa de la Cultura de Irapuato (Álvaro Obregón 16, Centro Histórico).
El sábado, por mi parte, daré un taller de ensayo, también en la Casa de la Cultura, de 10 a 1 de la tarde.

Aprovecho la ocasión para recomendar entusiastamente el número actual (155) de la revista Tierra Adentro (diciembre 2008-marzo 2009). Entre otros textos, vienen tres muy interesantes ensayos sobre tema científico. Los autores son Francisco González Crussí, el Montaigne de nuestra época, uno de los mayores ensayistas contemporáneos, y los jóvenes Pablo Martínez Lozada y Luis Felipe Lomelí.


Francisco González Crussí, el autor de Notas de un anatomista, Los cinco sentidos, Nacer y otras dificultades y varios excelentes libros más

lunes, enero 19, 2009

Con palabras de otro


«Intento leer novelas, completamente distintas, desde la de un autor francés muy renombrado, Michel Tournier, hasta autores de América Latina desconocidos, como mi viejo amigo R.R. Laborioso empeño por avanzar e interesarme por lo que dicen. ¿A qué se debe?, me pregunto. Quizás a que ambos son escritores meritorios, pero no grandes escritores. En Tournier hay algo que me irrita. Es un hombre lleno de ideas, demasiadas ideas. Filósofo convertido en novelista y ya sabemos lo que esto da generalmente. R.R. en cambio, aventurero metido a literato, nos arroja su escrito a la cara como un pedazo de bistec crudo. Ambos encarnan defectos que aquejan a los narradores contemporáneos. Defectos diferentes: el hombre llegado a la novela desde la universidad y al que llega a ella desde la vida. El primero me molesta por su excesivo afán de mostrarse inteligente, el segundo por disimularlo y aparecer como el hombre vital que se caga en la tapa del órgano. Pero la novela es otra cosa y ambos, sumando sus cualidades, hubieran dado seguramente un novelista ideal. Defecto común: creer que se puede llegar a la novela burlándose de la novela, el primero valiéndose de su savoir faire y su propósito metafísico, el segundo de su desdén por la literatura. Cuando en realidad sólo se puede ser gran novelista cuando no se quiere escribir otra cosa que una novela, con todos los riesgos que esto implica, cuando se la respeta y se admite por anticipado la posibilidad del fracaso, sin excusa ni defensa posible, pues de lo contrario la novela termina burlándose de nosotros.»

Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas

viernes, enero 16, 2009

Sobre crítica literaria


A partir de una generosa invitación de Pablo Duarte, hace como tres meses tuve esta charla sobre crítica literaria con Rafael Lemus. Ya se encuentra en el sitio web de la revista Letras Libres.

jueves, enero 15, 2009

Todos los miedos


La mayoría de los libros escritos en la historia de la humanidad son inferiores a la novela El desierto de los tártaros (1940), de Dino Buzzati. El colombre (1966) no se rebela a esa circunstancia. Posterior a Sesenta relatos (1958), en donde abundan los textos geniales, El colombre, no siempre de estilo preciso, vuelve a un tratamiento de lo fantástico y lo simbólico, emparentado con una ilógica kafkiana —se ha dicho mucho—, en la que ciertos motivos, como el miedo —siempre el miedo—, la espera del perplejo o la destrucción, condicionan el accionar de los personajes, muy frecuentemente vistos desde la ironía y cierta compasión. Aunque no todos, varios textos aquí son excelentes, como “El colombre”, “La creación” y “Viaje a los infiernos del siglo”.

El colombre, Dino Buzzati. Traducción de Mercedes Corral, Barcelona, Acantilado, 2008, Narrativa del Acantilado 131, 380 p.

Nota publicada en Hoja por Hoja de enero.

miércoles, enero 14, 2009

Releyendo a Martí


«No alcanza el tiempo para dar forma a lo que se piensa. Se pierden unas en otras las ideas en el mar mental, como cuando una piedra hiere el agua azul, se pierden unos en otros los círculos del agua. Antes las ideas se erguían en silencio en la mente como recias torres, por lo que, cuando surgían, se las veía de lejos: hoy se salen en tropel de los labios, como semillas de oro, que caen en suelo hirviente; se quiebran, se radifican, se evaporan, se malogran —¡oh hermoso sacrificio!— para el que las crea; se deshacen en chispas encendidas; se desmigajan. De aquí pequeñas obras fúlgidas, de aquí la ausencia de aquellas grandes obras culminantes, sostenidas, majestuosas, concentradas.»

José Martí, «Prólogo al Poema del Niágara».

martes, enero 13, 2009

De mujeres desesperadas


Ahora, un breve comentario (publicado en la edición de enero del suplemento Hoja por Hoja) a la reedición de Inés, novela de las últimas publicadas por la gran Elena Garro:

La última Elena Garro tiende a ser vista como una autora reiterada en sus obsesiones. La inmovilidad y el miedo se enfocan en un personaje que a cada novela cambia de nombre y escenario mas no de un destino adverso: se trata de una mujer perseguida por la conspiración de los hombres. En ese ciclo —que arrancaría con Andamos huyendo Lola (1980)— predominan el temor y el desaliento: la rebelde Julia de Los recuerdos del porvenir, que merced a un milagro logra escapar del varón, deja su lugar a mujeres que no terminan de adivinar si el enemigo que tanto temen no reside más bien en sí mismas, y quienes, eso sí, lucen variaciones de una obra a otra que vuelven falsa la acusación de una Garro repetitiva. Aunque no es precursora de ningún narcorrealismo (la contraportada miente con impudicia), Inés, obra menor publicada originalmente en 1995, presenta un personaje cuya inocencia es vulnerada por varones malévolos en quienes, aquí sí, se echan de menos los matices.


Inés, Elena Garro, México, Joaquín Mortiz, 2008, 172 pp.

lunes, enero 12, 2009

La ciudad sin Racine


La Revista de la Universidad de México publica este mes (número 59, enero de 2009) mi ensayo «La ciudad sin Racine», a partir de una idea de Steiner en torno a la lectura de los libros clásicos: de ahí, discrepando, reviso la literatura contemporánea como un canon mutable y autófago y la relación de la literatura clásica con la sociedad en un entorno de violencia, de más está decir, desde mi experiencia de lector y escritor.



Dos párrafos del texto, aquí:

Ahora sonrío. ¡Buscar un tomo francés de Racine! Y no, no lo encontré en ningún lado. Lo mismo habría de pasar con otros autores y títulos, traducidos y ya no digamos en su lengua original: de Conrad a De Quincey a Coleridge a Paul Celan... A lo que iba: no hubo manera de que un lector adolescente encontrara un libro de Racine en su ciudad de origen.
Comparado con tragedias mayores, ésa es una minucia. Pero habla de una época desprovista de esa exigencia de educación humanista, de ese syllabus ilustrado. Habla además de una ciudad sin razón, que no respeta ni valora la inteligencia y la vida del espíritu, encerrada en sus orgullosos referentes regionales de cultura popular y en valores excluyente y fascistamente empresariales, con escasos y despoblados lugares para la reflexión literaria y el disfrute de las artes, desdeñosa de lo universal y nulamente concernida por la formación humanista de sus nuevas generaciones. De eso habla una ciudad sin Racine. La bastardía intelectual vendría como consecuencia.

jueves, enero 08, 2009

La revolución en la prosa


Sobre libro de Boris Pilniak recientemente reeditado, he aquí una nota brevísima publicada en el suplemento Hoja por Hoja de enero de 2009:

De cara a los tiempos convulsos de la revolución rusa, Boris Pilniak (1884-¿1937?) escribió un puñado de textos de ficción de una temática virada hacia el presente y, más aún, de una técnica novedosa en la que incorpora, en la estructura misma, los destinos dislocados e inciertos de sus contemporáneos. Sus relatos tienden a estar exentos de un eje dramático nuclear; antes bien, como sucede en “Caoba”, una pieza reconocidamente maestra, el hilo narrativo, en que no faltan digresiones ensayísticas, compacta y distiende los tiempos de la acción y salta de un personaje a otro, enriqueciendo con cada distinta percepción un cuadro ficcional complejo en que varias líneas se alternan: la ebanistería, el comunismo, la sexualidad, la moral, la revolución misma. Y, como se concluye por esta traducción de Sergio Pitol, el arte prosístico de Pilniak no es de desdeñarse: hay en estos relatos un rico tejido verbal que da pie a la confluencia de numerosos tonos y matices expresivos.


Boris Pilniak, Pedro, Su Majestad, Emperador. Prólogo y traducción de Sergio Pitol, Xalapa, Universidad Veracruzana, 2008, Sergio Pitol Traductor, 196 pp.

miércoles, enero 07, 2009

Páramo en los medios


Buena respuesta ha tenido Páramo ediciones en los medios. El seguimiento, en el blog. Y en la foto, uno de nuestros autores: Jaspreet Singh.

lunes, enero 05, 2009

El conocimiento de las hienas

La revista Letras Libres publica en su número de este enero de 2009 mi texto crítico «El conocimiento de las hienas», sobre el libro El jardín devastado. Una memoria, de Jorge Volpi.



Aquí, un párrafo:

El saldo es desigual: al apoyarse demasiado en el fragmento desnarrativizado y aforístico, Volpi logra frases memorables pero páginas insuficientes para crear un artefacto verbal que estalle en la conciencia del lector, al negarse a hundir la pala más tercamente en la carne de su personaje, que al final revela pocos matices y cierta propensión a la grandilocuencia. Hay, sí, el intento de dejar unas páginas “viles” en que, a veces, el narrador logra saltar de la vergüenza y hace corresponder su memoria con la memoria entrecortada de la especie, a partir de temas como el amor, el sexo, la solidaridad, la imaginación, la guerra. No me parece inapropiada la búsqueda, aunque sí, en esta novela, veo escaso el resultado: frente a las posibilidades del entretenimiento y el solipsismo del lenguaje, la novela de conocimiento, ésa en que el personaje es lanzado a una deriva que revele sin recato un país interior de hienas y fantasmas, es por entero necesaria.

domingo, enero 04, 2009

Una novela así

Una novela que vomite. Que vocifere su furia, que respire con enojo, hastiada de seguirle creyendo a la escritura sus ímpetus pudibundos. Que convoque en su prosa distintos niveles de la existencia, que vaya de lo elevado a lo sórdido, del lirismo a la crudeza, del estrépito al laconismo. Una novela que no use guantes de seda, que no tome el té de las cinco. En cambio, un libro áspero, que lacere y perturbe, que tense las palabras no con el estruendo fácil del amarillismo sino a partir del asedio de una violencia interior, solapada: una sintaxis que se vulnere sin gratuidad, sólo tácitamente y desde adentro, y que ése, inmaduro pero necesario, sea su estilo, a raíz del silencio que asfixia, y que en la página estalla.

Una novela así, por una intuición solitaria.


sábado, enero 03, 2009

Otra forma de epilepsia

La revista Nexos, que inicia nueva época, con Héctor de Mauleón como subdirector, incluye en su número de enero mi texto crítico «Otra forma de epilepsia», sobre la novela Electricidad, del narrador británico Ray Robinson (Sexto Piso, 2008).



Aquí, un párrafo:

Una pregunta final: ¿qué quiere decir “epilepsia”? Electricidad no encubre alegorías, pero ese desorden parece referirse a la interiorización de los demonios familiares que se recolectan en la infancia. Ese propio rostro convulso, que Lily ve en las fotografías tomadas por el novio, le recuerda el de su madre. La epilepsia funcionaría —odio incurrir en conclusiones trascendentales pero no me resisto a perpetrar la siguiente— como una metáfora del pasado que vive en el presente. Esa electricidad que estremece los músculos viene de muy lejos, y es el peso de la herencia y la infancia, que hace trastabillar al individuo aunque sin condenarlo al fracaso ni a la inmovilidad. En efecto: ¿qué es narrar sino revivir, como ataques de musculosa energía, los hechos pretéritos? ¿Qué sería de la ficción sin el pasado? A diferencia de quienes, marinettianamente, buscan negar en literatura cualquier nexo con lo anterior, creo que toda narrativa es pasatista en un sentido ineludible: cualquier relato inmiscuido en el diálogo belicoso con el presente desarrolla una conciencia inquietada sobre la fuerza del pasado —el ayer que vuelve— en cada respiro actual, en cada simple paso. Narramos porque el pasado a fuerzas y de todas formas permanece, y en el relato está la posibilidad, no de darle oxígeno a un cadáver enemigo, sino de revelar aquello que, disfrazado en el ahora, continúa transmitiendo su violencia, una epilepsia no física: memoriosa, emocional. No es la letra, al revivirlo, cómplice inconsciente del pasado; es su testimonio, pruebas para el conocimiento en torno de la identidad humana.

viernes, enero 02, 2009

De ninguna parte

Venir de ninguna parte, venir de la raíz no conocida. Abandonarla y echar una raíz propia sin la voluntad de hacerlo. Añorar el desarraigo de la extranjería.

La fábula del hombre de repente liberado en tierra extraña. Una ciudad muy grande, donde la gente habla otro idioma, usa un alfabeto jeroglífico, es indiferente. Nadie entiende nada, ninguna lengua conocida. Los demás son también cuerpos humanos, pero no hay el menor vínculo con nuestro héroe. El fin de la noción de identidad.

El fin del ser uno.

El fin.


jueves, enero 01, 2009

Empezar el año leyendo a Conrad


nothing lays itself open to the charge of exaggeration more than the language of naked truth.

Joseph Conrad,
Chance

miércoles, diciembre 31, 2008

Gaza y el Año Nuevo


Carta abierta del director de orquesta hispanoargentino Daniel Barenboim ante los bombardeos de Israel en Gaza

Sólo tengo tres deseos para el próximo año. El primero de ellos es que el Gobierno israelí se dé cuenta de una vez por todas de que el conflicto en Oriente Próximo no puede ser resuelto por la vía militar. El segundo es para que Hamás tenga presente que sus intereses no se imponen con la violencia, y que Israel está aquí para quedarse. El tercero es para que el mundo reconozca que este conflicto no tiene parangón en la Historia. Es complejo y delicado; es un conflicto humano entre dos personas profundamente convencidas de su derecho a vivir en el mismo y minúsculo pedazo de tierra. Es por esto que ninguna diplomacia o acción militar puede resolver este conflicto.

Los hechos de los días pasados me preocupan en exceso por muchos motivos humanos y políticos. Es evidente que Israel tiene el derecho a defenderse, que no puede y no debe tolerar los continuos ataques con misil en contra de sus ciudadanos, pero el incesante y brutal bombardeo del Ejército israelí en Gaza me ha despertado algunas interrogantes.

La primera pregunta es ¿tiene derecho el Gobierno israelí a culpar a todos los palestinos por las acciones de Hamás? ¿Debe ser culpable toda la población de Gaza por los pecados de un grupo terrorista? Nosotros los judíos, debemos saber y sentir más agudamente que otras poblaciones lo inaceptable e inhumano del asesinato de civiles inocentes. El Ejército israelí ha argumentado pobremente que la franja de Gaza está tan superpoblada que es imposible evitar la muerte de civiles durante los ataques.

Nuevas preguntas

La debilidad del argumento me lleva a formular nuevas preguntas: ¿Si la muerte de civiles es inevitable, cuál es el propósito del bombardeo? ¿Cuál es -si la hay- la lógica de la violencia y qué espera lograr Israel a través de ella? Si el objetivo de la ofensiva es destruir a Hamás, la pregunta más importante es si esto es una meta alcanzable. Si no, los bombardeos no son sólo crueles, bárbaros y reprensibles, sino también absurdos.

Si, por otro lado, es realmente posible destruir a Hamás con operaciones militares, ¿cómo imagina Israel la reacción en Gaza después de ello? Un millón y medio de residentes de la Franja no se arrodillarán reverencialmente ante el poderío del Ejército israelí. No debemos olvidar que antes de que los palestinos eligieran a Hamás, Israel los apoyaba en una táctica para debilitar a Arafat. La historia reciente de Israel me lleva a creer que si Hamás es bombardeado hasta su desaparición, otro grupo ocupará su sitio, una formación más radical, más violenta y más llena de odio hacia Israel.

Israel no puede permitirse una derrota militar por miedo a desaparecer del mapa, pero la Historia ha probado que toda victoria militar ha debilitado políticamente a Israel por la aparición de grupos radicales. No subestimo la dificultad de las decisiones que debe de tomar el Gobierno israelí a diario, ni subestimo la importancia de la seguridad de Israel. No obstante, me aferro a mi convicción de que el único plan viable para la seguridad de Israel es ganarse la aceptación de todos sus vecinos. Deseo que en 2009 regrese la inteligencia siempre atribuida a los judíos. Deseo el regreso de la sabiduría del rey Salomón para que aquellos que toman decisiones en Israel la usen para entender que los palestinos e israelíes tienen los mismos derechos humanos.

La violencia palestina atormenta a Israel y no sirve a la causa; la venganza militar de Israel es inhumana, inmoral y no garantiza la seguridad. Como he dicho anteriormente, los destinos de dos personas cuyos destinos están relacionados inextricablemente, lo que les obliga a vivir lado a lado. Son ellos los que deciden si quieren hacer de esto una bendición o una maldición.

Daniel Barenboim. Texto procedente de El País.

martes, diciembre 30, 2008

Este sábado


Este sábado 3 de enero aparece el número 140 del suplemento de libros Hoja por Hoja, publicación de la casa editorial Libraria. Trae textos de Carmen Bonet (sobre libros en Braille), Jorge Fernández Granados (sobre la lectura por medio de otras tecnologías) y Cecilia Buzali (sobre libros de astrología).
Vienen textos críticos de:
Jorge Ortega (sobre Poesía reunida de Enriqueta Ochoa)
Mijail Lamas (sobre Runas del deseo de Cristina Peri Rossi)
Jaime Mesa (sobre Casi nunca de Daniel Sada)
Mayra Luna (sobre La frontera más distante de Cristina Rivera Garza)
Jezreel Salazar (sobre Crónicas escogidas de Joaquim Maria Machado de Assis)
Irad Nieto (sobre El hombre desplazado de Tzvetan Todorov)
Édgar Amador (sobre El nuevo paradigma de los mercados financieros de George Soros)
Luz Sepúlveda (sobre La inteligencia del arte de Thomas Crow)
Roberto Pliego (sobre Cómo sobrevivir a cualquier cosa en cualquier lugar).
Además, trae notas sobre muchas otras novedades editoriales, y la sección Hoja por Hoja para Niños y Jóvenes.
El suplemento aparece encartado en los periódicos Reforma (ciudad de México), Mural (Guadalajara), El Norte (Monterrey), AZ (Xalapa y Veracruz), Crónica (Campeche), Noreste (Poza Rica), Prensa de Reynosa (Reynosa) y El Sur (Acapulco).

domingo, diciembre 28, 2008

Los elementos del estilo tipográfico, de Robert Bringhurst

Cuando en 1992 apareció la primera edición de Los elementos del estilo tipográfico, la respuesta de los lectores fue unánimemente entusiasta; el gran diseñador de letras Hermann Zapf, por ejemplo, afirmó con optimismo: “Espero ver a este libro convertido en la biblia de los tipógrafos.” Esta tercera edición —la primera que llega al español— confirma el carácter de clásico instantáneo de la obra, en la que, a decir del editor David R. Levine, el autor “combina acertadamente lo personal con lo práctico, lo filosófico con lo verdaderamente útil”.

Para Robert Bringhurst, la tipografía es el arte de dotar al lenguaje de una forma visual duradera. Este volumen es una guía de campo que se puede llevar en el bolsillo mientras se contemplan las maravillas vivientes del territorio tipográfico y también una meditación sobre los principios ecológicos, las técnicas de supervivencia y la ética que se aplican en él. Escrito con la sensibilidad de un poeta y el cariño del traductor por todas las lenguas, el libro presenta entre otros los siguientes temas:

Esta obra se adentra en temas como:

  • origen y transformaciones históricas de los tipos,
  • ritmo y proporción tipográficas,
  • armonía y contrapunto en el uso de fuentes,
  • elementos estructurales de las letras,
  • uso de símbolos no alfabéticos,
  • selección y combinación de tipos,
  • composición de páginas,
  • lconsideraciones tecnológicas y
  • refinamientos de las fuentes.
Los elementos del estilo tipográfico se cierra con varios apéndices: uno que presenta los caracteres más utilizados en la práctica, otro que describe letras y signos, un glosario tipográfico y dos listas comentadas de diseñadores de tipos y fundiciones tipográficas.



Robert Bringhurst, Los elementos del estilo tipográfico, México, Libraria-Fondo de Cultura Económica, 2008, Colección Libros sobre Libros, 448 p., 13 × 23 cm, ISBN 978-968-16-8549-2
Encuadernación rústica cosida, con solapas
Traducción de Márgara Averbach
Precio de venta al público: $320.00
www.libraria.com.mx

sábado, diciembre 27, 2008

Auch


They were all in their early thirties. An age at which it it sometimes hard to admit that what you are living is your life.

Alice Munro, «Accident», The Moons of Jupiter

viernes, diciembre 26, 2008

Tario en Páramo


Procedente del archivo familiar, he aquí una foto de Francisco Tario (1911-1977) tocando un piano, allá por los años cuarenta: de este escritor fantástico Páramo ediciones publicará, según es fama, tres libros en 2009.

jueves, diciembre 25, 2008

Sobre Alice Munro


De Alice Munro (1931), la notable escritora canadiense, se publicó este 2008 la traducción castellana de La vista desde Castle Rock, en RBA. Sobre esa obra, Nadia Villafuerte, la brillantísima autora del libro de relatos ¿Te gusta el látex, cielo?, publicó este excelente texto en la Revista de la Universidad de México, en noviembre.

sábado, diciembre 20, 2008

«Keppel Croft»


El suplemento Laberinto, del periódico Milenio, publica en su edición de hoy mi relato «Keppel Croft». Van aquí los primeros dos párrafos.

Empezó todo una tarde (era sábado). Estaba ahí de repente: era el contorno de su cuerpo, atrás del cortinaje, ella desnuda frente a la ventana. Él sólo veía su piel sanguínea, el brazo derecho. Sintió mucho frío.
En el cuarto de Clara y suyo, rutinario: la pared blanca, el mismo clóset al abrir los ojos de mañana, el espejo al lado de la puerta. Pero ahora ella surgía con la realidad de un sueño que se sabe una burla. O un llamamiento: la luz apenas roída por las sombras dibujaba la orilla de su cuerpo, la piel rosada, su cabellera que se iba adivinando un fulgor espeso a través de la cortina. El hombre dio dos pasos. No quería hablarle.

jueves, diciembre 11, 2008

Luisa Valenzuela


Conocí el martes pasado a una escritora a quien admiro enormidades: Luisa Valenzuela. Anoto aquí una breve nota que escribí para la edición especial de Hoja por Hoja, para la FIL de Guadalajara, sobre Generosos inconvenientes, una antología publicada por la editorial española Menoscuarto.


Hay una violencia que no se refiere estrechamente al reporte cronístico de lo que pasa en el mundo exterior, y que ha sido una nota dominante en mucha de la literatura latinoamericana, incluso desde antes del Facundo de Sarmiento y El matadero de Echeverría; es otra, de índole textual, que surge y se mimetiza en el mismo lenguaje. La narradora y ensayista argentina Luisa Valenzuela (1938) ha recurrido a la ironía y la polifonía para crear textos que se relacionan violenta, disruptivamente con el decir literario. Impropia e híbrida, su prosa narativa se alimenta del magma coloquial, infantil, distorsionado de la cotidianidad, con el objeto de esbozar parábolas sorpresivas (y a menudo siniestras) en torno de las relaciones políticas, sociales, familiares, íntimas. No es una estilista que apunte hacia un preciosismo sintácticamente correcto; es, sí, dueña de un estilo incómodo que confronta las dicciones estandarizadas del presente, ensuciando la sintaxis, combinando voces dispares, fracturando las nociones de identidad y punto de vista. Esta antología, lanzada al mercado por la editorial española Menoscuarto, es un verdadero regalo: incluye algunos relatos auténticamente geniales —el adjetivo es una descripción, no un elogio—, como “Verbo matar”, “Si esto es la vida, yo soy Caperucita Roja” o “El don de la palabra”.



(Generosos inconvenientes. Antología de cuentos, Luisa Valenzuela. Edición de Francisca Noguerol Jiménez, Palencia, Menoscuarto, 2008, Reloj de Arena 35, 266 pp.)

viernes, diciembre 05, 2008

Libros de Páramo ediciones en la FIL

En la Feria Internacional de Libro de Guadalajara, los libros de Páramo ediciones están a la venta en el stand L2, de nuestra distribuidora, SP Distribuiciones.

De vuelta de la FIL

Se publicó el sábado pasado (29 de noviembre) mi texto crítico «La mirada visceral», sobre la novela Partitura para mujer muerta, de Vicente Alfonso, en el suplemento Laberinto, de Milenio.

jueves, noviembre 27, 2008

Gran noticia


Claro, una gran noticia: Juan Marsé obtuvo el Premio Cervantes. Lo cual me da un enorme gusto.

lunes, noviembre 17, 2008

Eduardo Rabasa sobre Páramo


Generosamente, Eduardo Rabasa, director editorial de Editorial Sexto Piso, comenta el surgimiento de Páramo Ediciones en un texto publicado el sábado pasado en Público, de Grupo Milenio. El texto, aquí, y acá:


Páramo Ediciones

"Lo único seguro de una editorial independiente es que va a desaparecer". Esta lapidaria frase se le atribuye al mítico Jorge Herralde, ícono mundial de un exitoso ejemplo de editorial independiente devenida rentable negocio. Durante muchos años pareció ser la sentencia predominante en el paisaje editorial mexicano, dominado de manera aplastante por los grandes grupos extranjeros y por la presencia de magníficas editoriales independientes como Anagrama, Tusquets, Siruela, etc., que parecían estrellas polares cuyo ejemplo era tan loable como impensable para una editorial mexicana, con honrosas excepciones como la legendaria Era. Quizá aún es muy temprano para advertir un cambio en el panorama, pero desde hace algún tiempo se percibe un movimiento de editoriales que rompen con el discurso tradicional de la edición independiente, el de la queja inane ante las imposibles condiciones del mundo del libro en México, el que considera que hacer libros es una empresa romántica, condenada al fracaso de manera irremediable.
Bajo la premisa de construir un sólido catálogo literario surge Páramo Ediciones, editorial dirigida por el escritor, editor y crítico Geney Beltrán. Sus dos primeros títulos son Angustia, del clásico brasileño Graciliano Ramos y Diecisiete tomates, del narrador indocanadiense Jaspreet Singh, y ya hay otros siete títulos en preparación. Se aprecia con nitidez la intención de ir dando forma y concreción a un gusto literario orientado por la calidad. El diseño concede primacía a la estética del libro como objeto, pero toma en cuenta desde ahora la importancia de la identidad del proyecto como un todo. Es de celebrarse el surgimiento de Páramo Ediciones, una sólida apuesta que se suma al pequeño grupo de editoriales empeñadas en demostrar que en nuestro país, al igual que en casi todos los demás, la supervivencia de un proyecto editorial en última instancia no depende más que de la capacidad de conectar con los lectores necesarios para hacer viable el proyecto.

Eduardo Rabasa

jueves, noviembre 13, 2008

He aquí los dos primeros libros de Páramo Ediciones

El comienzo de una nueva editorial literaria.

Angustia, de Graciliano Ramos


En una ciudad del noreste brasileño, un burócrata sin futuro se enamora de una joven muy hermosa. Frívola, ella no tarda en rechazarlo para lanzarse a los brazos de un tipo arrogante y, por supuesto, con dinero. La trama austera de Angustia da lugar al despliegue de ese estado de convulsión adelantado en el título del libro. El valor de Angustia, considerada una obra maestra de la literatura brasileña, se halla en la capacidad de su autor para convertir a su protagonista (un pobre diablo) en un personaje universal, un paradigma de las aspiraciones frustradas.
Luego de su primer libro, Graciliano Ramos publicó tres obras maestras: San Bernardo (1934), Angustia (1936) y Vidas secas (1938), novelas que desde perspectivas distintas conforman un retrato plural del noreste brasileño: la burguesía arribista, la burocracia con aspiraciones letradas, los campesinos expulsados por la sequía y el hambre. Sin embargo, más que un retrato social, ese tríptico es una inmersión en los temas del poder y el amor en conflicto, de los celos y la obsesión voyerista, de la prostitución de la palabra escrita, de la mezquindad y la búsqueda de la supervivencia. Graciliano Ramos, cuya obra ha sido traducida a quince lenguas, en la década de 1930 apostó por una expresión pulida y depurada que le permitiera una introspección, por decir lo menos, perturbadora. No en vano expresó: “La palabra no fue hecha para embellecer o brillar como oro falso. La palabra fue hecha para decir”.

Graciliano Ramos (1892-1953) nació en Quebrângulo, Alagoas, y murió en Rio de Janeiro. Fue también autor de narraciones infantiles, de un libro de cuentos (Insónia, 1947) y los tomos autobiográficos Infância (1945) y Memórias do cárcere (1953). Su obra se ha impuesto en la narrativa brasileña del siglo XX como una de las más sólidas y perdurables, al lado de las de João Guimarães Rosa y Clarice Lispector.

Graciliano Ramos, Angustia. Traducción de Cristina Peri Rossi. México, Páramo Ediciones, Conaculta-Fonca, 2008. 198 pp.

martes, noviembre 11, 2008

Diecisiete tomates, de Jaspreet Singh


El primer libro de Jaspreet Singh, Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira, ha tenido una recepción crítica excepcional en Canadá. Al igual que otros autores originarios de la India, como Salman Rushdie y Vikram Chandra, Singh trata el tema de la realidad poscolonial de su país, y lo hace valiéndose de un lenguaje elegante y sencillo que da fuerza y ritmo a la ficción, mientras como trasfondo se conoce, desde el punto de vista infantil, la violenta crueldad de la guerra entre India y Pakistán por la región de Cachemira.
Irónicas, puntillosas y llenas de comicidad, las historias reunidas en este volumen muestran el carácter de personajes tan disímiles como Adi y Arjuna (inseparables amigos que conocen muchas aventuras), un árbitro de críquet que se enfrenta a grupos rebeldes y una niña que devora sus tomates en la escuela para varones. Todos ellos evocan la esencia mística y poco explorada de la India, al lado de sus conflictos políticos y humanos, sin caer en el exotismo.

Jaspreet Singh (1969) creció en la India y Cachemira y se mudó a Canadá en 1990, donde se graduó como doctor en ingeniería química por la Universidad McGill. Algunos de sus cuentos han aparecido en publicaciones como Walrus, World Cup Cricket Anthology, Aids Sutra y Zoetrope, ésta última dirigida por Francis Ford Coppola. Su obra también ha sido leída en la CBC Radio. Es autor de la obra teatral Speak, Oppenheimer y de la novela Chef. Diecisiete tomates ganó el premio Hugh MacLennan 2008 al primer libro publicado.

Jaspreet Singh, Diecisiete tomates y otras historias de Cachemira. Traducción de Edith Verónica Luna. México, Páramo Ediciones, Conaculta-Fonca, 2008, 140 pp.

viernes, noviembre 07, 2008

Páramo Ediciones


Todo está saliendo muy bien. Ya están los dos primeros libros de Páramo Ediciones. ¡Cómo hemos batallado! Ni he tenido tiempo de actualizar la página. Ha habido mucho trabajo en mi vida últimamente (crítica, docencia, edición, escritura), pero me siento muy bien, salvo porque extraño mucho a mis hijos, que ahora viven en otra ciudad. ¿Los libros de Páramo, cuáles son? Una novela de un brasileño clásico, muerto en 1953, y un libro de cuentos de un indocanadiense de casi 40 años. Traducciones excelentes. ¿Que por qué no subo las portadas? Es que voy de salida a Tlaxcala, a dar el taller de ensayo, pero date una vuelta por acá la semana quentra, y aquí tendrás toda la información. ¿Cuándo en librerías? En dos semanas, yo creo. (Y, bueno, ese tronco seco es el logotipo de la editorial. Chulísimos, los libros.)

domingo, noviembre 02, 2008

Sobre Soler Frost


La revista Letras Libres publica mi texto crítico «La imaginación erudita», sobre la obra narrativa de Pablo Soler Frost, en particular sobre su novela reciente, Yerba americana.

jueves, octubre 30, 2008

Eduardo Montagner

Eduardo Montagner es autor de la novela Toda esa gran verdad. Tiene dos blogs, éste en español, y este otro en véneto: aquí

martes, octubre 14, 2008

Libro sobre Coetzee



Mañana se presenta el libro Amigo o enemigo, de Elisa Corona Aguilar, publicado por Tierra Adentro y merecedor del Premio José Vasconcelos. Presentan Ana Elena González Treviño, Charlotte Broad y la autora; modera elgeney. Es en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, a las 19:00 horas.

lunes, octubre 13, 2008

Campobello y Garro, Garro y Campobello


Daré una charla sobre dos autoras mexicanas: Nellie Campobello y Elena Garro, mañana martes, a las 18 horas, en la Biblioteca Amalia González Caballero (en el Parque México, en la colonia Condesa de la ciudad de México), dentro del Ciclo La Letra Viva. (La de la foto es, por supuesto, Elena Garro.)

jueves, octubre 02, 2008

Texto crítico en octubre


El número nuevo de la revista Nexos (octubre) incluye mi texto crítico "La prosa que no incomoda a nadie", sobre Ciencias morales de Martín Kohan.

miércoles, octubre 01, 2008

Presentación de Los sonámbulos


Anoto aquí la invitación a la presentación del libro Los sonámbulos. Origen y desarrollo de la cosmología, de Arthur Koestler, coeditado por Libraria y el Conaculta en su colección QED.
La cita es el jueves 9 de octubre de 2008, a las 13:00 horas, en el Auditorio Carlos Graef, en el Conjunto Amoxcalli, de la Facultad de Ciencias, UNAM, en la ciudad de México.
Presentan David Huerta, Juan Manuel Echevarría Román (del Instituto de Astronomía) y José Marquina (de la Facultad de Ciencias).

martes, septiembre 09, 2008

Marina Ivánovna y Ósip Emélich de visita en el cementerio


¡Pobres muertos! ¡Nadie piensa en ustedes! Todos piensan en sí mismos, en quién podría yacer aquí y quién allá. En sí mismos, yaciendo aquí. ¡No basta con que Dios les haya quitado la vida, la gente — Mandelstam con su “miedo” y yo con mi “bienestar” — les quitamos también la muerte! ¡No basta con que Dios les haya quitado la tierra toda, nosotros les quitamos las últimas tres arshinas que les quedan!
... No nos basta la tierra toda con sus colinas y casas, queremos además la colina de ustedes, su casa. Habituarse, aprender, temer, salvarse... Todos — a probar. Y luego nos asombramos cándidamente cuando en alguna vuelta del camino o del corredor...
Si hay que asombrarse de algo, es de la rareza de sus visitas, de su modestia, de su delicadeza... Si yo estuviera en su lugar...
Una respuesta silenciosa: “Si nosotros estuviéramos en el tuyo...”

Marina Tsvietáieva, Una dedicatoria

jueves, septiembre 04, 2008

Nexhmije Hoxha, viuda de Enver Hoxha, dictador de Albania, habla en su celda de Tirana sobre Kadaré

La sonrisa desapareció cuando mencioné el nombre de Ismaíl Kadaré. El célebre escritor, antiguo amigo de los Hoxha, había huido a París un par de años después de la muerte de Enver. Contrariamente a los demás albaneses, Kadaré tenía pasaporte. Una vez en el exilio, se reveló como un ardiente adversario político. ¿Era un traidor? Por primera vez, la Viuda negra vaciló. En el fondo, el refinado Kadaré había demostrado al mundo que Albania no era el país inculto que tanta gente creía. Al final, eligió una contestación diplomática:
—No lo considero ya un amigo. Ha escrito cosas monstruosas sobre mi marido después de que durante veinte años lo tratáramos como a un hermano. Sin embargo, es un gran escritor.

Riccardo Orizio, Hablando con el diablo

martes, septiembre 02, 2008

Autor lusitano


Escribo para ti desde que empecé, sin lisonjearte, evidentemente, pero también sin ser insensible a tus reacciones. Formamos parte de un mismo presente temporal y, lo quieras o no, de un mismo futuro intemporal. Ahora sufrimos las vicisitudes que el presente nos impone, compañeros como somos en la apremiante realidad cotidiana; más tarde seremos el polvo de la Historia, el ejemplo prometedor y maldito, el pretérito que se cumplió bien o mal. Si yo hoy olvidase tus angustias y tú las mías, seríamos ambos traidores a una solidaridad de cuna, umbilical y cósmica; si mañana no estuviésemos unidos en los hechos fundamentales que la posteridad ha de juzgar, estos años pasados perderían todo significado, porque donde está o ha estado un hombre es necesario que esté o haya estado toda la humanidad.
Miguel Torga, Bichos

lunes, agosto 18, 2008

Lectura en Bellas Artes

En el ciclo Nuevas voces de la literatura mexicana, viene la lectura de los narradores. Será este domingo 24, a las 12:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Participan Nadia Villafuerte, Vicente Alfonso, Mayra Inzunza, Édgar Omar Avilés y elgeney. Modera Pablo Soler Frost.

sábado, agosto 16, 2008

Del monólogo del príncipe de Saurau

"Siempre relacionamos a nuestro hijo con desgracias. Cuando alguien se ha caído al barranco, pensemos que nuestro hijo se ha caído al barranco."

"Yo, refugiado en alegorías científicas, creía haber vencido para siempre a mi padre, como se vence a una enfermedad infecciosa. Hoy, sin embargo, veo que esa enfermedad es una enfermedad mortal —estremecedora en sentido elemental— de la que todos sin excepción mueren."

"Lo terrible lo ejerce el hombre siempre en los otros, pero pocas en (o sobre) sí mismo."
Thomas Bernhard, Trastorno

miércoles, agosto 13, 2008

Cita de autor polaco

«Con la muerte, Jurek ha visto truncado todo —se dijo—, se ha ido sin tan siquiera sospechar que cuanto hace y decide el hombre de modo consciente no significa nada, mientras que todo lo importante que realizamos a espaldas de nuestra voluntad queda en alguna parte detrás de nosotros, persiguiéndonos, y a veces, en el peor de los casos, somos nosotros quienes lo perseguimos».

Jaroslav Iwaszkiewicz, Las señoritas de Wilko

martes, agosto 12, 2008

Los conjurados, de Alberto Tovalín


Pínchale y se hace grande (la imagen).

miércoles, agosto 06, 2008

En la revista de mi alma máter

La Revista de la Universidad de México publica en su nuevo número (agosto 2008) mi relato «La celda en la Ciudad», en un dossier de literatura joven que incluye también poemas de Francisco Alcaraz, Mijail Lamas y Daniel Saldaña París, ensayos de Enrique Díaz Álvarez, Alejandro García Abreu, Mayra Luna y Paola Velasco y un relato de Vicente Alfonso.

lunes, agosto 04, 2008

Réplicas y contrarréplicas

En Hoja por hoja de julio pasado publiqué el texto crítico «Diccionario acrítico» sobre el Diccionario de escritores mexicanos. Siglo XX, coordinado por Aurora Ocampo. Uno de los corresponsables del proyecto, Jesús Gómez Morán, envió a Hoja por Hoja esta réplica, que aparece con una respuesta mía en la nueva sección «Después del temblor, las réplicas» de la página digital del suplemento. Antes, Mauricio Salvador había posteado un comentario crítico en su blog The Art of Fiction. En Laberinto de Milenio (19 de julio) publicó Pável Granados esta otra réplica. He venido escribiendo un ensayo donde continúo, a partir pero más allá de la coyuntura, esa inicial reflexión sobre crítica literaria y democracia.

viernes, agosto 01, 2008

Lentitud y víscera

La revista Letras Libres, en su número 116 (agosto de 2008), incluye mi texto de crítica «Lentitud y víscera», sobre la antología Grandes hits, compilada por Tryno Maldonado para la Editorial Almadía.

La Palanca, 9

El número 9 de la revista La Palanca (julio de 2008), dirigida por Diego José y Pablo Mayans, incluye mi texto de narrativa «Sonreía, desde la muerte».

martes, julio 22, 2008

Es un privilegio sufrir por amor, porque no hay consuelo.

Esther Seligson

viernes, julio 11, 2008

Por su aura de sede fría del frío anonimato

Fotografía: NV.

jueves, julio 10, 2008

Réplicas


El texto que publiqué el sábado pasado en Hoja por Hoja ha provocado algunas respuestas en contra. En una ocasión futura me detendré en un diálogo con ellas.
De momento, distingo cierta imprecisión en esas lecturas: como resulta obvio en el texto, era mi interés, antes que reseñar el Diccionario de escritores mexicanos de Aurora Ocampo exclusivamente, hacer el examen de la forma, según yo, nociva, como algunas de las características distinguibles y naturales en un listado bibliográfico como es esa obra de consulta son compartidas por el medio académico en su mayoría, sin ninguna responsabilidad ética. La novedad de los argumentos me parece, como diría Borges, menos importante que su pertinencia o actualidad.
En todo caso, ésta es una buena coyuntura para una reflexión más extendida sobre las distintas modalidades de la crítica, y una defensa de aquella que, percibo, está ausente en los medios académicos. Pero ahora estoy con un pie en las vacaciones. Hay tiempo para todo. Más adelante regresaré al tema.

miércoles, julio 09, 2008

Siglo, de Hugo Alfredo Hinojosa


El libro Siglo, de Hugo Alfredo Hinojosa, acaba de salir de la imprenta. Viene con el sello de Ediciones El Milagro, una de las editoriales más prestigadas de teatro en lengua española. Me permito llamar la atención sobre este volumen, por la simple razón de que se trata de una de las obras más innovadoras y desafiantes de la dramaturgia contemporánea, que pide a gritos su puesta en escena. Hay aquí una apropiación fertilísima de ciertos rasgos identificables en la obra de Müller y de Koltès, así como de recursos de la narrativa actual (Coetzee, Kadaré). El tratamiento que da el autor a los temas de la violencia (familiar, sexual, política) en el contexto de un ambiente progresivamente degradado, alcanza una sordidez y un lirismo a partes iguales que al mismo tiempo impide una atmósfera unívoca, exenta de redención. «Las Iluminaciones de Hinojosa son audaces, feroces pero curiosamente tiernas», señala Caridad Svich. El volumen incluye el tríptico Días felices (Flores, Diversiones, Oasis), y las obras Iluminaciones [0] y Siglo.

martes, julio 08, 2008

Persona


lunes, julio 07, 2008

Sobre Contraverano

Esta publicación que tanto aprecio, la Gaceta del Fondo de Cultura Económica, incluye en la página 30 de su número de este mes (julio 2008, núm. 451 ) mi texto crítico «La difícil nostalgia del verano», sobre el libro Contraverano, de Mijail Lamas.

sábado, julio 05, 2008

Contra la ausencia de crítica


El suplemento de libros Hoja por Hoja publica hoy (número 134, julio 2008) mi texto «Diccionario acrítico», sobre el último tomo de un Diccionario de escritores mexicanos publicado por mi alma máter, la UNAM.

jueves, julio 03, 2008

No narrarás


En la revista Nexos de este mes se publica mi ensayo «No narrarás», sobre varios temas relacionados con la ficción: la experimentación, el compromiso moral, la búsqueda de conocimiento.

miércoles, julio 02, 2008

Historias para un país inexistente

[El texto que sigue, «Historias para un país inexistente», se publicó en la revista Blanco Móvil, de invierno 2004-2005. Lo recupero aquí ahora que ha surgido una discusión sobre los nuevos narradores mexicanos.]

Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Con nosotros, eso pasó.
Juan Rulfo, «¡Diles que no me maten!»

I

El acta de defunción la levantó Juan Rulfo en 1955. No quedaban ya sino muertos, almas en pena, susurros de historias antiguas. «Este pueblo está lleno de ecos». Nada más. Juan Preciado era un huérfano en todos los sentidos: sin familia, sin terruño, sin futuro y sin vida. Sin tumba propia, incluso. Pedro Páramo nació, acaso, de la más íntima pulsación del autor —la muerte del padre—, pero puede también ser vista como una densa metáfora sobre la pérdida de una nación, es decir, la pérdida del sentido de pertenencia a una tierra protectora. Sólo quedaba escuchar y narrar la Única Historia Posible, la de un lugar y una gente que fueron pero que ya no son más.
Podría mencionarse de igual modo a Francisco Tario; en algunos de los relatos de La noche, de 1943, hace hablar no a gente común de la «realidad», sino a los féretros, las gallinas, los trajes y los locos, uno de los cuales advierte: «Y escribiré libros... Libros que expondrán con precisión inigualable... lo mugroso de la familia y lo nauseabundo del amor, de la piedad, del patriotismo y de cualquier otra fe o mito. Libros, en fin, que estrangulen las conciencias... que sepulten los principios y trituren las verdades...»
Tiempo después, escritores como Sergio Pitol, Salvador Elizondo y Juan García Ponce se alojaron en la extranjería, la escritura y el erotismo como si se tratara de patrias posibles. Esther Seligson, Verónica Murguía, Pablo Soler Frost y varios más han reavivado la tradición fabuladora de la geografía y la historia extranjera, ya incipiente en los Infortunios de Alonso Ramírez, de Carlos de Sigüenza y Góngora.
Total: no había país, no hay país. La ficción de la literatura ha venido señalando que el cuentito de La Nación se derrumbó hace tiempo, que tal vez no existió nunca. La Historia es poco menos que sólo una historia, la invención de una comunidad falsamente unida en hitos y mitos inciertos y vacuos.
Pero no. Aún pulularon un buen tiempo quienes la nombraban, la pintaban, la psicoanalizaban. Desde la Revolución los pintores y literatos se lanzaron a la obra colectiva de dar forma simbólica a una identidad que fuera de los muros pintados de Palacio Nacional, los billetes y los libros de texto, las películas del Indio Fernández, las páginas de El laberinto de la soledad o La región más transparente no conocía sino un sostén demasiado endeble. México fue en último término la novela más exitosa y fallida de la literatura y la cultura de casi un siglo. Tan famosa, que las tehuanas, el día de muertos, el mole, el mestizaje, la Revolución, el no-vale-nada-la-vida, los dioses antiguos y tantas otras fábulas se convirtieron en la imagen del país que, a la manera de cuentas de vidrio, todavía siguen algunos exportando, a veces con éxito.
Desafortunadamente, esa novela no tiene interés para nosotros, los nietos de Rulfo, tan huérfanos de nación como él. México, sabemos bien, es eso: una ficción pétrea, malograda, inútil. Olvidable.

II

¿A qué viene todo esto?
Viene a que, al parecer, hubo en algún momento un país. Según se dice, el nacimiento de la idea de nación tuvo como causa el desastre de 1847, cuando México —que no existía sino en el papel— perdió la mitad de su territorio en una guerra contra su vecino poderoso. Este periodo llegó a su momento supremo en la celebración del Primer Centenario de la Independencia, cuando La Nación —blanquita, afrancesada y racista— se transustanciaba en la persona del dictador Porfirio Díaz, un mestizo renegado. Al estallar la Revolución ese mismo 1910, México se «descubrió» a sí mismo: la fase novelesca de la anagnórisis. Hubo artistas que se dedicaron a dibujar y a nombrar ese país, y lo hicieron con tanto éxito que fijaron los hitos de su historia y los mitos de su (supuesto) ser profundo en murales, libros de texto, ensayos y novelas, al grado de que los cachorros de la Revolución, entre 1940 y 1970, creyeron encontrar un mundo hecho. Tuvieron un país construido, confiado, próspero y munífico. Fueron los consentidos de un nuevo Porfiriato.
Mas no. He aquí la sorpresa: pasaron los años y la ficción se empezó a resquebrajar con ostentosa perseverancia. Más allá de los símbolos, crecía con feracidad una multitud circunscrita, por razones demagógicas, en un solo nombre.
¿Cuándo se acabó el teatrito en definitiva? ¿En 1968, 1971, 1976?
No importa. Lo que ya habían intuido literariamente Tario y Rulfo resultó la experiencia real para las generaciones nacidas a partir de finales de la década de 1960, que heredaron la nada de un país pesadillesco y terrible, con los problemas asediantes del fin del siglo: la explosión demográfica, la falta de democracia, la corrupción, la discriminación, la pobreza y la desigualdad, la violación a los derechos humanos, el crimen y la impunidad. Se trataba de un país multitudinario y asfixiante, corrompido hasta en sus actos más nimios por una casta —política, empresarial, delincuencial— y por una colectividad trepadora, injusta y cínica, una tierra y un futuro propiedad de unos pocos, un mundo sin más oportunidades para la mayoría que irse de mojados al patio vecino o ser empleados de Elektra, Wal-Mart o McDonald’s, ciudades donde tantas mujeres son violadas y asesinadas, los niños secuestrados por las redes de pornografía, prostitución y tráfico de órganos y los viejos abandonados a la indiferencia, el maltrato y la miseria a través de jubilaciones vergonzosas.
Ahora sí, por fin y sin folclorismos: un país donde la vida no vale nada.
Sólo queda esperar, si no el desmembramiento geográfico, sí la degradación social incesante.

III

Corolario: el principal o quizá único rasgo común a la amplia Generación de la Crisis, la No Generación de escritores nacidos a partir de finales de la década de 1960 es la constatación de que es ésta una tierra huérfana.
Se trata de una circunstancia reiterada: el aprendizaje del fracaso. Crecimos en un país en continua Crisis e irreversible debacle. Crecimos y nos dimos cuenta de que éramos muchos, demasiados los que heredábamos un país en ruinas. Ha sido una época de quiebre moral. Durante las tres últimas décadas del siglo se nos quiso dar un falso sentido de pertenencia a una nación de la que no había manera de sentirse orgullosos. Sólo existía —lo supimos pronto— el petróleo gracias al cual los bisnietos hacinados y empobrecidos de la Caricaturesca Revolución pudimos estudiar en las escuelas y universidades públicas (a veces ni eso). Lo que pervive ahora a la manera de emociones o lecciones fijas, quizá inconscientes, son el desánimo, el cinismo, la mezquindad, el escepticismo, la negación. Algo así como la clausura del futuro. Son nuestras las palabras de Octavio Paz: «Sabe la tierra a tierra envejecida».
Y no, no creo que mi visión sea catastrofista en exceso, aunque sé que no todos de entre mis coetáneos compartirán esta noción del «aprendizaje del fracaso», esa sensación de envejecimiento y derrota prematura. Acaso exagero, sí, pero éste es mi punto de partida. No hay comunidad, no hay el formar-parte-de-una-nación, no hay la raíz válida de una sociedad benefactora y paternal. No hay nada, y entonces surgen dos cuestiones importante para quien se enterca, quién sabe cómo, en escribir.

IV

Primera pregunta. Ante la muerte de México, ¿qué nueva ficción escribiremos? Frente a la orfandad de la Patria (¡ah, esa mayúscula tan chantajista!), la narrativa de esta No Generación ha de hablar no del «ser mexicano», entelequia dudosa y demagógica, sino, como Rulfo, como Tario, de la Condición Humana, por más etérea o fanfarrona que a algunos les parezca esa frase. Los temas serán y son los de siempre, los de la literatura a secas: los territorios de la infancia, el amor, el desamor, el erotismo, la muerte, la identidad y sus destrucciones, la soledad, el arte, lo irracional, el otro, la violencia (hoy urbana), la ficción misma. Al librarnos de la idea y el compromiso de nación, podemos desatendernos de cualquier necedad ontológica limitada al gentilicio. La materia de toda narración estrictamente poderosa es lo humano, a secas.
Y si bien ningún escritor debe redactar una frase que contenga seguidas las palabras «el escritor debe» o «el escritor no debe», acaso se exigiría hablar de autenticidad, otro concepto huidizo y complicado. El escritor debe ser auténtico al mentir, al construir un mundo ficticio, al saquear la «realidad» (la interior, la «real», la fantástica, alegórica, erótica, memoriosa...) para dar forma a una irrealidad textual más inclemente y de mayor orfandad, y quizá sólo así habrá de trascender toda frontera del espacio o del tiempo.
El escritor debe ser inclemente con su mundo. Más todavía si ese mundo no existe.

V

Segunda pregunta. Si las narraciones más antiguas surgieron para dar cohesión y sentido de identidad —héroes, gestas— a un grupo humano, ¿para quién escribimos ahora, a quién le daremos sentido de identidad si el país no existe, si aquí la letra no vale nada? Con lectores o sin ellos, hay que concluir llanamente: la necesidad personal de la escritura es más impetuosa que la conciencia del escribir para una comunidad inexistente. Esta orfandad —contracara de la nostalgia, o forma desobediente de una nostalgia que no sabe mascullar su nombre— será el punto de partida más fértil. Se trata de otros lectores posibles: los únicos que importan, los que aún no están. La única comunidad viable para el escritor es la que él formará en torno de sus textos.
Porque toda narración refiere supuestos hechos del pasado con la perspectiva virada hacia el futuro. Todo narrar es hacia mañana, todo relato tiene como escenario de concreción posible el día que viene. Narramos el pasado o el presente porque lo que pasó en otro tiempo puede pasar mañana o incluso ahora, lo que sucedió en otro lugar puede suceder aquí, lo que le ocurrió a otras personas puede ocurrirnos a nosotros. Todo narrar del pasado es un atisbar las desasosegantes posibilidades del futuro, único tiempo real de la obra literaria.
El ejemplo de Kafka.

VI

No es del todo justo hablar de «generaciones». Las generaciones son las etiquetas que inventan los estudiosos de la literatura para justificar su salario y sus doctorados. Las otras, las elegidas por los mismos grupos literarios, existen porque entre nosotros todo pasa por el corporativismo: como medida de ataque para obtener puestos en la burocracia (los olvidables estridentistas) o de defensa (los cosmopolitas Contemporáneos).
Para los escritores de esta No Generación —Generación de la Crisis, grupo de narradores para un país inexistente, comunidad de soledades en la escritura— ni siquiera ese privilegio existe. El último grupo literario, el del Crack, ha anulado con sus procederes la validez siquiera de una propuesta parecida. Además, la pérdida del sentido de nación ha desarrollado un proceso importante: la descentralización. Siguiendo el ejemplo de algunos pioneros —en Sinaloa, Chihuahua, Baja California—, numerosos escritores se dedican a la carrera literaria en sus lugares de origen, sin mudarse a la capital de la república; algunos de ellos han incluso realizado estancias en el extranjero sin haber pasado por la aduana vivencial de la ciudad de México. Esta disgregación impide establecer una etiqueta única. Ahora sólo existe la perspectiva personal, desunida, libre y en soledad: y esto va desde la creación de un lugar múltiple y desafiante —el blog, periódico mural o diario público, bitácora de creación de una identidad literaria que se nutre del aforismo, el ensayo, la narrativa, la imagen, la agenda, la correspondencia, el artículo periodístico, la interacción inmediata con el lector y tantos otros elementos— hasta, por encima de todo, la ambición elemental de la obra maestra, justificación mayor para la escritura en cualquier tiempo, y sobre todo en medio de una comunidad ruinosa, expoliada, inexistente. ¿Para qué escribir si no es para emular a Flaubert, a Proust, a Rulfo?
Sí: la ficción de un país ha muerto. La búsqueda es crear otras ficciones —más poderosas, éstas sí universales.

viernes, junio 27, 2008

Obra de Richard Viqueira


lunes, junio 23, 2008

Libros nuevos de El Milagro

martes, junio 17, 2008

Novela de Vicente Alfonso

Mañana miércoles a las 19:30 horas se presenta la novela Partitura para mujer muerta, de Vicente Alfonso (Mondadori, 2008). La cita es en el Teatro El Milagro (Milán 24, colonia Juárez de la ciudad de México). Los comentarios serán de Federico Campbell, el autor y elgeney.

lunes, mayo 26, 2008

Autopsia a un copo de nieve

La obra Autopsia a un copo de nieve, de Luis Santillán, codirigida por Richard Viqueira y José Alberto Gallardo, está en el Teatro Santa Catarina de la Dirección de Teatro de la UNAM (Jardín Santa Catarina, Coyoacán, en la ciudad de México). Las funciones son los viernes a las 8:00, los sábados a las 7:00 y los domingos a las 6:00 de la tarde. Actúan Surya Macgrégor, Isabel Piquer y Marijo Fernández.

viernes, mayo 23, 2008

Una de esas reflexiones serias que el escritor novato tiene al viajar en trolebús por el Eje Central

¿Los libros nacen de los libros? ¿Para escribir un libro no se requiere tener experiencias en la vida?
Los libros nacen de los libros y nacen de la vida. Uno escribe de la vida, al amparo de los libros que ha leído. Uno escribe de los libros, a partir de la experiencia de la vida que ha tenido. Pero eso sí: un libro que no está tocado por la vida, no es un libro. Es sólo papel y tinta.

miércoles, mayo 21, 2008

Soltero en el Bella Época

Mañana jueves, a las 18:30 horas, se presenta la novela Sus ojos son fuego, de Gonzalo Soltero, en el Centro Cultural Bella Época del Fondo de Cultura Económica (Tamaulipas 202, esq. Benjamín Hill, colonia Condesa, en la ciudad de México). Los comentarios serán de Sergio González Rodríguez, Daniela Tarazona y el autor. Modera elgeney.

jueves, mayo 08, 2008

Bitácora rabiosa

Jaime Mesa, autor de la novela Rabia (Alfaguara, 2008), tiene este blog.

Siberia, de David Olguín, en el nuevo Teatro El Milagro


La obra Siberia, del dramaturgo y director mexicano David Olguín, está en temporada en el nuevo Teatro El Milagro (Milán 24, entre General Prim y Lucerna, colonia Juárez de la ciudad de México), los jueves y viernes a las 21:00 horas, los sábados a las 19:00 y las 21:00, y los domingos a las 18:00 horas. El reparto está formado por Laura Almela, Rodrigo Espinosa, Mariana Giménez y Juan Carlos Vives. Los boletos están a 200, 100 y 50 pesos; los jueves es el día del espectador y cuestan (los boletos, no los espectadores) 50 pesos. Más informes al teléfono 5592 0338, o al correo teatro@elmilagro.org.mx.

miércoles, mayo 07, 2008

Desiertos, hoy


El libro Desiertos, de Hugo Alfredo Honojosa (Tijuana, 1977), publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro, se presenta hoy miércoles, a las 19 horas, en el Museo Nacional de San Carlos (Av. Puente de Alvarado 50, colonia Tabacalera, en la ciudad de México). Los comentarios serán de Vicente Alfonso, el autor y elgeney.

martes, mayo 06, 2008

Días de introversión


En el número 47 de Fractal, la revista dirigida por Ilán Semo, aparece mi texto de narrativa «Días de introversión».
He aquí los primeros párrafos:

Al dejar el Parque Francisco Niebla —ese viernes de finales de febrero—, se topó de frente Marioralio con una papelería. Revisó la cartera y en el local pidió un frasco de pegamento. Después caminó a su casa. Al entrar a su cuarto levantó el colchón y tiró todas las cartas al suelo. Una a una las empezó a pegar en las paredes ya nunca más blancas de la recámara: toda la correspondencia de tantos meses habría de convertirse ahora en el diario tapiz que le recordaría sus deudas, su expectación, Omar, la niña, su padre, Beata María. Y la casera, ¿qué? ¿No diría acaso Está usted loco, señor Espósito, ésta es mi casa y por más que usted pague la renta de este cuarto no puede echarme a perder las paredes con ese cochinero, ese caudal de páginas absurdas? Pero ese pensamiento ni de lejos lo pudo inquietar. De alguna manera entendía, por lo demás, que la vida no estaba en esas cartas, sino afuera, en las calles, en las casas ajenas, en la gente como Lauro Gumersindo y Beata María, vidas rudas y lejanas que él no podría siquiera vislumbrar si seguía en su aislamiento de cartas leídas secretamente.
Esa misma noche tuvo Marioralio un sueño que habría de reiterarse una y otra vez con muy leves cambios. Estaban los tres (Lauro Gumersindo y Beata María y él) sentados a la mesa de una mañana soleada, en una sala grande de paredes blancas. Vivos y sonrientes, los tres comían y, como si nada hubiese pasado nunca en esa fastidiosa vigilia adyacente, hablaban de temas triviales e inmediatos, de ir al súper o cortarse el pelo, como si fueran ellos su amante y padre desde hacía ya tanto, y vivieran juntos y muy felices. Cambiaban cada noche en sus sueños uno o dos detalles: los temas de la charla, los lugares que ocupaban a la mesa, si acaso las prendas que vestían. Durante el día de repente —a media mañana en la Oficina, a la hora de la comida, mientras iba por la calle de regreso a su casa— recordaba Marioralio del sueño las preguntas y gestos y respuestas, y en esos momentos sentía una incómoda (por inmerecida) ola de bienaventuranza correr por su piel, justo en estos tiempos de gran soledad y desazón.
En la vigilia se dedicó pronto a buscar —como sucedió a partir del secuestro de su padre— una respuesta a su inquieta sensación de espera. Necesitaba la claridad de una señal: Haz esto, ahora. ¿Qué era esto? ¿Cuándo sería el ahora? Durante varios fines de semana se subió a los microbuses y recorrió las rutas completas de un extremo a otro de la gran Ciudad, llegaba a barrios remotos y aunque casi no hablaba con nadie en sus trayectos sí observaba los rostros de la gente, las fachadas de las casas y comercios, el pavimento, las banquetas, los perros y los autos, sin comprender bien a bien si acaso esta urbe degradada conocía no sólo una frontera geográfica —el comienzo del campo— sino, más aún, un límite a su violencia. Al atardecer o ya de noche regresaba a su cuarto cansado pero con un sentimiento de oxigenada y viva saciedad.

viernes, mayo 02, 2008

Narrar el norte


El nuevo número de Letras Libres (mayo de 2008) incluye mi texto «Narrar el norte», a partir de una lectura de la novela Balas de plata, de Élmer Mendoza.

martes, abril 22, 2008

Contraverano, de Mijail Lamas


Mañana miércoles se presenta el libro Contraverano, de Mijail Lamas (Culiacán, 1979), publicado por el Fondo Tierra Adentro. Comentan Édgar Amador, el autor y elgeney. Modera Josué Ramírez. La cita es a las 19 horas, en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México.

viernes, abril 18, 2008

Encuentro de Escritores Latinoamericanos


Estaré leyendo en la mesa 4 del IV Encuentro de Escritores Latinoamericanos, organizado por la Universidad del Claustro de Sor Juana y coordinado por Sandra Lorenzano. La cita es el viernes 25 de este mes, a las 12:00 horas, en Izazaga 92, Centro Histórico, 06080 México, D.F.
Aquí va el programa completo:
IV Encuentro de Escritores Latinoamericanos
“Pasiones y obsesiones”
Dedicado a Octavio Paz
24 – 26 abril de 2008
Sandra Lorenzano, Coordinadora

JUEVES 24

Inauguración. 10:30 – 11:00 hrs.
María Teresa Franco, Consuelo Sáizar, Jorge Volpi, Carmen B. López-Portillo, Alejandra Frausto, Mario Bellatin, Enzia Verducchi, José Ramón Ruisánchez, Sandra Lorenzano.

Mesa 1. 11:00 – 13:00 hrs.
Jorge Volpi
Anamari Gomís
Eduardo Antonio Parra
Enzia Verducchi
Daniel Link (Argentina)

Mesa 2. 13:00 – 15:00 hrs.
Santiago Vaquera (Estados Unidos)
Rafael Lemus
Rosa Beltrán
Claudia Guillén
Alexandre Vidal-Porto (Brasil)

Comida. 15:00 – 16:00 hrs.

Mesa 3. 16:00 – 18:00 hrs.
Nicolás Poblete (Chile)
Sergio González Rodríguez
Tryno Maldonado
Igor Barreto (Venezuela)
Claudia Posadas

Inauguración de “La persistencia de la mirada. 25 retratos del rostro de las letras”, exposición de Rogelio Cuéllar. 19:00 hrs.

VIERNES 25

Mesa 4. 12:00 – 14:00 hrs.

Jorge Fernández Granados
Martín Kohan (Argentina)
José Ramón Ruisánchez
Iván Thays (Perú)
Geney Beltrán Félix

Conferencia “Pasado en claro”, Adolfo Castañón. 14:00 –15:00 hrs.

Comida. 15:00 – 16:00 hrs.

Mesa 5. 16:00 – 18:00 hrs.

Sealtiel Alatriste
Álvaro Enrigue
José María Espinasa
Daniela Abade (Brasil)
Héctor de Mauleón

Mesa 6. 18:00 – 20:00 hrs.
Julieta García
David Medina Portillo
Darío Jaramillo (Colombia)
Ignacio Solares
Arturo Arias (Guatemala)
Heriberto Yépez

Espectáculo “Blanco”. Circo Raus. 20:00 hrs.

SÁBADO 26

Mesa 7. 15:30 – 17:30 hrs.
María Alzira Brum (Brasil)
Bernardo Esquinca
Mauricio Montiel
Mario Bellatin
Nicolás Cabral
Mesa 8. 17:30 – 19:30 hrs.

Mauricio Molina
Lina Meruane (Chile)
Pablo Boullosa
Roxana Elvridge-Thomas
Myriam Moscona
Fran Ilich

Inauguración de la exposición “Los indígenas mexicanos en la mirada de Octavio Paz”. Colección de Indumentaria Mexicana “Luis Márquez Romay”. 19:30 hrs.
Inaugura Marie Jose Paz

Coctel de cierre del Encuentro.

jueves, abril 17, 2008

Conferencia en Culiacán

Mañana viernes 18, a las 6:00 p.m., en el Casino de la Cultura (Zaragoza y Álvaro Obregón, en Culiacán), hablaré sobre el libro y su relación con los problemas sociales. Compartiré la mesa con Everardo Mendoza.

lunes, abril 07, 2008

La Palanca trae «El Libro de Gabriel»

La Palanca, revista editada por Diego José y Pablo Mayans, publica en su número 8 mi texto de narrativa «El Libro de Gabriel». El número circula desde diciembre. Aquí los primeros párrafos del texto:

En el exterior de los sobres se veía el nombre de ella, la destinataria: María Aspettani, luego la dirección. Cada día él recargaba la bicicleta en la verja, sacaba la carta del morral y se la extendía, sin verla a los ojos. Ella estaba ahí con una expresión cansada y un poco (también) expectante. Sin sorpresa, como si se tratara de un ritual exacto, María tomaba la carta, con los ojos lanzaba un «Gracias» mudo que para Sicrano equivaldría a un Cualquier carta, cualquiera me basta, y cruzaba el jardín hacia la puerta mientras rompía con ávido descuido el sobre, y él proseguía su ruta, sintiéndose, al principio, sagaz, satisfecho tal vez —y ya después débil, tembloroso sin duda.
Y pasaban los días: y pasaron los meses.
Luego de varias semanas había aceptado Sicrano su imposibilidad de hablarle a María Aspettani. Durante muchos días se planteó, como una inquietud recurrente y pecaminosa, lanzarle una pregunta, matar sin miedo este silencio cómplice e invencido que los separaba con mayores hierros que la verja negra. Deseaba saber más de ella, si estaba enferma, de qué sufría, sobre todo qué pensaba de su Libro, y en el mismo instante en que cruzaba la calle, sabía que nada saldría de sus labios, se imponía callar, mejor no hablarle, no tender hacia ella ni siquiera una sonrisa por el temor obtuso a causarle daño, a que a través de la verja sus labios con sus palabras vivas y llenas del afecto o la preocupación lo hicieran lastimarla.
Por lo demás durante las primeras semanas llegó a aceptar Sicrano ante sí mismo que su mudo nexo con María Aspettani era una ficción débil, un absurdo vulnerable. Muchas otras jovencitas podrían tener el mismo parecido con su personaje Marialba, quien a su vez no era sino —y él lo aceptaba— la refracción posible de sus hijas muertas en un solo cuerpo del presente, pero él entendía que esa vez de finales de marzo lo que vio en María fue, más que solamente el físico: fue la expresión enferma de Marialba en uno de los pasajes que algún día, más adelante, escribiría de su Libro pero que ya bullía en su mente: cuando el heredero Léster sube a buscarla a la Sala de Extracción del Ministerio... Eso había sido.
En todo caso, ¿cuál era su propia relación con la María Aspettani verdadera —la de carne y hueso, que habría de tener parientes, amigos, una historia tras de sí—, no con la figurilla esbelta de la muchacha silenciosa de todos los mediodías? ¿Qué era ella para él, más allá de la similitud escabrosa con su personaje? ¿Había tal vez exagerado al pensar que, más que de una enfermedad, de lo que ella sufría era de un estado de indolencia o depresión protosuicida?
Cualquiera podría pensar (llegó a decirse) que todo esto se trataría más bien del asedio de un viejillo calenturiento que se hace ilusiones con una chamaquita: Mete hilo —sus cartitas— para ya luego sacar hebra: echársela un buen día. No, eso no: era ridículo. Además, sería casi el incesto. Si bien el ejercicio diario en la bicicleta había logrado mantenerlo con una sana fortaleza, era su senil, sombría mente la que lo hacía sentir por dentro casi un moribundo. Y como tal, había renunciado al sexo. Y además, ¡no, María no! ¿Qué sentía por ella? ¿Cómo sentir algo genuino por alguien de quien se ignora todo, o casi todo? ¿Cómo alegar afectos —sí— filiales por una persona a quien no le hablas? Y sin embargo con las semanas llegó a ver el cartero en María Aspettani a una especie de hija, sobrina por lo menos. Debía protegerla. Quizá exageraba. ¿Qué podía hacer? Su impotencia ante sí mismo, su imposibilidad para hablarle era una suerte de barrera instintiva. ¿O acaso repetía con ella la frialdad distante de su padre, cuando él era niño, y su propio no-estar-nunca-cerca de sus hijas, antes de que ellas muriesen? ¡Pero cuánto era ya de eso!
Aun así, a menudo se imaginaba Gabriel Sicrano que la muchacha —ella— habría por fin de interrogarlo. Entre el temor y la alegría posible, trataba de no levantar los ojos al momento de extenderle el sobre, si bien a veces llegaba a hacer una mínima pausa antes de dar media vuelta y subirse de nuevo a la bicicleta, en silencio inviolado. Ella le podría preguntar —pensaba el buen cartero— no las cosas lógicas de ¿Por qué me escribe a mí todo esto? o ¿Qué quiere, qué busca en mí con tanta página ficticia?, sino, ya más profundo: ¿Cuál es su necesidad, la suya, la íntima, la ineludible, de narrar estas historias, no importa si es a mí o a quien usted desee? ¿Por qué escribe...? Y él no habría sabido entonces responderle, ¿cómo podría explicar tan fácilmente, ahí sobre la acera, que no hay razón ninguna que sustente o justifique el necio luchar diario con la inútil escritura, o que en todo caso ese Libro lo había venido escribiendo desde hacía ya seis años sin saber quién lo leería, que nunca se planteó siquiera —como ahora— que podría estar cerca de terminarlo? Lo había visto, sin decírselo del todo, como un Libro para el Resto de su Vida, una escritura sin fin que se confundiese con su propia existencia, su pensar, su piel, su cuerpo, lo que sea... ¿Para qué escribir? No, no era ésa una pregunta aceptable en ningún mundo. Quizá tan sólo su respuesta —parcial, injusta, escasa— sería que él buscaba imaginarse que así fuese una persona —una sola, ¿qué importaba?— quien leyera sus historias todavía inconclusas, ya él no habría de morir cuando muriese...
Nada más eso.

miércoles, abril 02, 2008

Novela y blog


El narrador Vicente Alfonso estrena novela en Mondadori y casa en la blogósfera, aquí.

martes, abril 01, 2008

Sobre el autor de El arte de la fuga

Este mes se publica en la revista Nexos un texto mío sobre Sergio Pitol, con motivo de la publicación reciente de su antología Ícaro. Hace dos días se le hizo un homenaje en el Palacio de Bellas Artes, en la ciudad de México, por sus 75 años. No sé si me equivoque, pero Pitol se ha convertido en el escritor mexicano vivo más valorado por las nuevas generaciones, por lo menos entre los ensayistas y narradores.

lunes, marzo 24, 2008

TextoS 25

Acaba de aparecer el número 25 de la revista TextoS, de Culiacán, Sinaloa, que dirige Enrique Martínez Pérez y edita Francisco Alcaraz. El índice, aquí. Trae un texto mío, de narrativa, titulado «Lauro Gumersindo».

sábado, marzo 15, 2008

Hoy en Laberinto...

...se publicó mi reseña del Diccionario crítico de la literatura mexicana, de Christopher Domínguez Michael. Estoy en desacuerdo con el tenor que ha predominado en esta discusión. Prefiero ver el vaso medio lleno (600 páginas de crítica sobre literatura mexicana reciente no son poca cosa). Hay mucho qué discutir sobre la forma como se concibe y ejerce la crítica literaria en este país.
Pero ahora ando de vacaciones con mi hija Andrea, que manda saludos, y está impaciente porque ya quiere que dejemos esta compu prestada en un centro comercial y nos vayamos a una alberca.

lunes, marzo 03, 2008

Presentación

Mañana martes 4, a las 19:00 horas, se presenta el nuevo número de la revista Blanco Móvil, "Jóvenes y muy jóvenes ensayistas", en el Centro de Lectura Condesa de la ciudad de México. Participan Ana García Bergua, Adriana González Mateos, Armando González Torres y Eduardo Mosches. Ahí nos vemos.

jueves, febrero 28, 2008

Decepciones del crítico ingenuo

...Así, llevado por la conveniencia más chata y ladina, me permito una pregunta: finiquitada la polarización de dos grupos antagónicos y ya sin figuras totémicas, ¿hay mayor libertad para el crítico? ¿Ha terminado la era priísta de nuestra vida literaria? ¿Es posible el perfil de un “maestro de lectura” que, consciente de la necesidad ética de la crítica, se desentienda de los compromisos de grupo y del temor al ninguneo, la pérdida de becas y los foros de publicación, con todo y que los lectores sigan sin aparecer? La realidad es adversa: la discusión respetuosa con argumentos no es una prerrogativa ecuménica de la condición humana...

miércoles, febrero 27, 2008

Aunque soy escasamente Palacio


En la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, de la ciudad de México, dentro del ciclo Jóvenes Escritores en Palacio, participaré en una charla sobre crítica y escritura con el dramaturgo tijuanense Hugo Alfredo Hinojosa, autor del libro Desiertos (2007). La cita es este domingo 2 de marzo a las 15:00, en el Auditorio Dos.


lunes, febrero 18, 2008

El mundo no existe


El texto de narrativa «El mundo no existe», de la autoría del geney, aparece en la revista de la Universidad Veracruzana, La Palabra y el Hombre (tercera época, núm. 3, enero-marzo 2008). He aquí los primeros párrafos.
El niño tendrá unos cinco, seis años. Lleva una camisita de un azul desvaído, un pantalón negro. Está despeinado, tiene manchas blanquecinas en la cara. Sus ojos son pequeños. Llora. Está en medio del patio —no es muy grande el patio: unos diez metros por ocho—, y frente a él otro niño, también de unos cinco a seis años, lo mira, como sorprendido, como si hasta hoy se enterara de la existencia misma del llanto. No intenta calmarlo: solamente lo observa, mudo, está a unos 50 centímetros de él. El niño que llora se da media vuelta y camina hacia un extremo del patio. El otro suspira. Se aleja.
La comida siempre, o casi siempre, está fría. Los despiertan a las seis de la mañana, salvo los domingos. Se bañan dos veces a la semana. Se quejan (no todos) de que el agua está helada. La prefecta —le dicen La Chancla— tiene una voz chillona, que los demás sentirán como un trapo rasposo en los oídos. Toman clases en la mañana: un mismo maestro atiende tres grados (y cada grado tiene cosa de diez o quince alumnos). Los maestros como que gustan de gritar. Seguido lo hacen. También usan la vara. Los niños —algunos— extienden las manos, o se hincan. Los demás escuchan: entonces hay gritos y quejas rezongadas. Transcurren sin estruendo ni conciencia las semanas y los meses. Las paredes grises del dormitorio, del salón, las paredes grises del patio que en las tardes de lluvia se llena de lodo, las paredes perduran.
Paulatinamente llega el momento de elegir. Otros ya lo han hecho, sin darse cuenta: el odio rojo contra el mundo o la indefensa lástima de sí mismo. Él decide, también sin saberlo: ni odio ni lástima. Pone atención en las clases, se interesa —sin exceso— en la historia, el español y las ciencias naturales. Así llega a saber que nada importa, nada queda, no habrá de quedar nada después de millones de años de futuro. En algún momento tendrá que desaparecer todo. Los demás... bueno, los demás ya hablan de culear. Esconden y se intercambian revistas con viejas tetonas y peludas de la panocha. Hay concursos en los baños. El Toro —el más robusto, el bravucón— lanza el esperma mucho más lejos. Se ha escapado en dos ocasiones y cuenta historias de navajazos y de putas.
Él —él— ya ni se interesa en acercarse a escucharlos. Los mira como de lejos (y luego ni los mira siquiera). Habla muy poco. Nadie lo molesta —lo intentaron alguna vez—: él parece no entender lo que ellos dicen o no enojarse o no sentir patada alguna en las espinillas. Dicen que siempre tiene cara de güeva o de mongol. Una vez los oye decir Ha de ser marica, y él los observa con la impasibilidad del que intuye que dentro de millones y millones de siglos esas palabras no importarán, no se quedarán. Ni ésas ni otras. Hasta que un día, al final del curso de tercero de secundaria, un maestro —se apellida Tirado— le entrega un libro. Se titula No hay ningún reborde del Ser por donde caer a la nada.

martes, enero 29, 2008

Operación Bolaño

No he tenido mucho tiempo libre los últimos tiempos (la novela avanza muy bien, y la editorial lanza sus primeros dos libros en abril), pero sí he leído parte del dossier Operación Bolaño que, ideado por Vivian Abenshushan, aparece en el número doble 149-150 de la revista Tierra Adentro. Jóvenes narradores fueron invitados a ponerle final a algunos relatos inconclusos de El secreto del mal, del autor chileno. Acabo de leer el de Berenice Vázquez a "El secreto del mal" y creo que da fe de una escritora con un temperamento literario vigoroso: en vez de hacer el pastiche de la veloz prosa bolañiana, Vázquez se destila por la morosidad y la concentración emocional. Al apropiarse con independencia de una historia ajena, Vázquez hace el mayor homenaje posible a un autor: no el dócil seguimiento de un estilo ajeno, si no el riesgo de engarzar su voz propia con el fin de proseguir el interrumpido concierto de un clásico.

martes, enero 22, 2008

Blanco Móvil, 106


Acaba de aparecer el nuevo número (106) de la revista Blanco Móvil, dirigida por Eduardo Mosches. Presenta una selección de «Jóvenes y muy jóvenes ensayistas», realizada por elgeney. La nómina incluye a: Héctor J. Ayala, Gabriela Conde, Pablo Duarte, Julián Etienne, Diego José, Valeria Luiselli, Mayra Luna, Irad Nieto, Carlos Oliva Mendoza, Enrique Padilla, Jorge Pech Casanova, Jezreel Salazar y Paola Velasco.


A continuación posteo la introducción que escribí para este número.

Muy jóvenes ensayistas mexicanos

Geney Beltrán Félix

Definir el ensayo: he ahí una tarea asumida —reiterada, gozosa, conflictivamente— por el ensayo mismo. De entre el mar de teorías y acercamientos, una premisa sería válida: el ensayo es una forma hospitalaria a diversos temas, a distintos enfoques y a estilos incluso contrapuestos. Una suerte de recipiente aglutinante, cuya consistencia y perdurabilidad, cuyo carisma y persuasión quedan estatuidas por la voz personal —vigorosa y precisa— de su autor, en quien pueden convivir el explorador y el mentor, el polemista y el divagador.
Sustentado en una tradición continuada y sólida, sobre todo la correspondiente al siglo XX, el ensayo mexicano se ha destacado como un género de múltiples intereses y posibilidades. Un dato acaso menor refrendaría la aseveración de la salud del ensayo en las letras nacionales: la mayoría de los poetas, narradores y dramaturgos han visitado en algún momento de su trayectoria y con logros perdurables los linderos de este género para expresar sus ideas y perspectivas, tanto sobre su propio quehacer como sobre cuestiones cercanas o distantes del amplio mundo de la literatura.
Este número de Blanco Móvil confía en la cabida generosa de temas diversos, enfoques distintos y estilos contrapuestos al interior de los límites huidizos del ensayo. Un grupo de jóvenes y muy jóvenes ensayistas mexicanos han respondido a la propuesta: cualquier tema, cualquier enfoque: un estilo propio.
Y sí, la respuesta ha sido muy alentadora. Los textos reunidos en las páginas siguientes trazan un panorama generacional. La mayoría son autores nacidos en la década de 1970 y algunos, no pocos, pertenecen al grupo de los nacidos en los años ochenta. El mayor, Jorge Pech Casanova, ha desarrollado una trayectoria firme y siempre lúcida, con mucha discreción, como ensayista. Es la suya una de las voces más notables en el género hoy en día en México. Pech Casanova ha sabido, de manera consistente, establecer puentes y lanzar miradas escrutadoras en torno de la relación del artista con su comunidad, luciendo un estilo grácil y ponderado.
En ese tenor, este número revela de qué forma, al lado de la temática literaria —autores, libros, actitudes—, esta nueva promoción de ensayistas muestra una sostenida preocupación por otras zonas de la vida social y cultural: las artes, la política y los problemas sociales, la experiencia personal y el horizonte de lo cotidiano. Así, mientras Héctor J. Ayala, Diego José y Enrique Padilla realizan acercamientos a autores como Jean Cocteau, Paul Valéry y Fernando Vallejo, por su parte Carlos Oliva Mendoza y Paola Velasco proponen esbozos sugerentes, desde la experiencia personal, del vínculo conflictivo y fértil entre el escritor y su entorno. Paralelamente, Valeria Luiselli, Gabriela Conde, Pablo Duarte y Jezreel Salazar convierten al ensayista en un personaje con mirada viva, escenificada frente a destellos del mundo: andar en bicicleta, ir a la playa, despedir a un ser querido, asistir a una exposición de escultura. Mayra Luna, Irad Nieto y Julián Etienne entrelazan lo político con el mundo del libro y la cultura: hay en su prosa la precisión de quien reflexiona y el afán apasionado del polemista.
Este puñado de jóvenes y muy jóvenes exploradores del ensayo refrendaría una lógica certera: definir el ensayo es una tarea pertinente, sin duda, pero jamás de manera preceptiva sino atentos a la múltiple posibilidad del género en el que la idea y el estilo conviven reiterada, gozosa, conflictivamente.

lunes, enero 07, 2008

...y ese editor soy yo



He podido por fin hojear el ejemplar de la revista Literal, de Sinaloa (número 22, enero-marzo 2007), en que aparece mi ensayo «Utopías de un editor», texto que me permito postear a continuación.

Utopías de un editor
Geney Beltrán Félix

Primero, definamos al «editor».
Editor es —por lo menos en estas páginas, pues no es así siempre en la realidad—el laborioso e inquieto artesano de un catálogo: es decir, hablamos de quien decide qué publica una editorial, quien fija y defiende una línea específica y reconocible. Su función es configurar, a través de ese catálogo, un canon particular de obras en que se identifique, postule y —acaso, muy ambiciosamente— dé forma a los rasgos y las pulsiones elementales de una sociedad y una época.
El editor es un protobibliotecario: pone en manos de los distribuidores, los libreros y los lectores esos libros que, pasado un tiempo, habrán de hallar su sitio necesario en las bibliotecas —no en las librerías de viejo, esos lastimosos cementerios de papel, receptáculos de los volúmenes que nadie quiere ver ni en sus estantes—, y al decir «bibliotecas» se entiende cualquier biblioteca: la pública y la personal, la universitaria y la extranjera: se trata de los títulos que habrán de expresar y moldear las inquietudes intelectuales de la siguiente generación.
El editor es, idealmente, un héroe cultural de su sociedad y su época. Idealmente: la realidad es otra, grosera casi siempre, insultante a ratos, sólo en muy pocos casos esperanzadora.

Una industria sin soberanía

La industria editorial mexicana, en no pocas instancias, no es ni lo primero, ni lo segundo, ni lo tercero. Donde es industria no es editorial, donde es editorial sólo raramente es mexicana.
Cuando es industria, produce libros como si fueran latas de conserva o pares de zapatos: en serie, obedeciendo a un patrón del best-seller, de lo que la gente (se supone) espera y compra; esta industria no tiene editores, y así no puede llamarse industria editorial: quienes deciden qué se publica son los gerentes de ventas, como bien ha señalado André Schiffrin y lo comprueba cualquiera que se acerque a las mesas de novedades de las librerías. Basados en estudios de mercadotecnia o, más corrientemente, en los prejuicios derivados de una dócil fijación a los números negros, estos gerentes apuestan (es un decir) por títulos que durarán una temporada, venderán acaso bien y dejarán su lugar muy pronto a otros libros igual de olvidables.
Cuando es editorial, es decir, cuando una editorial vende en México obras de calidad, sólo en pocos casos nos hallamos ante sellos mexicanos: Valdemar, Anagrama, El Acantilado, Siruela, Gredos, Salamandra, Castalia, Trotta, Cátedra, Pre-Textos, Hiperión son sellos editoriales españoles que han, en mayor o menor medida, penetrado el mercado mexicano presentando un catálogo —usualmente— muy sólido. Pero estas editoriales contratan, traducen e imprimen sus títulos en Barcelona, Valencia o Madrid; el mercado hispanoamericano significa un universo de compradores receptivos a un canon definido en la metrópoli. Es decir, importamos y leemos un canon fijado allende el Atlántico. No creo que las consecuencias de esta realidad sean insignificantes.
Otros sellos, como Tusquets, Mondadori, Alfaguara o Planeta, que publican varios de sus títulos en México, forman parte de empresas españolas muy fuertes que han tenido la capacidad para colocar en nuestro país filiales o subsidiarias: éstas funcionan como oficinas de intereses, que reimprimen aquí los best-sellers (Saramago, Mankell, Marías, Muñoz Molina) cuya publicación se decidió en España —lo que abarata los costos pero no necesariamente los precios—, y cuando publican un autor mexicano lo distribuyen y promueven sólo en suelo mexicano. Así, no es infrecuente observar cómo a la ciudad de México llegan autores españoles con una trayectoria muy corta, a cacarear sus títulos publicados por una editorial de la península, mientras que lo contrario —que un joven autor mexicano vaya a España a promover sus primeros libros— es más que una rareza.
Cuando es mexicana, la industria editorial enfrenta graves problemas. La dificultad para exportar los títulos es uno de ellos: el amplio mercado hispanohablante no está a disposición de las editoriales mexicanas, salvo en el caso del Fondo de Cultura Económica y, en menor grado, Siglo XXI y Sexto Piso. La distribución nacional tampoco está exenta de obstáculos: la reducción en el número de librerías atenta contra la misma supervivencia de estas casas, que cuentan con una menor fuerza financiera que los sellos españoles como para cruzar una larga, muy larga temporada de vacas flacas. Como resultado, ante la falta de compradores de libros las editoriales mexicanas tienden a vivir del erario: a través de coediciones, subsidios para la traducción, compra de libros de texto o de títulos infantiles y juveniles para las bibliotecas de aula, el cliente principal de las editoriales mexicanas es el caprichoso estado mexicano.
¿De qué independencia editorial podemos hablar entonces? Es la nuestra una industria sin soberanía.
Pero pienso que este escenario puede cambiar si se comprende de una vez por todas que el fortalecimiento del mercado editorial y librero es una prioridad no sólo de un sector sino de todo el cuerpo social. Digo esto porque el que me ocupa —estoy convencido— no es un asunto estrictamente comercial cuya regulación debe dejarse en manos del mercado. Es cierto: el editor es un empresario. Pero sus productos son bienes culturales cuya resonancia en la sociedad no es inocente, mínima ni tampoco perecedera. Por esto, crear una industria editorial mexicana es una cuestión básica de soberanía cultural: hablamos de la posibilidad de crear, en cuanto comunidad, un registro y una interpretación plurales de nuestra realidad —a través de las ideas, materia medular de todo libro—, así como una relación directa y fértil con la cultura universal. El canal es el conglomerado de editoriales, cuyos catálogos, de clásicos y contemporáneos, de autores nacionales y extranjeros, condensaría este abanico múltiple de interpretaciones y relaciones intelectuales con la tradición propia y la universal. Y esos libros, al llegar a su destino ulterior en las bibliotecas, serían centrales en la formación de una cultura humanística sólida de las siguientes generaciones de lectores. Hacia ese punto se dirige la producción de los sellos editoriales. No es poca cosa.
Hoy nada de esto es posible.

La utopía del catálogo

Ahora, hablemos de las utopías.
Para un editor, el catálogo es o debe ser un dogma. ¿Qué significa crear un catálogo? Editorial Sexto Piso lo ha definido con una metáfora libresca, sin duda muy clara: «La política editorial pretende ser rigurosa, lo que nos aleja de objetivos puramente comerciales, intentando, en cambio, ir tejiendo los distintos títulos que la conforman a la manera de una novela, es decir, que cada libro publicado sea un capítulo».
¿De qué manera puede un editor mexicano tener toda la libertad para dar forma a un catálogo innegociable, para escribir título a título esa novela total que sería su catálogo? ¿Cómo evitar que las coyunturas —políticas o comerciales— lo obliguen a traicionar su postulado inicial de un catálogo definido, uno que se vuelva reconocible para un cierto tipo de lectores, casi una marca registrada para una secta fiel?
La única respuesta es: con dinero. Puede tenerse un gran conocimiento, intuición, criterio y muchas lecturas, dominio de varios idiomas, una sacrificada vocación de trabajo editorial, pero sin dinero no hay independencia posible.
Una editorial exige varios años para volverse autosustentable; algunos hablan de siete, otros de diez años. Durante ese periodo inicial, se precisa de una inversión permanente para crear un catálogo, que consiste en una nómina de long-sellers, libros que cinco, diez, quince años después de su primera edición sigan siendo vigentes, sigan siendo buscados por los lectores y exijan reimpresiones: pues son éstas las que darán al editor la solvencia económica para mantener su editorial luego de ese tiempo de comienzo.
Visto así, se comprenderá por qué el editor debe definirse como un héroe cultural: se trata de un empresario con perfil de filántropo, más atento al libro como arma intelectual que como sola mercancía.

El lector visto como posibilidad

El primer lector del catálogo de una editorial es el editor mismo.
Me explico. Un editor, para decidir la publicación de un título, debe responder al siguiente razonamiento: si encuentro este libro, publicado por otra editorial, en la mesa de novedades de una librería, ¿decido o no comprarlo en ese mismo instante? Si la respuesta es sí, hay que publicar ese libro. Si la respuesta es no, ese título no es entonces el adecuado para el catálogo.
Lo que significa crear al lector a imagen y semejanza del editor. Éste debe publicar aquellos libros que el posible comprador no espera encontrar en una librería: pero que los comprará si los encuentra. Las editoriales comerciales publican lo predecible: no arriesgan. Sin embargo, esta tendencia lleva a la uniformidad de la oferta editorial. Fuera de esas expectativas dóciles, existen otras, en ciertos lectores, que no son satisfechas por los sellos predominantes.
El editor es un aventurero. Su riesgo mayor consiste en lo siguiente: el lector de una editorial de catálogo no existe hasta que no exista ese catálogo. Lo que una editorial de este tipo vende es, antes que nada, una idea de catálogo; su prestigio es su valor principal. Difícil de construir, título a título, el prestigio se puede muy fácilmente derrumbar: una mala elección puede hacer que el lector pierda su confianza. Un caso extremo: Alfaguara publica buenos y muy malos libros. ¿Cómo estar seguros, ante una nueva publicación, en qué categoría se encuentra?
Considerado una posibilidad, el lector de una editorial de catálogo es, además, integrante de una minoría dedicada a la resistencia intelectual. Podemos quejarnos todo lo que queramos de la industria del best-seller, pero ésta existe desde siempre y existirá acaso ídemmente. Una editorial de catálogo apuesta por pocos pero fieles lectores: una secta que crecerá con el tiempo. Una elite buscadora de ideas y belleza, exigente y leal.

Medio millón de dólares para la Editorial Utopía

Llegado a este punto, paso a la verdadera finalidad: pedir medio millón de dólares para fundar una editorial. Si entre los lectores de Literal existe uno a quien le sobre ese dinero, y sin el menor compromiso acepte financiar el proyecto de una editorial de catálogo, debe creer que estaría contribuyendo a la creación de un sello canónico. Todos los detalles los tengo resueltos: publicar entre 15 y 20 títulos al año (no más), una selección de obras clásicas y de grandes autores del siglo XX —europeos, iberoamericanos, mexicanos, norteamericanos— poco conocidas, ediciones baratas en rústica, nuevas traducciones realizadas por duchos escritores mexicanos, una distribución eficiente en España y Sudamérica, y al paso de diez años: una editorial prestigiada, con un catálogo selecto y, sobre todo, autosustentable. No será una empresa boyante, no convocará a premios internacionales de novela con montos altísimos de premiación, no será utilizada como un trampolín para el poder o los reconocimientos en el medio cultural. Tengo todo resuelto en la cabeza: pero no tengo el dinero. Así, esa editorial es, como todo lo que he planteado en estas páginas, sólo una posibilidad. Con medio millón de dólares esa Editorial Utopía tendría otro nombre, y sería uno muy real.

lunes, diciembre 10, 2007

Episodio real, en Luvina


El número nuevo de la revista Luvina (49, invierno 2007-2008), de la Universidad de Guadalajara, incluye mi texto «La inspiración en Julio Manuez», la crónica verdadera de un episodio de esos inquietantes y chuscos que le pasan luego a todo editor.

jueves, diciembre 06, 2007

La novela de conocimiento


«La novela de conocimiento después de Musil», texto delgeney publicado este mes de diciembre en la revista Nexos 360. Empieza como reseña de los cuatro tomos de Robert Musil publicados hace pocos meses por Editorial Sexto Piso (Prosa temprana y obras póstumas publicadas en vida) y termina con el alegato incendiario sobre la novela contemporánea. Pase por aquí.

lunes, noviembre 26, 2007

Nellie regresa



Acaba de salir de las prensas el volumen Obra reunida, de Nellie Campobello. Lo edita el Fondo de Cultura Económica y le incluye Cartucho, Las manos de Mamá, Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa, sus poemas y un texto autobiográfico. Es un gusto muy grande ver publicado este libro porque Nellie Campobello es una escritora de primera fila y Cartucho una de las obras mayores de la literatura de nuestra lengua en el siglo XX.

martes, noviembre 13, 2007

Crítica de fin de año



El número 124 de la revista Crítica (noviembre-diciembre), de la Universidad Autónoma de Puebla, incluye mi texto de narrativa «Quedarían atrás y lejos tantas batallas, para siempre». La revista, dirigida por Armando Pinto y Julio Eutiquio Sarabia, ya se consigue en librerías y Sanborn's. He aquí el sumario de este número:

Teresa González Arce, Desmentir la muerte
Arturo Garmendia, La literatura mexicana y el cine
Jorge Fernández Granados, Respuesta a Julián Herbert
Eduardo Chirinos, Teoría de la visión al pie de un poema de Seferis
Carlos A. Aguilera, Para una filosofía del servilismo
Virgilio Piñera, Los siervos
Claudia Posadas, Era el invierno
Gabriel Wolfson, Blanco
Juan Antonio Masoliver, Tabarca
Ígor Severianin, Apuntes sobre Maiakovski
Marco Tulio Aguilera, La historia completa de Ranita
Sonia Hernández, Tres poemas
Geney Beltrán Félix, Quedarían atrás y lejos tantas batallas, para siempre
Idalia Morejón, Dos poemas
Matías Serra Bradford, El arte de apuntar
Alejandro Badillo, La invención del invierno
Verónica Zondek, Marina T.
Miguel Campos Ramos, El mundo no es ancho ni ajeno
José Antonio Martínez Muñoz, Tres poemas
Alejandro Lámbarry, La Bicha
Iván Humanes Bespín, Tres poemas

RESEÑAS

Gabriel Wolfson, sobre Pierre Gascar, El reino vegetal. Traducción de Diana Luz Sánchez.
Rubén Porto Hernández, sobre Domingo Rivero, Yo, a mi cuerpo y otros poemas.
Antonio Ochoa, sobre Eduardo Milán, Sobre la capacidad de dar sombra de ciertos signos como un sauce.

lunes, noviembre 12, 2007

Sobre Efrén, en Cuaderno Salmón



En la revista Cuaderno Salmón (número doble, 6/7), de reciente salida al mercado, se incluye mi reseña del primer tomo de las Obras completas de Efrén Hernández, ese gran desconocido.
He aquí el sumario de este número, en el que desafortunadamente se despide su director editorial, Rafael Lemus, quien al lado de David Miklos había venido concretando uno de los proyectos editoriales más valiosos de esta nueva generación.

La imaginación
La memoria y la mano, Edmond Jabès.
Dos muertes, Gustave Flaubert.
Poemas, Julio Trujillo.
Narraturas, Antoine Volodine.
Del malestar de las virtudes, Armando González Torres.
Cantátrix sopranica L., Georges Perec.

La voz
La vida es un gran sueño fracasado.
Entrevista con E. M. Cioran, Verónica Flores.

La reflexión
Leo a Biorges, Álvaro Uribe.
Perec, el escribiente, Vivian Abenshushan.
Edmond Jabès, una escritura inclasificable, Esther Seligson.
Donde la Nada se honra, Gabriel Bernal Granados.
Ortega y Gasset en Argentina: La colonia exasperante, Peter G. Earle.
La escritura como inoculación. La paranoia en William Burroughs, Mayra Luna.

Libros
Geney Beltrán Félix: Obras completas, I, de Efrén Hernández.
Guillermo Núñez Jáuregui: El ombligo del dragón, de Ximena Sánchez Echenique.
David Miklos: Finalmusik, de Justo Navarro.
Ricardo Pohlenz: Ravel, de Jean Echenoz.
Julián Etienne: Reading Writing, de Julien Gracq.

La rebaba
Viñetas de algunos editores franceses, Philippe Ollé-Laprune.
Musofobia, Jorge Harmodio.
Discurso y silencio del teléfono, Brenda Lozano.
Insectos adultos modernos, Óscar Benassini.
Despedida, Rafael Lemus.
Salmonela, La dirección.

La hueva del salmón: Manifiesto de los anónimos.
Ilustraciones: Minorities, de Iñaki Bonillas.

jueves, noviembre 01, 2007

Sobre Elizondo, el Grafógrafo


En Nexos de este mes de noviembre aparece mi ensayo «El lugar común del excéntrico», sobre Salvador Elizondo, a partir de la publicación póstuma de su libro Pasado anterior.

sábado, octubre 20, 2007

Blogs y literatura


Antes el camino era más lento y azaroso. Borges volvió su nombre una marca registrada luego de mucho tiempo; el desarrollo de una mitología personal, en la que convivían los barrios de Buenos Aires, su germanofilia, el gusto por la narrativa policial, las sagas islandesas, el desconcierto ante la fama, los espejos, los cuchillos y los tigres, y muchos otros motivos, se fue dando luego de años y libros y desembocó magistralmente en el texto «Borges y yo».
Hoy en día un blog literario, bien administrado, puede conferir una identidad literaria en poco tiempo. Entre la egolatría y la propaganda, la confesión autobiográfica y la exposición de filias y fobias, un blog puede darle una personalidad identificable a su autor, lo que con el tiempo, cuando lleguen los libros publicados, se convertirá acaso en una extensión de la oficina de mercadotecnia. Esto no necesariamente está mal. Lejos de mí la tentación de pontificar puristamente. Incluso me causan una cierta ternura aquellos que descalifican los blogs como promiscuos receptáculos de todo lo malo, lo frívolo y lo perecedero. Una vez escuché a alguien decir que él no leía blogs porque confiaba en los mecanismos de la tradición para saber qué valdría la pena leer y qué no. Los blogs, bajo su óptica, no se contaban entre ellos. Sin embargo, me temo que él confiaba más en los mecanismos de la barcelonesa editorial Anagrama que en los de la uy, tan cacareada tradición.
Porque se olvida que leemos los blogs literarios no como leemos a La Rochefoucauld, a Marco Aurelio o a Ribeyro: los leemos como estrictos coetáneos, a muchos de los autores blogueros los conocemos incluso aunque sea sólo por el mail. La cómplice indulgencia no se finca en una flexibilidad poco provechosa del criterio exigente de lector curtido por la tradición, sino en la ventaja de contar con numerosos corresponsales de la misma época. Es decir: los blogs de hoy, y la comunicación epistolar que se produce a través de los comments o los mails, tienen la misma función que tuvieron los epistolarios de los escritores de antes, quienes necesitaban y buscaban ese diálogo fructífero con sus pares literarios. Así, aclaremos: el blog no es La Obra: es un lugar de diálogo. Y no hay un blog: son en su conjunto una comunidad de intercambios intelectuales (y de otro tipo, claro).
Por esta razón creo que los blogs literarios, aunque deben tener calidad de escritura —y la tienen aquellos que leemos con asiduidad—, nos interesan menos como expresión literaria que como registros y apuntes de las experiencias, gustos, ideas y deseos de los demás escritores con quienes compartimos la época. En los blogs, así, podemos aprender no de asuntos literarios sino de maneras de sobrevivir a nuestra pasión por la literatura. En este sentido, los blogs no son tampoco borradores en sentido estricto: son textos paralelos a la creación de libros. Son literatura, sí, pero leída con el morbo —esa mezcla de envidia y sano interés— con que siempre se lee a los contemporáneos, tan necesarios y difíciles.
(Y no, el de la foto no es Borges, claro; es Ribeyro, el protoblogger de Prosas apátridas.)

viernes, octubre 12, 2007

Macedonio Fernández


martes, octubre 09, 2007

Dos blogs del noroeste

Éste es el blog de Irad Nieto, ensayista de Culiacán. Y éste, el de Hilario Peña, narrador de Tijuana.

sábado, agosto 18, 2007

Ge en Laberinto, feliz feliz

Hoy, en el suplemento Laberinto (218) del periódico Milenio Diario, aparece mi texto de narrativa «Leticia y la maldad ajena», cosa que me da mucho gusto.
Y es que sí: hoy es un muy buen día.
Btw: Feliz cumpleaños, Nadia (colega becaria).

lunes, agosto 13, 2007

Miscelánea

La semana pasada muchas cosas me salieron mal (no todas, por supuesto). Entre las positivas (hay una que no comentaré, evidentemente), estuvo el encontrarme con dos grandes amigos: César Silva, narrador y doblemente poeta, y Luis Guillermo Robles, editor hermano con quien hacía rato no platicaba. Luis Guillermo, quien vive en la Del Valle, me prestó una novelita de Ivo Andric (la "c" lleva acento pero no lo hallo) que devoraré estos mismos días. A este autor lo leí gracias a mi carnal Paco Alcaraz, que me prestó Un puente sobre el Drina y Crónica de Travnik.



*



Ahora que regresé de Culiacán (hace rato, de hecho, que regresé de Culiacán: unos 20 días), traje bastante machaca, chilorio y chorizo súper. Ah, y un queso ranchero de El Carrizalejo. Y me he dedicado a cocinar. Una receta que cada vez me queda mejor es el choriqueso con papas. Anoche lo preparé de nuevo y, sí, la diferencia la hace el queso, que cada vez está más bueno, ya no tan fresco.



*



"Eres aglutinante", me dijo mi tarotista personal hace poco. No, digamos, me sentí como el alemán o el náhuatl. Pero se refería a que tiendo a reunir gente dispar. Y he ahí una definición del editor: aglutinar hospitalariamente las voces de los demás, a veces enfrentadas. Esto respondería a la crítica de Letras Libres, en pluma de Noé Cárdenas, a la compilación El hacha puesta en la raíz, que con Verónica Murguía publiqué en Tierra Adentro el año pasado. Por cierto, esta reseña de junio no la comenté en este noblogcito porque se publicó, muy adhocmente, cuando me estaba separando y mudando. Uf, tiempos difíciles. Hoy, más tranquilo. Vivo por un rumbo que me gusta mucho, estoy cocinando seguido, leo y escribo a raudales (no tanto, alas!, como quisiera) y... en fin, me irá mejor aún, espero.

miércoles, agosto 08, 2007

Número 5 de Cuaderno Salmón


Sumario.

La imaginación:

Tres poemas de Tedi López Mills; Florencia en la Habana de Héctor Manjarrez; Agua corriente de Antonio Ortuño; Siete poemas de Juan Carlos Bustriazo; La pajarera de Nicolás Cabral; Cinco poemas de Eduardo Milán; El mensajero de Jesús Gardea.

La voz:

La literatura como antídoto: Entrevista con Susan Sontag de Graciela Speranza; Decir el mundo. Entrevista con Jesús Gardea de Daniela Tarazona y Joan M. Puig.

La reflexión:

Los castillos en el aire de Ludwig de Claudio Magris; Los periodos de Novo de Guillermo Sheridan; Sobre Jesús Gardea de Christopher Domínguez Michael; Juan Carlos Bustriazo Ortiz, el archimítico de Hernán Bravo Varela.

Libros:

Antonio Ortuño y Fernando Lanz reseñan Los ejércitos de Evelio Rosero; Luigi Amara reseña El Gran Vidrio de Mario Bellatin; Nadia Villafuerte reseña Pieza única de Milorad Pavić; Luis Jorge Boone reseña Cabaret Provenza de Luis Felipe Fabre; Guillermo Núñez Jáuregui reseña Pasado anterior de Salvador Elizondo. Además, la Redacción da algunas Noticias Editoriales.

La rebaba:

Defensa del capricho de María Lebedev; El valle no tiene casode Alejandro Páez; La clase de danza de Lorena Marrón; Apocalypse 1900, una obra de arte secreta de Gerardo Villegas. Además, la Salmonela de la Redacción. Y Sociedades de convivencia de Margo Glantz en La Hueva del Salmón.

Ilustraciones de Demián Flores.

lunes, agosto 06, 2007

Sobre Prieto

El sábado pasado se publicó en el suplemento Hoja por Hoja "Un diamante falso", reseña mía de la novela Rex, de José Manuel Prieto. El enlace, aquí.

jueves, julio 05, 2007

La doble raíz / Grazia Shapkareva


En Nexos 355, de este mes de julio, aparece mi ensayo breve «La doble raíz», una reflexión seriesona en torno de la escritura y la sociedad.


Y en la Gaceta del Fondo de Cultura Económica también de este mes de julio figura mi texto de narrativa «La novela de Grazia Shapkareva».

martes, junio 05, 2007

La envidia usa disfraz de puritana.

lunes, junio 04, 2007

Día miserable. Día de la mierda.

miércoles, mayo 30, 2007

Martínez Rivas


Porque son muchos los poetas jóvenes que antaño han muerto.
A través de los siglos se saludan y oímos
encenderse sus voces como gallos remotos
que desde el fondo de la noche se llaman y responden.

Poco sabemos de ellos: que fueron jóvenes
y hollaron con sus pies esta tierra. Que supieron tocar algún instrumento.
Que sintieron sobre sus cabezas el aire del mar
y contemplaron las colinas. Que amaron a una muchacha
y a este amor se aferraron al extremo de olvidarse de ellas.
Que todo esto lo escribían hasta muy tarde, corrigiéndolo mucho,
pero un día murieron. Y ya sus voces se encienden en la noche.

Carlos Martínez Rivas, «Canto fúnebre a la muerte de Joaquín Pasos», en La insurrección solitaria

lunes, mayo 07, 2007

Sobre Nellie


Acaba de aparecer el número 4 de la revista Cuaderno Salmón. Incluye, entre muchos otros textos de mayor interés, mi ensayo «El coraje de un fantasma», sobre la escritora mexicana Nellie Campobello, de quien el Fondo de Cultura Económica está por publicar un cuantioso volumen de obra reunida.
Posteo aquí el comienzo de mi ensayo:
Nellie Campobello es un fantasma. Literalmente.
Me cuenta su sobrino Carlos: veinte años después de su muerte, una Nellie invisible vuelve del Más Allá y hace perdidizos expedientes, reúne a personas distantes merced a un azar sospechoso, se obstina en que el número 7 presida siempre las cosas que la atañen —números de oficios, de contratos, de teléfono— y trabaja, paso a paso, contra el olvido que sufre y la brutalidad que la llevó a la muerte.
Nacida en la norteña Villa Ocampo, en Durango, en al parecer 1900, Nellie murió en circunstancias espantosas hacia agosto de 1986. Conocidos suyos se aprovecharon de su confianza y la secuestraron. Para entonces, muchos de sus amigos y parientes habían muerto. Era una figura destacada de la danza mexicana; además, poseía una muy rica colección de arte mexicano. Las versiones señalan que sus captores la mantuvieron alcoholizada y drogada, que la hicieron sufrir de hambre y violencias para que firmara documentos con los cuales entregaba sus bienes. Su muerte no vino a ser conocida y confirmada sino hasta 1999. Aún no se ha castigado a sus secuestradores y asesinos: tampoco han logrado recuperarse sus propiedades.
Pero veinte años después de su muerte, Nellie regresa, también, a la literatura. En 2007 el Fondo de Cultura Económica publica su Obra reunida: Cartucho, su libro mayor (1931), Las manos de Mamá (1937), los Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa (1940), sus poemas y el ensayo autobiográfico que sirvió de prólogo a la edición de Mis libros, de 1960.
Nellie regresa a las letras mexicanas, pero habría que decir, en honor a la exactitud, que escasamente ha estado antes. Nellie es un fantasma en nuestra literatura. Se le ha leído poco debido a que sus apariciones han sido infrecuentes: apenas se le ha publicado. Cartucho, por ejemplo, ha conocido sólo seis ediciones en 75 años. Tan es así que la recopilación canónica de la cultura nacional del siglo XX, Lecturas Mexicanas, no lo incluye —y da pena decirlo— en ninguna de sus cuatro series. Tampoco figura en la nómina de clásicos hispanoamericanos de la colección Archivos.
Ella misma, acaso, contribuyó a su presencia mínima: cedió el terreno muy pronto. Y lo digo porque, si bien hay testimonios de una continuada escritura, ante la recepción pobre de sus dos tomos de narrativa Nellie —luego de la reunión de su obra en Mis libros— ya nunca publicó otro título. No insistió más: y el prólogo a ese volumen de 1960 constituiría no sólo una recapitulación de su escritura sino también, asumo, la última llamada a la crítica y los lectores. Una llamada, no obstante, que se quedó sin respuesta.
Aunque, con todo, demos lugar a un matiz: hubo ciertas voces —digamos: Martín Luis Guzmán, Ermilo Abreu Gómez, Antonio Castro Leal, Emmanuel Carballo— que aplaudieron la dignidad de sus textos, pero esos dictámenes no lograron contravenir finalmente el ayuno editorial.
Ahora, se supone que los buenos libros se defienden solos. ¿Qué sucedió en este caso? ¿Por qué no ingresó la obra de Nellie Campobello al canon reconocido de nuestra literatura? Fernando Tola de Habich habla de ninguneo. Especulo, preciso: a la misoginia —lugar común en la conducta de los escritores— se habría aliado el desinterés del crítico a siquiera hojear la obra de una bailarina célebre que hacía sus pininos, previsiblemente fallidos, en el terreno de las letras, pues el sólo-escritor tiende a desconfiar de la múltiple ambición de un artista del Renacimiento. Quizá, también, el hecho de haber publicado tan poco y luego nada: al abdicar a la constancia en los estantes de las librerías con nuevos títulos, la misma Nellie pudo haber colaborado a que el crítico o el estudioso, sin leerlos, catalogase Cartucho y Las manos de Mamá como pecados de juventud a los que se habrá de compadecer con el olvido.
Pero el tiempo pasa: nuevas generaciones, otras circunstancias exigen periódicamente una redefinición del canon. Y hoy, de mayor pertinencia que discernir por qué la obra de Nellie no interesó en su momento (situación, entiendo, ya no corregible), es volver a sus páginas y examinar la validez de su lectura en los inicios negros de este milenio. ¿Cuál es el lugar de Nellie y, sobre todo, de Cartucho, su obra principal, en la literatura mexicana?

sábado, mayo 05, 2007

Sobre Steiner / Tijuana