lunes, enero 12, 2009

La ciudad sin Racine


La Revista de la Universidad de México publica este mes (número 59, enero de 2009) mi ensayo «La ciudad sin Racine», a partir de una idea de Steiner en torno a la lectura de los libros clásicos: de ahí, discrepando, reviso la literatura contemporánea como un canon mutable y autófago y la relación de la literatura clásica con la sociedad en un entorno de violencia, de más está decir, desde mi experiencia de lector y escritor.



Dos párrafos del texto, aquí:

Ahora sonrío. ¡Buscar un tomo francés de Racine! Y no, no lo encontré en ningún lado. Lo mismo habría de pasar con otros autores y títulos, traducidos y ya no digamos en su lengua original: de Conrad a De Quincey a Coleridge a Paul Celan... A lo que iba: no hubo manera de que un lector adolescente encontrara un libro de Racine en su ciudad de origen.
Comparado con tragedias mayores, ésa es una minucia. Pero habla de una época desprovista de esa exigencia de educación humanista, de ese syllabus ilustrado. Habla además de una ciudad sin razón, que no respeta ni valora la inteligencia y la vida del espíritu, encerrada en sus orgullosos referentes regionales de cultura popular y en valores excluyente y fascistamente empresariales, con escasos y despoblados lugares para la reflexión literaria y el disfrute de las artes, desdeñosa de lo universal y nulamente concernida por la formación humanista de sus nuevas generaciones. De eso habla una ciudad sin Racine. La bastardía intelectual vendría como consecuencia.